jueves, 14 de noviembre de 2013
Zamora celebra a San Alfonso 25 años después de su canonización
sábado, 12 de octubre de 2013
Cuatro mártires de la Diócesis serán beatificados mañana
miércoles, 23 de mayo de 2012
La urna con la reliquia de San Juan Bosco estará en Zamora el 30 de mayo
miércoles, 11 de abril de 2012
La Adoración Nocturna homenajea a su fundador
viernes, 30 de marzo de 2012
Hoy se estrena en Zamora "Prefiero el paraíso"
lunes, 30 de enero de 2012
Los salesianos de Zamora celebran mañana a San Juan Bosco
lunes, 28 de noviembre de 2011
Ángel Sastre, de Villaralbo al martirio

Francisco Abad (*)
El 25 de octubre de 1992 tuve la oportunidad de asistir a la Beatificación del hermano Ángel Sastre en Roma. No me movieron en ese momento especiales motivos de devoción. Era una buena excusa para conocer parte de Italia acompañando a un grupo de gente de Villaralbo, lugar de nacimiento del beato. Claro que para la inmensa mayoría de sus habitantes pasó desapercibido aquel acontecimiento. Entonces y ahora la figura del beato es ignorada tanto en su pueblo natal como en su Diócesis de Zamora donde solo resuena su nombre de vez en cuando en las Letanías que se proclaman en las celebraciones solemnes. El ritual así lo exige.
En la Misa de Beatificación concelebraron con el Papa el Obispo de Zamora y el párroco de Villaralbo. A otro sacerdote y a mí nos situó nuestro Obispo en el lugar reservado a los familiares de los nuevos Beatos. El Obispo, sin saberlo, había acertado en el sitio que me correspondía. Mi padre me dijo más tarde que teníamos lazos familiares con el hermano Ángel por parte de mi abuela paterna. Es por mi padre, de la misma edad que él, como me enteré un poco de su vida. Lo que más recordaba era su origen humilde. Me decía: “si nosotros éramos pobres, mucho más pobres eran ellos”. En la pequeña biografía de Ángel Sastre de Vicente Bécares publicada con motivo de su Beatificación no hace otra cosa el autor que señalar lo que mi padre me contaba.
Ángel quedó huérfano de padre muy pronto, murieron dos hermanos, y a los diez años ingresa con otros tres hermanos en el Hospicio de Zamora. Parece ser que su madre, Blasa, sólo podía atender a una hija discapacitada que quedó a su lado. En el orfanato su comportamiento es reconocido como “excelente”, puede que ya vieran en él las profundas raíces cristianas a las que más tarde se mantuvo tan fiel. A los 16 ó 17 años sale y decide hacer el servicio militar. Lo destinan en Melilla. Decide al volver a Villaralbo y, cumplido el servicio militar, ser religioso. Desde Valladolid camina a pie hasta Ciempozuelos, donde solicita ser admitido en la Orden de San Juan de Dios el 12 de marzo de 1936. El 2 de junio toma el hábito de novicio. Todos sabemos que corrían malos tiempos por España en aquellos años. Ángel los iba a vivir con mucha intensidad.
La situación era difícil. Los superiores de Ángel, recibiendo malas noticias de otros lugares, ofrecen la oportunidad a los más jóvenes de buscar refugio fuera del convento. Algunos así lo hacen, pocos. La mayoría responde: “donde estén nuestros hermanos allí estaremos nosotros”. Ángel era uno de ellos. Los sucesos de aquel verano del 36 se sucedieron con rapidez. En agosto detienen a los hermanos, que son asesinados tres meses mas tarde en Paracuellos del Jarama. Ángel dio la vida por su fe en Cristo en la mañana del 28 de noviembre. Este día celebramos su fiesta litúrgica y bien pudiéramos recordarlo entre nosotros un poco más. Si su martirio hubiera sucedido en otra época y en otro lugar sobrarían méritos para honrarle como se merece, pero tuvo la mala suerte de ser en España y en el 36 y todo lo tiene en contra. Parece ser que estos hombres no merecieron ni merecen un pequeño espacio en la multitud de obras cinematográficas sobre aquellos años de nuestros grandes maestros del Cine. Y esto sólo por mencionar algo muy popular. Eso sí, eran solo unos pobres frailes inocentes que servían a los enfermos.
Todos somos responsables de este olvido. Yo mismo no me he atrevido a decir nada sobre él, incluso pienso que este escrito no me atraerá excesivas simpatías. La mayoría de los cristianos no quiere faltar a lo “políticamente correcto” y ni siquiera se pronuncia. Otros, más situados en sus ideologías, rechazan de plano a estos mártires que murieron a manos de los republicanos que supuestamente eran “amigos de los pobres”. Sería como aceptar que los que ellos consideraban “buenos” fueron injustos y asesinos. Para otros, de distinto signo, el hermano Ángel, “pobre de solemnidad”, “le falta clase para ser santo”, “era un pobre desgraciado que no merece ningún interés”. En fin, todo esto explica la falta de reconocimiento en muchos, tanto en su entorno eclesial como social. Un signo tan sólo es ver los que acuden en su pueblo a la Misa de su fiesta.
No existen santos menores y el hermano Ángel es un santo como Dios manda, y nunca mejor dicho en este caso. Su vida y su muerte son testimonio de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Debiéramos pensar cómo responderíamos cada uno de nosotros en situaciones semejantes. Él decidió ser religioso y consagrar su juventud al servicio de los enfermos y los necesitados. Supo estar con los suyos en momentos de persecución y sobre todo entregó la vida por su fe pudiendo librarse de la muerte (ya que a los más jóvenes se les ofrecía al final apuntarse al combate de la guerra evitando la ejecución). Ángel solo tenía 20 años. Yo me pregunto: ¿un joven que decide ser religioso con honestidad es culpable de algo para ser ejecutado sin contemplaciones? A uno de los testigos de ese final le impresionaba como iban los hermanos: “no se quejan, ni gimen, sólo rezan y cantan, van a la muerte con mucho valor, perdonando, y se despiden unos a otros con el saludo ‘hasta el cielo’ y ‘ánimo, Dios nos espera’”. ¿Cómo es posible que algunos se avergüencen de estos mártires?
