sábado, 21 de septiembre de 2013
El obispo nombra nuevos delegados diocesanos
miércoles, 14 de marzo de 2012
El Seminario de Zamora: entre el recuerdo y la esperanza
martes, 13 de marzo de 2012
Arrancan los actos del Día del Seminario en Zamora
Vídeo de la noticia en TVCyL 8
sábado, 3 de marzo de 2012
Se estrena en Zamora el cortometraje “Alba”
miércoles, 2 de noviembre de 2011
El Seminario Menor San Atilano lanza un vídeo promocional

El Seminario Menor Diocesano de Zamora ha realizado un vídeo como primera fase de una campaña publicitaria con la que pretende darse a conocer en la sociedad zamorana. El vídeo, que muestra las facetas de la vida de un seminarista, ha sido difundido a través de las redes sociales de Internet, y se proyectará en diversas actividades que el Seminario llevará a cabo.
Zamora, 2/11/11. El Seminario Menor “San Atilano” acaba de iniciar una campaña publicitaria para darse a conocer más en la sociedad zamorana. El primer paso ha sido la grabación de un vídeo promocional producido por Interbenavente Multimedia Network. En él, de una forma fresca y actual, aparecen diferentes facetas de la vida del seminarista, como el deporte, la convivencia con los compañeros, el estudio y –lo que es más importante– la presencia de Jesucristo, que abarca y configura todo lo anterior.
También se hace referencia a determinadas dificultades con las que se suelen encontrar los alumnos del Seminario, especialmente a cierta incomprensión por parte de sus amigos del pueblo o del barrio. El vídeo ha sido colgado en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=hQpnWAjShwM) y está siendo difundido por las redes sociales más empleadas por los adolescentes y jóvenes, Tuenti y Facebook.
Según explica el rector del Seminario diocesano de Zamora, Florentino Pérez, “con este vídeo se pretende mostrar a los chavales de hoy, mediante su difusión en las redes sociales, que ser seminarista no es algo pasado de moda y aburrido, sino que se trata de una auténtica aventura que hace sentir un orgullo sano a quien lo vive”. Por eso, la primera meta que se persigue con esta novedosa iniciativa es, a juicio del rector, “despertar la curiosidad por este estilo de vida y por este centro en los chicos de la generación 2.0”.
El spot, titulado “I go to Seminary”, muestra a los alumnos del Seminario Menor “San Atilano” tanto en el propio centro como en las calles de Zamora, y se articula a través de frases escritas en inglés y traducidas al castellano. Junto a escenas de la vida ordinaria en esta comunidad educativa, se han rodado exteriores en torno a la iglesia románica de San Cipriano de la capital.
Además de su difusión a través de las redes sociales de Internet, será utilizado por el Seminario en diferentes convivencias y encuentros que tiene previstos organizar en parroquias y colegios católicos de Zamora, juntamente con un material, que todavía se encuentra en proceso de elaboración, que permitirá trabajar la vocación sacerdotal en las clases de Religión y en los grupos de catequesis.
La imagen que ilustra la carátula del vídeo ha sido utilizada también en unos carteles que se están difundiendo estos días por toda la Diócesis con el calendario de las Convivencias Samuel, una convocatoria mensual en la que pueden participar chicos entre 10 y 14 años, y que comenzó este curso con el encuentro del 22 y 23 de octubre. La próxima convivencia tendrá lugar el 19 y 20 de noviembre en el Seminario. Porque, como afirma Florentino Pérez, “todo esfuerzo es poco para transmitir a los chavales de hoy la radical novedad de la vocación sacerdotal”.
