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miércoles, 30 de enero de 2013

Eloy Bueno: “tenemos que descubrir la fe como alegría”


Con la inauguración por parte del obispo y con la ponencia sobre la nueva evangelización a cargo del teólogo zamorano Eloy Bueno de la Fuente, han comenzado hoy las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que abordan el cincuentenario del Concilio Vaticano II y que concluirán el viernes 1.

Zamora, 30/01/13. Esta tarde han comenzado las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que bajo el título “A los 50 años” abordarán hasta el próximo viernes 1 de febrero la importancia que ha supuesto para la Iglesia el Concilio Vaticano II, en su cincuentenario, y la llamada a la nueva evangelización.

Inauguración por parte del obispo

Con el salón de actos del Seminario San Atilano lleno, tras la oración inicial, tuvo lugar la inauguración, presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, que destacó que en el contexto del Año de la Fe “nuestra fe debe quedar fortalecida con estos encuentros, y nuestra misión quede renovada”. E invitó a los asistentes a “compartir de manera explícita nuestra fe, recitando juntos el Credo”.

Después de la inauguración fue el turno de presentar al ponente, tarea que realizó Fernando Toribio, vicario de Pastoral y organizador de las Jornadas. Esta primera conferencia, titulada “Una nueva evangelización”, estuvo a cargo de Eloy Bueno de la Fuente, natural de Casaseca de Campeán y sacerdote diocesano de Burgos, en cuya sede de la Facultad de Teología del Norte de España es catedrático.

Estudió en la Facultad de Teología de Burgos, en la Universidad Urbaniana de Roma y en la Universidad Complutense de Madrid, de donde ha obtenido sus grados de Doctor en Misionología y en Filosofía. Es el director del Instituto de Misionología y Animación Misionera de Burgos, Diócesis en la que ha desempeñado otros cargos. Asesor de la Comisión Episcopal de Misiones, es autor de varios libros (el último, sobre la cristianofobia) y de más de cien artículos de investigación.

La evangelización, en el corazón de la Iglesia

El teólogo inició definiendo la nueva evangelización como “un proyecto pastoral para toda la Iglesia, que tiene como objetivo situar la evangelización en el corazón de la fe”. Es algo que conduce un poco más allá del Concilio Vaticano II: “tenemos que descubrir a la Iglesia brotando de la labor evangelizadora que realizamos”.

En el último siglo, explicó Eloy Bueno, “se ha ido produciendo un reajuste en las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, entre el cristianismo y la cultura”, saliendo de una situación de cristiandad, y produciéndose una distancia creciente, por lo que “la presencia de la Iglesia ha de irse amoldando a las diversas circunstancias”.

En este contexto, el Concilio Vaticano II representó la salida del período de cristiandad, y el teólogo Yves Congar resumió así la novedad del Concilio: la Iglesia comenzó a preocuparse por los otros, los no creyentes o los miembros de otras confesiones cristianas y religiones. “La Iglesia y los cristianos tienen que descubrirse en medio de los otros, que no lo son, y tiene que definir una actitud ante ellos”, afirmó el ponente. Si Dios se ha acercado a los hombres como amigo, la Iglesia tiene que salir al encuentro de la humanidad como amiga, haciendo que los demás puedan “descubrir el sabor a evangelio”.

Un mundo nuevo

Pero el Concilio Vaticano II se acabó, y el mundo de los años 60 también se acabó. Ahora vivimos tiempos nuevos en los que es común “la cristianofobia, el odio al cristianismo, que según algunos es una desgracia para la humanidad”. Benedicto XVI ha respondido a este fenómeno cultural, y así, destacó Bueno, hay que entender que el primer nombre propio que aparece en la primera encíclica de este Papa sea Nietzsche, el autor que expresa de forma más directa la crítica a la fe cristiana. Y la respuesta a su acusación de haber pervertido el amor es la encíclica. Por eso “hay que ir a la hondura de las cuestiones, recogiendo la sensibilidad del momento presente, pero ofreciendo una respuesta desde el sabor a evangelio”.

Eloy Bueno destacó la importancia de la exhortación Evangelii nuntiandi, de Pablo VI, publicada unos años después del Concilio, y donde se dice que “la Iglesia existe para evangelizar”, y que “evangelizar es el gozo y la dicha de la Iglesia”. Se da el avance de poner la evangelización en el centro de la vida de la Iglesia y en la existencia cristiana, con la conciencia de que el mundo va cambiando y de que la relación entre fe y cultura se hace más difícil.

Todo esto se recoge en la llamada de Juan Pablo II a una nueva evangelización, teniendo en cuenta lo que él denominaba “la cultura adveniente, lo que está viniendo”. En 1979 fue la primera vez que utilizó la expresión “nueva evangelización”, en un barrio nuevo de Cracovia que se había construido sin referencias al cristianismo. “Se trata de una cultura que quiere prescindir del cristianismo, y ahí los cristianos tienen que poner los signos del evangelio”.

