lunes, 14 de diciembre de 2009

El Padre Jony presenta en Zamora su libro Notas de un cura rockero


El Padre Jony, sacerdote catalán conocido por haber sacado varios discos de rock, estará en Zamora el próximo jueves para presentar su libro-CD Notas de un cura rockero, en la Biblioteca Pública a las 20 horas.

Zamora, 15/12/09. El sacerdote Joan Enric Reverté, de la Diócesis de Tortosa, conocido en toda España por su nombre artístico, Padre Jony, compagina con su ministerio pastoral su afición a la música, lo que le ha llevado a sacar varios discos de rock. En esta ocasión acude a Zamora para presentar su primer libro, Notas de un cura rockero, que acaba de publicar en octubre la editorial Espasa.

Desde bien pequeño Reverté mostró interés por la música. En el Seminario de Tortosa creó su grupo “Seminari Boys”. Estudió solfeo, piano y canto. La muerte de un compañero por sobredosis le empujó a dar el paso definitivo, y en 1992 fue ordenado sacerdote. Actualmente es rector de la parroquia de San Pedro Apóstol de Les Cases d`Alcanar (Tortosa). Ha sido misionero en países como Guinea Ecuatorial y Honduras. En 1999 creó el grupo Properly, y en el 2005 sacó su primer disco y creó la Fundación “Provocando la Paz”, que tiene por objeto promocionar la paz y la solidaridad. También es el promotor de la “Plataforma Antiaborregamiento”.

Presentará su libro en el salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado de Zamora el próximo jueves a las 20 horas. En esta obra, el Padre Jony desmenuza los temas humanos y espirituales fundamentales para él, los valores en los que se apoya, y que intenta transmitir a través de la letra de sus canciones. “Cuando la vida nos da la espalda y las circunstancias no son favorables, no debemos derrumbarnos; siempre existe una pequeña llama de esperanza para mejorar la situación”, afirma el Padre Jony en su libro, que cuenta cómo a través de su música muchas personas han encontrado fuerza, luz y consuelo. Además, en el libro se incluye un CD con algunos de sus temas más conocidos.

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Qué tenemos que hacer?


LUIS SANTAMARÍA DEL RÍO

Domingo III de Adviento – Ciclo C

“Juan exhortaba al pueblo y les anunciaba la Buena Noticia” (Lc 3, 10-18)

Este domingo está marcado por el signo de la alegría. En los textos bíblicos proclamados hoy en la liturgia católica, el profeta Sofonías invita a Jerusalén a regocijarse en el Señor, y san Pablo les dice a los fieles de la ciudad de Filipos que estén siempre alegres en el Señor. Su alegría habrá de ser modesta y pública, a la vez. Nacerá de la oración e irá acompañada de la paz de Dios. Los cristianos estamos llamados a vivir esta alegría, como algo propio y distintivo. Siempre, pero especialmente cuando parece que todo invita al pesimismo. Resulta que san Pablo escribió esto… ¡cuando estaba preso en la cárcel! Y es que la alegría va más allá de las satisfacciones que nos da este mundo. Es posible en el sufrimiento. Es algo que nada ni nadie nos puede quitar, si la tenemos arraigada bien dentro.

Pero la alegría tiene un precio. Muchos acuden a escuchar a Juan el Bautista. Por tres veces le repiten esta pregunta: “¿Qué tenemos que hacer?”. Juan propone tres acciones. En ellas se refleja la voluntad de cambiar de vida, de la conversión. La primera: compartir con el prójimo los propios bienes, descubriendo las necesidades ajenas. La segunda: no pretender de los demás lo que no es justo, es decir, no abusar de ellos, y aceptar como un don gratuito lo que los demás pueden ofrecer. La tercera acción: no hacer extorsión a nadie, renunciar a la violencia, tratar a los demás como hermanos.

El mensaje de Juan el Bautista no se queda en la exhortación, sino que se abre a un anuncio: “Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo”. Juan no es solamente un predicador moral. Para él, la conversión prepara ya el camino del Mesías. Nuestra conversión tiene que darse porque Jesús viene. Y así, nuestra conversión está coloreada por la fe, la esperanza y la caridad. La fe hace que la conversión sea cristiana, no sólo un gesto bonito. La esperanza nos pone mirando hacia Jesús, que es a quien esperamos. La caridad hace que cambie la persona y que quiera cambiar todo lo malo de alrededor. Todo esto, sólo podemos hacerlo con la ayuda de Jesús. El Adviento nos confronta con una pregunta que podemos hacerle cada día, como aquellos hombres del evangelio: “¿Qué tenemos que hacer?”. La alegría (de verdad) y la conversión, dos caras de una misma moneda. La moneda de nuestra felicidad.

La Opinión-El Correo de Zamora, 13/12/09.

