domingo, 23 de enero de 2011

La religión y la pobreza


M.ª BELÉN SÁNCHEZ DE ANTA

Hay una frase célebre de autor anónimo que señala cómo el individuo puede renunciar a las posesiones materiales con el fin de acelerar su desarrollo espiritual -¡vía poderosa para sentirse bien!- que dice: «Hay gente tan sumamente pobre que solamente tiene dinero».

La religión desde el punto de vista de la providencia ha perdido influencia y ha dejado espacio libre a los intereses laicos, repitiéndose en los países donde hay más pobreza. Por ello se observa que las comunidades cristianas salen más beneficiadas cuando equilibran el Reino de Dios con el reino del hombre en lugar de utilizar el uno para suprimir el otro.

La lucha por la pobreza no es cuestión de servicios sociales ni un problema de ingresos mínimos, sino una cuestión de inserción social, cultural, política y de mentalización a nivel intelectual; estamos en una sociedad donde hay millones de personas que sufren por causa de las injusticias. Lógicamente siempre ha habido y habrá pobres, pero la situación actual en el mundo en que la mitad de la población está por debajo de la línea de la pobreza no tiene antecedentes, y es urgente y cada vez más necesario dar respuesta a este problema para erradicar la pobreza, proviniendo esta de un orden económico injusto.

Debemos conocer las causas de la pobreza, y para ello es necesario solidarizarnos y buscar y encontrar respuestas e ir contra lo que la produce, aportando ayuda inmediata y luchando contra la causa. Todo individuo vive en deuda con la sociedad y si reconocemos esta deuda estamos despertando la justicia en nosotros y en los demás. «Donde hay justicia no hay pobreza», según dijo Confucio.

Pero como oposición a la pobreza surge otro término que es fundamental para abordar este problema que es «la riqueza»; este término ha de utilizarse correctamente, ya que, en este mundo globalizado que últimamente va acompañado de una modernidad laica y un posmodernismo nihilista, si hacemos mal uso de la riqueza con lo que ello comporta, nos hemos cargado todo el sistema económico siendo una de sus consecuencias el incremento de los pobres; buscar riquezas como un fin en sí mismo es garantía de desgracia; pero si hacemos un uso sabio y compasivo del dinero mediante una distribución de la riqueza justa y equitativa, nos acercaremos a un orden económico más justo y caritativo deseado por todos, debiendo ser el Estado el que debe regular esa redistribución de la riqueza a través de sus departamentos ministeriales y realizando políticas integrales, por lo que ¿por qué no compartir la riqueza si con ello nos beneficiamos todos ya que nuestra meta es alcanzar un fin superior que es el bien común, para obtener la felicidad, sentimiento tan ansiado por el ser humano?; es una cuestión que está en nuestras manos, ya que todos, podríamos aportar nuestro granito de arena. Cultivemos el ejercicio de la caridad.

La Opinión-El Correo de Zamora, 23/01/11.

sábado, 22 de enero de 2011

El Colegio Sagrado Corazón de Jesús cumple 75 años


El próximo lunes a las 19,30 horas el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, regentado por las Religiosas del Amor de Dios en la ciudad de Zamora, comenzará los actos conmemorativos del 75 aniversario del centro educativo que nació en 1936 con el nombre SADEL de Usera.

Zamora, 22/01/11. Con el lema “75 años al servicio de la educación”, el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, regentado por las Religiosas del Amor de Dios, celebra el 75 aniversario de su fundación en la ciudad de Zamora. Con este motivo, en la semana del 24 al 28 de enero tendrá lugar la Semana Cultural con la mayor parte de actos conmemorativos de esta efeméride.

Apertura del aniversario y Día del educador

El próximo lunes 24 de enero tendrá lugar la apertura oficial del 75 aniversario, a partir de las 19,30 horas en el Salón de Actos del Colegio. Contará con la presencia del Director Provincial de Educación, Fernando Javier Prada Antón. Tras un pregón realizado por alumnos del centro, Javier Cortés Soriano, director general del Grupo Editorial SM y presidente de la Asociación de Editores de Madrid, pronunciará la conferencia de apertura, que será seguida de un acto cultural y un vino español.

