domingo, 15 de noviembre de 2009

Permanecer en un mundo pasajero


AGUSTÍN MONTALVO FERNÁNDEZ

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – Ciclo B

“El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán” (Mc 13, 24-32)

Al llegar estas fechas cada año el evangelio del domingo nos ofrece una parte del llamado «discurso escatológico» de Jesús. Confieso que durante mucho tiempo estos relatos fantásticos y dramáticos, que parecían referirse al fin del mundo, me sobrecogían además de resultarme incomprensibles. Después me enseñaron que existe un género literario llamado apocalíptico, algo así como una forma de expresar de manera grandilocuente y muy complicada realidades mucho más sencillas, una especie de marco fantástico de un cuadro cuyo mensaje en modo alguno puede confundirse con él.

Son muchas las concreciones que el relato transmite. Para mí y para los lectores voy a intentar ofrecer algunas.

Nada en este mundo es eterno ni absoluto. Los hombres buscamos seguridades y nos aferramos a muchas cosas más o menos valiosas poniendo en ellas nuestro corazón, nuestras energías y todas nuestras ilusiones. Jesús con frecuencia advierte que nada puede darnos la vida plena ni la seguridad definitiva, porque todo cuanto existe, hasta los mismos astros, tiene los días contados aunque se mida en siglos de siglos. Todo es pasajero.

Pero cuando todo falla a nuestro alrededor sólo hay alguien que permanece, el Hijo del Hombre, el crucificado y resucitado que está vivo para siempre, cuyo poder y majestad, grandiosamente también imaginados, no son otra cosa sino la realización definitiva del amor a todos, la victoria del amor y de la vida sobre el pecado y sobre la muerte, capaz de justificar nuestras búsquedas y esfuerzos, y de salvar a quienes no lo rechacen.

Cuando el evangelio relata lo que parecen los acontecimientos finales de la historia indudablemente nos hace pensar en el futuro, pero no es ésta la intención del autor. Habla de futuro para interpretar el presente y para situarnos en él. No se trata de cuándo y cómo tendrán lugar esos hechos, sino de cómo debe vivir el cristiano en la espera. Quiere ser una llamada a la esperanza y a la vigilancia que excluya tanto la impaciencia angustiosa como el permanecer atrapados en un presente sin horizonte. Esta doble tentación de huida o de repliegue se hace especialmente intensa en momentos de la historia particularmente difíciles o dramáticos. En estas situaciones el evangelio pretende infundir confianza a pesar de las contradicciones ofreciendo un fundamento sólido: la fidelidad de Dios.

En este presente esperanzado y comprometido el cristiano no camina a ciegas. El ejemplo de la higuera recuerda lo que el concilio Vaticano II llama los signos de los tiempos. A través de las realidades, las personas, los acontecimientos? es posible y necesario interpretar iluminados por la Palabra de Dios lo que él quiere decirnos y el comportamiento consiguiente, sabiendo que cada momento es tiempo de gracia.

Fuente: La Opinión-El Correo de Zamora, 15/11/09.

Signos de la meta


ÁNGEL CARRETERO MARTÍN

En este mes de noviembre muchas de nuestras parroquias y comunidades hemos estado rezando para que todas las personas que amamos y que ya han pasado al otro lado de la eternidad sean acogidas por Dios para siempre. También rezamos para que un día todos nosotros podamos estar definitivamente con Dios, como todos los hombres y mujeres que a lo largo de la historia han vivido el camino del amor que nosotros queremos vivir.

Afortunadamente la lista de Dios es mucho más amplia que nuestras listas o santorales. Podemos sentirnos orgullosos de que tantas personas de toda raza, tiempo y condición social, hayan demostrado con sus vidas que se puede seguir el camino que Jesús nos propone en el evangelio. Todos ellos son su mejor éxito, el mejor regalo que Dios ha hecho y sigue haciéndonos, signos seguros de la meta hacia la que vamos. Muchas de esas personas son conocidas y oficialmente propuestas por la Iglesia para motivar y reforzar nuestro «sí» al Señor. La mayoría desconocidas. Pero todas, unas y otras, han mejorado el mundo y la humanidad en muchas y variadas direcciones.

