domingo, 26 de junio de 2011

Una comida muy especial


AGUSTÍN MONTALVO

Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo – Ciclo A

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 51-59)

Tras las, como mínimo, sorprendentes afirmaciones de Jesús acerca del Pan de Vida no es extraña la reacción escandalizada ni la escapada de los judíos. Si muchos de nosotros nos pusiéramos a pensar en serio las palabras del evangelio de hoy tal vez tendríamos una reacción similar. Pero ya no nos impresionan, acaso por inconsciencia o por rutina, o quizá porque ya profundamente asumidas forman parte de nuestra espiritualidad, y por experiencia hemos podido decir como Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir si sólo tú tienes palabras de vida eterna?» ¡Ojalá! Pero no deja de sorprender que santos y teólogos de la talla de Tomás de Aquino ante el misterio que hoy celebramos hayan sentido la necesidad de manifestar su asombro y su gratitud con himnos y oraciones como los que desde hace siglos el pueblo cristiano ha cantado y rezado, y sigue haciéndolo tal vez sin darse cuenta de lo que dice.

Extraña comida el cuerpo y la sangre del Señor. Sí, extraña, pero saludable y necesaria comida, porque sin ella «no tendréis vida en vosotros», dice el mismo Jesús. Como los hebreos en el desierto pudieron sobrevivir en su andadura hacia la Tierra Prometida con el misterioso maná como alimento, nosotros necesitamos este Pan de Vida, del que aquel maná fue un claro aunque débil signo, para poder hacer con fortaleza la peregrinación que es esta vida.

Es asimismo el pan de la unidad. El cuerpo eucarístico es el mismo cuerpo nacido de María. Comer ese cuerpo es comulgar con el que nació en Belén y murió en Jerusalén. Es comulgar con su persona, con su vida, con su mensaje, con sus promesas. De otra forma puede convertirse en un rito vacío. Y es intentar vivir como tarea la unidad que en él se nos ofrece como don. «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos el mismo pan», escucharemos hoy también a san Pablo. Ya san Ignacio de Antioquía a comienzos del siglo II identifica el cuerpo físico de Jesús, el dado a luz por María, con el cuerpo sacramental presente misteriosamente en el pan y en el vino, y con su cuerpo que es la Iglesia, el cuerpo místico que se dirá más tarde.

Pero comer este pan es entrar también en comunión con todos los hombres, con los que el Hijo de Dios se solidarizó al encarnarse. De un modo especial con los necesitados, con los sufrientes, con los marginados. No es por casualidad por lo que hoy celebramos el «Día Nacional de Caridad».

La Opinión-El Correo de Zamora, 26/06/11.

Suicidio asistido


ÁNGEL CARRETERO MARTÍN

Eso es exactamente lo que en los últimos días se nos vuelve a intentar vender como una «práctica médica común»; basta que lo pida el paciente o sus familiares. Pero dejémonos de eufemismos políticamente correctos y llamemos a las cosas por su nombre. Que no nos tomen por tontos al querer meternos gato por liebre. El grado de civilización de una sociedad no puede depender de los debates y juegos televisivos entre favorables y contrarios a la eutanasia, sino de la forma de afrontar la enfermedad y de acompañar a las personas terminales. No lo olvidemos: el don de la vida humana es algo tan serio, sagrado e inviolable que no admite ponerse a disposición de nadie.

No es precisamente la apuesta por una cultura de la vida lo que está detrás de la cadena BBC al sumarse a las filas del radicalismo ideológico en la cruzada a favor de la eutanasia. El cebo utilizado en esta última campaña ha sido la retransmisión televisiva del suicidio del millonario británico Peter Smedley. Algunos medios españoles, pretendidamente progresistas, han querido aprovechar para descongelar la propuesta legislativa de ZP a este respecto. Pero me temo que para este asunto no pillan ahora a nuestro Gobierno en uno de sus mejores momentos tal y como están las cosas en el país. Sin embargo sepan que no todo el mundo ha picado en ese cebo tan «moderno», «avanzado» y «solidario» como es causar la muerte a alguien. De hecho las asociaciones inglesas de discapacitados han dicho que esta emisión no es más que un espectáculo publicitario a favor del suicidio y no de la defensa de la dignidad de la persona tal y como sería deseable.