Para más información:
http://seminariomenorsanatilano.wordpress.com/
Tel. 980 514 998
domingo, 18 de septiembre de 2011
Tú y yo

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Recordarán ustedes que ese es el título y estribillo de una bonita y conocida canción de Mecano. No es ese el tema que hoy nos ocupa sino la propuesta de repensar la persona en clave vocacional. Sin embargo, con el permiso de Ana Torroja y desde una interpretación cristianizada, sí que tiene elementos bien aprovechables para nuestro propósito. La letra de esta composición musical habla de alguien que pasa por ahí y, sin saber muy bien cómo, te hace vibrar en el interior. El caso es que te pones a buscarlo y en medio de las «confusiones» y «movidas» en que nos metemos su voz sigue resonando fuerte en el corazón como un radar en el mar. Por fin el barco llega a buen puerto y se encuentra a ese alguien «colgado de los palos y amarrado por los pies y por las manos». Termina diciendo: «Me pregunté: ¿quién lo pudo hacer? Trepé por la madera y aparté de tu cara la melena y te besé».
Lo que ya no es de tan libre interpretación es el reconocimiento objetivo de que en nuestra sociedad actual se ha producido una clara pérdida de la dimensión relacional de la vocación como tal. Dicho de otra manera: las corrientes antropológicas de nuestro entorno cultural tienen a confundir vocación con profesión. Suelen presentar a la persona como un yo autónomo sobre el que todo gira; les falta espacio para el tú, para la alteridad verdadera. No se concede dicho espacio al tú por ser considerado una amenaza que limita; y ya no digamos si ese tú es Dios, para algunos la amenaza ya sería total. Sin embargo, la experiencia histórica y la vida de la fe de quienes somos creyentes nos enseña que sólo en la relación libre e interpersonal la persona logra realizarse. Sin dicha relación estamos abocados al vacío de la «confusión» y a la soledad de las «movidas» por mucho que desde determinadas instancias o plataformas se enarbole la bandera de un «yo» como sujeto de derechos y obligaciones.
Pero si ese yo tiene experiencia de ser amado y valorado por el tú y desde ahí se entrega libremente por amor, es cuando entonces la persona adquiere toda su dignidad sin que importen tanto sus cualidades. Más claramente, lo que importa y fundamenta es el Tú divino del que arranca la vocación y el diálogo que se establece entre ambos; todo un encuentro de libertades, la divina y la humana, llamadas a desarrollarse en comunión, en mutua autodonación. No nos engañemos: una mentalidad pragmática, que sólo valora el sentido de la profesionalidad y la competencia, no va a hacer este mundo más humano, más solidario, más cristiano ni más divino. Urge educar en una concepción de la vida que vaya más allá de lo meramente profesional y económico si queremos salir de esta crisis sin meternos, dentro de unos años, en otra semejante.
martes, 23 de agosto de 2011
¿Quién es el más importante? Un día de adoración
Publicamos la crónica del sábado 20 de agosto de la participación zamorana en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), firmada por el delegado diocesano de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría.
Zamora, 23/08/11. Hace dos días que ha terminado la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), y con el retraso debido a la intensidad del final del acontecimiento y al viaje de vuelta a nuestra tierra, retomo la labor de cronista. El sábado amaneció igual que los días anteriores, con la oración y el desayuno, y con la preparación de las cosas que nos harían falta para llevar al Aeródromo de Cuatro Vientos.
La cita más importante de la mañana para nuestro grupo fue el encuentro de oración por las vocaciones en el Seminario de Madrid, pero algunos nos descolgamos antes para otras actividades. Los más madrugadores fueron los zamoranos que tuvieron la suerte de participar en la eucaristía que presidió Benedicto XVI a las 10 horas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, con 5.000 seminaristas de todo el mundo. Allí estuvimos muy bien representados por nuestro seminarista mayor Agustín Crespo, y por el que en el momento de la inscripción era rector del Seminario Diocesano San Atilano, Miguel Ángel Hernández.
El que esto escribe también tuvo que separarse de la comitiva diocesana durante la mañana, para cumplir con el compromiso de comentarista con Radio Nacional de España, y así pude ver a través de las pantallas la Misa con los seminaristas, en la que el Papa los llamó a la necesidad del silencio interior –además de las ya conocidas claves formativas de la oración, el estudio y la inserción en la realidad pastoral– y nos dio a todos los católicos españoles, y en especial a los curas, la alegría del anuncio de la próxima designación de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia.