Debemos agradecer a Dios este don que nos ha dado en la vida y testimonio del hermano Ángel. Su corta vida estuvo llena de heroísmo, entrega y fe. Tomó a Dios en serio, sirvió a los pobres y fue testigo de la fe hasta dar la vida, ¿qué más se puede pedir? Creo de verdad que a todos nos puede ayudar su testimonio. A tantos jóvenes despistados hoy en día puede ser una luz en medio de un mundo descreído y olvidado de Dios. Es muy difícil llegar a su altura, pero su recuerdo nos puede impulsar a ser fieles a nuestros compromisos cristianos. Según algunos, aunque otros lo consideren exagerado, no estamos lejos de parecidas persecuciones como las vividas por nuestro hermano. Sin olvidar que a día de hoy esa persecución a la fe cristiana es ya real en algunos lugares de nuestro mundo. Muchos cristianos, por el hecho de serlo, son marginados, perseguidos y algunos asesinados. No es algo que sucedió en el pasado. Eso sí, sigue sin ser una preocupación importante y no sale en las primeras noticias del Telediario.
(*) Párroco de San Isidro (Benavente)
lunes, 7 de noviembre de 2011
Obispo de Zamora: “Santa Bonifacia estuvo llena de Dios”
Zamora, 7/11/11. Ayer, domingo 6 de noviembre el obispo, Gregorio Martínez Sacristán, presidió en la Catedral la eucaristía de acción de gracias por la reciente canonización de la Madre Bonifacia. El primer templo de la Diócesis volvió a abarrotarse para honrar a la fundadora de las Siervas de San José, que desempeñó en Zamora la mayor parte de su obra. Un trabajo que reconoció Martínez Sacristán en su homilía: “una pobre cordonera que estaba llena de Dios, rebosante de Dios”, y así precisamente alcanzó la santidad.
El obispo recordó que la santidad “está el alcance de todos”, pero para llegar a ella hay que estar “lleno de Dios” como le ocurrió a santa Bonifacia, “que colocó al Señor y a Nazaret en el centro de su vida”. A las Siervas de San José, presentes en la misa, también se dirigió el prelado: “no cambiéis esta joya por otras más atractivas, pero también más engañosas y mentirosas porque al final no tienen ningún futuro”.
Alentó a las hermanas de la congregación a que sigan adelante con su labor a pesar “de que la media de edad sea alta”, porque Bonifacia también se fijó en el silencio de Nazaret y allí encontró su camino. “A pesar de lo poco que se habla de Nazaret en el Evangelio, Bonifacia se dejó interpelar por él y en ese silencio vio la compasión”, resaltó el obispo.
La vivencia “profunda” de la compasión ayudó a la santa a “aguantar todo lo que aguantó”, y ese comportamiento ha de ser “un ejemplo a seguir” para todos. Nuestro obispo destacó que “no encontraremos la compasión si no somos capaces de mirar al Señor que dio la vida por nosotros sin decir nada”, al igual que hizo Bonifacia, aguantando las humillaciones por la mujer, a la que ayudó sin condiciones. Ahora hay que seguir el camino que la santa marcó
La eucaristía contó con la presencia del Consejo General de las Siervas de San José, presidido por su coordinadora general, la filipina Lillian Ocenar. Después de la celebración hubo un ágape en el Colegio Divina Providencia, justamente la casa en la que vivió Santa Bonifacia, en la Calle La Reina de la capital.
Álbum fotográfico de la celebración en:
jueves, 3 de noviembre de 2011
Zamora agradece la canonización de Santa Bonifacia con una Misa solemne en la Catedral
La Catedral de Zamora acogerá el próximo domingo 6 de noviembre a las 17,30 horas una eucaristía solemne presidida por el obispo y en la que toda la Diócesis se unirá a las Siervas de San José para dar gracias a Dios por la reciente canonización de su fundadora, Santa Bonifacia Rodríguez.
Zamora, 2/11/11. Si el pasado 23 de octubre todas las miradas se dirigieron a la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde Benedicto XVI declaró santa a la religiosa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, y el 30 de octubre el centro de atención estuvo en la Catedral de Salamanca, donde su Diócesis de origen agradeció la canonización, el tercer momento solemne tendrá lugar en la Catedral de Zamora, donde el próximo domingo 6 de octubre se celebrará una eucaristía solemne de acción de gracias a las 17,30 horas.
La eucaristía será presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, precisamente en la ciudad donde murió Santa Bonifacia en 1905. A ella están invitados todos los fieles zamoranos, y contará con la presencia del Consejo General de la congregación de las Siervas de San José, encabezado por su recientemente nombrada coordinadora general, la hermana Lillian Ocenar, de nacionalidad filipina.
Cerca de un centenar de zamoranos participaron el pasado 23 de octubre en los actos de la canonización de la Madre Bonifacia, comenzando la víspera con la vigilia de oración en la iglesia romana de San Ignacio y concluyendo con la Misa en la que fue declarada santa junto con los italianos Guido Maria Conforti y Luigi Guanella.
El 27 de marzo de 2010 Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el milagro atribuido a la intercesión de la entonces beata Bonifacia Rodríguez de Castro (1837-1905), fundadora de las Siervas de San José, y muy vinculada a la ciudad de Zamora, donde continuó con la congregación religiosa que había iniciado en Salamanca.
La Madre Bonifacia, como se la conoce en Zamora, fue beatificada por Juan Pablo II en Roma el 9 de noviembre de 2003. Fue una mujer que luchó por la educación de la mujer durante los últimos años del siglo XIX y tuvo mucho que ver con la ciudad de Zamora donde vivió entre 1883 y 1905, año en que falleció, siendo enterrada en el Cementerio “San Atilano” de la capital. Sus restos fueron trasladados en 1945 a Salamanca donde reposan, desde 1949, en un mausoleo construido en la capilla del Colegio de la Casa Generalicia de las Siervas de San José.