Es una gran riqueza para los creyentes que podamos vivir cada vez más conscientemente la comunión con ellas desde la realización concreta de la intercesión, del modo de ser «con» y «para» los otros. Cristo, Cabeza de la Iglesia, nos lleva a cada cristiano concreto a la plenitud y a la unión con el cuerpo no individualmente, sino a través de la solidaridad e intercesión de los miembros del cuerpo. La muerte es superada por esa unidad histórica horizontal que existe entre nosotros y la unidad vertical que también existe entre la Iglesia peregrina en la tierra y la Iglesia ya consumada en el cielo.

Es en este ámbito donde se sitúa una correcta comprensión del culto a los santos y una adecuada práctica de fe a la hora de invocarlos. De este modo, la veneración a estos hermanos nuestros, «los mejores hijos de la Iglesia», ni significa idolatría, ni merma o hace insuficiente la mediación absoluta de Cristo. Tan erróneo sería desvalorizar el culto a los santos como una práctica desmedida del mismo. Y aunque es verdad que nuestra adoración a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo es esencialmente distinta, no es menos verdad que a dicha adoración de Dios contribuye una justa realización del culto hacia quienes desbordan de felicidad por estar viéndole cara a cara. Nos viene bien pensar más de vez en cuando que la Iglesia de Cristo es una realidad mayor que la comunidad de los que trabajamos, sufrimos o esperamos en esta tierra; la forman igualmente los que aún esperan y se purifican en la «antesala» del cielo y quienes ya se han dejado arrastrar por esa riada de felicidad sin fin que es Dios.

Fuente: La Opinión-El Correo de Zamora, 15/11/09.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Zamora celebra este domingo el Día de la Iglesia Diocesana


El próximo domingo 15 de noviembre se celebra en toda España el Día de la Iglesia Diocesana. Un año más se insiste en el sostenimiento económico de la Iglesia por parte de los católicos, con el lema “Somos parte de una Iglesia que acompaña y ayuda”. Con este motivo, se realizará una colecta en las parroquias y habrá difusión de material informativo.

Zamora, 13/11/09. Con el lema “Somos parte de una Iglesia que acompaña y ayuda”, la Diócesis de Zamora se une el próximo domingo 15 de noviembre a toda la Iglesia en España para celebrar, un año más, el Día de la Iglesia Diocesana. En esta jornada se pretende que los fieles católicos cobren conciencia de la riqueza de esta realidad comunitaria y colaboren con sus aportaciones para el sostenimiento de las actividades que realiza.

La jornada no sólo se dirige a los creyentes, sino que está abierta a toda la población española. Éste es el tercer año en el que se lleva a cabo la campaña publicitaria “Por tantos”, que ya es reconocible por la sociedad española como marca, al aparecer en inserciones de prensa escrita y digital, radio y televisión. En estos anuncios se destaca que el ejercicio de la caridad, junto con la administración de los sacramentos y el anuncio de la Palabra de Dios, son los ámbitos esenciales de la Iglesia. En medio del mundo, la Iglesia acompaña a cuantos sufren o viven angustiados y ayuda por medio de sus instituciones de caridad a cuantos lo necesitan.

En las parroquias de la Diócesis se hará una colecta extraordinaria el domingo, y se repartirán unos sobres que contienen la cuenta de resultados del año 2008, un boletín para domiciliar una cuota periódica a favor de la propia parroquia o de la Diócesis, y una carta del obispo diocesano.

En dicha carta, Gregorio Martínez Sacristán recuerda que “es la Iglesia la que nos acompaña en todos los momentos de nuestra existencia, sean alegres o tristes, porque es nuestra Madre, porque en su seno hemos nacido a la fe”. E indica que “en estos momentos de profunda crisis económica, el acompañamiento y la ayuda de la Iglesia son de gran esperanza para una sociedad dolorida. Los católicos tenemos que ser personas dispuestas a escuchar, a acompañar y a ayudar, como expresión de nuestro compromiso creyente”.

El prelado afirma que “para que quienes acuden a la Iglesia buscando ayuda puedan encontrar en ella una respuesta adecuada, es necesario que disponga de los medios necesarios”. Por ello, Martínez Sacristán, tras hacer la valoración de las actividades de la Iglesia en esta tierra, hace un llamamiento a la colaboración de todos: “la colaboración de los católicos y de los que valoran su labor es indispensable. En estas circunstancias es, más que nunca, expresión de vuestro compromiso eclesial. Todos tenemos que participar en la Iglesia y colaborar económicamente en su sostenimiento. Todos somos necesarios”.