Los otros zamoranos que se ausentaron fueron los seis jóvenes que nos representaron en la Vigilia de Cuatro Vientos, más adelante que los demás. Mientras unos y otros acudían a sus citas respectivas, el grueso de la comitiva diocesana, junto con otros zamoranos que llegaron a Madrid en la mañana del sábado, acudió al Seminario San Dámaso de la capital española, para comenzar a mediodía esa plegaria enmarcada en una Cadena de Oración por las Vocaciones realizada por diversas diócesis, congregaciones y movimientos católicos. La presidió nuestro obispo, Gregorio Martínez Sacristán, y fue una hora de adoración del Santísimo, con algún testimonio, canciones y preces.
De camino a Cuatro Vientos
Después de comer en el Parque de las Vistillas, junto al Seminario, nos dividimos en grupos para encaminarnos hacia Cuatro Vientos con mayor facilidad, en metro o autobús urbano hasta donde fuera posible. Con las cosas imprescindibles (saco de dormir y esterilla, y la cena y el desayuno) llegamos a la Carretera del Barrio de la Fortuna, desde donde fuimos caminando al Aeródromo. Al llegar allí, un “pequeño caos”: el de una organización que no había previsto la colocación de tanta gente. Aunque teníamos asignados dos sectores muy concretos en el aeródromo centenario, nos fue imposible para la mayoría de nosotros pasar allí, ya que estaban repletos. Y tuvimos que quedarnos atrás, algo disgustados al principio, en el espacio que se había dejado para todas las personas que quisieran participar en los actos finales de la JMJ sin inscripción. Muchos tuvimos cerca una pantalla para seguirlo todo, servicios y grifos, así que teníamos las cosas básicas. Después de estirar las esterillas y situarnos sobre el espacio, empezaron las llamadas para ver dónde habíamos quedado unos grupos y otros. Algunos, además, se aventuraron a salir del aeródromo para entrar de nuevo por otros lugares, consiguiendo adelantarse un poco en aquella marea humana.
Pronto se nubló, algo que agradecimos a las 6 de la tarde, y pudimos seguir después en directo, a través de las pantallas, la visita del Papa al Instituto San José. Fue un momento entrañable, en el que Benedicto XVI, con su gran corazón de pastor, quiso acercarse a una representación de los jóvenes que por vivir el sufrimiento o la discapacidad no han podido participar en esta JMJ. Allí tuvo gestos de cariño y de bendición para algunos que fueron pasando junto a él, después de haber dicho alto y claro en su discurso que “una sociedad que no logra aceptar a los que sufren es una sociedad cruel e inhumana”, y que la presencia de estos jóvenes “suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación”.
Contra viento y marea
Tras este momento importante, el sucesor de Pedro se montó en el papamóvil para llegar a Cuatro Vientos con algo de retraso, y allí comenzó la vigilia. Eran casi las 21,30 horas cuando esa nubosidad que antes habíamos agradecido comenzó a convertirse en precipitación. Y lo más sorprendente es que recibimos la lluvia con alegría. Lo que estábamos haciendo allí era tan importante que daba igual que lloviera. Aunque algunos grupos se marcharon, la mayor parte de la gente nos quedamos, y gritamos y cantamos aún más alto. El Papa también esperó, y aunque abrevió la vigilia dejando sus palabras al mínimo y suprimiendo alguna cosa, salió del escenario y regresó debajo del “árbol de la vida” del mismo revestido para la adoración del Santísimo.
Era nuestro segundo momento grande de silencio en el día. Benedicto XVI, de rodillas ante el Santísimo, expuesto en la custodia monumental de la Catedral de Toledo, que salió del suelo del escenario. Más de un millón de jóvenes de rodillas y en silencio. Un silencio grande, que impresionaba. El Papa estaba diciéndonos, sin palabras, su mensaje central de la JMJ: Jesús es el centro de nuestra vida. Por eso, los gritos tan coreados estos días de “¡Ésta es la juventud del Papa!” no queremos que sean otra cosa que la expresión del deseo más profundo de ser “la juventud de Cristo”.