Actualmente, se encuentran en Zamora dos comunidades de las Siervas de San José: el Centro educativo concertado “Divina Providencia” situado en la Calle de la Reina, 9, en el mismo emplazamiento en el que la Madre Bonifacia tuvo su casa taller, y el Colegio “San José”, ubicado en la Avenida de Requejo, 5.
domingo, 23 de octubre de 2011
El obispo de Zamora en L’Osservatore Romano: “el encuentro con Cristo en el trabajo”
Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora, ha publicado en el diario de la Ciudad del Vaticano un artículo en el que presenta la vida y la espiritualidad de la recién canonizada Santa Bonifacia Rodríguez de Castro.
Roma, 23/10/11. El diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, ha publicado en su edición diaria de hoy un artículo del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, con motivo de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José.
En la página 7 del número 45.890 (se trata de un diario que cumplió 150 años) de L’Osservatore Romano se recogen tres artículos dedicados a los nuevos santos que han sido canonizados esta mañana por Benedicto XVI: Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y la Madre Bonifacia. El encargado de presentar la semblanza de la nueva santa española es, precisamente, el obispo de la Diócesis en la que murió en 1905.
En el artículo, titulado “Nel lavoro l’incontro con Cristo” (El encuentro con Cristo en el trabajo), el prelado recuerda cómo “en aquel lejano 25 de julio de 1883, dos mujeres de Salamanca, madre e hija, llegaron a la ciudad de Zamora con la esperanza de poder vivir con integridad la vocación consagrada a la que se sentían llamadas por Dios: perseverar como religiosas”. Aquel sencillo episodio constituyó “la aventura de dar vida a un nuevo carisma en la Iglesia”.
Gregorio Martínez Sacristán repasa en su artículo la trayectoria vital que llevó a la Madre Bonifacia de Salamanca a Zamora, donde hizo real su carisma fundacional: “vivir fraternalmente la oración y el trabajo, y acoger a las niñas y jóvenes sin trabajo, atendiéndolas con solicitud materna y educándolas para la vida de fe y laboriosidad, a través del Colegio de las Desamparadas”.
También el diario español La Razón ha dedicado un amplio espacio a la canonización de la Madre Bonifacia, con un artículo del obispo de Zamora que puede leerse aquí.
Zamora tiene una nueva santa
Benedicto XVI ha proclamado esta mañana en la Plaza de San Pedro tres nuevos santos, entre los que se encuentra la fundadora de las Siervas de San José, Bonifacia Rodríguez de Castro, nacida en Salamanca y muerta en Zamora. Ésta es la crónica de la celebración, de la que fueron testigos cerca de un centenar de zamoranos.
Roma, 23/10/11. Pasadas las 10 de esta mañana, el papa Benedicto XVI declaró santa a la religiosa salmantina Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José (SSJ), y que murió en la ciudad de Zamora en 1905. Por eso ha sido la Diócesis de Zamora el lugar donde se inició el proceso que ha culminado hoy con la solemne canonización.
En torno a las 8 de la mañana llegaban los zamoranos, repartidos en diversos grupos de toda España, a la Plaza de San Pedro, colocándose en las sillas habilitadas para la Misa presidida por el pontífice, en la que, junto a la fundadora de las SSJ, también ha canonizado a los beatos italianos Guido Maria Conforti y Luigi Guanella, también fundadores de congregaciones religiosas en el siglo XIX. Los tapices con el retrato de los tres colgaban desde hace varios días de los balcones de la fachada de la basílica que guarda los restos del principal de los apóstoles.
Como introducción a la celebración, en el tiempo de espera, se cantó el himno “Te alabamos, Trinidad” en los tres idiomas que se han utilizado (italiano, español, francés e inglés), y se leyeron los nombres de los tres beatos. Así escucharon los zamoranos el anuncio de la canonización: “Bonifacia Rodríguez de Castro, vergine, fondatrice della congregazione delle Serve di San Giuseppe”.
El esquema fue el mismo para los tres: en primer lugar, la lectura de un fragmento de los escritos. En el caso de la Madre Bonifacia, la SSJ española Sonia González, junto con un familiar de la beata y otras religiosas, leyó algunos pensamientos de la fundadora de las SSJ, encabezados por el canto su conocida frase “Anda buscando Jesús quien le ame, quien le siga. Si nosotras no seguimos sus huellas, ¿quién le seguirá?”.
En segundo lugar se rezó una oración agradeciendo a Dios el don de la Madre Bonifacia, “que, siguiendo a Jesús, trabajador de Nazaret, se encontró contigo en su trabajo cotidiano hermanado con la oración al servicio de la mujer trabajadora pobre. Que mirando a Nazaret, como ella, vivamos nuestro trabajo como un ámbito de experiencia de fe y en él tejamos relaciones humanizadoras y fraternas que potencien la dignificación de la persona, comprometiéndonos a favor de un mundo más justo y solidario”. En tercer lugar, hubo una pieza musical.
Ceremonia de canonización
Después de esta introducción, comenzó la eucaristía propiamente dicha, con el canto “Tu es Petrus”, interpretado por la escolanía, y la antífona de entrada “Laetetur cor”, cantada por todos los fieles. Muy cerca de los zamoranos pasó la procesión de entrada. Tras los acólitos y diáconos, pasaron los sacerdotes y obispos concelebrantes, entre los que se encontraban el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, y el vicario episcopal para la canonización, Juan Luis Martín Barrios, únicos zamoranos que concelebraron. Cerrando la procesión, Benedicto XVI, que bendecía a los fieles que ondeaban banderas y hacían fotografías a su paso.
Tras el acto penitencial, se inició el rito de la canonización. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, acompañado por los postuladores de los tres beatos, se dirigió al Papa pidiéndole “que inscriba a los beatos Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y Bonifacia Rodríguez de Castro en el catálogo de los santos, y como tales sean invocados por todos los cristianos”.
Por parte de la Madre Bonifacia acudió la SSJ gallega Victoria López Luaces, que durante estos años ha coordinado el proceso de beatificación y canonización, como postuladora de la congregación religiosa. Acto seguido, el cardenal Amato leyó una breve biografía de cada uno de los beatos, destacando el “proyecto de vida religiosa inédita” de Bonifacia “en el difícil contexto del inicio de la revolución industrial española, cuando las mujeres comenzaban a trabajar fuera de sus casas”. Terminó su perfil biográfico señalando que “murió en Zamora el 8 de agosto de 1905 con fama de santidad”.
