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lunes, 7 de noviembre de 2011

Obispo de Zamora: “Santa Bonifacia estuvo llena de Dios”


Zamora, 7/11/11. Ayer, domingo 6 de noviembre el obispo, Gregorio Martínez Sacristán, presidió en la Catedral la eucaristía de acción de gracias por la reciente canonización de la Madre Bonifacia. El primer templo de la Diócesis volvió a abarrotarse para honrar a la fundadora de las Siervas de San José, que desempeñó en Zamora la mayor parte de su obra. Un trabajo que reconoció Martínez Sacristán en su homilía: “una pobre cordonera que estaba llena de Dios, rebosante de Dios”, y así precisamente alcanzó la santidad.

El obispo recordó que la santidad “está el alcance de todos”, pero para llegar a ella hay que estar “lleno de Dios” como le ocurrió a santa Bonifacia, “que colocó al Señor y a Nazaret en el centro de su vida”. A las Siervas de San José, presentes en la misa, también se dirigió el prelado: “no cambiéis esta joya por otras más atractivas, pero también más engañosas y mentirosas porque al final no tienen ningún futuro”.

Alentó a las hermanas de la congregación a que sigan adelante con su labor a pesar “de que la media de edad sea alta”, porque Bonifacia también se fijó en el silencio de Nazaret y allí encontró su camino. “A pesar de lo poco que se habla de Nazaret en el Evangelio, Bonifacia se dejó interpelar por él y en ese silencio vio la compasión”, resaltó el obispo.

La vivencia “profunda” de la compasión ayudó a la santa a “aguantar todo lo que aguantó”, y ese comportamiento ha de ser “un ejemplo a seguir” para todos. Nuestro obispo destacó que “no encontraremos la compasión si no somos capaces de mirar al Señor que dio la vida por nosotros sin decir nada”, al igual que hizo Bonifacia, aguantando las humillaciones por la mujer, a la que ayudó sin condiciones. Ahora hay que seguir el camino que la santa marcó

La eucaristía contó con la presencia del Consejo General de las Siervas de San José, presidido por su coordinadora general, la filipina Lillian Ocenar. Después de la celebración hubo un ágape en el Colegio Divina Providencia, justamente la casa en la que vivió Santa Bonifacia, en la Calle La Reina de la capital.

Álbum fotográfico de la celebración en:

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/MisaDeAccionDeGraciasPorLaCanonizacionDeSantaBonifacia

jueves, 3 de noviembre de 2011

Zamora agradece la canonización de Santa Bonifacia con una Misa solemne en la Catedral


La Catedral de Zamora acogerá el próximo domingo 6 de noviembre a las 17,30 horas una eucaristía solemne presidida por el obispo y en la que toda la Diócesis se unirá a las Siervas de San José para dar gracias a Dios por la reciente canonización de su fundadora, Santa Bonifacia Rodríguez.

Zamora, 2/11/11. Si el pasado 23 de octubre todas las miradas se dirigieron a la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde Benedicto XVI declaró santa a la religiosa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, y el 30 de octubre el centro de atención estuvo en la Catedral de Salamanca, donde su Diócesis de origen agradeció la canonización, el tercer momento solemne tendrá lugar en la Catedral de Zamora, donde el próximo domingo 6 de octubre se celebrará una eucaristía solemne de acción de gracias a las 17,30 horas.

La eucaristía será presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, precisamente en la ciudad donde murió Santa Bonifacia en 1905. A ella están invitados todos los fieles zamoranos, y contará con la presencia del Consejo General de la congregación de las Siervas de San José, encabezado por su recientemente nombrada coordinadora general, la hermana Lillian Ocenar, de nacionalidad filipina.

Cerca de un centenar de zamoranos participaron el pasado 23 de octubre en los actos de la canonización de la Madre Bonifacia, comenzando la víspera con la vigilia de oración en la iglesia romana de San Ignacio y concluyendo con la Misa en la que fue declarada santa junto con los italianos Guido Maria Conforti y Luigi Guanella.

El 27 de marzo de 2010 Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el milagro atribuido a la intercesión de la entonces beata Bonifacia Rodríguez de Castro (1837-1905), fundadora de las Siervas de San José, y muy vinculada a la ciudad de Zamora, donde continuó con la congregación religiosa que había iniciado en Salamanca.