Habíamos visto en las pantallas a un Papa a la expectativa, cubierto a duras penas por el paraguas que sostenían sus maestros de ceremonias y recibiendo mensajes de unos y otros que –suponíamos– le invitaban alternativamente a permanecer o a continuar. Pero se quedó. Y nos dijo unas breves palabras, y al final agradeció nuestra ilusión y nuestra alegría. Aplausos y más aplausos cuando nos dijo unas palabras que no habían sido preparadas en esta noche: “¡Gracias por vuestra resistencia! ¡Vuestra fuerza es mayor que la lluvia!”, y también: “El Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones. También en esto sois un ejemplo”.
Al terminar la vigilia, con un segundo chaparrón, nos acomodamos como pudimos, después de escuchar algo escépticos los mensajes de la organización de la JMJ. Habíamos tenido buen cuidado de cubrirnos con las esterillas y plásticos, dejando secos los sacos de dormir. Había sido un día duro, y necesitábamos el descanso. El día siguiente sería el definitivo, el del envío y la despedida.
lunes, 8 de agosto de 2011
Zamora realizará un encuentro de oración por las vocaciones en la JMJ de Madrid

La Diócesis de Zamora será la encargada de realizar un Encuentro de Oración por las Vocaciones que tendrá lugar en el Seminario Diocesano de Madrid el sábado 20 de agosto a mediodía, dentro de una cadena ininterrumpida. Se invita a los zamoranos a unirse a la oración ese día a esa misma hora.
Zamora, 8/08/11. El próximo sábado 20 de agosto, en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011, la Diócesis de Zamora será la encargada de realizar un encuentro de oración por las vocaciones en el Seminario “San Dámaso” de la capital española, a las 12 horas. Organizado por los Secretariados Diocesanos de Pastoral Juvenil y de Pastoral Vocacional, y por el Seminario Diocesano “San Atilano”, será presidido por el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán.
Se trata de una iniciativa coordinada por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española, y que consiste en una Cadena de Oración por las Vocaciones en la que se irán sucediendo diversas diócesis, órdenes religiosas y movimientos eclesiales. Como señala el director del Secretariado Diocesano de Pastoral Vocacional de Zamora, Ángel Carretero, “el grupo de peregrinos zamoranos, con nuestro obispo al frente, aportaremos nuestro propio eslabón oracional”.
El encuentro dirigido por los zamoranos tendrá lugar entre las 12 y las 13 horas del sábado 20 de agosto, en la iglesia del Seminario diocesano madrileño. Desde la organización de Zamora, se ha convocado a las parroquias y a las comunidades de monjas contemplativas para que se unan a esa misma hora en la oración por las vocaciones.
Ángel Carretero, en su misiva a las parroquias y a las comunidades religiosas, ha afirmado que “ojalá que de esta JMJ surjan nuevas vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y laical tal y como ha sucedido en ediciones anteriores”. Además, anima a los diocesanos a que “no nos cansemos nunca de orar para haya niños y jóvenes que se entreguen en cuerpo y alma a la llamada del Señor en nuestra Iglesia de Zamora”.
El centro del encuentro de oración será la exposición mayor y adoración del Santísimo Sacramento. La oración de los zamoranos será sencilla y estará guiada por varios textos de la Palabra de Dios, partes del Mensaje de Benedicto XVI para la JMJ, cantos meditativos, gestos simbólicos y testimonios vocacionales.
En el encuentro estará el grupo de jóvenes zamoranos que permanecerán en Madrid del 16 al 21 de agosto participando de forma íntegra en la JMJ, y a ellos se unirán los zamoranos que acudan en autobús para participar en los actos del sábado 20 y domingo 21. Además, Ángel Carretero propone “que todos los fieles cristianos de Zamora y muy especialmente las hermanas de las 16 comunidades contemplativas de la Diócesis se una a nuestra oración, ese día y a esa hora”.
lunes, 21 de marzo de 2011
Regalos de Dios

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Hoy, como siempre, el Sembrador sigue saliendo a sembrar la semilla de la vocación en el corazón de niños y jóvenes, por mucha que sea o aparente ser la sequía. Un signo de ello es ese aumento del 15% de ordenaciones sacerdotales en nuestro país durante el último año. Les sugiero que lean la nota publicada a este respecto por la Conferencia Episcopal Española.