Recuerden algunos momentos propagandísticos que también nosotros hemos sufrido en los últimos años. Para empezar el tetrapléjico gallego Ramón Sampedro y su hermana Ramona Maneiro que en TV confesó su implicación en la muerte de Sampedro; poco faltó para ser canonizada por su servicio martirial en la causa del derecho a morir dignamente. Al menos sí reconoció no ser «ni una samaritana ni una madre Teresa». En esto sí que tengo que dar la razón a Ramona porque ni la samaritana del evangelio ni Teresa de Calcuta iban por ahí proporcionando cianuro a los necesitados. Después otros como el pentapléjico vallisoletano Jorge León Escudero o la navarra Inmaculada Echevarría. Pero que no me hagan creer que estas personas van solas a la tumba. El deseo de morir (que no es normal) está acompañado y alentado por otras personas cercanas y asociaciones proeutanásicas que enarbolan una bandera de falsa libertad, sin importarles el daño inmenso que están causando al considerar a este tipo de personas como seres humanos de segunda categoría. Decididamente «ayudar a morir» y «dar la muerte» no son la misma cosa.

La Opinión-El Correo de Zamora, 26/06/11.

viernes, 24 de junio de 2011

Cáritas atendió en Zamora a más de 20.000 personas el año pasado


Zamora, 24/06/11. Cáritas Diocesana de Zamora ayudó en el año 2010 a 20.786 personas, casi 4.000 más que en el año anterior. Lo que supuso una inversión de cerca de 8,5 millones de euros. Así se desprende de la Memoria presentada en la mañana de ayer por el delegado episcopal de Cáritas, Antonio Jesús Martín, y su directora, Mercedes Morán.

El incremento más significativo en el número de personas atendidas ha sido en el programa de acogida y atención primaria. “Este trabajo se hace en la parroquia, es el lugar más cercano al necesitado”, señaló Morán. En 2010, a través del Programa de Acogida, se atendió a 11.995 personas, 709 más que en el año anterior.

Los responsables de Cáritas Diocesana agradecieron el trabajo de los 830 voluntarios y trabajadores de la organización “que prestan su tiempo, escuchan... y eso es impagable para las personas que vienen a nosotros para pedir ayuda”.

Así las cosas, el perfil de la persona que demanda ayuda en Cáritas ha cambiado: “yo he visto cómo no tenía para pagar los gastos corrientes un hombre que no hace mucho cobraba 2.000 euros mensuales, algo que antes no ocurría”. También aclaró que los necesitados ahora solicitan “pagar un recibo de luz, una parte de alquiler o unos pañales”.

“La familia está siendo el soporte vital para que la crisis no esté afectando más duramente a la sociedad zamorana”, recalcó Martín. Sin embargo, aseguró que la crisis “golpea de igual forma a los pueblos que a las ciudades”, y tal es así que la suma de las familias atendidas en los pueblos y la de los tres grandes núcleos urbanos (Zamora, Toro y Benavente) son muy similares.

Sin embargo, Antonio Jesús Martín insistió en que la crisis “no ha tocado fondo” aún, porque en lo que va de 2011 las cifras siguen aumentando. “700 familias perdieron en 2010 su hogar, eso son unas 3.000 personas”, subrayó el delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Zamora.

El delegado episcopal y la directora de Cáritas recordaron que el próximo domingo, 26 de junio, se celebra el Corpus Christi y el Día de Caridad, y con este motivo se realizará una colecta en todas las parroquias de la diócesis. La recaudación se destinará a Cáritas Diocesana. “Las cosas importantes se hacen con corazón” es el lema bajo el que se ampara esta jornada.

miércoles, 22 de junio de 2011

El obispo de Zamora llama a implicarse en el voluntariado de Cáritas


En su carta pastoral para el Corpus Christi y el Día de Caridad de 2011, que se celebra el domingo 26 de junio, Gregorio Martínez Sacristán reflexiona sobre la vinculación entre el sacramento de la eucaristía y el compromiso caritativo de los creyentes, y hace una llamada directa a la implantación de Cáritas en el medio rural y al voluntariado.