La Madre Bonifacia, como se la conoce en Zamora, fue beatificada por Juan Pablo II en Roma el 9 de noviembre de 2003. Fue una mujer que luchó por la educación de la mujer durante los últimos años del siglo XIX y tuvo mucho que ver con la ciudad de Zamora donde vivió entre 1883 y 1905, año en que falleció, siendo enterrada en el Cementerio “San Atilano” de la capital. Sus restos fueron trasladados en 1945 a Salamanca donde reposan, desde 1949, en un mausoleo construido en la capilla del Colegio de la Casa Generalicia de las Siervas de San José.

Actualmente, se encuentran en Zamora dos comunidades de las Siervas de San José: el Centro educativo concertado “Divina Providencia” situado en la Calle de la Reina, 9, en el mismo emplazamiento en el que la Madre Bonifacia tuvo su casa taller, y el Colegio “San José”, ubicado en la Avenida de Requejo, 5.

domingo, 23 de octubre de 2011

El obispo de Zamora en L’Osservatore Romano: “el encuentro con Cristo en el trabajo”


Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora, ha publicado en el diario de la Ciudad del Vaticano un artículo en el que presenta la vida y la espiritualidad de la recién canonizada Santa Bonifacia Rodríguez de Castro.

Roma, 23/10/11. El diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, ha publicado en su edición diaria de hoy un artículo del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, con motivo de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José.

En la página 7 del número 45.890 (se trata de un diario que cumplió 150 años) de L’Osservatore Romano se recogen tres artículos dedicados a los nuevos santos que han sido canonizados esta mañana por Benedicto XVI: Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y la Madre Bonifacia. El encargado de presentar la semblanza de la nueva santa española es, precisamente, el obispo de la Diócesis en la que murió en 1905.

En el artículo, titulado “Nel lavoro l’incontro con Cristo” (El encuentro con Cristo en el trabajo), el prelado recuerda cómo “en aquel lejano 25 de julio de 1883, dos mujeres de Salamanca, madre e hija, llegaron a la ciudad de Zamora con la esperanza de poder vivir con integridad la vocación consagrada a la que se sentían llamadas por Dios: perseverar como religiosas”. Aquel sencillo episodio constituyó “la aventura de dar vida a un nuevo carisma en la Iglesia”.

Gregorio Martínez Sacristán repasa en su artículo la trayectoria vital que llevó a la Madre Bonifacia de Salamanca a Zamora, donde hizo real su carisma fundacional: “vivir fraternalmente la oración y el trabajo, y acoger a las niñas y jóvenes sin trabajo, atendiéndolas con solicitud materna y educándolas para la vida de fe y laboriosidad, a través del Colegio de las Desamparadas”.

También el diario español La Razón ha dedicado un amplio espacio a la canonización de la Madre Bonifacia, con un artículo del obispo de Zamora que puede leerse aquí.

Zamora tiene una nueva santa


Benedicto XVI ha proclamado esta mañana en la Plaza de San Pedro tres nuevos santos, entre los que se encuentra la fundadora de las Siervas de San José, Bonifacia Rodríguez de Castro, nacida en Salamanca y muerta en Zamora. Ésta es la crónica de la celebración, de la que fueron testigos cerca de un centenar de zamoranos.

Roma, 23/10/11. Pasadas las 10 de esta mañana, el papa Benedicto XVI declaró santa a la religiosa salmantina Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José (SSJ), y que murió en la ciudad de Zamora en 1905. Por eso ha sido la Diócesis de Zamora el lugar donde se inició el proceso que ha culminado hoy con la solemne canonización.

En torno a las 8 de la mañana llegaban los zamoranos, repartidos en diversos grupos de toda España, a la Plaza de San Pedro, colocándose en las sillas habilitadas para la Misa presidida por el pontífice, en la que, junto a la fundadora de las SSJ, también ha canonizado a los beatos italianos Guido Maria Conforti y Luigi Guanella, también fundadores de congregaciones religiosas en el siglo XIX. Los tapices con el retrato de los tres colgaban desde hace varios días de los balcones de la fachada de la basílica que guarda los restos del principal de los apóstoles.

Como introducción a la celebración, en el tiempo de espera, se cantó el himno “Te alabamos, Trinidad” en los tres idiomas que se han utilizado (italiano, español, francés e inglés), y se leyeron los nombres de los tres beatos. Así escucharon los zamoranos el anuncio de la canonización: “Bonifacia Rodríguez de Castro, vergine, fondatrice della congregazione delle Serve di San Giuseppe”.