No seré yo quien profetice que por ese dato estamos ante los «brotes verdes» de una primavera vocacional inminente. Hemos de ser realistas al reconocer que en la actualidad emergen con fuerza cardos y espinos que asfixian el crecimiento de una vocación: la erosión de la vida familiar como «ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor» (Benedicto XVI); la cultura consumista, hedonista y superficial que inoculan los medios de comunicación social; la vida fragmentada, egocéntrica e individualista que corta de raíz la relación con los demás y con Dios; la obsesión por la «cultura digital» y por estar a la última tecnología; la falta de formación intelectual ante la manipulación de la verdad; la permanente indecisión ante la sobrecarga informativa que se recibe diariamente; la crisis económica y la falta de empleo que generan desesperanza y sensación de fracaso.
Pero junto a toda esa «cizaña» también crece trigo de calidad. Ya sabemos lo que pasa cuando el grano de trigo cae en tierra y muere: que da fruto. Es decir, en los recientes cambios culturales del mundo juvenil hay igualmente muchos aspectos positivos que actúan como terreno abonado de nuevas respuestas vocacionales, verdaderos dones de Dios: la revalorización de la dignidad de la persona y sus derechos que permite abrirse al sentido de la vida y a la trascendencia; los deseos de verdad y libertad sin límites que encuentran su fuente inagotable en el Evangelio; la importancia que se concede a los testimonios de vida auténticos y sinceros como el mejor modo de tender puentes con los jóvenes y otros muchos ricos fenómenos como la necesidad de vivir la amistad grupalmente, la experiencia del voluntariado con los excluidos o el compromiso por la conservación del planeta.
El Papa, en su mensaje a los participantes en el Congreso Latinoamericano sobre Vocaciones el pasado mes de febrero, sitúa en su justo lugar lo que es la semilla de la vocación: «no es fruto de ningún proyecto humano o de una hábil estrategia organizativa. En su realidad más honda, es un don de Dios, una iniciativa misteriosa e inefable del Señor que entra en la vida de una persona cautivándola con la belleza de su amor, y suscitando consiguientemente una entrega total y definitiva a ese amor divino». Pero no olvidemos que estos regalos de Dios llegan habitualmente a través de las mediaciones humanas de quienes formamos la comunidad cristiana.
domingo, 22 de agosto de 2010
Cultura vocacional

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Algunos de ustedes recordarán que en alguna ocasión ya he advertido sobre el clima generalizado de neoaborregamiento cultural y de indiferencia hacia valores fundamentales que nos construyen a los seres humanos como personas con vocación. Cada vez estoy más convencido de que esto es así porque cualquiera puede decir ahora una cosa y dentro de un rato todo lo contrario, dado el empeño descarado por enterrar las verdades objetivas y sustituirlas por el pensamiento débil de Vicente que va donde va la gente.
Este neutralismo en relación a los valores básicos está generando personas sin vocación. Si todo es incoloro, inodoro e insípido o si la vara de medir verdades y tomar decisiones es el aplausímetro de los programas basura de la caja tonta pues, efectivamente, para qué complicarnos la vida con decisiones contracorriente. Es más, parece que hoy se propone como hombre ideal el pasota e indiferente; y pobre de aquel que se le ocurra proponer algo como absoluto o definitivo que, como mínimo, va a quedar tildado de talibán.
Todo este panorama reclama ir generando una «cultura de la vocación» con toda la riqueza y valor antropológico que tiene dicho término; sin reducirlo al sentido clerical que siempre se le ha dado. Cualquier ser humano, solo por el hecho de existir, está «llamado» por Dios a ser su imagen con su manera de ser, decisiones, valores, orientación laboral, etc. Por tanto, Dios no solo nos ha dado el don de la vida, sino también el don de la vocación, es decir, que nos sugiere el camino concreto por el cual nos realizamos totalmente para ser enteramente felices.