“Todo el pontificado de Juan Pablo II estuvo marcado por esta idea de una nueva evangelización”, señaló el ponente, y este Papa lo planteó a nivel mundial, porque la cultura nueva es mundial, y también lo son los desafíos. Benedicto XVI retomó esta idea, heredando lo que habían sido algunas de sus convicciones teológicas previas a su acceso al papado.

Benedicto XVI y la alegría de creer

Entre otras cosas, el pontífice actual ha creado un Consejo Pontificio dedicado explícitamente a la nueva evangelización, y convocó para el año 2012 un Sínodo de los obispos. En el documento previo a la celebración de la asamblea, los Lineamenta, se observan cosas importantes y radicales: la nueva evangelización afecta no sólo a los de fuera, “sino a cada comunidad cristiana y a cada creyente, para ver si están preparados para estar en los nuevos escenarios culturales”.

“¿Hemos experimentado el sabor a evangelio para poder ofrecérselo a los que se encuentran en esos escenarios?”, se cuestionó Eloy Bueno. Por ello hay que preguntarse qué tipo de Iglesia y de cristiano exigen los tiempos. Ante esto, los Lineamenta dan dos respuestas: “en primer lugar, hoy hace falta una nueva acción misionera; en segundo lugar, para afrontarla hace falta ante todo redescubrir la alegría de la fe, o la fe como alegría”.

Al final del documento preparatorio del último Sínodo se decía que “la nueva acción misionera no es posible más que desde la alegría de la fe, desde haber experimentado un amor tan grande, que me llega en mi pequeñez y me abre un horizonte nuevo de esperanza”, tal como resumió el ponente. “Si no hay alegría, no hay fe, no hay sabor a evangelio”, y esto se descubre en el encuentro de los discípulos con Cristo resucitado. En su Ascensión, los discípulos se vuelven a casa con alegría, porque Jesús se va bendiciendo, y ésta es la razón de la alegría cristiana, según lo ha explicado Joseph Ratzinger en su obra Jesús de Nazaret.

¿Qué tiene que hacer la Iglesia hoy?

Eloy Bueno señaló, para concluir su ponencia, tres líneas fundamentales que deben ser recorridas y profundizadas por los cristianos. En primer lugar, “que la Iglesia sea un signo creíble por su dimensión fraterna y solidaria, y por eso tenemos que ser una modalidad de relaciones humanas peculiares, por nuestras relaciones y nuestra acogida, siendo capaces de superar tantas divisiones humanas y de ser servidores”. La unidad tiene que hacerse realidad en la carne de nuestro mundo.

En segundo lugar está “la centralidad del primer anuncio, que parece el eslabón perdido de nuestra vida eclesial. Nos cuesta y no sabemos muy bien hacerlo”. Sin embargo, es el primer encuentro que uno tiene con aquel que está lejos de la fe. “¿Cómo puedo hacerle yo percibir el sabor a evangelio? ¿Con malas caras, con amargura, con rechazo? Esto se realiza en la vida más cotidiana, en el encuentro interpersonal. Hay mucha gente que necesita ser escuchada, y hay gente que sabe escuchar, acompañar y ofrecer una respuesta”, afirmó.

La última pista, siguiendo lo que se habló en el Sínodo, es la convicción de que “estamos en una situación muy semejante a la de los orígenes del cristianismo. ¿Por qué aquel pequeño grupo se extendió tan rápidamente? En primer lugar, por la proclamación de un Dios único, que garantiza la dignidad e igualdad de todos los seres humanos, sus hijos. Segunda razón: en aquel momento con un horizonte negro, los cristianos supieron ofrecer un horizonte de esperanza. Y la tercera: la caridad cristiana, el testimonio en favor de los más desfavorecidos, acogiendo a todos los necesitados”.

Eloy Bueno concluyó su conferencia afirmando que “podríamos decir que cuando alguien ha experimentado el sabor a evangelio porque alguien me ha amado desde antes y desde el principio, esta alegría de la fe da lugar también a la esperanza y el amor”

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El álbum fotográfico de la conferencia está en: http://bit.ly/Wg0YYb

viernes, 27 de enero de 2012

Raúl Berzosa: “evangelizar es mostrar el arte de vivir”


El obispo de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa, ha acudido a Zamora para participar en las X Jornadas Diocesanas, que finalizan hoy en la ciudad, dedicadas a la nueva evangelización. El prelado civitatense ha mostrado las líneas fundamentales de este reto pastoral de la Iglesia en el mundo actual.

Zamora, 27/01/12. El tercer día de las X Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la nueva evangelización, ha contado con la presencia de Raúl Berzosa Martínez, obispo de Ciudad Rodrigo, que ha pronunciado la conferencia “Rasgos de la nueva evangelización”. Tras la oración inicial, que como todos los días estuvo a cargo del vicario de pastoral, Fernando Toribio, el ponente fue presentado por el vicario de asuntos económicos y sociales, Eustaquio Martínez.