El esquema fue el mismo para los tres: en primer lugar, la lectura de un fragmento de los escritos. En el caso de la Madre Bonifacia, la SSJ española Sonia González, junto con un familiar de la beata y otras religiosas, leyó algunos pensamientos de la fundadora de las SSJ, encabezados por el canto su conocida frase “Anda buscando Jesús quien le ame, quien le siga. Si nosotras no seguimos sus huellas, ¿quién le seguirá?”.

En segundo lugar se rezó una oración agradeciendo a Dios el don de la Madre Bonifacia, “que, siguiendo a Jesús, trabajador de Nazaret, se encontró contigo en su trabajo cotidiano hermanado con la oración al servicio de la mujer trabajadora pobre. Que mirando a Nazaret, como ella, vivamos nuestro trabajo como un ámbito de experiencia de fe y en él tejamos relaciones humanizadoras y fraternas que potencien la dignificación de la persona, comprometiéndonos a favor de un mundo más justo y solidario”. En tercer lugar, hubo una pieza musical.

Ceremonia de canonización

Después de esta introducción, comenzó la eucaristía propiamente dicha, con el canto “Tu es Petrus”, interpretado por la escolanía, y la antífona de entrada “Laetetur cor”, cantada por todos los fieles. Muy cerca de los zamoranos pasó la procesión de entrada. Tras los acólitos y diáconos, pasaron los sacerdotes y obispos concelebrantes, entre los que se encontraban el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, y el vicario episcopal para la canonización, Juan Luis Martín Barrios, únicos zamoranos que concelebraron. Cerrando la procesión, Benedicto XVI, que bendecía a los fieles que ondeaban banderas y hacían fotografías a su paso.

Tras el acto penitencial, se inició el rito de la canonización. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, acompañado por los postuladores de los tres beatos, se dirigió al Papa pidiéndole “que inscriba a los beatos Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y Bonifacia Rodríguez de Castro en el catálogo de los santos, y como tales sean invocados por todos los cristianos”.

Por parte de la Madre Bonifacia acudió la SSJ gallega Victoria López Luaces, que durante estos años ha coordinado el proceso de beatificación y canonización, como postuladora de la congregación religiosa. Acto seguido, el cardenal Amato leyó una breve biografía de cada uno de los beatos, destacando el “proyecto de vida religiosa inédita” de Bonifacia “en el difícil contexto del inicio de la revolución industrial española, cuando las mujeres comenzaban a trabajar fuera de sus casas”. Terminó su perfil biográfico señalando que “murió en Zamora el 8 de agosto de 1905 con fama de santidad”.

Benedicto XVI introdujo el canto de las letanías de los santos, “para que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente y la luz de Cristo resplandezca en la Iglesia, que proclama la santidad de algunos de sus hijos”. Acto seguido, tuvo lugar el momento central del rito: el obispo de Roma pronunció la fórmula de canonización:

“Para honor de la Santísima Trinidad, la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado el auxilio divino y escuchado el parecer de muchos hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos Guido Maria Conforti, Luigi Guanella y Bonifacia Rodríguez de Castro, y los inscribimos en el catálogo de los santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean honrados devotamente entre los santos”.

La asamblea contestó cantando por tres veces “Amén”, como afirmación creyente a este momento fundamental en el que la Iglesia proclama solemnemente que los nombrados gozan ya de la gloria del cielo, y representantes de las congregaciones fundadas por los ya nuevos santos se acercaron en procesión al Papa para ofrecerle sendos relicarios. También en este momento los fieles contestaron cantando “Aleluya”. Acompañado otra vez por los tres postuladores, el cardenal Amato se dirigió a Benedicto XVI para agradecerle la canonización, y para solicitar la promulgación de la Carta Apostólica de la canonización, a lo que el Papa contestó: “lo ordenamos”. Tras un abrazo al Santo Padre, continuó la eucaristía con el canto del Gloria.

Benedicto XVI: Bonifacia, “modelo en el que resuena el trabajo de Dios”

En la Liturgia de la Palabra se proclamaron las lecturas correspondientes al XXX domingo del tiempo ordinario, con la peculiaridad de cantar el evangelio en latín y en griego, por sendos diáconos de ritos católicos diversos. Tras bendecir a la asamblea con evangeliario, Benedicto XVI pronunció su homilía. En el inicio se refirió a la celebración de la jornada misionera mundial en este 23 de octubre. Ocasión a la que se unen en la alegría y acción de gracias las tres canonizaciones.

