miércoles, 12 de enero de 2011
El obispo de Zamora realiza nuevos nombramientos
lunes, 10 de enero de 2011
Fallece Marcial Sánchez, capellán de las Clarisas de Toro
domingo, 9 de enero de 2011
¿Quién es este hombre?

AGUSTÍN MONTALVO
Fiesta del Bautismo del Señor – Ciclo C
“Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto” (Mt 3, 13-17)
Muchos contemporáneos de Jesús se preguntaban: ¿quién es este hombre?, una pregunta que otros han seguido haciéndose hasta el día de hoy. El dogma cristiano responde taxativamente afirmando que es el Hijo de Dios hecho hombre: Dios y hombre al mismo tiempo en una misma persona. Pero no parece que sea fácil asumir esta verdad, y mucho menos explicarla, puesto que desde los primeros siglos del cristianismo aparecieron multitud de desviaciones doctrinales al intentar razonarla: para afirmar uno de los términos (la divinidad o la humanidad) negaban o minimizaban peligrosamente el otro.
El problema sigue siendo actual, baste recordar la reciente polémica suscitada por algunos libros sobre Jesús en los que se pretende destacar su dimensión histórica humana, y que han provocado la respuesta fulminante por parte de algunos defensores de la ortodoxia: «son arrianos», sentencian. La calificación probablemente sea excesiva. La verdad es que presentan un Jesús atractivo, bondadoso, amable e ilusionante, pero… escaso y limitado; el Jesucristo en quien creemos es mucho más que eso.
Por otra parte, aunque nadie levante su voz condenatoria, abundan relatos sobre el mismo Jesús en los que la divinidad se enfatiza de tal manera que la dimensión humana no parece pasar de un mero soporte de la misma, una especie de vestido para hacerla visible (docetismo se llama a la herejía que en los siglos II y III afirmaba que la humanidad era solo aparente).
El tiempo de Navidad que hoy finaliza ofrece la respuesta a la pregunta inicial. Hemos visto a un niño nacido en una familia sencilla de Nazaret, un niño al que hoy el evangelio nos presenta adulto solidarizado con los pecadores pasando por el bautismo de Juan. El que se manifestó como hombre en Belén y Nazaret hoy se manifiesta como Hijo de Dios junto al Jordán. El Espíritu de Dios desciende sobre él y la voz del Padre proclama: «Este es mi Hijo, el amado». En él se manifiesta con verdad cómo es Dios y en él también se nos muestra igualmente cómo es el hombre.
El Espíritu que desciende sobre él lo consagra y lo envía «para que abra los ojos de los ciegos, para que saque de las mazmorras a los que habitan en las tinieblas». Con su fuerza «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo».
En nuestro bautismo, que hoy recordamos, a quienes somos exclusivamente humanos el Espíritu, que también desciende sobre cada uno de nosotros, nos hace hijos adoptivos de Dios, partícipes «en alguna forma» de su divinidad. Y nos consagra para una misión que es continuar la obra de Jesús.
Tan cerca y tan lejos

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
No sé a ustedes, pero a mí me han sabido a poco estos días entrañables de Navidad. No me estoy refiriendo a lo que a primera vista han sido para muchos como días de encuentros familiares, vacaciones y regalos, sino para saborear un poco más el motivo central que para los creyentes no es otro que el misterio de la encarnación de Dios.
Lo decimos así de fácil pero no tan fácilmente digerimos esta locura del amor de Dios por nosotros; y en el fondo esa es la razón por la que Dios se hizo niño. Quizá no falte todavía entre nosotros quien piense que con ello Dios pretendió «arreglar» con su perdón lo que nosotros habíamos «estropeado» con nuestro pecado. Como si Dios fuese una especie de «técnico-jurista» en reparaciones que logra restablecer el equilibrio entre pecado y perdón. Y no es que todo eso no sea del todo cierto, que lo es, aunque el lenguaje teológico lo explicaría mucho mejor. Pero a donde a mí me gustaría aterrizar la reflexión de hoy es en esa otra razón menos «jurídica» y mucho más fundamental: la pasión de Dios por el hombre, su empeño por no quedarse allá, cómodamente en su cielo, sino por abajarse aquí, en la tierra, haciéndose buen samaritano, padre tierno, amigo íntimo.