Raúl Berzosa es doctor en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), y tiene estudios de Derecho Canónico, Derecho Internacional y Diplomático, Antropología Teológica y Sociología, y Periodismo, realizados todos ellos en Roma. Fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1982, y tras desempeñar diversos cargos pastorales en su Diócesis de Burgos fue nombrado obispo auxiliar de Oviedo en 2005. Posteriormente, fue nombrado obispo de Ciudad Rodrigo en 2010. Ha colaborado habitualmente con los medios de comunicación, y es autor de numerosos libros y artículos.

¿Qué es la nueva evangelización?

El obispo de Ciudad Rodrigo comenzó afirmando que “la nueva evangelización no es otra cosa que el Concilio Vaticano II actualizado”. Según monseñor Berzosa, “estamos en una sociedad post-cristiana, con restos de cristianos, mezclas de cristianismo y paganismo, y nuevas espiritualidades”.

Benedicto XVI ha llamado “a volver al espíritu misionero de la Iglesia primitiva, a estar desde dentro en la cultura de hoy, y a afianzar lo que estamos haciendo, descubriendo nuevas pastorales que nos metan de lleno allí donde ahora no estamos”. Y habló de “tres perchas fundamentales que quedan en el armario de la nueva evangelización: nuevos procesos de iniciación cristiana, patio de los gentiles y emergencia educativa”, algo que desarrolló al final de su intervención.

A continuación, el prelado definió la nueva evangelización según el pensamiento del pontífice actual. Señaló que se trata de “hacia afuera, mostrar a la gente el arte de vivir, y hacia adentro, estar atentos a lo que dice el Espíritu a la Iglesia”. También hizo un repaso de la historia del término “nueva evangelización”, remontándose a Pío XII. Según Pablo VI, la Iglesia evangeliza cuando hace todo lo que tiene que hacer. Y fue Juan Pablo II cuando empezó a hablar sistemáticamente en 1979 de este concepto, precisamente en Hispanoamérica, aunque luego se extendió a la Iglesia universal.

El cardenal Joseph Ratzinger pronunció una conferencia en 2001, en un Congreso de catequistas y profesores de religión en Roma. El obispo civitatense resumió su aportación: “evangelizar es un arte, evangelizar quiere decir mostrar el arte de vivir: llevar a Cristo, que es el camino y la felicidad. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Este arte no es objeto de ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene vida, quien es ‘Evangelio en persona’, es decir, los testigos: personas y comunidades”.

El método

Según monseñor Berzosa, “la Iglesia nunca ha dejado de evangelizar”, ya que “cada día celebra y administra los sacramentos, anuncia la palabra de vida, y se compromete a favor de la justicia y la caridad. Y esa evangelización produce frutos: da luz y alegría, da el sentido de la vida a muchas personas”. Sin embargo, se está dando en nuestra sociedad “un progresivo sentido de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales”. Por eso, “además de la evangelización ordinaria e ininterrumpida, necesitamos una nueva evangelización para quienes no tienen acceso a la evangelización clásica y ordinaria. Todos necesitan el Evangelio y hay que buscar nuevos caminos para llevar el evangelio a todos”.

El obispo de Ciudad Rodrigo aclaró que “no se trata de rechazar la forma anterior de evangelizar, ni de hacer un acercamiento apologético a los no creyentes, sino de utilizar el método pastoral de asumir, purificar y elevar la labor de la Iglesia, como hace el Papa”. Claro que “existe una tentación: la de la impaciencia, la de buscar los grandes números. Nueva evangelización no quiere decir atraer inmediatamente con nuevos y más refinados métodos a las grandes masas que se han alejado de la Iglesia”. En nuestra situación actual, “es preciso actuar de nuevo valientemente con la humildad del grano de mostaza dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerá”.

En cuanto al método y a la finalidad de la nueva evangelización el ponente señaló que “no buscamos, como las empresas humanas, que se nos escuche a nosotros. No pretendemos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones: queremos servir al bien de las personas dando a Aquel que es la Vida. Evangelizar no es tanto una forma de hablar como una forma de vivir; vivir escuchando al Padre, en el Hijo, por el Espíritu”. Más aún, “nosotros no podemos ‘ganar’ a los hombres: debemos obtenerlos de Dios para Dios. Todos los métodos son ineficaces si no se fundamentan en la oración. La palabra debe ir unida a la oración”, sin olvidar tampoco que “el camino de Jesucristo fue el de la cruz”.

Contenidos de la nueva evangelización

Monseñor Berzosa resumió después los contenidos de la nueva evangelización, el primero de los cuales es la conversión, “dejar mis criterios y mi forma de vida, para que entre Dios en ella y me la cambie. Es buscar un nuevo estilo de vida”. El segundo elemento fundamental es la centralidad del Reino de Dios, que “es Dios mismo. Dios existe. Dios vive. Dios actúa y está presente en el mundo. Dios no es alguien lejano, ni el gran arquitecto”, porque “el verdadero problema de nuestro tiempo es la crisis de Dios, la ausencia de Dios, camuflada por una religiosidad vacía. Tenemos que volver a hablar de Dios y con Dios”.