Habrá otros actos a lo largo de la semana, como la eucaristía que celebrará la comunidad educativa el martes 25 a las 11,30 horas en la iglesia parroquial de María Auxiliadora, y varias actividades internas del Colegio. La cita principal tendrá lugar el viernes 28, cuando se celebre el Día del educador, con la eucaristía presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, a las 12,30 horas en la Capilla del Colegio.

A lo largo del curso se sucederán otras convocatorias para continuar celebrando esta efeméride, como el Día del antiguo alumno, que será el 26 de marzo, y el acto oficial de clausura el 18 de junio, cuando tendrá lugar la Fiesta de la Solidaridad.

Historia del Colegio

Corría el año 1936 cuando la Congregación de Hermanas del Amor de Dios hacía ya unas décadas que había abierto el primer centro educativo privado del Distrito Universitario de Salamanca, en la ciudad de Toro. En Zamora capital, el Amor de Dios estaba presente desde 1884 en una residencia de estudiantes, que acudían a clases de magisterio en el Instituto Claudio Moyano.

Deseosa de dar una respuesta educativa a la necesidad de educación cristiana y de calidad donde fuera necesario, como diría su fundador, la congregación se fijó en una zona despoblada de Zamora donde no había presencia de centros educativos privados. La situación política en aquellos años no era favorable a la enseñanza privada, y no se permitía a las instituciones religiosas abrir centros de enseñanza.

Pero no cedió a las dificultades, sino que se constituyó como Asociación o Sociedad Anónima De Enseñanza Libre (SADEL), adquirió un pequeño chalé en el nº 3 de la entonces Carretera de Tordesillas, hoy Avda. Príncipe de Asturias, y abrió un colegio con el nombre de SADEL de Usera como no podía ser de otra manera porque quería ser fiel al legado educativo de Jerónimo Usera, fundador de la congregación religiosa.

El 25 de enero de 1936 se trasladaron a este centro las Religiosas del Amor de Dios y el primer grupo de alumnas. Dadas las circunstancias políticas de la Segunda República no pudieron darle publicidad, no hubo inauguración solemne, y sin apenas mobiliario escolar comenzaron las clases de Segunda Enseñanza, Párvulos e Idiomas. El Correo de Zamora del 12 de septiembre de 1936 lo anunciaba así:

“Este nuevo colegio abre sus aulas para alumnas internas, externas, mediopensionistas y párvulos. La enseñanza está a cargo de religiosas competentísimas y el método de enseñanza tiene por base los principios de la moderna pedagogía. El colegio SADEL de Usera está instalado en el magnífico chalé, número tres de la Carretera de Tordesillas, frente al Instituto Nacional de Segunda Enseñanza. Dispone de confortables e higiénicas clases y amplio campo de deportes”.

Por esta época cambia en España la situación política, el colegio cambió de nombre oficial (junio de 1937) y pasó a llamarse “Sagrado Corazón de Jesús”, y cambió también el nombre de la calle donde estaba situado, avenida del General Franco, nº 3. Pero no cambió el legado de Jerónimo Usera, la pedagogía del amor…que quería trasmitir. Este naciente Colegio de 1ª y 2ª Enseñanza siguió creciendo y amplió su oferta educativa. En septiembre de 1936 se establecen, además de las enseñanzas regladas, las enseñanzas especiales de música, mecanografía, taquigrafía, corte, etc., y también varios idiomas.

Presente y futuro del Colegio

El Padre Usera, en el primer reglamento que escribió para un colegio “Amor de Dios” decía así: “El mejor servicio que se puede prestar al cielo y al bienestar y prosperidad de los pueblos es preocuparse día y noche en educar niños para Dios para su familia y para la sociedad, y todo por amor a este mismo Dios”. Según explican sus responsables, la tarea del colegio hoy es hacer realidad este legado de Jerónimo Usera, la pedagogía del amor.

Esta pedagogía del fundador de las Religiosas del Amor de Dios se basa en las siguientes líneas: educar en, por y para el amor; formar desde una educación preventiva; acompañar a la persona; formar desde el ser, desde la ejemplaridad del educador (“el principal libro debe ser la maestra”, afirmaba Usera); educar desde la actualización permanente; y todo ello “con una metodología adecuada, dinámica y personalizada”.