Elige ser feliz


ÁNGEL CARRETERO MARTÍN

En este puente de la Inmaculada muchos madrileños salían de la ciudad para descansar y otros nos desplazamos hasta allí para disfrutar fugazmente de la belleza del Madrid de los Austrias, de la cuidada ambientación navideña y de alguna de sus variadas ofertas culturales. Pues bien, les confieso que no es la primera vez que yendo en metro, autobús o por la calle, me da por fijarme discretamente en los rostros de las personas que se cruzan a mi lado y me pongo a vaticinar, a juzgar por la expresión de la mirada, si esta o aquella persona será feliz.

Veo la tensión del ejecutivo con los minutos contados para cerrar una operación. Contemplo al mendigo, postrado en la acera sobre una manta, con el deseo de recibir alguna moneda. Observo la caramelizada pareja de novios que viven el momento presente como el último instante de sus vidas. Miro a los papás que pasean a su bebé como la mejor lotería que les ha podido tocar en la vida. Y de lo que no me cabe duda es que todos ellos buscan ser felices. Todos hemos nacido para serlo. En realidad hemos sido creados para ello, es un deseo que llevamos en los genes. Quizá hoy más que nunca nuestra sociedad cultiva y desea un mundo feliz. La tentación es creer que podemos vivir en una especie de mundo de color de rosa donde todo se puede comprar, hasta la felicidad.

La experiencia nos va diciendo, incluso a quienes somos más jóvenes, que una felicidad tan barata, unida al consumo, al placer o al éxito rápido y que rehuye el esfuerzo y el sacrificio de perderse por el otro no acaba por ser felicidad duradera. Ese mundo artificial que quieren vendernos tarde o temprano nos angustia con la vaciedad del estar llenos únicamente de nosotros mismos. Lo que realmente llena el corazón de alegría y hace que la contagiemos a nuestro alrededor es otra cosa muy distinta: es la libertad interior de cambiar un hábito que no me conviene, es el logro de un objetivo que me había propuesto desde hace tiempo, es la locura de darse una paliza de kilómetros por compartir unas horas con la persona amada, es el dolor esperanzado de sufrir la pérdida misteriosa de un ser muy querido, es la sinceridad y la transparencia con los amigos, es aumentar nuestra generosidad con Cáritas en tiempos de crisis…

El mítico y esperanzado “yes, we can!” de Obama por una sociedad mejor no es ninguna novedad para quienes llevamos dos milenios teniendo la experiencia de que es más feliz el que da que el que recibe aunque esto implique, a veces, no pocas noches oscuras. Pero vaya si merece la pena, porque vivir así es elegir ser feliz, es optar por la alegría que contagia, la que procede de las fuentes escondidas de lo alto.

La Opinión-El Correo de Zamora, 13/12/09.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La Diócesis celebra la fiesta de los hispanos


El próximo sábado 12 de noviembre la Catedral de Zamora acogerá por primera vez la fiesta diocesana de los hispanos, en la que los fieles católicos procedentes de Hispanoamérica podrán unirse para celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Consistirá en una eucaristía presidida por el obispo a las 18 horas, seguida de una procesión por el interior del templo, y un encuentro posterior en la Casa de Ejercicios.

Zamora, 7/12/09. La Diócesis de Zamora se dispone a celebrar, el próximo sábado día 12, la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, como fiesta de la comunidad hispana en Zamora. Según las estimaciones del departamento de Inmigración de Caritas Diocesana, contamos con unos 3.000 hispanoamericanos, originarios de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Santo Domingo y otros países sudamericanos.

La fiesta consistirá en la celebración de la eucaristía, presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, a las 18 horas, en la Santa Iglesia Catedral, seguida de una procesión por el interior del templo. Posteriormente se tendrá un tiempo de celebración en la Casa de Ejercicios.

La celebración ha sido organizada conjuntamente por las Delegaciones Diocesanas de Religiosidad Popular y Liturgia, con la colaboración de Caritas Diocesana, el Coro Sacro, y la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias, que actúa como “madrina” de esta fiesta.

Una importante comunidad que, como todos los inmigrantes, experimenta las dificultades de la adaptación a la cultura y valores de una sociedad hermana pero distinta. Según indica el organizador de esta actividad, Javier Fresno, delegado diocesano de Religiosidad Popular, “ante una sociedad española que avanza hacia el laicismo, la comunidad hispana hunde sus raíces en un catolicismo profundo donde la fe sencilla y fervorosa, la familia, las manifestaciones públicas de piedad, todo eso, son parte de su vida diaria. Pero estos valores, llanos y hondos, corren también el riesgo de difuminarse en medio del secularismo dominante en occidente”.