El resumen del balance económico del año 2008 que hace el Obispado indica que los gastos han venido por las acciones pastorales y asistenciales (263.077,98 €), la retribución del clero (930.226,95 €), la retribución del personal seglar (199.505,66 €) y la conservación de edificios y gastos de funcionamiento (736.430,65 €). A todos estos gastos ordinarios habría que sumar la suma de los gastos de las parroquias, que suponen 2.303.908,62 €.

En cuanto al capítulo de ingresos, 82.367,85 € proceden de las aportaciones en los fieles, tanto a través de colectas como de cuotas fijas, 249.300,36 € corresponden a los ingresos de patrimonio y otras actividades, y 379.353,08 € vienen de otros ingresos corrientes. La cantidad mayor procede de la Asignación Tributaria, a través del Fondo Común Interdiocesano: 1.442.851,66 €.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Zamora celebra al mártir San Alfonso Rodríguez


El próximo 16 de noviembre es la memoria de San Alfonso de Zamora. La Delegación Diocesana de Misiones ha convocado un año más la celebración de la eucaristía en la iglesia de María Auxiliadora el domingo 15 a las 12 horas, para tener después la tradicional ofrenda floral en el Parque de Las Viñas, ante la estatua del santo. Además, el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, acudirá a la ciudad a pronunciar una conferencia el próximo martes 17.

Zamora, 13/11/09. Ante la proximidad del 16 de noviembre la Iglesia diocesana de Zamora se prepara para la celebración de la memoria de San Alfonso Rodríguez, sacerdote jesuita y primer santo mártir zamorano.

Eucaristía y ofrenda floral

Como cada año, la Delegación Diocesana de Misiones, dirigida por el misionero del Verbo Divino Luis Zurrón, es la encargada de coordinar los actos correspondientes. En concreto, el próximo domingo 15 de noviembre, a las 12 horas, se celebrará en la iglesia parroquial de María Auxiliadora una eucaristía misionera en honor al santo. A continuación tendrá lugar la ya tradicional ofrenda floral ante la estatua del santo en el parque de Las Viñas.

A dicha ofrenda han sido invitadas las autoridades civiles y religiosas. Se espera la afluencia de numerosos zamoranos. La Delegación de misiones invita a todas las parroquias, comunidades y movimientos a unirse a la celebración de la memoria de nuestro santo.

Conferencia

Los actos continuarán con una conferencia del arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Francisco Pérez González, que es el director nacional de las Obras Nacionales Pontificias. El martes 17 hablará sobre la actualidad de las misiones en la Iglesia, a las 20,15 horas en el salón de actos de Caja Duero en la Calle Santa Clara, dentro de las actividades culturales promovidas por el Club La Opinión-El Correo de Zamora.

Actualidad de San Alfonso Rodríguez

En esta celebración, según palabras de Luis Zurrón, recordamos no sólo al santo mártir jesuita, sino también a tantos zamoranos "que han llevado a Zamora muy lejos, hombres sencillos que han hecho grande a Zamora". La memoria de San Alfonso Rodríguez ayuda a que "perviva el recuerdo de este hombre tan importante para la Iglesia, un gran misionero de Zamora, reconocido por la Iglesia universal".

San Alfonso es uno de los exponentes de las Reducciones fundadas por los misioneros europeos como espacio de libertad, cultura y evangelización para los pueblos indígenas de gran parte de Latinoamérica. Precisamente en este año 2009 se celebra el IV Centenario de las Reducciones del Paraguay, que fueron iniciadas precisamente por un jesuita natural de Villalpando, Diego de Torres Bollo, en 1609. Esta localidad ha celebrado el pasado verano algunos actos en memoria de este hijo ilustre.

Este desconocido fenómeno ha sido difundido en nuestros días gracias, entre otros medios, a la película La Misión (The Mission, 1986), dirigida por Roland Joffé e interpretada por Robert de Niro, Jeremy Irons y Liam Neeson; su banda sonora original, compuesta por Ennio Morricone sigue estando entre las listas de los clásicos más vendidos. Una gran producción para una gran obra que fue la de aquellos hombres: buscar nuevos caminos para seguir anunciando el evangelio.