El prelado civitatense también afirmó que “anunciar a Dios es también enseñar a rezar”, y por ello “necesitamos escuelas de oración”. Reconoció que “muchas veces nuestra forma de celebrar es demasiado racionalista, banal o llena de nuestras palabras. La liturgia tiene que ser enseñanza. También la moda del esoterismo (New Age) o de técnicas orientales demuestra que nuestra liturgia deja mucho que desear. En nuestro mundo, tenemos necesidad del silencio y del misterio, y de la belleza, por encima del individuo. La liturgia no es invención del sacerdote. El celebrante no es el centro”.

Un tercer contenido fundamental de la nueva evangelización, según Raúl Berzosa, es preservar a Jesucristo de “la tentación de convertirlo sólo en personaje histórico, en hombre sin más”. Frente a esto, el Cristo de la fe “no es un mito, sino alguien muy real”. El anuncio salvador de Jesucristo “no es una interpretación burguesa o anecdótica, ni siquiera revolucionaria o heroica de un rebelde: pertenece al misterio divino y es la expresión de un amor hasta el final”.

Y un cuarto elemento de la nueva evangelización es anunciar la vida eterna, ya que “el anuncio del Reino implica que Dios actúa y está presente pero, además, seremos juzgados, que no podemos hacer lo que queramos. Esto vale para los poderosos y para los pobres. Dios hace justicia y sólo Él puede hacerla a fin de cuentas”. Como explicó el ponente, “creer en la vida eterna tiene consecuencias muy reales para nuestra vida terrestre. Si la medida de nuestra vida es la eternidad, esta vida terrestre será grande y de valor inmenso”.

Aplicación diocesana concreta

En el fondo, afirmó monseñor Berzosa, “es una nueva antropología, vista desde Dios, y así la nueva evangelización hará posible la civilización del amor y de la vida”. Para concluir su conferencia, respondió a la siguiente cuestión: “¿Qué se nos pide en nuestras Iglesias diocesanas como acentos propios de la nueva evangelización para llegar adonde no llegamos con nuestra pastoral ordinaria?”. Y retomó su imagen de las tres perchas: procesos nuevos de iniciación, el atrio de los gentiles y la emergencia educativa.

Sobre el primer anuncio señaló la necesidad de: misión ad gentes, ecumenismo y diálogo interreligioso, inserción en el mundo del trabajo y sus nuevas y dramáticas realidades (como el paro), detectar y atender las viejas y nuevas pobrezas, inserción en la sociedad civil (militantes cristianos), presencia pública del cristianismo a través de personas e instituciones (cristianos de mediación y entidades de presencia), y cuidar el mundo de las peregrinaciones.

En cuanto a la emergencia educativa, destacó: gran atención a los niños y jóvenes, acompañamiento a las familias jóvenes, evangelizar desde, en y por los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, unos procesos de iniciación cristiana serios y completos, con la creación de espacios de oración, y evangelizar con el arte y la cultura.

Para finalizar, se refirió al patio de los gentiles, “el lugar donde los creyentes y no creyentes se reunían, en el Templo de Jerusalén, para hablar sobre la vida”. Para ello hay que promover espacios de acogida y diálogo con los hombres de nuestro tiempo, también en el campo de la ciencia, e incidir en la pastoral de la Universidad, en el mundo de la enseñanza, la cultura y el arte.

Álbum fotográfico de la conferencia:

Ya están disponibles los audios de las Jornadas en:

jueves, 26 de enero de 2012

Segundo Pérez: “hay que formar agentes pastorales para la nueva evangelización”


Segundo Pérez López, catedrático del Instituto Teológico Compostelano, ha acudido esta mañana a Zamora para hablar sobre los nuevos evangelizadores en el marco de las X Jornadas Diocesanas.

Zamora, 26/01/12. Las Jornadas Diocesanas de Zamora, sobre la nueva evangelización, han contado en su segundo día con la presencia de Segundo Pérez López, profesor del Instituto Teológico Compostelano, que ha impartido la conferencia titulada “Nuevos evangelizadores para una nueva evangelización”. El ponente ha sido presentado por el sacerdote diocesano de Zamora Agustín Montalvo, párroco de San Lázaro.

Segundo L. Pérez López es licenciado en Filosofía y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, y ha ampliado sus estudios en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y en el Archivo Secreto Vaticano. Es sacerdote de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ha desempeñado diversos cargos pastorales, entre los que destaca el rectorado de su Seminario, con sede en Santiago de Compostela.