Benedicto XVI introdujo el canto de las letanías de los santos, “para que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente y la luz de Cristo resplandezca en la Iglesia, que proclama la santidad de algunos de sus hijos”. Acto seguido, tuvo lugar el momento central del rito: el obispo de Roma pronunció la fórmula de canonización:
“Para honor de la Santísima Trinidad, la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado el auxilio divino y escuchado el parecer de muchos hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y Bonifacia Rodríguez de Castro, y los inscribimos en el catálogo de los santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean honrados devotamente entre los santos”.
La asamblea contestó cantando por tres veces “Amén”, como afirmación creyente a este momento fundamental en el que la Iglesia proclama solemnemente que los nombrados gozan ya de la gloria del cielo, y representantes de las congregaciones fundadas por los ya nuevos santos se acercaron en procesión al Papa para ofrecerle sendos relicarios. También en este momento los fieles contestaron cantando “Aleluya”. Acompañado otra vez por los tres postuladores, el cardenal Amato se dirigió a Benedicto XVI para agradecerle la canonización, y para solicitar la promulgación de la Carta Apostólica de la canonización, a lo que el Papa contestó: “lo ordenamos”. Tras un abrazo al Santo Padre, continuó la eucaristía con el canto del Gloria.
Benedicto XVI: Bonifacia, “modelo en el que resuena el trabajo de Dios”
En la Liturgia de la Palabra se proclamaron las lecturas correspondientes al XXX domingo del tiempo ordinario, con la peculiaridad de cantar el evangelio en latín y en griego, por sendos diáconos de ritos católicos diversos. Tras bendecir a la asamblea con evangeliario, Benedicto XVI pronunció su homilía. En el inicio se refirió a la celebración de la jornada misionera mundial en este 23 de octubre. Ocasión a la que se unen en la alegría y acción de gracias las tres canonizaciones.
El Papa comentó las lecturas destacando el amor como centro de toda la ley de Dios, y la importancia de que Cristo ocupe el corazón de los creyentes, basándose en el “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”, ya que “el signo visible del amor de Dios que el cristiano puede mostrar al mundo es el amor al prójimo”. Acto seguido, explicó cómo se encarnó esto en la vida concreta de los tres nuevos santos, terminando con la Madre Bonifacia, utilizando el español.
Según Benedicto XVI, la segunda lectura “puede aplicarse a las virtudes de Santa Bonifacia Rodríguez de Castro”. La fundadora “supo aunar su seguimiento de Jesucristo con el esmerado trabajo cotidiano”, y “así nacen las Siervas de San José, en medio de la humildad y sencillez evangélica”. Ella, “que se consagra con ilusión al apostolado, vive también la experiencia del abandono, del rechazo precisamente de sus discípulas, y en ella aprende una dimensión del seguimiento de Cristo: la cruz”.
El Papa continuó diciendo que “la nueva santa se nos presenta como modelo acabado en el que resuena el trabajo de Dios, un eco que llama a sus hijas, las Siervas de San José, y también a todos nosotros, a acoger su testimonio y la alegría del Espíritu Santo sin temer la contrariedad, anunciando a todos la Buena noticia del Reino de Cristo”.
El pontífice concluyó sus palabras sobre la Madre Bonifacia proponiéndola como intercesora para el mundo laboral: “Nos encomendamos a su intercesión, y encomendamos a Dios a todos los trabajadores, sobre todo a los que desempeñan los trabajos más modestos, para que en medio de su quehacer diario descubran la mano amiga de Dios y den testimonio del amor de Dios, transformando su cansancio en canto de alabanza a Dios”.
Tras la homilía continuó la eucaristía de forma ordinaria, y al término de la misma el Papa dirigió su alocución a los presentes, que ya rompieron la formalidad de la liturgia para responder a los saludos con aplausos y el ondear de banderas. “Saludo muy cordialmente a los peregrinos de lengua española”, y a continuación, “saludo en particular a las Siervas de San José, que tienen el gran gozo de ver reconocida por la Iglesia universal la santidad de su fundadora”, deseando su intercesión y terminando con un “¡muchas gracias!”.
La celebración concluyó con el rezo del Ángelus, tras el cual los zamoranos volvieron a reunirse a la salida de la Plaza de San Pedro, para dirigirse a la comida de confraternización organizada para continuar con la fiesta por la canonización de la Madre Bonifacia.
Álbum fotográfico de la Misa de canonización:
https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaMisa
Vídeo de la ceremonia:
http://player.rv.va/vaticanplayer.asp?language=it&tic=VA_GMMQWAM5
Homilía de Benedicto XVI:
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2011/index_sp.htm
sábado, 22 de octubre de 2011
Una vigilia de oración preparó la canonización de la Madre Bonifacia
Más de mil fieles se reunieron esta tarde en la iglesia de San Ignacio, en Roma, para la ceremonia de acogida y vigilia de oración que tuvo lugar como preparación para la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro.
Roma, 22/10/11. Después de su llegada a Roma ayer, viernes 21, los integrantes de la Diócesis de Zamora que participarán en la canonización de la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José (SSJ), han tenido tiempo para visitar algunas de las basílicas mayores de la ciudad, además de otros monumentos emblemáticos.
El primero de los actos conmemorativos fue, a primera hora de la tarde de hoy, la acogida de los peregrinos y Vigilia de oración como preparación para la Misa de canonización. Se celebró en la céntrica iglesia jesuítica de San Ignacio de Loyola, y fue cuidadosamente preparada y realizada por las SSJ. La iglesia se llenó con más de un millar de fieles, y estuvieron presentes los obispos de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, y de Salamanca, Carlos López.
La Diócesis de Zamora y las SSJ estuvieron representadas por la comitiva de los zamoranos que se unió por primera vez, ya que está repartida en varios grupos de peregrinos de toda España. En la celebración, además del obispo, estuvieron presentes su secretario particular, Esteban Vicente; el delegado episcopal para la canonización, Juan Luis Martín; el delegado de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría; y los párrocos de la capital Jesús Campos y Plácido Isidro.