Un zamorano generoso e intrépido

Alfonso Rodríguez Olmedo nació en Zamora el 10 de marzo de 1598, hijo de Gonzalo Rodríguez y María de Olmedo, familia modesta y piadosa. Tras estudiar las primeras letras en su ciudad natal, ingresó en la Compañía de Jesús en 1614, en Salamanca. Tras realizar el noviciado en Villagarcía de Campos (Valladolid) iba a ser enviado a Pamplona, para hacer los estudios de Filosofía, cuando pasó por el noviciado el P. Juan de Viana, procurador de la que era entonces Provincia Jesuítica del Paraguay. Tenía permiso del P. General Mucio Vitelleschi para reclutar sujetos que fuesen a trabajar en las misiones. Su propuesta tuvo acogida en el generoso corazón de Alfonso, quien fue aceptado v embarcó en Lisboa con otros 37 compañeros, el 2 de noviembre de 1616, desembarcando en el puerto de Santa María de los Buenos Aires el 15 de febrero del año siguiente.

Pasó Alfonso al Escolasticado que la Compañía tenía en la ciudad de Córdoba (Argentina), para realizar estudios superiores eclesiásticos. A fines de 1623 o principios de 1624 fue ordenado sacerdote. Concluidos los estudios teológicos, comenzará a evangelizar entre los guacurúes, una de las reducciones más trabajosas, debido a la dificultad del dialecto indígena allí utilizado. En 1627 fue destinado a Encarnación de Itapuá, reducción fundada en 1615 por el P. Roque González. Junto con éste fundaría en 1628 una nueva reducción de Todos los Santos del Caaró. Éste sería su último destino. El 15 de noviembre de 1628, a los treinta años de edad, Alfonso es asesinado brutalmente por algunos de estos mismos indígenas azuzados por un cacique.

El 28 de enero de 1934 los mártires del Caaró e Ijuhí fueron beatificados por Pío XI. Entre ellos se encontraba Alfonso Rodríguez, que sería canonizado en Asunción junto con sus dos compañeros Roque González y Juan del Castillo por Juan Pablo II el 16 de mayo de 1988, durante su visita a Paraguay. De ellos dijo el Papa en la homilía de la misa de canonización, celebrada en el Campo "Ñu Guazu": "Sabiéndose responsables en cuanto a la necesidad de custodiar la dignidad humana en aquel momento de la historia, [...] como testigos del mandamiento nuevo de Jesús, dieron prueba con su muerte de la grandeza de su amor".

martes, 10 de noviembre de 2009

Manos Unidas de Zamora agradece el reconocimiento de los obispos españoles


La delegación de Manos Unidas en Zamora agradece el reconocimiento que la Conferencia Episcopal Española ha hecho de su labor a favor de los más necesitados cuando se cumplen 50 años de su fundación. Como parte de la Iglesia católica, esta organización continúa concienciando en Zamora sobre las situaciones de extrema pobreza que se siguen dando en todo el mundo.

Zamora, 11/11/09. El pasado 1 de octubre se reunió en Madrid la CCXIV Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, y entre otras cosas aprobaron un documento que expresa el sentir de los obispos del país en el 50 aniversario de la organización católica Manos Unidas, dando gracias a Dios “por estos años de esforzada labor, en los que esta organización eclesial ha sido un signo vivo y profético de su amor a las personas con cualquier clase de necesidad”.

Dicho documento, encabezado con la frase de Jesús que se recoge en el evangelio de Mateo “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber…”, fue presentado públicamente el pasado 6 de noviembre en Madrid, con la presencia del obispo auxiliar de Madrid y Secretario General de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino; el obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño y obispo consiliario de Manos Unidas, Juan José Omella, y la presidenta nacional de Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta.

Como recuerda este documento episcopal, ya ha transcurrido medio siglo desde que las Mujeres de Acción Católica Española promovieran en 1959 la I Campaña contra el hambre. En 1956 respondieron al llamamiento de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas para remediar las tres hambres que afligen el mundo: “hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios”, proponiendo un día de ayuno voluntario en el primer viernes de cada Cuaresma. Lo consideraron no sólo como un gesto de solidaridad con los necesitados, sino también como un gesto para experimentar en la propia persona las penalidades de los hambrientos. A esto le siguió la colecta anual pensada para ayudar a financiar proyectos concretos de desarrollo en el Tercer Mundo que se ha incrementado progresivamente año tras año.