Puede que a alguno le suene un poco cursi, pero Dios está tan perdidamente enamorado del ser humano que solo haciéndose de carne y hueso encuentra la mejor manera de poder quedarse con nosotros para siempre. Tanto se ha solidarizado que, menos en el pecado (es decir, en la ruptura con Dios y con el hombre), ha asumido todo; y todo es todo, hasta nuestras ganas de pecar. No sé si de verdad somos conscientes de la humillación que esto supone para Dios. Si Dios se ha implicado hasta ese punto con nosotros tendría que cambiar radicalmente nuestra manera de ver las cosas: convenciéndonos de que este mundo selvático puede ser realmente un mundo más humano y más divino. Y eso es así porque desde que Dios se hace hombre valemos más, podemos más, esperamos más y mayor es también nuestra capacidad de entregarnos a los demás desinteresadamente.
¿Cómo no ponerse «codo con codo» con quien lo sabe todo, lo puede todo y nos ama más que nadie en la vida? Algunos creen que Dios guarda silencio o que está de brazos cruzados ante tantas cosas que suceden. Aquí conviene recordar que contemplar toda la historia de Jesús es contemplar las palabras y acciones de un Dios que precisamente no tiene nada de mudo e inactivo. Desde que Dios se hace hombre el hombre está tan cerca de Dios que Dios piensa, habla y actúa como hombre. Y al mismo tiempo el hombre está tan lejos de Él que, en esa cercanía, el hombre a menudo no le reconoce. Pero Él sigue llamando a la puerta para ser recibido en la posada de nuestra vida.
viernes, 7 de enero de 2011
El obispo aprueba una reestructuración del mapa diocesano

Ayer han entrado en vigor tres decretos del obispo por los que se unifican seis arciprestazgos de la Diócesis de Zamora. El cambio del mapa eclesiástico, que afecta a 157 parroquias, simplifica los arciprestazgos, que pasan de 10 a ser 7. Las nuevas zonas pastorales se denominan Aliste-Alba, Benavente-Tierra de Campos y Toro-La Guareña.
Zamora, 7/01/11. Ayer, 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, han entrado en vigor tres decretos del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, en los que unifica varios arciprestazgos de la Diócesis. En ellos se puede leer que estos cambios no se hacen porque sí, sino “buscando que nuestras estructuras de pastoral sean espacios de comunicación, y teniendo en cuenta las actuales necesidades pastorales, con el fin de prestar un más adecuado servicio a la comunión y a la misión, después de las reflexiones correspondientes llevadas a cabo, habiendo consultado al Consejo Presbiteral y al Consejo Episcopal, y a tenor del canon 374.2 [del Código de Derecho Canónico]”.
De esta manera, los antiguos arciprestazgos de Alba y Aliste se unifican en un arciprestazgo nuevo que se llama “Aliste-Alba”, los antiguos de Benavente y Villalpando forman el arciprestazgo de “Benavente-Tierra de Campos”, y los denominados anteriormente Fuentesaúco y Toro pasan a formar el nuevo de “Toro-La Guareña”. En total, 157 parroquias.
En algunos de estos arciprestazgos ya se venía trabajando de forma conjunta desde hace un tiempo por parte de los sacerdotes, en sus reuniones mensuales para la formación permanente de los agentes pastorales. Con esta reestructuración del mapa diocesano, quedan 7 arciprestazgos: los tres nuevos que ya se han indicado, y los del El Pan, Sayago, El Vino y Zamora-ciudad.
Además, con esta reestructuración, las parroquias de Almaraz de Duero, Almendra, El Campillo, Muelas del Pan, Valdeperdices y Villaseco del Pan pasan a pertenecer al arciprestazgo de El Pan, ya que se toma el río Esla como línea divisoria de zonas pastorales.
Un arciprestazgo es una agrupación de ciertas parroquias cercanas dentro de una diócesis, para facilitar la cura pastoral a través de una actividad común. Además esta figura o grupo peculiar, como lo califica el Código de Derecho Canónico, sirve de enlace perfecto entre el obispo con cada una de las parroquias y sus respectivos sacerdotes.