La Iglesia española ha descubierto que la integración de los católicos extranjeros en las comunidades, especialmente hispanoamericanos, que desde su llegada son miembros de ellas de pleno derecho, supone un fortalecimiento y un enriquecimiento. Así lo han manifestado muchos obispos y documentos del episcopado español. “Y no sólo por la juventud que suelen traer a unas comunidades generalmente en proceso de envejecimiento, sino por la hondura de su fe, por la riqueza y variedad de sus expresiones y tradiciones, el dinamismo que pueden aportar a nuestras celebraciones litúrgicas, a la catequesis, el apostolado y la acción social, etc.”, como recuerda Javier Fresno.

La celebración de la Virgen de Guadalupe, en el aniversario de su aparición, corresponde al deseo de honrar a la Madre común, invocada por toda la América Hispana. La Madre de Dios, apenas diez años después de la conquista de México, se hace presente al indio Juan Diego en el cerro Tepeyac, y en él a todos hijos del nuevo continente, para mostrar todo su “amor y compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre”.

Para más información:

Javier Fresno, delegado diocesano de Religiosidad Popular – Tel. 606 876 098 – jfresno@sjbalmeida.e.telefonica.net

domingo, 6 de diciembre de 2009

Ven, Señor Jesús


NARCISO-JESÚS LORENZO

Domingo II de Adviento – Ciclo C

“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos” (Lc 3, 1-6)

Hemos consumido una semana del Adviento y comenzamos otra nueva. ¿Y qué ha pasado? Hemos visto en los templos que el sacerdote aparece revestido de color morado o violeta, incluso en algunos se ha instalado en el presbiterio una corona entretejida de ramas y cuatro velas que se irán encendiendo sucesivamente, domingo a domingo. Pero si no pasa más, el Adviento habrá quedado reducido a mera ambientación estética, como les ocurre a calles y negocios con los adornos navideños. El Adviento en sentido estricto son cuatro semanas de «preparativos» para la celebración de la Navidad, pero en un sentido más amplio es un tiempo permanente, es el tiempo propio de la Iglesia, porque la Iglesia está en el mundo trabajando por y para la venida del Señor. La paradoja es ésta: a la vez que esperamos esta venida, afirmamos que el Señor está entre nosotros. Una y otra vez la liturgia nos lo recuerda con los sucesivos saludos del sacerdote: «El Señor esté con vosotros». Es que él lo ha prometido. Se ha comprometido a ello: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los días» (Mt 28, 20). Este compromiso lo cumple a través de su Palabra, a través de los que van sucesivamente «heredando» el ministerio de los Apóstoles. «A quien vosotros oye a mí me oye» (Lc 10, 16). Pero también a través del conjunto de los fieles que estamos unidos a él por el Bautismo y la Eucaristía, como injertos que han prendido y dan frutos «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos» (Jn 15, 5). Aunque no siempre. Pues no son pocos los injertos que se han secado o que deliberadamente han sido arrancados de la Vid. Cuando no lo que se pretende es arrancar la misma viña del Señor plantada en nuestra península hace dos mil años, como está ocurriendo con el laicismo beligerante y anticatólico que cada día se va pareciendo más, por lo que me cuenta mi abuelo, al de los años treinta. Entre tanto los extraños a la fe no deberían vivir indiferentes ante los recortes de derechos, ni los católicos asustados o confiados por la moratoria en la retirada de los crucifijos ¿Hasta de los colegios concertados?

¿Qué nos toca? Toca vivir con paz cada momento. Descubriendo que cada día es tiempo de gracia, en el que hay que «trabajar de sol a sol» por el Reino de Dios. Tocará, como dice el evangelio de hoy, allanar senderos, elevar valles, rebajar montes y enderezar lo torcido, «como Dios nos dé a entender». Que seguro se hará entender. Toca vivir con confianza, como nos decía el apóstol Pablo: «Ésta es nuestra confianza: el que ha inaugurado entre vosotros esta empresa buena, la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús». Gracias, pues, a estas presencias cotidianas de Jesús «ahora y siempre» los cristianos no hemos desaparecido en la historia y seguimos formando una comunidad compacta que pide, espera y trabaja por la manifestación gloriosa del Salvador.

La Opinión-El Correo de Zamora, 6/12/09.

En los días de esterilidad


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Que no, que no soy capaz de sorprender como en años pasados con un «Cuento de Navidad». Ha llegado demasiado pronto este comentario y ni la meteorología, que huele más a otoño que a otra cosa, ni el ánimo general, ni el momento social y político cada vez más ajeno a lo entrañable, cálido y pacífico de estas fechas, ni el mercado de trabajo, ni la marejada tirando a temporal del Constitucional, ni el cabreo de la gente están para excesos literarios. Por más que me estrujo los sesos no me viene. Me quedo, pues, con aquello de Alphonse de Lamartine: «No reveles tus cuentos a nadie y no sueñes ya más». Así que manda el momento y la sobriedad y el morado, que se queda a medio camino entre el blanco de la Navidad y el negro, negrísimo, de la crucificadora política de ZP. La Iglesia, entretanto, a lo suyo como Isaías, a ser voz que grita en el desierto para hacer accesible, comprensible y conmovedor el mundo del espíritu, de Dios.