Zamora, 22/06/11. El obispo diocesano de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de hacer pública su última carta pastoral, con motivo de la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (Corpus Christi), que es también el Día de Caridad. Titulada “Las cosas importantes se hacen con corazón”, ya ha llegado a todas las parroquias, comunidades religiosas y asociaciones de fieles de la Diócesis.

El fin de su carta es reiterar a los creyentes “que la eucaristía sea nuestra fuente y la caridad constituya nuestro ejercicio continuado”. Empleando la imagen del corazón, que centra la campaña de Cáritas para este Día de Caridad, señala que “la eucaristía está enraizada en el Corazón de Cristo, ya que fue por su amor divino a favor de los hombres cómo Jesús instituyó este sacramento para con él comunicar y prolongar su presencia y su obra salvadora”.

Por eso, explica el prelado, “esta fiesta del Corpus Christi nos rememora el amor eterno del Corazón de Cristo que se ha hecho alimento de vida para el caminar de todos los creyentes y que se hace compañía permanente para alentar y confortar a cuantos quieren seguirlo”. Los católicos, por lo tanto, han de celebrar la eucaristía no de cualquier manera, sino “con profunda gratitud”.

En la solemnidad del Corpus, afirma Martínez Sacristán, se procesiona el sacramento de la eucaristía con alegría, y la celebración litúrgica tiene una inevitable consecuencia social, ya que “la caridad constituye el corazón de toda la vida cristiana”. De hecho, finaliza ahora el curso 2010/11, en el que toda la Diócesis de Zamora ha centrado su objetivo pastoral en la caridad en la vida y la misión de la Iglesia.

“Sólo si los cristianos nos dejamos impregnar del amor de Cristo, podremos aportar un corazón vivo a este mundo nuestro, en el cual tantas veces se experimenta la ausencia y la manipulación de verdadero amor en las experiencias de muchas personas”, continúa diciendo el obispo de Zamora. De ahí que los creyentes tengan que abrir su amor “hacia los otros hombres y mujeres que tienen el corazón destrozado por vivir bajo situaciones de debilidad, marginación y precariedad”.

Recordando que “el ejercicio de la caridad corresponde a toda la Iglesia”, Gregorio Martínez Sacristán reconoce que los católicos “somos impulsados a generar unas actuaciones y relaciones caracterizadas por la fraternidad, reconociendo en el otro a un hermano que es merecedor de nuestro compromiso en bien del desarrollo integral de su dignidad”. Un ejemplo de esta responsabilidad eclesial es el trabajo que desempeña Cáritas: “viviendo en el corazón de nuestra Iglesia, Cáritas Diocesana ejercita abundante y ejemplarmente este compromiso fraterno a través de los múltiples programas que desarrolla, y sobre todo, gracias a la generosidad de los corazones de muchos cristianos que se identifican y se implican en ella, tanto los profesionales como los voluntarios”.

El obispo aprovecha hacer un llamamiento no sólo a la colaboración económica, sino a una mayor implicación personal, al subrayar que “Cáritas ha de contar con el compromiso de numerosos creyentes que, impulsados por su vivo corazón, se adhieren y se entregan generosamente para que Cáritas extienda más su presencia y su acción en las unidades de acción pastoral del espacio rural diocesano”.

Abundando en el tema del voluntariado, el obispo de Zamora considera que “este Día de Caridad ha de ser un incentivo para proponernos personalmente nuestra participación en este voluntariado que debe ser más floreciente en nuestras parroquias. Como también debe ser una posibilidad que se ofrece expresamente a los jóvenes cristianos, como ámbito donde encauzar su compromiso de creyentes desde la Iglesia para servir a la sociedad”.

martes, 21 de junio de 2011

Actos con motivo del Corpus Christi en Zamora


El próximo viernes 24 de junio comenzarán los actos litúrgicos con motivo de la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que tendrá lugar el domingo 26.

Zamora, 21/06/11. El próximo domingo 26 de junio es la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, el “Corpus Christi”, y el Cabildo Catedral de Zamora ha publicado el programa de actos litúrgicos que tendrán lugar tanto ese día como las jornadas previas.