Es catedrático de Antropología Teológica en el Instituto Teológico Compostelano, y ejerce la docencia en otros centros, además de atender dos parroquias rurales en la actualidad. Es el fundador y director de la revista Estudios Mindonienses y miembro del consejo de redacción de otras publicaciones periódicas. Es canónigo de la Catedral de Mondoñedo y archivero-bibliotecario de la Catedral de Santiago de Compostela, y director del Centro de Estudios Jacobeos. Es autor y editor de varios libros, y tiene en su haber numerosos artículos de investigación.

Distintos ministerios para la misma misión

El ponente dijo no tener ninguna receta sobre los nuevos evangelizadores, pero indicó el contexto y el pretexto para este empeño de la Iglesia. “¿Quiénes son los agentes de la nueva evangelización, según el Papa? Los obispos, los presbíteros, la vida consagrada, las asociaciones de laicos y las nuevas comunidades”, afirmó.
En cuanto a las formas, tienen que promoverse nuevas comunidades y espacios donde pueda tener lugar la nueva evangelización, entre los que destacan los medios de comunicación social. Además, Benedicto XVI promueve un nuevo conocimiento de la fe, y del Catecismo de la Iglesia Católica.

Todo esto presenta “una perspectiva apasionante”, en una Iglesia ministerial, de comunión, “donde es necesario incorporar de forma correponsable agentes de pastoral que tengan un verdadero contenido apostólico”. Segundo Pérez fue crítico con la forma ordinaria de realizar los nombramientos eclesiásticos en las diócesis, repartiendo las parroquias entre los sacerdotes. “Habrá que sentarse a ver con qué fuerzas contamos: sacerdotes, religiosos y laicos, y hacer un programa pastoral en el que corresponsablemente ese grupo de evangelización se encargue de esa realidad. Entonces no es tan agobiante la escasez de presbíteros, aunque siga siendo un problema urgente”. De esta manera, “cada uno tiene un ministerio propio”.

La nueva evangelización es cuestión de tomar conciencia, de tener una nueva forma de entender la misión, no tan pesimista, sino “desde la memoria y la esperanza, en una situación desolada pero que es también tiempo de gracia”. Un campo de evangelización muy importante es el del arte y el patrimonio, y las tradiciones populares, según el ponente.

Retos y oportunidades pastorales

El profesor de Teología señaló que “los retos que tenemos por delante son la dificultad de asumir nuestra tradición católica, la renovación de la iniciación cristiana y del primer anuncio de la fe… para ello es necesario revalorizar la pertenencia a la Iglesia y ser capaces de transmitir a los otros la propia fe”, aclarando la necesidad de “una pertenencia gozosa y crítica a la Iglesia. Hay que hacer visible la sacramentalidad de la Iglesia, crear nuevas formas de hacernos presentes en la religiosidad popular, que es un tema que no va a menos”. Lo mismo podríamos decir de otros acontecimientos, “como los funerales y el acompañamiento del duelo, que proporcionan un espacio enorme para la nueva evangelización”.

Segundo Pérez subrayó la necesidad de “crear comunidades fraternas” y de “proponer la esperanza con alegría”, en lo que ha de incluirse “la predicación de las verdades últimas: ¿quién habla del cielo, del juicio de Dios, del infierno, de la esperanza última? Nos encontramos con gente a la que no se le ha anunciado en su totalidad lo que implica en su totalidad la fe en Jesucristo muerto y resucitado, lo que significa el más allá, lo que significa la vida eterna”.

¿Cómo abordar nosotros como agentes todo esto? San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, explica cómo afrontar los tiempos de desolación: más oración, meditación y penitencia. “La gran trampa en este tiempo es caer en el lamento y en la gesticulación desesperante, añorando lo que ya pasó”, señaló Segundo, que añadió: “es posible mudarnos contra el tiempo desolado: no resignarnos, viendo cómo el tiempo desolado puede convertirse en tiempo de gracia”.

Los cristianos tenemos que “percibir nuestro tiempo como un tiempo necesitado de la buena noticia. Hay que saber orar no sólo cuando nos va bien, sino con Jesús desde el Getsemaní personal e histórico que nos toca vivir, para poder ser evangelizadores a semejanza de Cristo”. Porque en este tiempo “vivimos en una auténtica pérdida de humanidad, y el mundo se nos mete dentro cuando nuestra oración deja de ser potenciadora de miradas nuevas desde la ternura a las zonas más oscuras de tipo personal y social. Ahí Jesús libera los mecanismos de nuestra propia vida. Por eso es urgente abrirnos con actitud reverente al misterio de Dios, en un tiempo que nos acerca más al Dios de la Trinidad que a un ídolo”.