Aliste-Alba
El nuevo arciprestazgo de Aliste-Alba incluye 84 parroquias, con un total de 11.416 habitantes, que son atendidos actualmente por 9 sacerdotes en activo. Forman parte de este nuevo arciprestazgo las parroquias de Alcañices, Alcorcillo, Arcillera, Bercianos de Aliste, Bermillo de Alba, Brandilanes, Cabañas de Aliste, Campogrande de Aliste, Carbajales de Alba, Carbajosa, El Castillo de Alba, Castro de Alcañices, Ceadea, Cerezal de Aliste, Domez, Figueruela de Abajo, Figueruela de Arriba, Flechas, Flores, Fonfría, Fornillos de Aliste, Fradellos, Gallegos del Campo, Gallegos del Río, Grisuela, Latedo, Lober, Losacino, Losacio, Losilla, Mahíde, Manzanal del Barco, Marquiz de Alba, Matellanes, Mellanes, Moldones, Moveros, Muga de Alba, Navianos de Alba, Nuez, Olmillos de Castro, Palazuelo de las Cuevas, Perilla de Castro, Pino del Oro, Pobladura de Aliste, El Poyo, Puercas, Rabanales, Rábano de Aliste, Ribas, Ricobayo, Riomanzanas, Samir de los Caños, San Blas, San Cristóbal de Aliste, San Juan del Rebollar, San Mamed, San Martín del Pedroso, San Pedro de las Cuevas, San Pedro de las Herrerías, San Vicente de la Cabeza, San Vitero, Santa Ana, Santa Eufemia del Barco, Sarracín de Aliste, Sejas de Aliste, Tola, Tolilla, Las Torres de Aliste, Trabazos, Ufones, Valer, Vega de Nuez, Vegalatrave, Vide de Alba, Videmala, Villaflor, Villalcampo, Villanueva de los Corchos, Villarino de Cebal, Villarino de Manzanas, Villarino tras la Sierra, Viñas y Vivinera.
Benavente-Tierra de Campos
El nuevo arciprestazgo de Benavente-Tierra de Campos incluye 41 parroquias, con un total de 30.325 habitantes, que son atendidos actualmente por 19 sacerdotes en activo. Forman parte de este nuevo arciprestazgo las parroquias de Barcial del Barco, Benavente (San Isidro, San Juan, Santa María la Mayor, Santa María del Carmen de Renueva y Santiago Apóstol), Bretó, Cañizo, Castrogonzalo, Castropepe, Castroverde de Campos, Cerecinos de Campos (San Juan y Santa Marta), Cotanes del Monte, Fuentes de Ropel, Matilla de Arzón, Prado, Quintanilla del Monte, Quintanilla del Olmo, Revellinos, San Agustín del Pozo, San Cristóbal de Entreviñas, San Esteban del Molar, San Martín de Valderaduey, San Miguel del Esla, San Miguel del Valle, Santa Colomba de las Carabias, Santovenia, Tapioles, Valdescorriel, Vega de Villalobos, Vidayanes, Villafáfila, Villalobos, Villalpando, Villamayor de Campos, Villanueva de Azoague, Villanueva del Campo, Villar de Fallaves, Villárdiga y Villaveza del Agua.
Toro-La Guareña
El nuevo arciprestazgo de Toro-La Guareña incluye 32 parroquias, con un total de 19.297 habitantes, que son atendidos actualmente por 10 sacerdotes en activo. Forman parte de este nuevo arciprestazgo las parroquias de Abezames, La Bóveda de Toro, Cañizal, Castrillo de la Guareña, Fresno de la Ribera, Fuentelapeña, Fuentesaúco, Fuentesecas, Guarrate, El Maderal, Matilla la Seca, Morales de Toro, Olmo de la Guareña, El Pego, Peleagonzalo, Pinilla de Toro, Pozoantiguo, Tagarabuena, Toro (San Julián, Santa María la Mayor, Santísima Trinidad y Santo Tomás), Vadillo de la Guareña, Valdefinjas, Vallesa de la Guareña, Vezdemarbán, Villabuena del Puente, Villaescusa, Villalonso, Villamor de los Escuderos, Villardondiego y Villavendimio.
domingo, 2 de enero de 2011
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»

NARCISO-JESÚS LORENZO
Domingo II después de Navidad – Ciclo A
“De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia” (Jn 1, 1-18)
Comenzamos el Año, a todos los lectores: ¡Feliz Año Nuevo! Aunque como me decía alguien hace unos días: Parece que este año hasta los adornos navideños han sido más pobres y con menos luz. Como si el pesimismo se fuera apoderando progresivamente de todo el mundo. Tantos parados, tantas familias necesitadas. Un millón de asistidos en los comedores de la Iglesia, -noticia de la Cuatro- sin contar la ayuda de Cáritas de las parroquias.