Las actividades programadas comenzarán el viernes 24, con un acto eucarístico de preparación en el que participarán los niños que han hecho este año su Primera Comunión, y que tendrán un lugar especial en la procesión del domingo. Dicho acto tendrá lugar a las 18 horas del viernes en la Catedral. A continuación, a las 20,30 horas, la iglesia de Santiago del Burgo, dedicada desde el año pasado al culto al Santísimo Sacramento, acogerá un encuentro de adoración y un concierto eucarístico a cargo del Coro Sacro “Jerónimo Aguado”.

La víspera del día del Corpus, el sábado 25, comenzará con la procesión con la Virgen de la Concha, que saldrá a las 19 horas de la iglesia parroquial de San Vicente, hasta el primer templo diocesano. Allí, en la Catedral, a las 20 horas se iniciará el solemne canto de las primeras Vísperas, que terminará con la bendición eucarística.

Como ya es tradicional, la solemne Misa Pontifical, presidida por el obispo Gregorio Martínez Sacristán, será el acto central del domingo 26, a las 10 horas en la Catedral. Acto seguido, está previsto que a las 11 horas salga la procesión eucarística que recorrerá las calles del casco antiguo hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se hará una estación y el obispo impartirá la bendición con el Santísimo Sacramento, para terminar con la reserva en la iglesia parroquial de San Juan de Puertanueva.

Por la tarde, a las 17 horas tendrá lugar el rezo de la Hora Santa en la Catedral, con la especial participación de la Adoración Nocturna, y los actos se cerrarán con el rezo de las segundas Vísperas del Corpus Christi a las 18 horas, que terminarán con la procesión claustral.

Día de Caridad

Coincidiendo con esta fiesta del Corpus Christi, la Iglesia celebra el Día de Caridad. El resultado de las colectas celebradas en todas las parroquias e iglesias de la Diócesis está destinado a financiar los proyectos que Cáritas Diocesana desarrolla en Zamora, en la atención a los más necesitados.

Una fiesta con profundas raíces

La fiesta del Corpus Christi es una fiesta con profunda raigambre entre el pueblo cristiano cuyo origen se remonta al fervor eucarístico del siglo XIII. En Zamora hay constancia documental de su celebración desde la segunda mitad del siglo XIV tal como se consigna en el llamado Breviario de Zamora escrito hacia 1389. Pero es en la segunda mitad del siglo XV y, sobre todo, a partir del siglo XVI cuando la solemnidad cobra un importante realce.

Precisamente en 1515 se realizó la custodia procesional que sigue sacándose hoy para portar el Santísimo durante la procesión, aunque con algunos añadidos realizados en 1598 y en 1800. Por ser la procesión más importante del año y por su honda tradición histórica, el obispo ha invitado a todos los fieles de Zamora a participar en ella.

Custodia procesional

De la Catedral saldrá en procesión la custodia procesional que se guarda durante el resto del año en el Museo Catedralicio. Dicha custodia tiene forma de templete turriforme, mide poco más de dos metros de altura y está realizada en plata y plata sobredorada. Los autores que trabajaron en ella fueron Diego de Burgos (1515), Antonio Rodríguez de Carvajal (1590 y 1598) y Narciso Sánchez (1800). La custodia procesional desfilará sobre el carro triunfante ejecutado por Pedro del Valle en 1778.

domingo, 19 de junio de 2011

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo


NARCISO-JESÚS LORENZO

Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo A

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16-18)

¿Será que somos poco conscientes de la fe que profesamos? Seguro que en más de una ocasión hemos podido escuchar de alguien para justificar su fe: «Mira, algo tiene que haber». Como si la fe fuera una percepción imprecisa de lo divino, en el caso de que exista. Respuesta que encaja perfectamente bien con una cultura postmoderna que ha consagrado como única verdad el conocido dicho: «nada es verdad ni mentira». Sin embargo nuestra fe en Dios, a pesar de tantísimos intentos por deslegitimarla, desde aquellos filósofos romanos, hasta nuestros días por parte, entre otros, del llamado «pensamiento débil», sigue resistiendo y presentándose con nueva vitalidad a la inteligencia y al corazón de los hombres que buscan la verdad. Y todo porque tiene como garantía la persona misma de Jesucristo, anunciado por la Iglesia en su grandeza, en su pobreza, en su excelencia y en su miseria. La fe en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El consuelo que nos produce saber que la verdad, a pesar de las vicisitudes, ha llegado hasta nosotros, de que desde hace dos mil años la vida de los fieles, desde lo más sencillo hasta lo más transcendente, se hace invocando a la Trinidad, hemos de reconocer que en muchos cristianos estos vínculos trinitarios son poco conscientes y/o poco intensos. Además, estamos rodeados de imágenes deformadas del misterio de Dios. Ni Dios es la caricatura de los anuncios de café de George Clooney. Ni Jesús ese «pobre hombre» sobre el que cualquier escritor con habilidad periodística publica un libro en que, por fin, desvela sus misterios ocultados durante siglos por el Vaticano. Ni el Espíritu Santo es una variedad más de paloma.