Una deserción silenciosa

Según el ponente, “palabras como penitencia, mortificación, abnegación, sacrificio… resultan de auténtico mal gusto en nuestra cultura, pero es necesario volver a ellas”. La Iglesia “mira hacia el pasado ejercitando la fidelidad, y mira al futuro esperando cumplir la misión que el Señor les confía”. Sin embargo “hay muchas reticencias en la sociedad con respecto a la Iglesia y a nosotros, los agentes, lo que es síntoma de una prevención ante la misma fe, que se expresa también en los medios de comunicación. Muchas personas se alejan de la vida cristiana de una forma silenciosa. Lo que tiene que preocuparnos son los hombres y mujeres, a veces familias completas, que silenciosamente se van de la Iglesia sin formular el porqué. ¿Qué es lo que no les hemos dado? ¿Qué no hemos sido capaces de contagiarles?”.

En cuestiones morales, además, “hay un fuerte sentimiento de rechazo del magisterio de la Iglesia, sobre todo en las cuestiones sexuales y bioéticas”. En la vida política “se rechaza expresamente de una ley moral objetiva, y se nos acusa de no saber vivir en democracia, y de querer imponer la fe y la moral católica al conjunto de la sociedad”, aunque no es difícil responder teóricamente a estas acusaciones. Según el teólogo gallego, en el fondo “tenemos que reconocer que lo que se rechaza es la fe misma, en sus elementos esenciales, diciendo que no es compatible la fe con los valores más apreciados de la vida actual: la ciencia, la libertad, el bienestar… Sin embargo, la fe cristiana no es contraria a estos valores, sino a la forma reducida de entenderlos que depende de una visión atea de la realidad”.

Los agentes en la Iglesia y la comunión

El Sínodo de los Obispos de 1985 interpretó que la mejor imagen para comprender lo que lo Concilio Vaticano II quiso decir de la Iglesia es la de comunión: “toda la vida de la Iglesia ha de estar impregnada por la comunión. Eso significa que en la Iglesia se pone en primero lugar lo que afecta a todos y, en segundo lugar, lo que especifica a cada uno de los miembros. Eso supuso un giro copernicano en la percepción de la Iglesia del Concilio”. Atrás quedó una visión que ponía como punto de partida la estructura jerárquico-piramidal.

El Concilio, explicó Segundo Pérez, empieza “por abajo, por lo común que pertenece a todos los miembros por igual, por ser el pueblo de Dios como la totalidad de los fieles, pudiendo afirmarse que el sacerdocio común de los bautizados es ontológicamente anterior a los otros ministerios y servicios que configuran el ser de la Iglesia, por ende la constitución de una Iglesia toda ella ministerial”. Por ello “el reto del presente es cómo encontrar cauces para formar agentes pastorales para la nueva evangelización”.

Todos los creyentes “disfrutan de la misma radical igualdad en cuanto a su dignidad y a la responsabilidad de participar activamente en la misión de la Iglesia porque todos ellos fueron incorporados a Cristo por medio del bautismo y participan de su triple oficio profético, real y sacerdotal”. En esta perspectiva, “las responsabilidades en la Iglesia se denominan ministerios, o sea, servicios que tienen como finalidad hacer presente a Cristo como Cabeza de su Iglesia, para dar vida a su Cuerpo”.

Así ha de ejercerse la autoridad en la Iglesia, según el ponente: “la disposición vital al servicio en la Iglesia afecta a todos sus miembros. Todos han de ejercer la ‘diakonía’ y es ésta la razón de ser también del servicio de la autoridad en la Iglesia y de los diversos carismas. En ese sentido del servicio a la unidad de la fe de todo el pueblo cristiano tiene su razón de ser un servicio especial como es lo del sucesor de Pedro, el Papa, que lo ejerce en cuanto obispo de Roma”.

Añadió que “tenemos que sentir hoy la urgencia del apostolado, formando nuevos agentes para la evangelización. No podemos añorar tiempos pasados, pero sí tenemos que hacer una propuesta de vida interpelante”, concluyó.

Álbum fotográfico:

miércoles, 25 de enero de 2012

Leonardo Rodríguez Duplá: “vivimos en una época post-cristiana”


El profesor de Filosofía de la Universidad Complutense Leonardo Rodríguez Duplá ha sido el primer ponente de las X Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la nueva evangelización. Para el experto, sólo si los creyentes son conscientes de la naturaleza precisa de la cultura actual podrán “responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

Zamora, 25/01/12. El Salón de Actos del Colegio “Divina Providencia”, regentado por las Siervas de San José junto a la Plaza Mayor de Zamora, acogió a última hora de la tarde la inauguración de las X Jornadas Diocesanas, que este año están dedicadas a la nueva evangelización. En el acto inicial, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, llamó a los presentes a “acelerar, sobre todo en nuestros corazones, en este empeño”.

Para el prelado zamorano, la nueva evangelización no se limita a una operación de imagen, y hay que dar un lugar importante a la oración porque “no estamos empeñados en una especie de reconversión de los muebles de nuestra casa, sino que es algo mucho más profundo, que lleva, sobre todo, al cambio de los corazones hacia Dios”. Y exhortó a hacer todo esto “con un renovado ardor misionero, que a todos nos hace falta”.