Es necesario que eduquemos a nuestros niños y jóvenes en el convencimiento de comprender la vida no solo como un proyecto personal sino como respuesta a un proyecto que viene de lo alto. Un proyecto que puede ser descubierto poco a poco desde el momento en que uno se ponga a dialogar con Dios con la misma y total libertad con que lo ha creado. Dios no obliga a nada, pero cuando alguien se empeña en escucharle percibe que le habla al corazón, que pronuncia su nombre y que le revela el plan que ha soñado para él. Y claro, ponerse manos a la obra en ese proyecto es algo que te hace el hombre o la mujer más feliz del mundo. Te hace capaz de llevar adelante cosas antes inimaginables, pero no por tus propias fuerzas o cualidades, sino porque es Dios quien te llama en función del plan transformador que te encomienda.
En el fondo esa es la historia de todos los llamados, desde los profetas hasta los más famosos o anónimos de hoy pasando por los doce apóstoles, María de Nazaret o los mártires de la Iglesia primitiva.
lunes, 21 de junio de 2010
Personas con vocación

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
En esta época de muchos y grandes cambios se hace cada vez más urgente y esencial que tomemos conciencia de nuestra vocación de un modo bien concreto: permitiendo que los demás descubran y acepten la llamada personal que reciben de lo alto. No lo digo yo, sino Amedeo Cencini, posiblemente quien más y mejor reflexiona y escribe sobre estos asuntos.
Nadie negará que en estos últimos años se ha hablado mucho sobre las diferentes vocaciones en la vida de la Iglesia. Pero quizá no nos hemos preguntado tanto por la proporción que hay en cada uno de nosotros entre nuestra condición de llamados y nuestra condición de llamantes. No lo dudemos: en la Iglesia de Jesús quien es llamado debe ser alguien que llama. Quizá sea esta la intuición de fondo en el tema elegido por el papa Benedicto XVI en su mensaje para la XLVII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: «El testimonio suscita vocaciones».
Ahora bien, para preguntarnos por nuestra condición de llamantes y testigos es necesario que antes nos hagamos un examen de conciencia sobre lo que estamos haciendo con nuestra vida, sobre la actitud con que asumimos el presente, sobre cómo vemos el futuro. Es verdad que no faltan quienes piensan que hoy ya no está de moda hacerse este tipo de preguntas; nos hemos hecho cómodos y recelamos implicarnos en ideales o grandes proyectos de futuro. Pero es un derecho y una obligación que nos paremos a comprender hacia dónde se encaminan nuestros pasos y decidirlos más libremente. Es la pregunta por la vocación o la pregunta por la felicidad.
A veces dudo si los jóvenes de mi edad son verdaderamente felices; no porque se les vea tristes o insociables sino porque no tienen fondo y horizonte. De lo que sí estoy seguro es de que a determinadas instancias les interesa que no lo tengan para que así puedan ser más fácilmente manipulados por criterios ideológicos o mercantilistas. Además uno ya se empieza a cansar también de esa atmósfera cultural de nuestros mayores desnortados que nos envejecen con esa lista de etiquetas tremendas que recogen los sociólogos: «generación sin padres ni maestros», «corazones violentos», «jóvenes desaprovechados», «los no participantes y confusos», «los indecisos e inseguros», «los no sacrificados ni apasionados», etc.
Va siendo hora de salir de este clima de aborregamiento cultural y de indiferencia hacia los valores que nos hacen personas con «vocación». Y que nadie entienda dicha palabra como algo exclusivo de curas y monjas, sino como el proyecto para el que uno ha sido pensado, la opción por un determinado sentido de la existencia y la colaboración personal al bien de todos.
jueves, 6 de mayo de 2010
Zamora celebra el sábado el XXVII Día del Monaguillo

Zamora, 6/05/10. Volverá a ser una jornada de convivencia, de diversión y de fiesta para los monaguillos que acudirán desde todos los rincones de la Diócesis al Seminario San Atilano, que es la institución que, junto con el Secretariado Diocesano de Pastoral Vocacional, ha organizado el XXVII Día del Monaguillo.