La visión del Centro para el día de mañana es, según los docentes del Colegio, “educar integralmente a la persona fue el eje transversal del Proyecto Educativo Amor de Dios de Jerónimo Usera, siendo su aspiración”, que no era otra que “formar la inteligencia y moldear el corazón según los sentimientos de Cristo y los valores tradicionales de cada pueblo”.

jueves, 20 de enero de 2011

Fallece Teodoro García, sacerdote centenario de Zamora


Ayer falleció el sacerdote diocesano de Zamora Teodoro García González, canónigo emérito de la Catedral, a los 100 años de edad y 75 de ministerio. El funeral tendrá lugar en la Catedral mañana, sábado 22, a las 11 horas.

Zamora, 21/01/11. En la noche de ayer, jueves 20 de enero, falleció en Toro el sacerdote diocesano Teodoro García González, cuando contaba 100 años de edad y 75 de ministerio. El pasado mes de mayo la Diócesis de Zamora le hizo un homenaje, con una eucaristía presidida por el obispo con motivo de su centenario.

Teodoro García González nació en la localidad zamorana de Cazurra el 14 de mayo de 1910, y fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1935. Además de sus estudios en el Seminario San Atilano, se licenció en Sagrada Teología y en Derecho Canónico en la Universidad de Salamanca en 1944, donde también hizo cursos de doctorado.

Sus labores pastorales estuvieron vinculadas a diversas parroquias de la Diócesis. Comenzó como coadjutor y después regente y ecónomo de Peleas de Arriba y Casaseca de Campeán. Tras cinco años en estas localidades, en 1940 pasó a ser ecónomo de El Cubo del Vino y encargado de Mayalde, de donde cesó para los estudios en la universidad salmantina.

Al regreso de su etapa académica, fue ecónomo de Pajares de la Lampreana, y más tarde, en 1952, fue nombrado profesor de Religión y de Francés del Seminario Menor “San Luis y San Victoriano” de Toro, y padre espiritual del centro, tarea que simultaneó con la capellanía de las Clarisas de Toro.

En 1956 pasó a ser coadjutor de la Parroquia de San Frontis de la capital, y capellán del Ayuntamiento. Cuatro años después fue nombrado capellán de las Clarisas de Zamora, y en 1967 entró en el Cabildo Catedral como beneficiado. Ese mismo año comenzó a ser Promotor de Justicia y Defensor del Vínculo del Tribunal Eclesiástico Diocesano. En 1979, además, fue elegido miembro del Consejo Diocesano de Administración.

En 1981 fue nombrado canónigo de la Catedral de Zamora, cargo del que fue emérito desde su jubilación en el año 1985 hasta el momento de su muerte. Estos últimos años los ha pasado en una residencia de ancianos de Toro.

Las exequias se celebrarán con la eucaristía el próximo sábado 22 a las 11 horas en la S.I. Catedral. Su cuerpo estará hasta entonces en el Tanatorio Sever de Zamora (Carretera de Villalpando). Descanse en paz.


ENTREVISTA A D. TEODORO

Publicada con ocasión de su centenario en la hoja diocesana Iglesia en Zamora nº 96 (25 de abril de 2010), p. 4.

- ¿Quién es don Teodoro García González?

Ante todo me considero un sacerdote sencillo, que debe dar gracias a Dios por haber llegado a los 100 años en un estado de salud del que no puedo quejarme para mi edad.

- Usted fue formado en una manera concreta de ser sacerdote. ¿Cómo ve la evolución que ha tenido estos años la identidad presbiteral?

Algunas cosas han cambiado, pero lo básico sigue igual, el sacerdocio sigue siendo una forma de servir a la Iglesia y a Dios, se trata de vivir para Dios. Hoy para los sacerdotes resulta más difícil conseguir que la gente no se aleje de la fe.

- ¿Cuáles han sido las grandes alegrías de su ministerio? ¿Por qué cosas, lugares o personas le da gracias a Dios?