El Papa comentó las lecturas destacando el amor como centro de toda la ley de Dios, y la importancia de que Cristo ocupe el corazón de los creyentes, basándose en el “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”, ya que “el signo visible del amor de Dios que el cristiano puede mostrar al mundo es el amor al prójimo”. Acto seguido, explicó cómo se encarnó esto en la vida concreta de los tres nuevos santos, terminando con la Madre Bonifacia, utilizando el español.

Según Benedicto XVI, la segunda lectura “puede aplicarse a las virtudes de Santa Bonifacia Rodríguez de Castro”. La fundadora “supo aunar su seguimiento de Jesucristo con el esmerado trabajo cotidiano”, y “así nacen las Siervas de San José, en medio de la humildad y sencillez evangélica”. Ella, “que se consagra con ilusión al apostolado, vive también la experiencia del abandono, del rechazo precisamente de sus discípulas, y en ella aprende una dimensión del seguimiento de Cristo: la cruz”.

El Papa continuó diciendo que “la nueva santa se nos presenta como modelo acabado en el que resuena el trabajo de Dios, un eco que llama a sus hijas, las Siervas de San José, y también a todos nosotros, a acoger su testimonio y la alegría del Espíritu Santo sin temer la contrariedad, anunciando a todos la Buena noticia del Reino de Cristo”.

El pontífice concluyó sus palabras sobre la Madre Bonifacia proponiéndola como intercesora para el mundo laboral: “Nos encomendamos a su intercesión, y encomendamos a Dios a todos los trabajadores, sobre todo a los que desempeñan los trabajos más modestos, para que en medio de su quehacer diario descubran la mano amiga de Dios y den testimonio del amor de Dios, transformando su cansancio en canto de alabanza a Dios”.

Tras la homilía continuó la eucaristía de forma ordinaria, y al término de la misma el Papa dirigió su alocución a los presentes, que ya rompieron la formalidad de la liturgia para responder a los saludos con aplausos y el ondear de banderas. “Saludo muy cordialmente a los peregrinos de lengua española”, y a continuación, “saludo en particular a las Siervas de San José, que tienen el gran gozo de ver reconocida por la Iglesia universal la santidad de su fundadora”, deseando su intercesión y terminando con un “¡muchas gracias!”.

La celebración concluyó con el rezo del Ángelus, tras el cual los zamoranos volvieron a reunirse a la salida de la Plaza de San Pedro, para dirigirse a la comida de confraternización organizada para continuar con la fiesta por la canonización de la Madre Bonifacia.

Álbum fotográfico de la Misa de canonización:

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaMisa

Vídeo de la ceremonia:

http://player.rv.va/vaticanplayer.asp?language=it&tic=VA_GMMQWAM5

Homilía de Benedicto XVI:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2011/index_sp.htm

sábado, 22 de octubre de 2011

Una vigilia de oración preparó la canonización de la Madre Bonifacia


Más de mil fieles se reunieron esta tarde en la iglesia de San Ignacio, en Roma, para la ceremonia de acogida y vigilia de oración que tuvo lugar como preparación para la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro.

Roma, 22/10/11. Después de su llegada a Roma ayer, viernes 21, los integrantes de la Diócesis de Zamora que participarán en la canonización de la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José (SSJ), han tenido tiempo para visitar algunas de las basílicas mayores de la ciudad, además de otros monumentos emblemáticos.

El primero de los actos conmemorativos fue, a primera hora de la tarde de hoy, la acogida de los peregrinos y Vigilia de oración como preparación para la Misa de canonización. Se celebró en la céntrica iglesia jesuítica de San Ignacio de Loyola, y fue cuidadosamente preparada y realizada por las SSJ. La iglesia se llenó con más de un millar de fieles, y estuvieron presentes los obispos de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, y de Salamanca, Carlos López.

La Diócesis de Zamora y las SSJ estuvieron representadas por la comitiva de los zamoranos que se unió por primera vez, ya que está repartida en varios grupos de peregrinos de toda España. En la celebración, además del obispo, estuvieron presentes su secretario particular, Esteban Vicente; el delegado episcopal para la canonización, Juan Luis Martín; el delegado de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría; y los párrocos de la capital Jesús Campos y Plácido Isidro.