El encargado de la primera ponencia de estas Jornadas, titulada “¿Por qué una nueva evangelización?”, ha sido el filósofo Leonardo Rodríguez Duplá, profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Complutense de Madrid. Estudió Filosofía en Madrid, Salzburgo y Múnich. Ha sido profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca. Se interesa sobre todo por cuestiones relacionadas con la fundamentación de la ética y con la filosofía de la religión.

Entre sus publicaciones principales se cuentan los libros: Deber y valor (Tecnos, Madrid, 1992),  Ética (BAC, Madrid, 2001) y Ética de la vida buena (Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006). Ha traducido al español obras de David Ross, Nicholas Rescher, Emil Fackenheim, Robert Spaemann, Leo Strauss y, más recientemente, Aristóteles. En la actualidad trabaja en un libro sobre la antropología y la ética de Max Scheler, y en otro sobre la filosofía de la religión de Kant.
Tras la presentación del ponente (que estuvo a cargo del sacerdote diocesano de Zamora Francisco García Martínez, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca), Rodríguez Duplá explicó su pretensión de responder a la cuestión que titula la ponencia: las razones que llevan a la nueva evangelización.

La llamada a la nueva evangelización

“Aunque el concepto de nueva evangelización tenga ya 30 años, ha cobrado actualidad a raíz de varias decisiones de Benedicto XVI”, entre las que el ponente destacó la creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la convocatoria del Sínodo de los Obispos con el mismo motivo. “Si la Iglesia es siempre misionera, ¿por qué hablar de una nueva evangelización?”, cuestionó Rodríguez Duplá. “¿No debería limitarse la Iglesia a hacer lo que siempre ha hecho, que es precisamente evangelizar? El acento recae en la palabra ‘nueva’. No podemos conformarnos con las estrategias evangelizadoras que la Iglesia ha llevado a cabo durante siglos”, afirmó.

En los últimos decenios se ha producido un retroceso de la práctica religiosa en los países que fueron evangelizados primero. “Esto se nota sobre todo en Europa, que se aleja cada vez más de sus raíces cristianas, lo que se ve con preocupación en la Iglesia”. Ahora ya no se trata sólo de llevar el evangelio a tierras lejanas donde apenas es conocido, sino de “que el evangelio vuelva a resonar en los pueblos de la primera cristianización”.

Las claves de la cultura actual: el alejamiento de Dios

El profesor de Ética de la Complutense dio un paso adelante al analizar la situación exacta a la que se pretende responder con la nueva evangelización. “La increencia también se ha vuelto tradicional, es un cauce por el que discurre la vida de muchas personas, que asumen la increencia por ósmosis”, explicó. Porque “el crecimiento exponencial del conocimiento científico técnico trae consigo la involución de otras dimensiones humanas, y esto pasa en el conocimiento religioso. La capacidad del hombre de captar lo divino presenta hoy síntomas de atrofia”, según el filósofo Max Scheler, y esto coincide con lo que ha señalado Benedicto XVI sobre “la pérdida preocupante del sentido de lo sagrado. No es que el hombre moderno rechace explícitamente la fe cristiana, sino que no llega a plantearse el problema. Aquí Dios no es rechazado, como en el ateísmo clásico, sino que el problema de Dios no llega a dibujarse en muchas conciencias”.

Como indicó el ponente, el Concilio Vaticano II, en su constitución Gaudium et spes, ya advertía de la gente “que no se plantea la cuestión de Dios ni se preocupa por el hecho religioso. El ateísmo actual consiste en no hacerse problema de Dios, y normalmente no comporta una decisión del sujeto, porque el medio ambiente favorece este proceso”. Y en los más jóvenes este ambiente determina su vivencia. Por eso el ateísmo es el punto de partida, y no de llegada. Rodríguez Duplá afirmó preferir “hablar del alejamiento de Dios, porque el término ateísmo tiende a sugerir la idea de una negación explícita de Dios, incluso hostil hacia la fe, cuando de lo que se trata en nuestro caso es de una profunda insensibilidad, una indiferencia”.

Además, “este alejamiento de Dios no se queda en la conciencia individual, sino que tiende a configurar unos estilos de vida”, y así las grandes dimensiones de la existencia se rigen hoy por los dictados de lo económico y lo laboral. Sin embargo, “la situación resultante no puede describirse como un vacío moral. Nuestro siglo ha sido el de la proclamación de los derechos humanos, de la dignidad del hombre. Pero los valores tan extendidos hoy los percibe la conciencia contemporánea como desgajados del tronco cristiano”. La vigencia de este estilo de vida, post-cristiano, garantiza su reproducción. El conferenciante afirmó que “no hace falta una toma de postura explícita, porque estamos ya acostumbrados a vivir sin Dios, y su ausencia no se vive como una carencia. Esto plantea enormes dificultades a la actividad catequética y misionera. ¿Cómo evangelizar al hombre que carece de oído musical para la religión?”, según la expresión de Max Weber.