Puedo dar gracias a Dios por todo. Podría destacar como momentos que nunca olvidaré cuando canté misa, o también el reto de participar en la puesta en marcha del Seminario de Toro, y poder participar en la formación de tantos chicos, muchos de ellos hoy buenos sacerdotes. Cuando dejé el Seminario de Toro, el número de alumnos había ascendido ya considerablemente, me alegró mucho que aquello funcionara tan bien. También guardo muy buenos recuerdos de mi paso por las parroquias de los pueblos, donde a pesar del tiempo transcurrido me siguen recordando y demostrando su cariño.

- ¿Y las desilusiones o disgustos? ¿De qué se arrepiente, qué habría podido mejorar?

Siempre hay momentos más difíciles, pero no he tenido ninguna desilusión notable. Sin embargo, uno siempre puede mejorar en casi todo.

- ¿Qué significó el Seminario en su vida?

El Seminario es la semilla de mi sacerdocio, tengo buenos recuerdos especialmente de lo enriquecedor de la convivencia con los compañeros. Mi vuelta al Seminario ya siendo sacerdote fue en la puesta en marcha del Seminario Menor de Toro, donde estuve cuatro años. Recuerdo como anécdota que me nombraron profesor de francés sin haber recibido nunca clases de francés, pero con trabajo y la ayuda de Dios pude hacer frente, creo que bien, pues nadie se dio cuenta…

- ¿Cómo ve la Diócesis de Zamora en la actualidad?

La salud y sobre todo, la pérdida de la audición, me han alejado de la vida diocesana desde mi jubilación, pero sí que percibo que se progresa en dinamismo. Se prospera, pese a la reducción del número de sacerdotes, en las ganas e ilusión cada vez mayores que ponen cada uno de ellos.

- Para usted, desde su larga trayectoria sacerdotal, ¿qué es lo más importante en un cura?

Lo más importante es el servicio al Señor, estar en contacto con Él.

- Después de tantos años, y mirando para atrás… ¿ha valido la pena?

Después de tantos años, y vista la labor realizada, creo claramente que sí. Hoy si tuviera que volver a empezar lo volvería a hacer.

- Si ahora tuviera que animar a un joven que esté haciendo su discernimiento vocacional y valorando la posibilidad de ser sacerdote, ¿qué le diría?

Primordialmente que desprecie lo terreno y que siga la llamada del Señor. En esta sociedad, entre tanto ruido para los jóvenes se hace difícil de escuchar al Señor, pero hay que tener valentía y saber oír y sobe todo escucharle y mantenerle presente en sus vidas.

La Infancia Misionera se fija este año en Oceanía


El próximo domingo 23 de enero la Iglesia celebra el día de la Infancia Misionera, dirigiendo la mirada de los niños a Oceanía. Con este motivo, la Delegación Diocesana de Misiones de Zamora ha organizado una proyección de cine infantil y un rastrillo misionero que tendrán lugar a lo largo del fin de semana.

Zamora, 20/01/11. Como viene siendo tradicional, el cuarto domingo de enero es el día escogido por las Obras Misionales Pontificias (OMP), el organismo vaticano dedicado a las misiones, para celebrar el día de la Infancia Misionera, una de las jornadas anuales que sirven para concienciar a los fieles católicos y a toda la población sobre la importancia de la labor de los misioneros en tantos lugares del mundo, y para recaudar fondos para su sostenimiento.

En la Diócesis de Zamora, esta jornada eclesial está más orientada a los centros de enseñanza, pues se da el protagonismo a los niños. Por eso la agenda de Luis Zurrón, misionero del Verbo Divino y responsable de la Delegación Diocesana de Misiones, estos días está más repleta que nunca. Ha recorrido muchos colegios para difundir el material de la campaña de este año, que lleva por lema “Con los niños de Oceanía… seguimos a Jesús”.

Además de la sensibilización en los colegios y en las parroquias (sobre todo mediante la catequesis infantil), y de la colecta en la eucaristía del domingo, la Delegación Diocesana de Misiones ha organizado, al igual que en los años anteriores, dos actividades abiertas al público. La primera convocatoria es la del cine infantil. Los Cines Valderaduey acogerán el próximo sábado 22 la proyección de la película La montaña mágica. El donativo solicitado por la entrada, de 2,50 euros, irá destinado a las misiones.