Los momentos previos al inicio de la vigilia fueron de saludos y reencuentros, ya que había muchas religiosas que hacía tiempo que no se veían, incluso años. Muchas SSJ que habían estado en Zamora y que tienen actualmente otros destinos se acercaron a saludar a los zamoranos. Y también hubo ocasión de saludar al que fuera secretario particular del obispo zamorano fallecido Eduardo Poveda, el sacerdote valenciano Ramón Fita.

Tras una monición de entrada, hubo una ofrenda de flores, una vela encendida y un recipiente con tierra traída de Zamora y Salamanca ante un cuadro de la Madre Bonifacia. A continuación, durante un rato fueron pasando, país por país, representantes de todos los lugares del mundo adonde ha llegado la obra de la fundadora, por este orden: Congo, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Perú, Filipinas, Papúa-Nueva Guinea, Vietnam, España e Italia. De cada nación se ofrecía una pequeña bandera, una vela encendida y un recipiente con tierra del país, mientras se escuchaba una pieza musical representativa y se proyectaban fotografías.

El siguiente momento introductorio fue el turno de saludos, que comenzó con un representante de los Laicos Josefinos, el movimiento seglar asociado a las SSJ, y que destacó a Bonifacia como referente de espiritualidad laical. La segunda en intervenir fue la superiora de las Hijas de San José, congregación hermana de la que está presente en Zamora, y que afirmó: “hoy la Iglesia reconoce en Bonifacia la testigo fiel de Jesús, que entregó su vida en aparente fracaso, que sólo puede vivir una persona realmente enamorada”. Por su parte, la coordinadora general de las SSJ, la filipina Lillian Ocenar, señaló que “hoy, el taller de Bonifacia se convierte para nosotros en lugar sagrado”.

Después se interpretó el canto “Así era Bonifacia”, y la vigilia se distribuyó en tres momentos. El primero, titulado “He visto al que me ve”, tuvo lugar mientras se proyectaba la imagen de Agar, esclava de Abrahán que le dio descendencia. Una meditación dialogada destacó después cómo “muchas mujeres necesitan espacios de liberación en donde encontrarse con su propia verdad y su propia palabra. Muchas mujeres claman, desde todos los desiertos del mundo, una mirada y una palabra que las recupere de la postración”.

Frente a esta situación, se destacó a continuación la figura de la Madre Bonifacia, como respuesta: “ella se hizo eco de la mirada compasiva de Dios y se comprometió con un proyecto cargado de utopía, diciendo sí a crear en su pequeño taller un espacio de dignificación y liberación para la mujer trabajadora pobre”. Un canto y una plegaria realizada por toda la asamblea concluyó este primer momento de la vigilia.

La segunda parte del encuentro, titulada “He visto al Señor y me ha dicho esto”, partió de la imagen de María Magdalena, y tras la lectura bíblica se comentó que “como Magdalena, estamos llamados a ser fuente de esperanza e impulso para otros”. Siguiendo el mismo esquema del momento anterior, se presentó a Bonifacia como “paradigma de Nazaret y arcoíris para la historia de todo hombre y mujer que quiera hacer de lo cotidiano su compromiso”.

En el tercer momento de la vigilia, como no podía ser de otra manera, la protagonista fue la Virgen María, que “nos invita a descubrir que el poder de Dios no está en el número ni su imperio en los guerreros, que es el Dios de los humildes, socorredor de los pequeños, protector de los débiles, defensor de los desanimados, salvador de los desesperados”.

Peregrinación

Un hecho importante de la peregrinación es que están presentes, junto con los zamoranos, 13 Hijas de San José, representantes de la otra congregación femenina que fundó el jesuita Francisco Butinyá en la provincia de Gerona tras haber fundado con la Madre Bonifacia las SSJ. En uno de los autobuses de la comitiva zamorana viaja la superiora de esta institución religiosa, la hermana Benita de la Cuerda, que fue la que intervino con un saludo al comienzo de la celebración vespertina.

Tras la oración, los peregrinos zamoranos volvieron a realizar algunas visitas en la ciudad eterna, para regresar después al hotel, ya que el día siguiente traerá consigo madrugar para poder acudir pronto a la Plaza de San Pedro, para el momento más esperado: la Misa en la que Benedicto XVI incluirá a Bonifacia Rodríguez de Castro en el catálogo de los santos.