Aunque en menor cantidad que antes, por la disminución de la natalidad y de la población infantil sobre todo en los núcleos rurales, sigue habiendo un buen grupo de niños y niñas que ayudan a los sacerdotes en la liturgia de las parroquias. Esta jornada es una ocasión de reconocimiento y agradecimiento por parte de la Iglesia, que les propone también pararse a pensar sobre la vocación.
A las 11 horas comenzará la acogida en el patio del Seminario, y serán los alumnos de este centro los encargados de inscribir a los participantes. A continuación, a las 11,30 horas tendrá lugar un encuentro de oración en la iglesia de San Andrés. El resto de la mañana se dedicará, en primer lugar, a una proyección de tres mini-documentales “para trabajar la vocación desde la dimensión humana, cristiana y de respuesta específica”, y que comenzará a las 12 horas.
Además, a las 13,15 horas habrá una mesa redonda de experiencias titulada “Pon un cura en tu vida”, con la intervención de un sacerdote, una joven responsable de monaguillos, una madre de monaguillos y de sacerdote, y una religiosa Sierva de San José.
Después de la comida de bocadillo, a las 15,30 horas comenzará la gymkhana de juegos, que terminará a las 17 horas con la entrega de medallas y un helado para los monaguillos y sus acompañantes (párrocos, catequistas, monitores y padres).
domingo, 2 de mayo de 2010
Apostarlo todo

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Si en otras ocasiones he reflexionado en esta columna sobre la riqueza humana de la dimensión vocacional de la persona, hoy deseo subrayar algo importante de la originalidad de la vocación cristiana.
Para ello quiero empezar señalando que la Iglesia («pueblo de llamados») no es como un campo llano y uniforme sino como un jardín repleto de flores diversas que ofrece a la vista un precioso paisaje, un recinto de paz y acogida para todos. Así es como matrimonios y célibes, religiosos-as de vida activa y contemplativa, misioneros en los países subdesarrollados, laicos comprometidos en la sanidad, educación, política, medios de comunicación, etc., todos están llamados a vivir su vocación específica en favor de la felicidad de todos los que formamos el cuerpo de la Iglesia, la gran familia de Dios. Como tal familia deseamos y procuramos que sus hijos reconozcan en ella y a través de ella la llamada que les viene de Dios; y que, al acogerla y realizarla generosamente, despierte nuevas vocaciones.
Ahora bien, a menudo sucede que es tan habitual casarse, conseguir un buen trabajo, tener hijos, ascender en la escala laboral, etc., que podría llegar a convertirse en el único centro de interés con el peligro de poder llegar a ser tan absorbente que haga olvidar otros valores más importantes como el sentido de la existencia y de la vocación cristiana, el protagonismo que Dios tiene en nuestra vida, el significado de los valores humanos y cristianos. Por eso, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa) tienen la hermosa misión de ser heraldos de esta memoria viva, recordando a todos el objetivo al que tendemos en la vida.
Que seamos menos en número no significa en modo alguno que nos sintamos mejores, peores o más héroes que la gran mayoría que no se decide por una vida de especial consagración. Tampoco es la necesidad de sacerdotes o religiosas la clave de la «lógica» vocacional, sino la convicción de que la existencia tiene un sentido pleno, que nos lo podemos apostar todo por Dios: el único que nos garantiza la victoria en esta partida de la vida, el único que responde a todos nuestros interrogantes, el único que satisface plenamente todas nuestras necesidades y afectos.