Por otro lado, se vuelve a realizar el rastrillo misionero, que pondrá a la venta objetos de artesanía peruana. Se podrá visitar en el gimnasio del Colegio Arias Gonzalo (calle Pablo Morillo) el sábado y el domingo, con un amplio horario: de 9 a 14 y de 16 a 21 horas.

En esta jornada los niños expresan valores que van interiorizando, como que ellos también son cristianos y misioneros, y que su “granito de arena” es importante para anunciar el Evangelio y construir un mundo mejor para todos. Este año la mirada se dirige a las misiones de África, y también para este continente irá dirigido el dinero recaudado.

Según explica Luis Zurrón, “hay que asumir las nuevas formas que exige el compromiso misionero y optar por Asia, África y Oceanía como ámbitos donde se está gestando la nueva humanidad y la tierra fecunda donde hay que depositar las semillas del Evangelio”. En su carta dirigida a las parroquias y comunidades religiosas recuerda que “me encantaría que nos sintiéramos solidarios y cercanos con esa inmensidad de mares, de islas y gentes que con culturas tan distintas y tan distintas lenguas alaban a Jesucristo como su Salvador en lo que hoy llamamos Oceanía”.

domingo, 16 de enero de 2011

Visión


FRANCISCO GARCÍA MARTÍNEZ

Domingo II del tiempo ordinario – Ciclo A

“Éste es” (Juan 1,29-34)

El cura abrió la iglesia y, después de encender algunas luces, enchufó el lampadario. Al poco cada moneda encendía una pequeña luz con su súplica correspondiente ante Dios. ¡Había tantas necesidades concretas! Por una vez, mientras estaba poniéndose las vestiduras litúrgicas, el Señor le permitió oír los anhelos que iban llegando a Él. ¿De qué le sirve -pensó- a esta gente que Cristo venga a quitar el pecado del mundo como dice hoy el evangelio? Se asomó un poco por la puerta y vio sus rostros. No parecían ser grandes pecadores, pero él tenía que predicar sobre Cristo y el pecado. Cristo venía a arrancar el dominio que el pecado ejercía sobre el mundo, y parecía tan poca cosa frente a él. ¡Un cordero! «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», vaya frasecita.

Intentando recordar algunas ideas confusas que había preparado se preguntó: ¿Qué tengo que decir hoy? Pensaba si por debajo del problema del pan, del trabajo, de la salud, de la intranquilidad, de la depresión… que se encendían en cada vela del lampadario no estarían los lazos del pecado. Pero ¿qué era el pecado, así en singular? No los pecados concretos, sino el pecado. ¿La falta de fe en Dios que nos hace vendernos a cualquier ídolo que nos promete un poco de vida para luego esclavizarnos? ¿La envidia que nos hace sospechar que todos son rivales en este camino que es la vida?...

Abrió la puerta de la sacristía, todos se pusieron en pie y cuando llegó al altar vio sorprendido que de los cuerpos de los fieles surgían pequeños brotes de fe y amor nacientes, pero rodeados de zarzas que los tenían ahogados. Se inclinó a besar el altar y al levantarse comprobó que esa extraña visión continuaba allí, que esos hombres y mujeres tenían la fuerza de su fe y de su amor envuelta en una maraña de zarzas de la que no se sabían librar y que les hería continuamente.

Después de los ritos iniciales se dirigió al ambón a leer el evangelio, esta vez con dificultad pues él mismo se encontraba rodeado del mismo zarzal. Leyó como pudo y sólo supo decir: Hoy está aquí, con nosotros, éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Al oírlo la gente, enredada por las zarzas que les hacían entrechocar y herirse mutuamente, comenzó a avanzar torpemente y vio cómo se ponían en manos de Cristo que iba poco a poco arrancándoles de su prisión.

El cura contemplaba y no sabía qué decir porque Cristo lo estaba diciendo todo en diálogo con cada uno. Vio cómo los brotes de fe y amor estiraban espabilados y, sin darse cuenta, él mismo con alegría terminó diciendo: podemos ir en paz. El que lo vio da testimonio.

La Opinión-El Correo de Zamora, 16/01/11.