Los momentos previos al inicio de la vigilia fueron de saludos y reencuentros, ya que había muchas religiosas que hacía tiempo que no se veían, incluso años. Muchas SSJ que habían estado en Zamora y que tienen actualmente otros destinos se acercaron a saludar a los zamoranos. Y también hubo ocasión de saludar al que fuera secretario particular del obispo zamorano fallecido Eduardo Poveda, el sacerdote valenciano Ramón Fita.
Tras una monición de entrada, hubo una ofrenda de flores, una vela encendida y un recipiente con tierra traída de Zamora y Salamanca ante un cuadro de la Madre Bonifacia. A continuación, durante un rato fueron pasando, país por país, representantes de todos los lugares del mundo adonde ha llegado la obra de la fundadora, por este orden: Congo, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Perú, Filipinas, Papúa-Nueva Guinea, Vietnam, España e Italia. De cada nación se ofrecía una pequeña bandera, una vela encendida y un recipiente con tierra del país, mientras se escuchaba una pieza musical representativa y se proyectaban fotografías.
El siguiente momento introductorio fue el turno de saludos, que comenzó con un representante de los Laicos Josefinos, el movimiento seglar asociado a las SSJ, y que destacó a Bonifacia como referente de espiritualidad laical. La segunda en intervenir fue la superiora de las Hijas de San José, congregación hermana de la que está presente en Zamora, y que afirmó: “hoy la Iglesia reconoce en Bonifacia la testigo fiel de Jesús, que entregó su vida en aparente fracaso, que sólo puede vivir una persona realmente enamorada”. Por su parte, la coordinadora general de las SSJ, la filipina Lillian Ocenar, señaló que “hoy, el taller de Bonifacia se convierte para nosotros en lugar sagrado”.
Después se interpretó el canto “Así era Bonifacia”, y la vigilia se distribuyó en tres momentos. El primero, titulado “He visto al que me ve”, tuvo lugar mientras se proyectaba la imagen de Agar, esclava de Abrahán que le dio descendencia. Una meditación dialogada destacó después cómo “muchas mujeres necesitan espacios de liberación en donde encontrarse con su propia verdad y su propia palabra. Muchas mujeres claman, desde todos los desiertos del mundo, una mirada y una palabra que las recupere de la postración”.
Frente a esta situación, se destacó a continuación la figura de la Madre Bonifacia, como respuesta: “ella se hizo eco de la mirada compasiva de Dios y se comprometió con un proyecto cargado de utopía, diciendo sí a crear en su pequeño taller un espacio de dignificación y liberación para la mujer trabajadora pobre”. Un canto y una plegaria realizada por toda la asamblea concluyó este primer momento de la vigilia.
La segunda parte del encuentro, titulada “He visto al Señor y me ha dicho esto”, partió de la imagen de María Magdalena, y tras la lectura bíblica se comentó que “como Magdalena, estamos llamados a ser fuente de esperanza e impulso para otros”. Siguiendo el mismo esquema del momento anterior, se presentó a Bonifacia como “paradigma de Nazaret y arcoíris para la historia de todo hombre y mujer que quiera hacer de lo cotidiano su compromiso”.
En el tercer momento de la vigilia, como no podía ser de otra manera, la protagonista fue la Virgen María, que “nos invita a descubrir que el poder de Dios no está en el número ni su imperio en los guerreros, que es el Dios de los humildes, socorredor de los pequeños, protector de los débiles, defensor de los desanimados, salvador de los desesperados”.
Peregrinación
Un hecho importante de la peregrinación es que están presentes, junto con los zamoranos, 13 Hijas de San José, representantes de la otra congregación femenina que fundó el jesuita Francisco Butinyá en la provincia de Gerona tras haber fundado con la Madre Bonifacia las SSJ. En uno de los autobuses de la comitiva zamorana viaja la superiora de esta institución religiosa, la hermana Benita de la Cuerda, que fue la que intervino con un saludo al comienzo de la celebración vespertina.
Tras la oración, los peregrinos zamoranos volvieron a realizar algunas visitas en la ciudad eterna, para regresar después al hotel, ya que el día siguiente traerá consigo madrugar para poder acudir pronto a la Plaza de San Pedro, para el momento más esperado: la Misa en la que Benedicto XVI incluirá a Bonifacia Rodríguez de Castro en el catálogo de los santos.
Álbum fotográfico del viernes 21 (viaje de Zamora a Roma y primeras visitas):
https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaViernes21
Álbum fotográfico del sábado 22 (con la vigilia):
https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaSabado22
Palabras de bienvenida de la coordinadora general de las SSJ en la vigilia:
https://skydrive.live.com/?cid=3ff07972faa26064&permissionsChanged=1&id=3FF07972FAA26064%21216#
jueves, 20 de octubre de 2011
La Madre Bonifacia, obrera y santa
Benedicto XVI canonizará el próximo 23 de octubre a la trabajadora salmantina Bonifacia Rodríguez de Castro (1837-1905), fundadora de la congregación de las Siervas de San José. Reproducimos a continuación el artículo publicado en Ecclesia nº 3592 (15/10/11), pp. 18-21.
El pasado 21 de febrero, en el Colegio de las Siervas de San José de la calle La Reina (Zamora) se congregaban los medios de comunicación para recibir la noticia de que esa misma mañana el papa Benedicto XVI había anunciado en el Consistorio Ordinario Público la canonización de la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, junto con otros dos fundadores contemporáneos de Bonifacia: Guido Maria Conforti y Luigi Guanella. Así, el 23 de octubre de 2011 culmina el proceso de declaración de su santidad. Como señalaba el entonces vicario general de la Diócesis de Zamora, Juan Luis Martín Barrios, “ella, con su carisma que se refiere al mundo trabajador y pobre, sobre todo para acompañar a las chicas necesitadas de aquel tiempo, es un don para nosotros”.
La Madre Bonifacia, como se la conoce familiarmente en su congregación y en las ciudades de Zamora y Salamanca, fue beatificada por Juan Pablo II en Roma el 9 de noviembre de 2003. El tiempo que ha mediado entre los dos pasos del reconocimiento eclesial de santidad ha sido realmente breve, y se ha debido a la demostración de un milagro que le sucedió en la República Democrática del Congo en 2003 al comerciante Kasongo Bavon, de 33 años. De familia no católica, sanó de forma inexplicable cuando estaba a punto de morir. Permanecía ingresado en el hospital de Kayeye, que dirigen las religiosas fundadas por Bonifacia, y todas ellas lo encomendaron a su intercesión. El 27 de marzo de 2010 el Papa autorizó la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el milagro atribuido a la beata española.