La reacción en Zamora

En la delegación de Manos Unidas en Zamora, situada en la planta principal de la Casa de la Iglesia (Seminario San Atilano), esta buena noticia no ha sido motivo de celebración especial ni de una pausa en su labor, pues este grupo de mujeres trabajadoras sabe que todavía queda mucho por hacer: todavía más de 850 millones de personas sufren malnutrición y padecen hambre en todo el mundo.

Según informa la delegada de Manos Unidas en Zamora, Pilar Pilo, “el voluntariado de Manos Unidas de Zamora agradece a la Conferencia Episcopal Española su mensaje de felicitación, agradecimiento y estímulo con motivo de la celebración de nuestro 50 aniversario”. Porque, como ella misma indica, “Manos Unidas lleva 50 años haciendo suyas estas palabras del Evangelio, en su lucha contra ‘las hambres’ de muchos millones de personas en los países más pobres del mundo”.

En esta Campaña nº 50 Manos Unidas de Zamora lleva financiados ya 6 Proyectos de Desarrollo en los siguientes países: Perú, India, Haití, Méjico, Togo y Mauritania. Proyectos en los que ha invertido ya un importe de 228.588 euros, gracias a las generosas aportaciones de los socios y colaboradores zamoranos.

Algunos extractos del documento

El mensaje de los obispos comienza afirmando que “la Conferencia Episcopal Española quiere enviar un mensaje de felicitación, agradecimiento y estímulo a los numerosos asociados y colaboradores que, inspirados por su conciencia cristiana, están comprometidos generosamente en la lucha contra el hambre en el mundo”.

Mirando al pasado, la Conferencia Episcopal señala que “durante estos cincuenta años, Manos Unidas ha trabajado para erradicar la miseria, la nutrición deficiente, la enfermedad y el atraso cultural en los países del Tercer Mundo, y para identificar y eliminar sus causas estructurales; ha denunciado en la sociedad española el problema del hambre y las penurias del subdesarrollo y ha reunido fondos para financiar proyectos”.

Esto ha tenido una acogida inmediata entre los católicos, pues “sus campañas contra el hambre se insertan con naturalidad en la práctica de la Iglesia por lo que la activa participación de Manos Unidas en el apostolado social de la Iglesia es digna de todo aplauso y gratitud”.

Los pastores de la Iglesia también recuerdan a la organización que “no puede descuidar su acción misionera: ha de evangelizar promocionando y promocionar evangelizando, buscando el desarrollo integral del hombre y no sólo satisfacer sus necesidades materiales”. E indica a sus miembros, voluntarios y colaboradores una serie de inspiraciones que llevaron a la fundación de Manos Unidas: “la apertura al otro, el interés por las personas, la fina sensibilidad ante el sufrimiento, la acogida y el don gratuito”.

* Puede descargarse el documento completo de los obispos en esta dirección.


domingo, 8 de noviembre de 2009

Ella ha echado todo lo que tenía para vivir


NARCISO-JESÚS LORENZO LEAL

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario - Ciclo B

“Se acercó una viuda pobre y echó dos reales” (Mc 12, 38-44)

A lo largo de estos domingos venimos escuchando cómo la segunda lectura fragmentos de un importantísimo escrito del Nuevo Testamento: la Carta a los Hebreos. Este escrito presenta a Cristo como Sacerdote, como Pontífice. Es decir: el puente entre dos orillas, el mundo de Dios y el mundo de los hombres. Dios ha enviado y hecho de su Hijo «mediador» para un mundo que quiso y quiere acabar con él. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos» gritaron furiosos a Pilato. Curiosamente esa sangre vertida por los hombres y esa muerte, asesinato y sacrilegio a un tiempo, Jesús ha querido convertirlo en el medio para poner fin a tanta maldad, tanto odio, tanta violencia, tanta muerte, tanto pecado «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Dios ha acogido la ofrenda de la vida de su Hijo para otorgar a los hombres y mujeres de todos los tiempos, el perdón, una vida nueva, una nueva identidad. Hasta los verdugos, los cómplices, los indiferentes, los insensibles, todo hombre y mujer puede adquirir por este sacrificio esa nueva identidad de hijo e hija de Dios.