Nos damos cuenta de que a la dificultad de sacar adelante los buenos propósitos de noche vieja: dejar de fumar, hacer deporte, leer más; ahora se suma la constatación de que tampoco los buenos deseos de Año Nuevo sirven para mucho. La crisis, todo se achaca a la crisis económica, pero ésta solo es el rostro de una crisis más global, ¿de la cultura occidental?, ¿de civilización?
No obstante los cristianos nos felicitamos y felicitamos porque este año 2011 puede ser Año de Gracia o Año del Señor. Se perdió la costumbre, hace más de dos siglos, de comenzar las cartas o los escritos con el mencionado encabezado. El tiempo con lo que tiene de oportunidades, de situaciones, de acontecimientos y sucesos, no solo lo gestionan los hombres, sino que, se quiera o no reconocer, lo gestiona Dios, y cuando coinciden las cosas mejoran.
Cristo es el Señor del tiempo y el Señor de la Historia. Como dice el Apocalipsis, es el Alfa y la Omega. El origen no es un explosión casual, ni el fin un cataclismo esperado. Él es el origen, guía y meta del Universo. Es el Señor del tiempo y de la Historia. Él mismo, con su Encarnación, ha hecho temporal lo divino, y con su Resurrección ha vuelto eterno lo humano.
Ha entrado en la Historia con programa, el que nos cuenta Pablo en la segunda lectura de la Misa. «Cuando se cumplió el tiempo envió Dios a su hijo nacido de una mujer… para rescatar a los que estaban bajo la ley. Para que recibiéramos el ser hijos por adopción». Ha entrado en Historia para rescatar a los hombres de todas las tiranías y ofrecernos la posibilidad de ser hijos de Dios.
Los ojos del corazón

JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN
Este comentario, ya en la órbita del Año Nuevo, se hace complicado, no tanto por la escasez cuanto por la acumulación. Apenas si se han silabeado los deseos de paz, calientes aún las felicitaciones, reponiéndose todavía algunos de la abigarrada y estruendosa liturgia de fin de año, ya andamos a paso ligero por la senda del 2011. Pretender que las cosas cambien o simplemente se dulcifiquen los problemas con el simple sonido del carillón del reloj de la Puerta del Sol es empresa poco menos que imposible. Se trasladan al nuevo año problemas y preocupaciones, esperanzas y desesperanzas saltan al unísono, todo va girado y con matasellos de actualidad, todo con los mismos remitentes e idéntico destino.
Leo ese buen deseo, como de felicitación y augurio navideño, de San Pablo a los cristianos de Éfeso, me estrujo los sesos para entender lo de «iluminar los ojos del corazón» y trato de clarificarme. Parece ser que los problemas hay que verlos y afrontarlos. El mundo es el que es, pero no sin nosotros, no sin Dios. «El mundo tiene necesidad de Dios» es el título con que algunos han encabezado el mensaje de Benedicto XVI ante la Jornada Mundial de la Paz del primero de enero. El Papa, en su línea de clarividencia, hace una exégesis actualizada de lo que significa tener los ojos del corazón bien abiertos: «no vivir replegados sobre sí mismos y sobre los propios problemas, encontrar respuestas a los interrogantes sobre el sentido de la vida, conquistar valores y principios éticos duraderos». Animo a leer ese mensaje que habla sobre la libertad religiosa, del derecho a la vida, de la familia como «la primera escuela de formación y crecimiento». Vuelve el Papa a incidir sobre esas que llama «formas sofisticadas» de hostilidad religiosa en un Occidente que pretendemos sea patria de las libertades y que conducen a «fomentar el odio y el prejuicio y a perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de Occidente».
Pasada ya la solemnidad de la Sagrada Familia, coincidiendo con este 2º Domingo de Navidad, las familias cristianas se dan cita en Madrid para un encuentro que es de celebración sí, pero también de compromiso y de reafirmación. Ya verán las lindezas con las que los «progre» de turno saludarán el evento. No es momento propicio para romper lanzas por la familia. Muchos reniegan de ella para buscar luego ansiosamente cómo compensar vacíos y revestir sus nuevas relaciones. ¿Qué se puede ganar con el cambio?, ¿cómo jugar al amor cuando se deterioran las relaciones hombre-mujer, padres-hijos? Bueno sería que el nuevo año, aligerado en los bolsillos, llenase el corazón de esperanza, iluminase los ojos del corazón. Algo tendrá que ver en el envite la estabilidad y el elemento emocional de la familia, mucho ayudará el dulce estímulo de la paz. ¡Feliz 2011!