¿Quién fue Bonifacia?
Bonifacia Rodríguez de Castro nació en el casco viejo de Salamanca en 1837, en el seno de una humilde familia de artesanos. Con quince años tuvo que ayudar al sostenimiento de su familia tras la muerte de su padre, y trabajó como cordonera, experimentando entonces las duras condiciones del trabajo en aquel siglo XIX. Poco después abrió su propio taller, donde empezaron a reunirse varias mujeres entremezclando la amistad y la vida de piedad, vinculadas espiritualmente a los jesuitas de la Clerecía y con aspiraciones a la consagración religiosa. Este grupo se constituyó como Asociación Josefina, y bajo la dirección del jesuita catalán Francisco Butinyà, cuyo encuentro con Bonifacia dio el fruto de la fundación de una nueva congregación femenina, atenta a las necesidades de su tiempo: las Siervas de San José (SSJ).
El entonces obispo de Salamanca, Joaquín Lluch y Garriga, aprobó esta fundación en 1874, y echó a andar como una pequeña comunidad de seis mujeres de la ciudad, entre las que se encontraban Bonifacia y su madre. Según sus primeros estatutos, las SSJ tenían la triple misión de hermanar oración y labor, acoger a las mujeres pobres desempleadas y promover la industria. Toda una muestra de preocupación por la cuestión social, que bullía en la Iglesia de aquel tiempo y que cristalizaría más tarde a nivel de magisterio universal en la encíclica Rerum novarum de León XIII (1891). Las comunidades de esta nueva congregación, formada por artesanas que continuaban con la labor ya aprendida, empezaron a denominarse Talleres de Nazaret, “siendo su modelo y ejemplo aquella pobre morada donde Jesús, María y José ganaban el propio sustento con su trabajo y el sudor de su rostro”, tal como explicaban las Constituciones.
La Madre Bonifacia fue una firme defensora de la dignidad de la mujer, procurando su instrucción profesional y preocupándose por las mujeres que podían sufrir menoscabo en su integridad o vivían ya en la marginación. Como explica en su reciente carta pastoral el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, “el propósito de Bonifacia es ayudar a las mujeres pobres para que se formaran convenientemente con vistas a que pudieran acceder a un trabajo fuera del hogar obteniendo una remuneración para sus necesidades vitales”, uniendo capacitación profesional y educación en la fe.
Entre Salamanca y Zamora
Tres meses después de la fundación, Butinyà tuvo que dejar Salamanca, y al año siguiente fue nombrado un nuevo obispo para la diócesis, quedándose Bonifacia como superiora de la comunidad, y sola desde el punto de vista eclesiástico. Entonces empezaron a llegar los problemas en torno al carisma de la congregación, con ataques externos que desprestigiaban a la fundadora. El día de la Presentación del Señor de 1876 hizo su profesión religiosa, en medio de este clima crítico para los inicios de las SSJ. Más tarde viajó a Gerona para acompañar al jesuita en la fundación de varios Talleres de Nazaret y en su unión a los salmantinos, período en el que se realiza en Salamanca su destitución como superiora y el nombramiento de una nueva. Ante toda esta hostilidad y continuas humillaciones, sufriendo en silencio y con mansedumbre evangélica, solicita al obispo salir de la ciudad para fundar en otro lugar.
En 1883, el entonces obispo de Zamora, Tomás Belestá y Cambeses, le dio permiso para abrir un Taller de Nazaret en la ciudad, cambiando varias veces de residencia hasta que en 1889 el obispo les dio una casa en la calle La Reina, junto a la Plaza Mayor. Allí Bonifacia y sus pocas compañeras volvieron a dedicarse a su labor de educar a las chicas pobres en las labores del hogar, un oficio y la vida cristiana. Como ya se afirmó entonces, “ejercía la caridad con las jóvenes que, desprovistas de casa para servir, corrían el riesgo de perderse, y cuya obra apostólica sostuvieron con el producto de su trabajo y con las limosnas que recogían en la ciudad y en los pueblos”.
En todo este tiempo, en Salamanca se borró la memoria de la Madre Bonifacia, y se distanciaron del carisma fundacional, orientándose a una enseñanza menos revolucionaria y despreciando la fundación zamorana. Cuando León XIII aprobó en 1901 la congregación de las SSJ le llegó el dolor de no ver a Zamora incluida en el Decreto ni ella reconocida como fundadora. Intentó hablar con las religiosas salmantinas, pero nunca fue recibida. En medio de esta situación, y dedicada al trabajo con sus hermanas, murió el 8 de agosto de 1905, en su casa-taller de la ciudad del Duero, acompañada por la comunidad. Fue enterrada en el Cementerio “San Atilano”, hasta que sus restos fueron trasladados en 1945 a Salamanca, donde reposan en la capilla del Colegio de la Casa Generalicia de las SSJ.
Este traslado se debe a la recuperación de la memoria que tuvo lugar en el seno de la congregación. La Madre Bonifacia había indicado a sus hermanas que la unificación de las comunidades de Zamora y Salamanca tendría lugar “cuando yo muera”. Y así fue: en 1907, dos años después de su fallecimiento, la casa de Zamora se incorporó a las SSJ. Tendría que pasar mucho tiempo para que se recordara su figura como fundadora del instituto. Y pudo hacerse gracias a que una SSJ compañera de Bonifacia, Socorro, escribió su vida y guardó algunos de sus objetos personales, escondiéndolo todo en un agujero que hizo en la capilla de Zamora. En 1936 otra religiosa desveló la existencia de este tesoro, y se rehízo la memoria de la santa despreciada.