De dioses y hombres


JOSÉ ALBERTO SUTIL LORENZO

De entre todas las familias religiosas monásticas, siempre me han atraído los cistercienses. En España conocemos a estos monjes blancos -diferentes de los monjes negros o benedictinos, por el color de sus hábitos- sobre todo a partir de la reforma trapense. En nuestras tierras se nos hacen especialmente cercarnos a través del Beato Rafael, profeso en el monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia). Será por la simplicidad de su vida, por su tierna devoción a la Virgen María o por la fascinante historia de sus fundadores, con San Bernardo como insuperable tarjeta de visita. El caso es que todo lo cisterciense, todo lo trapense me llama la atención. Acaba de llegar a las salas de cine de nuestra ciudad una película francesa que cuenta precisamente el martirio que siete de estos monjes trapenses sufrieron en Argelia, en las montañas del Magreb, allá por los años noventa. Ocho monjes cistercienses vivían allí en perfecta armonía con la población musulmana, trabajando con ellos y celebrando su propia vida de fe. Pero la inestabilidad política altera el suave testimonio y el ritmo de la comunidad. El ambiente se enrarece de tal modo que llegan a ofrecerles protección oficial. Y los ocho monjes se reúnen para decidir si se van o se quedan. Cada uno va pronunciándose al respecto, informando a los demás de sus razones. El más anciano, sin embargo, advierte que no lo tiene claro, que no deben precipitarse, que es necesario rezar juntos primero y después decidir… «Somos como pájaros sobre una rama, no sabemos si nos iremos», dice uno de los hermanos al comentar la situación con la gente del lugar. «Los pájaros somos nosotros, y ustedes la rama», le responde con fuerza una voz de mujer. El festival de Cannes otorgó a esta película el premio especial del jurado en su última edición. Está nominada también para los Oscars. Pero lo más importante es que cuenta la historia de unos cristianos que han dado testimonio de su fe y cuya sangre, como sabemos desde los primeros siglos, es semilla de nuevos cristianos. Cuando en 2001 un periodista americano preguntó al cardenal de Colonia qué era lo más importante que el catolicismo alemán del siglo XX debiera transmitir a la Iglesia alemana del siglo XXI, monseñor Meisner respondió sin dudar: «los ochocientos nombres escritos en el Libro de los mártires». Aunque no sea políticamente correcto, ni forme parte de la alianza de civilizaciones…

La Opinión-El Correo de Zamora, 16/01/11.

jueves, 13 de enero de 2011

Oración y trabajo hermanados


En el aniversario de la fundación de las Siervas de San José, el semanario católico Alfa y Omega le ha dedicado una página a la beata Bonifacia Rodríguez Castro, fallecida en Zamora, y que será próximamente canonizada por Benedicto XVI.

Cada mujer trabajaba según sus fuerzas, y se repartían los beneficios según las necesidades individuales; y el trabajo se entrelazaba con la oración y la meditación de la vida oculta de Jesús. Así se dedicaban a la promoción de la mujer los Talleres de Nazaret, de la congregación de Siervas de San José, fundada a golpe de sufrimiento y confianza por la Beata Bonifacia Rodríguez.

En agosto de 1905 moría en Zamora Bonifacia Rodríguez de Castro. Llegaba la hora de colmar sus deseos: estar con Jesús. Nació, el 6 de junio de 1837, en Salamanca, ciudad castellana, prestigiada por su famosa Universidad, en un momento en que la agitación revolucionaria era frecuente. Bonifacia procedía de una familia de artesanos laboriosos y profundamente cristianos. Fue una mujer privilegiada en su tiempo, «sabía leer y escribir» y tenía una profesión cualificada, la de cordonera.

Su vida se desarrollaba en el centro artístico y monumental de la ciudad, pues su taller estaba «enfrente de la Universidad». En él se reunían jóvenes amigas para la oración, el trabajo y el esparcimiento. De este grupo de jóvenes surgió la Asociación de la Inmaculada y San José, con fines de promoción y formación femenina, germen de la Congregación que apareció el 7 de enero de 1874: las Siervas de San José.