La verdad sobre Dios, igual que la verdad sobre lo auténticamente humano, nos la ofrece Jesús. La Palabra de Dios nos la revela. La enseñanza de la Iglesia profundiza en ella y en la liturgia entramos en su comunión. Y por una vida evangélicamente vivida la gente puede experimentar, al menos, un rayo de verdad y una mirada de amor. Todo en la fe cristiana está arraigado en la fe trinitaria. Cada celebración litúrgica se hace en nombre de la Trinidad: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, cada fiesta, cada templo, cada acontecimiento salvífico, cada momento en la vida revelan una especial vinculación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Por ello, aún aunque nos pudiera parecer algo abstracta en su redacción, esta oración de la Misa expresa bien lo que necesitamos: «Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo tu Palabra de verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera».

La Opinión-El Correo de Zamora, 19/06/11.

Un camino de luz


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Ni con todo el diccionario podemos definir lo que entre las paredes de un monasterio se palpa, porque, ¿cómo describir la presencia de Dios?». Me agarro a esta frase del abad del monasterio cisterciense de Dueñas en un bellísimo artículo titulado «La joya de la corona» en el Semanario «Alfa y Omega» del pasado jueves. Y es que en este domingo de la Santísima Trinidad se celebra la Jornada «pro orantibus», «por los que oran», hombres y mujeres que quieren seguir más de cerca a ese Jesús que se «tiraba al monte» para comunicarse con su Padre e interceder por los suyos. Más allá de eslóganes y frases bonitas, esta jornada tiene el cometido de dar gracias a Dios por la presencia luminosa del aún considerable número de monasterios que pueblan nuestra Diócesis y la geografía nacional, unos con vitalidad suficiente como para centrar la atención y atraer, otros languideciendo por falta de renovación. La edad y el tiempo son elementos inexorables que actúan al interior, la ausencia de postulantes hace el resto.

El Semanario «Alfa y Omega» dedicado a glosar esta jornada, dice que la Vida Contemplativa «hace atractiva a la Iglesia». Esto me recuerda a Juan Pablo II en su visita al monasterio de Lisieux en Francia. «El día que faltase la Vida Religiosa, decía, el mundo y la Iglesia habrían entrado en un período glacial». Él hablaba de la santidad, pero su afirmación es perfectamente trasladable al tema que nos ocupa. A la modernidad le gusta afirmar que los Monasterios son el reducto de fracasos vitales, no se atreve a pensar que, tras las celosías, puedan vivir (vivir, sí) hombres y mujeres desembarazadas de esa tupida trama de la vida en la que tantos otros nos debatimos. Ellos han conseguido la impagable sabiduría de que, quien quiere de verdad, quiere en silencio. Ellos, monjes y monjas, no se aíslan del mundo, ni se entierran vivos, ni han inutilizado sus vidas. Ellos, con su «lectio divina», alimentan la caldera que permite mantener la temperatura y el pulso, las constantes vitales de este nuestro mundo.

La Iglesia muestra su gratitud a estos sus hijos, los Contemplativos, que profesan una adhesión inquebrantable a Cristo, que viven gozosamente su fe y son testigos del amor de Dios a la familia humana. Los tornos de los monasterios giran en redondo en un hábil ejercicio del dar y recibir. Las puertas se abren desde dentro. ¡Pasen y vean!, ¿a qué más explicaciones?

La Opinión-El Correo de Zamora, 19/06/11.