Su carisma y espiritualidad
Como en la figura de cualquier fundador, no pueden separarse vida y carisma, experiencia y espiritualidad. La biografía oficial de la beata Bonifacia elaborada por la Santa Sede concluye diciendo, tras su muerte, lo siguiente: “cuando su vida se apaga, escondida y fecunda como grano de trigo echado en el surco, Bonifacia Rodríguez deja como herencia a toda la Iglesia: el testimonio de su fiel seguimiento de Jesús en el misterio de su vida oculta en Nazaret, una vida trasparentemente evangélica, y un camino de espiritualidad, centrado en la santificación del trabajo hermanado con la oración en la sencillez de la vida cotidiana”. Una síntesis perfecta que podemos desgranar un poco.
Según la postuladora de la causa, la religiosa Victoria López, Bonifacia, “dotada de extraordinario olfato evangélico, distingue los caminos de Dios y los humanos, optando libre y claramente por los primeros sin vacilación alguna, con total resolución y seguridad, sin titubeos, a lo largo de toda la vida”. Aunque no se conservan apenas palabras de la salmantina, son “las suficientes para encontrar en ellas semillas de vida”. En su contacto con Butinyà imprimió a su fundación el paradigma ignaciano de la contemplación en la acción: “hallar a Dios en todas las cosas, y todas las cosas en Dios”, uniendo esto a la centralidad de la Sagrada Familia como espacio privilegiado de la Encarnación.
Toda su espiritualidad parte del amor a Dios, Padre providente, a quien “quería complacer en todo”, cuidando la oración y la contemplación, especialmente ante Jesús crucificado. No cabe duda de que las largas horas de silencio ante la cruz fueron las que sostuvieron su peculiar participación en la Pasión de Cristo a través de las humillantes experiencias posteriores a la fundación de las SSJ. De hecho, una de las notas principales de su espiritualidad fue el silencio, y “por medio del silencio Bonifacia alcanzó el manantial para la alegría”, como afirma la carta pastoral de monseñor Martínez Sacristán.
Y desde el amor a Dios vivido en el silencio, el amor a los hermanos desde las claves de la acogida, la misericordia, la humildad, el perdón y el servicio. Su sensibilidad por los necesitados marcó su vida y determinó su vocación, orientándola al complejo mundo laboral del siglo XIX. El mismo Juan Pablo II afirmó en la homilía de la Misa de beatificación: “siendo ella misma trabajadora, percibió los riesgos de esta condición social en su época. En la vida sencilla y oculta de la Sagrada familia de Nazaret encontró un modelo de espiritualidad del trabajo, que dignifica a la persona y hace de toda actividad, por humilde que parezca, un ofrecimiento a Dios y un medio de santificación”.
Su amor y fidelidad a la Iglesia se expresan en su vida a la par que su “maternidad” sobre la congregación que fundó. Por eso observamos en ella la humilde obediencia a los obispos a pesar de los sufrimientos que le acarrearía, y la paciencia y actitud reconciliadora ante el desprecio mostrado por sus propias hermanas, a las que quería como hijas.
Desde todo esto, el carisma fundacional no puede ser otro que el de aprender a vivir de la Sagrada Familia, escuela donde se descubre la unidad entre oración y trabajo. Jesús, en el taller de Nazaret, es modelo de humildad y mansedumbre evangélicas; María es ejemplo de consagración a Dios y santidad; José es referente de profesionalidad, fidelidad y vida interior. Sólo mirando a este triple icono puede entenderse la experiencia de humillación y silencio de la Madre Bonifacia, su ausencia de protagonismo, su serenidad y la profunda alegría interior que capacita para vivir cualquier situación adversa.
La herencia de la Madre Bonifacia
La congregación de las SSJ, fiel al legado de su fundadora, intenta encarnar en su vida la unidad profunda de contemplación y acción. Con su actividad evangelizadora entre los más jóvenes recuerdan que el trabajo no sólo ha de dignificar al hombre, sino que puede santificarlo. Sencillez, laboriosidad y caridad serán las vías para seguir este trayecto, el de la educación en un ámbito que es, a la vez, hogar, escuela y taller. Su atención principal hoy se dirige a las mujeres pobres sin trabajo.
Las 599 SSJ que hay en la actualidad están presentes en América (Cuba, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Chile), Europa (España e Italia), África (Congo), Asia (Vietnam y Filipinas) y Oceanía (Papúa Nueva Guinea). Recientemente han tenido un Capítulo tras el que se ha estrenado un nuevo modelo orgánico de gobierno de la congregación, más participativo, presidido por una coordinadora general filipina, Lillian Ocenar. Además, con las consagradas comparten el carisma los llamados Laicos Josefinos, que se consideran miembros de la misma familia religiosa.
Luis Santamaría del Río
Delegado de Medios de Comunicación de la diócesis de Zamora
martes, 18 de octubre de 2011
Zamora prepara la canonización de Bonifacia con una vigilia

El miércoles 19 la iglesia de San Juan acogerá una Vigilia Diocesana de Oración a las 19,30 h. como preparación de la próxima canonización de la Madre Bonifacia, y el 6 de noviembre habrá una Eucaristía de acción de gracias en la Catedral.
Zamora, 18/10/11. Con motivo de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, que tendrá lugar en la eucaristía que presidirá el papa Benedicto XVI el próximo domingo 23 de octubre en la Plaza de San Pedro de Roma, la Diócesis de Zamora ha programado unos actos de culto que sirvan a los fieles para participar de este importante acontecimiento aunque no acudan a la ceremonia.
La semana pasada ya tuvo lugar un encuentro de oración para los consagrados, que se reunieron en la capilla del Colegio “Divina Providencia” para compartir el rezo de Vísperas, con la asistencia de los diversos institutos de vida consagrada que están presentes en la Diócesis.
Por otra parte, a nivel general se ha convocado una Vigilia Diocesana de Oración, que tendrá lugar el próximo miércoles 19 de octubre a las 19,30 horas en la céntrica iglesia parroquial de San Juan de Puertanueva, a la que pertenece territorialmente el colegio en el que habitó la Madre Bonifacia durante su estancia en Zamora.
Como suele ser habitual cuando se proclama la santidad de alguien de la tierra, la Diócesis de Zamora celebrará una Eucaristía solemne de acción de gracias, que será presidida por el obispo Gregorio Martínez Sacristán el domingo 6 de noviembre a las 17,30 h. en la S.I. Catedral.