Álbum fotográfico del viernes 21 (viaje de Zamora a Roma y primeras visitas):

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaViernes21

Álbum fotográfico del sábado 22 (con la vigilia):

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CanonizacionMadreBonifaciaSabado22

Palabras de bienvenida de la coordinadora general de las SSJ en la vigilia:

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jueves, 20 de octubre de 2011

La Madre Bonifacia, obrera y santa


Benedicto XVI canonizará el próximo 23 de octubre a la trabajadora salmantina Bonifacia Rodríguez de Castro (1837-1905), fundadora de la congregación de las Siervas de San José. Reproducimos a continuación el artículo publicado en Ecclesia nº 3592 (15/10/11), pp. 18-21.

El pasado 21 de febrero, en el Colegio de las Siervas de San José de la calle La Reina (Zamora) se congregaban los medios de comunicación para recibir la noticia de que esa misma mañana el papa Benedicto XVI había anunciado en el Consistorio Ordinario Público la canonización de la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, junto con otros dos fundadores contemporáneos de Bonifacia: Guido Maria Conforti y Luigi Guanella. Así, el 23 de octubre de 2011 culmina el proceso de declaración de su santidad. Como señalaba el entonces vicario general de la Diócesis de Zamora, Juan Luis Martín Barrios, “ella, con su carisma que se refiere al mundo trabajador y pobre, sobre todo para acompañar a las chicas necesitadas de aquel tiempo, es un don para nosotros”.

La Madre Bonifacia, como se la conoce familiarmente en su congregación y en las ciudades de Zamora y Salamanca, fue beatificada por Juan Pablo II en Roma el 9 de noviembre de 2003. El tiempo que ha mediado entre los dos pasos del reconocimiento eclesial de santidad ha sido realmente breve, y se ha debido a la demostración de un milagro que le sucedió en la República Democrática del Congo en 2003 al comerciante Kasongo Bavon, de 33 años. De familia no católica, sanó de forma inexplicable cuando estaba a punto de morir. Permanecía ingresado en el hospital de Kayeye, que dirigen las religiosas fundadas por Bonifacia, y todas ellas lo encomendaron a su intercesión. El 27 de marzo de 2010 el Papa autorizó la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el milagro atribuido a la beata española.

¿Quién fue Bonifacia?

Bonifacia Rodríguez de Castro nació en el casco viejo de Salamanca en 1837, en el seno de una humilde familia de artesanos. Con quince años tuvo que ayudar al sostenimiento de su familia tras la muerte de su padre, y trabajó como cordonera, experimentando entonces las duras condiciones del trabajo en aquel siglo XIX. Poco después abrió su propio taller, donde empezaron a reunirse varias mujeres entremezclando la amistad y la vida de piedad, vinculadas espiritualmente a los jesuitas de la Clerecía y con aspiraciones a la consagración religiosa. Este grupo se constituyó como Asociación Josefina, y bajo la dirección del jesuita catalán Francisco Butinyà, cuyo encuentro con Bonifacia dio el fruto de la fundación de una nueva congregación femenina, atenta a las necesidades de su tiempo: las Siervas de San José (SSJ).

El entonces obispo de Salamanca, Joaquín Lluch y Garriga, aprobó esta fundación en 1874, y echó a andar como una pequeña comunidad de seis mujeres de la ciudad, entre las que se encontraban Bonifacia y su madre. Según sus primeros estatutos, las SSJ tenían la triple misión de hermanar oración y labor, acoger a las mujeres pobres desempleadas y promover la industria. Toda una muestra de preocupación por la cuestión social, que bullía en la Iglesia de aquel tiempo y que cristalizaría más tarde a nivel de magisterio universal en la encíclica Rerum novarum de León XIII (1891). Las comunidades de esta nueva congregación, formada por artesanas que continuaban con la labor ya aprendida, empezaron a denominarse Talleres de Nazaret, “siendo su modelo y ejemplo aquella pobre morada donde Jesús, María y José ganaban el propio sustento con su trabajo y el sudor de su rostro”, tal como explicaban las Constituciones.

La Madre Bonifacia fue una firme defensora de la dignidad de la mujer, procurando su instrucción profesional y preocupándose por las mujeres que podían sufrir menoscabo en su integridad o vivían ya en la marginación. Como explica en su reciente carta pastoral el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, “el propósito de Bonifacia es ayudar a las mujeres pobres para que se formaran convenientemente con vistas a que pudieran acceder a un trabajo fuera del hogar obteniendo una remuneración para sus necesidades vitales”, uniendo capacitación profesional y educación en la fe.