Bonifacia, junto con el padre jesuita Francisco Butiñá, dan vida a una nueva congregación, «distinta a las antiguas», de religiosas trabajadoras. Sus casas se llaman «Talleres de Nazaret, porque tienen como modelo aquella pobre morada donde Jesús, María y José ganaban el pan con el sudor de su frente». En los Talleres de Nazaret se vive la experiencia de la «oración y el trabajo hermanados», se acoge a las mujeres sin trabajo para su promoción laboral y religiosa. Las Siervas de San José no tendrían hábito, su traje será «el de las artesanas del país», como signo de pertenecer a la clase trabajadora.

Imitando a Jesús, María y José

La fundación de los Talleres de Nazaret estaba cerca del socialismo utópico: se trabajaba según las fuerzas de cada una y se repartían los beneficios según las necesidades; había un fondo común para todas, religiosas y seglares; se trabaja orando y meditando la vida oculta de Jesús, a imitación de María, que «guardaba todas estas cosas en el corazón». Este camino fue continuamente cuestionado, incomprendido y combatido por el pragmatismo y tradicionalismo de los hombres de Iglesia de su tiempo. Pero Bonifacia siguió su camino, venciendo barricadas en silencio y fidelidad a Jesús. Bonifacia también testificó la importancia de lo irrelevante y lo pequeño frente a la prepotencia y la eficacia de su siglo, como Jesús, que tomó «la condición de siervo pasando por uno de tantos».

Situada desde siempre en la clase trabajadora, fue levadura en la masa en el mundo trabajador femenino, a cuya promoción y evangelización entregó su vida. «El Taller es el coro», lugar del trabajo, la oración y la solidaridad. Bonifacia abrió una brecha en lo secular, considerando sagrado todo espacio profano. El trabajo es un lugar de encuentro con Dios, un lugar de fraternidad de una comunidad imitadora de la Familia Sagrada de Nazaret, Jesús, María y José.

Los Talleres de Nazaret, juntamente con Bonifacia, se hicieron más vulnerables con la expulsión del fundador y la ausencia del obispo que aprobó la congregación, monseñor Joaquín Lluch i Garriga. La fundación queda a la intemperie. Comienza para Bonifacia una situación de rechazo y desprestigio, también desde su propia comunidad. Bonifacia sufría todo en silencio, fiada de Dios y «corrigiendo con bondad y misericordia». Nada cambió en la orientación de la obra y de su comportamiento; su fidelidad era un muro en el que se estrellaba cualquier intento de modificación. Creía en la misión que el Espíritu le había encomendado.

Durante un viaje para la unión con otros talleres fundados por Butiñá en Cataluña, Bonifacia fue destituida como superiora, y comenzó para ella un tiempo de humillaciones, burlas y calumnias permanentes. En 1883, sale de Salamanca a fundar otro Taller de Nazaret en Zamora, con gran pobreza y abandono. «No tenía ni clavo en pared». Pasa necesidad, pero Dios le concede la perfecta alegría «como si nada le faltase». Después de marcharse Bonifacia de Salamanca, «la comunidad rehúsa dedicarse a ese objetivo», la acogida a las pobres en la congregación, «que fue para lo que se fundó el Instituto».

Se crea una leyenda negra sobre Bonifacia, donde la calumnia tiene el protagonismo. Después llegará el olvido. El proceso de marginación culmina con la aprobación pontificia del Instituto, en 1901, de la que queda excluida la comunidad de Zamora, donde se encontraba la Fundadora. Bonifacia sufre y espera, como grano de trigo caído en tierra. Sus intentos de unir su comunidad al resto de la congregación fueron inútiles, pero ella tenía fe y decía a su comunidad: «Cuando yo muera, os uniréis».

Sobre este horizonte de marginación y dolor, pero confiada en Dios, Bonifacia moría en Zamora. Aparentemente había fracasado. En 1936, se descubrió una caja escondida con documentos que la reivindicaban desde todos los ángulos: fundadora, laboriosa, caritativa y santa, «piedra angular que desecharon los arquitectos». Juan Pablo II la beatificó en 2003, y estamos a la espera de que Benedicto XVI la canonice.

Adela de Cáceres Sevilla, ssj