Estas convocatorias se suman a la participación diocesana que habrá en la canonización de la Madre Bonifacia, y que se concentrará en una peregrinación que se iniciará el viernes 21 y volverá de Roma el lunes 24, y en la que un nutrido grupo de zamoranos, unidos a las Siervas de San José, celebrarán este acontecimiento.
Sólo Dios basta

ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Celebrábamos ayer fiesta grande en el Carmelo de Toro y, en realidad, en toda la Iglesia universal: Santa Teresa de Jesús. Hacer memoria de ella es tanto como recordarnos la necesidad que tenemos de una vida enraizada en Dios, en oración continua, tratando de amistad con aquel que sabemos que nos quiere sin medida. No sólo las hijas de la Orden Carmelitana, todas las comunidades contemplativas nos enseñan, desde el silencio de la clausura, que sólo en el encuentro amistoso nos encontramos con nosotros mismos y con el que es nuestro principio y fundamento; sólo en el encuentro orante se desvanecen tensiones y cansancios; sólo en el encuentro personal con el Absolutamente Otro encuentra uno alivio y paz.
Por eso quisiera que este espacio de hoy sea reconocimiento agradecido a toda esa gran riqueza escondida que forman las dieciséis comunidades sembradas en diversos lugares de nuestra geografía diocesana. Y nada menos que cinco de ellas plantadas desde hace siglos como las mejores cepas de esta parcela de la viña del Señor en Toro: Carmelitas, Clarisas, Dominicas, Sofías y Mercedarias. Todas ellas justamente veneradas hasta por el toresano más «carámbano» que pueda haber, si lo hay. Todas ellas son «oasis» en el desierto del vacío, la superficialidad, las prisas y el materialismo en el que, a menudo, nos movemos en nuestro mundo.
El último botón de muestra es que más de noventa jóvenes católicos ingleses, acogidos en las parroquias de Toro en los días previos a la JMJ, han podido disfrutar igualmente del testimonio orante, sencillo y alegre de estas mujeres de Dios en los diversos encuentros que hemos mantenido. Todo un descubrimiento para nuestros peregrinos y también un toque de atención para nosotros ya que nunca deberíamos acostumbrarnos demasiado a estos faros que nos recuerdan calladamente lo esencial, lo definitivo, lo eterno. Las contemplativas no nos enseñan tanto cosas sobre Dios cuanto que nos lanzan a mirar hacia Él advirtiéndonos que todo lo demás es flor de un día, que «sólo Dios basta» porque sólo Dios es Dios y no hay ninguna otra cosa o persona que pueda sustituirlo. Todo lo bueno es reflejo de Él; todo lo malo nada tiene que ver ni hacer con Él. Es más, decía K. Barth, «que está mal, el mundo lo sabe ya; pero no sabe que, por los cuatro costados, está en las buenas manos de Dios».
Somos muchos los que nos sentimos muy agradecidos porque el testimonio fiel de estas santas mujeres está gritando que Dios no empobrece sino que enriquece; que no ata sino que te hace más libre; que no infantiliza sino que te hace más maduro; que no te empequeñece, sino que te eleva, te potencia y te conduce hacia una vida plena y mejolor.
sábado, 1 de octubre de 2011
La Diócesis de Zamora acudirá a la canonización de la Madre Bonifacia

Un grupo de la Diócesis de Zamora viajará a Roma con las Siervas de San José para asistir, el próximo 23 de octubre, a la canonización de su fundadora, la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, que será presidida por el Papa en la Plaza de San Pedro. Los actos en los que participarán los zamoranos, presididos por el obispo, comenzarán con una vigilia el sábado 22 en la iglesia romana de San Ignacio de Loyola.
Zamora, 1/10/11. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, presidirá el grupo de zamoranos que acudirán a Roma el próximo domingo 23 de octubre para participar en la ceremonia de canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, cuyo proceso de beatificación y canonización se ha realizado en Zamora, por ser la Diócesis en la que murió, en 1905.
Junto al prelado, otros muchos zamoranos viajarán a la ciudad eterna para celebrar este acontecimiento que presidirá Benedicto XVI, con la eucaristía en la Plaza de San Pedro. Entre ellos se encuentran, por supuesto, las Siervas de San José, y antiguos alumnos de sus colegios en la capital. También viajarán el delegado de Catequesis, Juan Luis Martín Barrios, y el delegado de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría, además del párroco de San Juan y San Vicente, Plácido Isidro, y otros sacerdotes diocesanos.
El desplazamiento a Roma, organizado por la Agencia de Viajes El Corte Inglés, tendrá lugar el viernes 21. Habrá varias visitas por la ciudad, con especial hincapié en las basílicas mayores de Santa María la Mayor y de San Juan de Letrán (catedral de la urbe). El sábado 22 se celebrará una vigilia de oración con motivo de la canonización en la iglesia de San Ignacio de Loyola, tras la acogida de los peregrinos, a las 16 horas.
Por fin, el domingo 23 será el gran día de la canonización de la Madre Bonifacia. A las 10 horas comenzará la eucaristía solemne, presidida por Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro, delante de la fachada realizada por Maderno para la basílica que guarda los restos del principal de los apóstoles. En la misma celebración serán declarados santos, junto a la Madre Bonifacia, los beatos italianos Luigi Guanella, fundador de dos congregaciones que trabajan con marginados, y Guido Maria Conforti, fundador de los Misioneros Javerianos.
Con la canonización, la ahora beata Bonifacia Rodríguez de Castro será incluida en la lista o canon de los santos de la Iglesia (de allí el nombre de canonización). Para este paso ha sido necesario el reconocimiento de un milagro ocurrido después de su beatificación, como así ha sucedido con una curación inexplicable en el Congo. La canonización compromete la infalibilidad pontificia. Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.
Tras la eucaristía de la canonización, el grupo de zamoranos se reunirá con peregrinos de otros lugares que también participan de este viaje colectivo para celebrar la canonización de la fundadora de las Siervas de San José, y tendrá lugar un almuerzo de confraternidad. Por último, el lunes 24 está previsto el regreso en avión de los fieles zamoranos.