Entre Salamanca y Zamora

Tres meses después de la fundación, Butinyà tuvo que dejar Salamanca, y al año siguiente fue nombrado un nuevo obispo para la diócesis, quedándose Bonifacia como superiora de la comunidad, y sola desde el punto de vista eclesiástico. Entonces empezaron a llegar los problemas en torno al carisma de la congregación, con ataques externos que desprestigiaban a la fundadora. El día de la Presentación del Señor de 1876 hizo su profesión religiosa, en medio de este clima crítico para los inicios de las SSJ. Más tarde viajó a Gerona para acompañar al jesuita en la fundación de varios Talleres de Nazaret y en su unión a los salmantinos, período en el que se realiza en Salamanca su destitución como superiora y el nombramiento de una nueva. Ante toda esta hostilidad y continuas humillaciones, sufriendo en silencio y con mansedumbre evangélica, solicita al obispo salir de la ciudad para fundar en otro lugar.

En 1883, el entonces obispo de Zamora, Tomás Belestá y Cambeses, le dio permiso para abrir un Taller de Nazaret en la ciudad, cambiando varias veces de residencia hasta que en 1889 el obispo les dio una casa en la calle La Reina, junto a la Plaza Mayor. Allí Bonifacia y sus pocas compañeras volvieron a dedicarse a su labor de educar a las chicas pobres en las labores del hogar, un oficio y la vida cristiana. Como ya se afirmó entonces, “ejercía la caridad con las jóvenes que, desprovistas de casa para servir, corrían el riesgo de perderse, y cuya obra apostólica sostuvieron con el producto de su trabajo y con las limosnas que recogían en la ciudad y en los pueblos”.

En todo este tiempo, en Salamanca se borró la memoria de la Madre Bonifacia, y se distanciaron del carisma fundacional, orientándose a una enseñanza menos revolucionaria y despreciando la fundación zamorana. Cuando León XIII aprobó en 1901 la congregación de las SSJ le llegó el dolor de no ver a Zamora incluida en el Decreto ni ella reconocida como fundadora. Intentó hablar con las religiosas salmantinas, pero nunca fue recibida. En medio de esta situación, y dedicada al trabajo con sus hermanas, murió el 8 de agosto de 1905, en su casa-taller de la ciudad del Duero, acompañada por la comunidad. Fue enterrada en el Cementerio “San Atilano”, hasta que sus restos fueron trasladados en 1945 a Salamanca, donde reposan en la capilla del Colegio de la Casa Generalicia de las SSJ.

Este traslado se debe a la recuperación de la memoria que tuvo lugar en el seno de la congregación. La Madre Bonifacia había indicado a sus hermanas que la unificación de las comunidades de Zamora y Salamanca tendría lugar “cuando yo muera”. Y así fue: en 1907, dos años después de su fallecimiento, la casa de Zamora se incorporó a las SSJ. Tendría que pasar mucho tiempo para que se recordara su figura como fundadora del instituto. Y pudo hacerse gracias a que una SSJ compañera de Bonifacia, Socorro, escribió su vida y guardó algunos de sus objetos personales, escondiéndolo todo en un agujero que hizo en la capilla de Zamora. En 1936 otra religiosa desveló la existencia de este tesoro, y se rehízo la memoria de la santa despreciada.

Su carisma y espiritualidad

Como en la figura de cualquier fundador, no pueden separarse vida y carisma, experiencia y espiritualidad. La biografía oficial de la beata Bonifacia elaborada por la Santa Sede concluye diciendo, tras su muerte, lo siguiente: “cuando su vida se apaga, escondida y fecunda como grano de trigo echado en el surco, Bonifacia Rodríguez deja como herencia a toda la Iglesia: el testimonio de su fiel seguimiento de Jesús en el misterio de su vida oculta en Nazaret, una vida trasparentemente evangélica, y un camino de espiritualidad, centrado en la santificación del trabajo hermanado con la oración en la sencillez de la vida cotidiana”. Una síntesis perfecta que podemos desgranar un poco.

Según la postuladora de la causa, la religiosa Victoria López, Bonifacia, “dotada de extraordinario olfato evangélico, distingue los caminos de Dios y los humanos, optando libre y claramente por los primeros sin vacilación alguna, con total resolución y seguridad, sin titubeos, a lo largo de toda la vida”. Aunque no se conservan apenas palabras de la salmantina, son “las suficientes para encontrar en ellas semillas de vida”. En su contacto con Butinyà imprimió a su fundación el paradigma ignaciano de la contemplación en la acción: “hallar a Dios en todas las cosas, y todas las cosas en Dios”, uniendo esto a la centralidad de la Sagrada Familia como espacio privilegiado de la Encarnación.