Todos reconocemos humildemente debilidades y miserias, pero con la misma sinceridad de corazón hay que decir que Dios es lo mejor que nos ha pasado en la vida, que sentirse amado por Él y amarle en la entrega a los demás nos hace crecer en libertad y en la confianza de que, a pesar de los tropiezos, merece la locura de haberle consagrado la vida.
jueves, 22 de abril de 2010
24 horas de oración por las vocaciones en Zamora

Zamora, 26/04/10. Con el lema “El testimonio suscita vocaciones”, el pasado 25 de abril, domingo del Buen Pastor, la Iglesia celebró la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, hecho recordado en las misas de toda la Diócesis de Zamora. Además, el Secretariado Diocesano de Pastoral Vocacional ha organizado una actividad de oración que abarcará un día entero, desde la tarde del jueves 29 hasta la tarde del viernes 30 de abril.
El jueves 29 se iniciarán estas 24 horas de oración por las vocaciones en la Iglesia con una vigilia presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, y que se celebrará en la iglesia de San Juan de Puertanueva a las 20,30 horas. La clausura está prevista al día siguiente, viernes 30, también a las 20,30 horas, en la iglesia de San Andrés, el templo del Seminario Diocesano “San Atilano”.
Durante esta jornada intensiva de oración se irán turnando diversos grupos y realidades diocesanas cada hora, dirigiendo la plegaria de todas las personas que quieran asistir para rezar por las vocaciones. Como señala el promotor de la actividad, Ángel Carretero, director del Secretariado de Pastoral Vocacional, “durante la noche serán las hermanas de los conventos de vida contemplativa de nuestra Diócesis las encargadas de mantener encendida esta antorcha de oración”.
En estas 24 horas de oración pasarán por la iglesia parroquial de San Juan distintos grupos de las parroquias de Zamora capital, así como representantes de los arciprestazgos que forman la Diócesis. Con el convencimiento compartido, como afirma Carretero, de “la importancia de seguir rezando por quienes ya estamos consagrados al servicio del pueblo de Dios y para que otros muchos escuchen la voz del Señor y respondan a su llamada desde la vida sacerdotal y religiosa”.
La primera hora de oración, presidida por el obispo, estará preparada por la Conferencia de Religiosos (CONFER), y contará con la participación de la comunidad religiosa anfitriona, San Juan y San Vicente.
A las 21,30 horas, en el mismo templo animarán la vigilia las parroquias de la ciudad de Toro, y las de San Ildefonso y San Torcuato de la capital. A continuación, la céntrica iglesia de San Juan acogerá a las 22,30 horas un concierto joven de oración, dirigido por el cantautor Rogelio Cabado, y con la participación de las parroquias de San Lorenzo y Cristo Rey de Zamora.
A partir de las 23,30 horas será el turno de las comunidades de clausura, que irán desgranando, durante la noche del jueves al viernes y la mañana del viernes la oración por las vocaciones, con el siguiente orden: Benedictinas de Zamora, Bernardas de Benavente, Carmelitas Descalzas de Toro, Carmelitas Descalzas de Zamora, Clarisas de Benavente, Clarisas de Toro, Clarisas de Villalobos, Clarisas de Villalpando, Clarisas del Convento del Tránsito, Marinas, Clarisas de Santa Clara de Zamora, Dominicas de Toro, Dominicas de Zamora, Juanas de Zamora, Mercedarias de Toro y Sofías de Toro.
Durante la mañana del viernes, además, se unirán en la oración los profesores y alumnos de la asignatura de Religión de los centros educativos concertados católicos. Y a las 15,30 horas del viernes la oración se localizará en la Capilla del Seminario Diocesano “San Atilano”, con la participación, en horas sucesivas, de la Adoración Nocturna (Masculina y Femenina), las parroquias de Carrascal, el Espíritu Santo, la Natividad, San Claudio de Olivares, el Pilar, San Benito, San Frontis, la Horta, San José Obrero, San Lázaro, María Auxiliadora y Lourdes, además de los arciprestazgos de Sayago y Fuentesaúco.
A las 18,30 horas tendrá lugar el rezo de Vísperas, y a las 20,30 horas habrá un encuentro de Palabra y Canto Vocacional, animado por el Coro Diocesano.