La modernidad y el ocaso social del cristianismo

Con posterioridad, Leonardo Rodríguez Duplá abordó las causas del olvido de Dios por parte del hombre contemporáneo, reconociendo la gran complejidad que entraña identificarlas, porque es un aspecto parcial de procesos culturales de gran envergadura: la modernidad y la postmodernidad. En primer lugar señaló la “amnesia histórica que ha borrado de la conciencia moderna el origen cristiano de muchos de los valores que el hombre siente como propios. Las nociones de dignidad humana, de persona… han pasado a ser patrimonio común de la humanidad, pero desprovistos de toda referencia al humus en el que nacieron”.

“La religión parece haberse vuelto innecesaria para el progreso de la humanidad, y hasta se ve como un obstáculo que impide ese progreso. Al insistir en que no todos los medios tendentes a mejorar el bienestar humano que son posibles por la técnica son legítimos, la Iglesia viene a aguar la fiesta del progreso humano”, explicó el profesor, que también habló del poderoso influjo ejercido en la filosofía y la teología cristiana de la reducción kantiana de la fe a la moral. Además, en la teología moral más reciente, “al confinar la dimensión específicamente cristiana de la moral en el reducto de la conciencia (donde están las motivaciones), se limita la presencia pública de la fe como animadora de la conducta”.

Rodríguez Duplá también se refirió al aspecto político de la cuestión, “el ocaso social del cristianismo. Las sociedades modernas se caracterizan por su pluralismo. Ante esta variedad de maneras de entender la vida, el Estado liberal se muestra escrupulosamente neutral. Se pide el respeto de las normas que regulan la convivencia pacífica, exigibles a todos los ciudadanos. En cambio, el Estado no se pronuncia sobre los criterios que regulan la vida privada ni sobre los presupuestos donde se fundan”.

Esto ha tenido una curiosa repercusión en la teoría ética contemporánea: “la ética se ha mimetizado con la política, al ser obligada a guardar silencio sobre los fundamentos de la vida buena y sobre las cosmovisiones. La ética ha pasado a ser ética civil, algo exigible a todo ciudadano. Se destierra a los márgenes de la discusión académica todo lo que pueda ser una aportación cristiana”, lo que lleva a una irrelevancia cultural del cristianismo.

La postmodernidad y la disolución del sujeto

Tal como explicó el ponente, todas las tendencias señaladas son modernas, y a ellas se unen otros elementos postmodernos, ya que “la postmodernidad ha venido a consumar ciertas tendencias características de la cultura moderna”. Y citó tres rasgos de la postmodernidad: la disolución del sujeto, la renuncia a la verdad y el adiós a la historia.

En cuanto a lo primero, para la civilización moderna, “la ciencia es el modelo de todo conocimiento, y el tribunal ante el que ha de convalidarse toda experiencia humana. Frente a la concepción anterior, antropomórfica, se pasa al mecanicismo, que prescinde de las causas finales, y la naturaleza será sólo objeto de dominación, identificando la ciencia con la técnica. Una técnica que tiende a ampliar su radio de acción, reduciendo al ser humano a rasgos empíricos susceptibles de cuantificación, lo que disuelve al sujeto”.

Por otra parte, la renuncia a la verdad viene preparada por ciertos desarrollos de la modernidad. “El concepto de verdad queda hoy vacante. Esta renuncia se hace todavía más radical en el clima postmoderno. La experiencia humana estaría condicionada por prejuicios, por lo que no se podría hablar de una experiencia original. Lo que hay es distintos lenguajes sobre la realidad, nada más”, resumió Rodríguez Duplá.

Sobre el tercer rasgo postmoderno, el experto afirmó que la relación de la modernidad con la historia es compleja. El Siglo de las Luces “se caracteriza por su fe en el progreso de la humanidad. Nacen escatologías inmanentes de diverso signo, la última de las cuales ha sido el marxismo”. Cunde la opinión de que la historia es un proceso inevitable, pero el pensamiento político liberal se rebela contra esto, “porque se inmolan las generaciones de hoy en los altares de la felicidad venidera. El ajuste de cuentas de la postmodernidad con la historia ha sido más radical: no sólo se niega a que la historia tenga un sentido, sino que niega la misma noción de la historia. La historia deviene historiografía, discurso sobre documentos”.

Estos tres rasgos del pensamiento postmoderno han impregnado en buena medida la mentalidad contemporánea, “haciendo de nuestra época una época post-cristiana. El mensaje cristiano se enfrenta a grandes dificultades para hacerse creíble o incluso inteligible”. La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento, según afirma Benedicto XVI. El profesor de Ética llamó a no caer en el pesimismo, viendo un destino adverso, sino a “percibir todo esto como una oportunidad para la nueva evangelización. Sólo si somos conscientes de la naturaleza precisa del problema al que nos enfrentamos, podremos responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

Álbum fotográfico:

Vídeo de la intervención del obispo: http://youtu.be/rX98IbIcIww