Cada vez que celebramos la Eucaristía asistimos, precisamente, a este Sacrificio, por el que Cristo «quita los pecados de todos». Encontramos al Mediador que Dios envía a la historia y podemos unirnos íntimamente a él, para participar de algo nuevo, de un mundo nuevo que brota y rebrota, a pesar de todo. Cada vez que comulgamos «comemos» a Cristo que es «una persona totalmente entregada», con todo lo que esto significa. «Tomad y comed esto es mi Cuerpo entregado por vosotros». Participar en la Eucaristía supone que caigamos en la cuenta de todo esto; de que nos acercarnos a la Salvación en estado puro. Pero para ello debemos revisar nuestras aptitudes. Sino ¿por qué a tantísima gente no lo dice nada la Eucaristía? ¿Por qué la Misa nos deja, a veces, igual o peor que estábamos? ¿No será que llegamos a ella sin saber ni a dónde vamos, ni dónde estamos, ni ante quién estamos? ¿No será que vivimos una fe aparente? Jesús ponía en guardia a sus discípulos para que no se aprovecharan de la religión. «¡Cuidado con los letrados!... buscan los asientos de honor en las sinagogas». ¿No será que de la religión sólo importan las apariencias, «ceremoniar» momentos de la vida: nacimientos, matrimonios y entierros? ¿No será que la religión interesa si reporta algún reconocimiento público en asociaciones, cultos y procesiones? ¿No será que a clérigos y a laicos nos espanta la inclemente cruz de la irrelevancia social, de la vergüenza por ser lo que somos, incluso de la burla o insultos callejeros? Frente a estos interrogantes respondamos como la viuda del Evangelio. En la religión, es decir en nuestra relación con Dios no echemos de lo que sobra, sino que «echemos el resto». Arriesguémonos a poner «vida y hacienda» en las manos del Señor.

Otra forma de mirar


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Curioso que alguien se ponga escribir sobre lo que no ha ocurrido todavía y que, cuando vaya a ser leído, se haya convertido lo escrito en un acontecimiento del pasado. Me refiero, ¿cómo no?, al III Congreso Regional «La enseñanza de la Religión en la Escuela» que, bajo el título «Otra forma de mirar», ha tenido lugar en Zamora este viernes y sábado pasados. Las dos anteriores citas fueron en Valladolid; esta vez por opción local, por organización y por gestión, en Zamora. Felicitaciones al obispo D. Gregorio, a la Delegación Diocesana de Enseñanza, a los numerosos colegios de la Iglesia en Zamora, a todo ese esforzado contingente de Profesores de Religión en Centros Estatales. La presencia de los obispos de Castilla y León, de Rectores de Universidades de la Iglesia, de personalidades del mundo de la cultura ha venido a dar realce a este Congreso, al que se han apuntado medio millar de personas. Curioso que se haya escogido Ifeza para este Congreso, un lugar tan necesitado de vida y al que le damos el nombre de «recinto». Un recinto es un lugar acotado, que marca límites, al igual que los colegios, institutos y universidades, que también están para dejar claro lo que se debe o no se debe hacer, lo que la sociedad demanda y tiene derecho a esperar de ellos. Los decimos «recintos educativos». Adolece Zamora de reclamos de tan alta dimensión e Ifeza habrá recibido un fuerte impulso a ser reducto no sólo de exposiciones, también de congresos en los que se debatan temas de tan rabiosa actualidad como el pasado de la «Mujer en el mundo rural» o como éste de la «Enseñanza de la Religión en la Escuela».

¿Objetivo del Congreso? Pues no otro que el de fortalecer la formación del profesorado de Religión, compartir experiencias y hacerse presente en el ámbito de lo público para que sea reconocido el lugar en la sociedad de los profesores de Religión y sus servicio a unos padres, que demandan su enseñanza en la escuela.

Demasiadas las sospechas que suscita esa «educación» que se nos propone como alternativa, demasiados los alcances de otros intereses, demasiado corto el recorrido. Y cuando se renuncia a visiones más amplias, que es lo que nos propone el mundo de lo religioso, los valores se devalúan. Cuentan en la escuela, ¿cómo no?, la tradición, la cultura y sus asentamientos, cuenta el mundo de los valores. Sin eso ni se construye el presente ni hay garantías de futuro, la política se convierte en una fábrica de ocurrencias y la educación en un barco apresado del que no se sabe cómo salir físicamente ileso y emocionalmente no afectado, como en el atunero «Alakrana». Duro en ambos casos el precio del rescate.