Es de noche y me encuentro dando forma a este comentario. Bajo al portal de casa para recoger la propaganda que se acumula en el buzón de la comunidad sin que nadie se moleste en retirarla. Busco una frase, algún eslogan, de esos que el comercio no tiene rubor en tomar del mundo de lo religioso a modo de reclamo. La Navidad permite esa apropiación. Pero no, lo único que veo es el anuncio de «última oportunidad para aprovechar los mejores precios del año». También el Adviento, me digo, es una oportunidad para hacerse con lo que no tiene precio, con ese don siempre expresado, nunca retirado, de un Dios que no se ofrece como producto de mercado ni esconde en el anverso la fecha de caducidad. Entonces, el círculo de lo religioso, ¿qué es lo que ofrece? Pues, sencillamente, el término «ofrecer» no parece el más adecuado, como si por estas fechas anduviera metido en una guerra de mercados. La Iglesia no tiene a Dios en propiedad, lo celebra, eso sí, e invita a esa celebración a todo aquel que no sienta como molesta la entrada de Dios en la historia, ni repugne los signos de su presencia, crucifijos incluidos.

Larga víspera de la Navidad es el Adviento. Hacia fuera, tiempo de anuncios y de luces de neón, tiempo de sueños y de carteros, tiempo de augurios, de ofertas y oportunidades. Hacia dentro, en el reducto de la fe, tiempo de Isaías y de Juan el Bautista, tiempo de María y de José espantando fantasmas y pasando las noches en claro, tiempo de compasión y de la aparición de un Dios que puede ser hallado incluso por quienes no le buscan. Tiempos duros los nuestros, pero Dios, en su bondad, acostumbra a aparecer en los días de esterilidad.

La Opinión-El Correo de Zamora, 6/12/09.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Preparando la casa


JESÚS GÓMEZ

Domingo I de Adviento – Ciclo C

“Estad siempre despiertos” (Lc 21, 25-36)

Si el Señor no construye la casa, si el Señor no guarda la ciudad… De ciudades está llena la tierra y las ciudades, de casas. Jerusalén y su templo, la casa de Dios, son la ciudad y la casa emblemas de toda la tierra. Emblema y emblematizado correrán la misma suerte. La destrucción del templo, la de Jerusalén y la destrucción de la tierra se confunden en un solo y único relato. El gobernador romano Gessio Floro, gobernante criminal y corrupto, irritó a los judíos hasta sublevarlos contra Roma. Los romanos arrasaron Jerusalén, destruyeron el templo y Floro se libró del juicio que le esperaba por su mal gobierno. Así fue la historia, historia de hombres, que, sin saberlo, realizan el designio de Dios.

En efecto, cuando Jesús se dirigió a Jerusalén para celebrar la Pascua, montado en un pollino y en medio de aclamaciones, al divisar la ciudad se echó a llorar: «¡Si conocieras en este día lo que te lleva a la paz!... Porque vendrán días en que tus enemigos te cercarán y te arrasarán y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el día de tu salvación». Jerusalén no conoció ese día y los romanos, sin saberlo, cumplieron la palabra de Jesús.

Si el Señor no construye la casa, si el Señor no guarda la ciudad… Se imaginaban los judíos y, durante un tiempo, también los cristianos que el universo era una casa inmensa, la casa cósmica, con sus muros, techo y subsuelo, habitada por hombres y poblada de toda clase de animales. Entraba dentro de las posibilidades que algún día pudiera tambalearse, desplomarse su techo y agrietarse el pavimento. Basta que Dios le retirara su apoyo y lo emblematizado terminaría como el emblema. Tremendo el terror, el espanto y desconcierto de todo viviente, sobre todo del hombre si el techo llegara a desplomarse, agrietarse el pavimento y a tambalearse la casa. ¿Será posible? Al principio creó Dios el cielo y la tierra, es decir, al principio Dios puso en marcha el universo y lo encaminó hacia la salvación, que es la Vida. Con calma y sin prisas el universo se fue preparando para la aparición del hombre. Creó Dios al hombre a imagen suya según semejanza y lo puso al volante de la creación con normas y señales de tráfico. Todo a punto para que el universo llegase a buen término. Mal conductor el hombre. Un accidente por salirse de la calzada y causó la muerte. Dentro de unos días recordaremos el nacimiento de otro hombre, que ya no es «a imagen según semejanza», sino que es «la Imagen de Dios invisible»; Hombre, dotado de fuerza y poderío, que logró con gran esfuerzo enderezar la marcha del universo y encaminarlo de nuevo hacia la Vida.

La Opinión-El Correo de Zamora, 29/11/09.