Toda su espiritualidad parte del amor a Dios, Padre providente, a quien “quería complacer en todo”, cuidando la oración y la contemplación, especialmente ante Jesús crucificado. No cabe duda de que las largas horas de silencio ante la cruz fueron las que sostuvieron su peculiar participación en la Pasión de Cristo a través de las humillantes experiencias posteriores a la fundación de las SSJ. De hecho, una de las notas principales de su espiritualidad fue el silencio, y “por medio del silencio Bonifacia alcanzó el manantial para la alegría”, como afirma la carta pastoral de monseñor Martínez Sacristán.

Y desde el amor a Dios vivido en el silencio, el amor a los hermanos desde las claves de la acogida, la misericordia, la humildad, el perdón y el servicio. Su sensibilidad por los necesitados marcó su vida y determinó su vocación, orientándola al complejo mundo laboral del siglo XIX. El mismo Juan Pablo II afirmó en la homilía de la Misa de beatificación: “siendo ella misma trabajadora, percibió los riesgos de esta condición social en su época. En la vida sencilla y oculta de la Sagrada familia de Nazaret encontró un modelo de espiritualidad del trabajo, que dignifica a la persona y hace de toda actividad, por humilde que parezca, un ofrecimiento a Dios y un medio de santificación”.

Su amor y fidelidad a la Iglesia se expresan en su vida a la par que su “maternidad” sobre la congregación que fundó. Por eso observamos en ella la humilde obediencia a los obispos a pesar de los sufrimientos que le acarrearía, y la paciencia y actitud reconciliadora ante el desprecio mostrado por sus propias hermanas, a las que quería como hijas.

Desde todo esto, el carisma fundacional no puede ser otro que el de aprender a vivir de la Sagrada Familia, escuela donde se descubre la unidad entre oración y trabajo. Jesús, en el taller de Nazaret, es modelo de humildad y mansedumbre evangélicas; María es ejemplo de consagración a Dios y santidad; José es referente de profesionalidad, fidelidad y vida interior. Sólo mirando a este triple icono puede entenderse la experiencia de humillación y silencio de la Madre Bonifacia, su ausencia de protagonismo, su serenidad y la profunda alegría interior que capacita para vivir cualquier situación adversa.

La herencia de la Madre Bonifacia

La congregación de las SSJ, fiel al legado de su fundadora, intenta encarnar en su vida la unidad profunda de contemplación y acción. Con su actividad evangelizadora entre los más jóvenes recuerdan que el trabajo no sólo ha de dignificar al hombre, sino que puede santificarlo. Sencillez, laboriosidad y caridad serán las vías para seguir este trayecto, el de la educación en un ámbito que es, a la vez, hogar, escuela y taller. Su atención principal hoy se dirige a las mujeres pobres sin trabajo.

Las 599 SSJ que hay en la actualidad están presentes en América (Cuba, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Chile), Europa (España e Italia), África (Congo), Asia (Vietnam y Filipinas) y Oceanía (Papúa Nueva Guinea). Recientemente han tenido un Capítulo tras el que se ha estrenado un nuevo modelo orgánico de gobierno de la congregación, más participativo, presidido por una coordinadora general filipina, Lillian Ocenar. Además, con las consagradas comparten el carisma los llamados Laicos Josefinos, que se consideran miembros de la misma familia religiosa.

Luis Santamaría del Río

Delegado de Medios de Comunicación de la diócesis de Zamora

martes, 18 de octubre de 2011

Zamora prepara la canonización de Bonifacia con una vigilia


El miércoles 19 la iglesia de San Juan acogerá una Vigilia Diocesana de Oración a las 19,30 h. como preparación de la próxima canonización de la Madre Bonifacia, y el 6 de noviembre habrá una Eucaristía de acción de gracias en la Catedral.

Zamora, 18/10/11. Con motivo de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, que tendrá lugar en la eucaristía que presidirá el papa Benedicto XVI el próximo domingo 23 de octubre en la Plaza de San Pedro de Roma, la Diócesis de Zamora ha programado unos actos de culto que sirvan a los fieles para participar de este importante acontecimiento aunque no acudan a la ceremonia.

La semana pasada ya tuvo lugar un encuentro de oración para los consagrados, que se reunieron en la capilla del Colegio “Divina Providencia” para compartir el rezo de Vísperas, con la asistencia de los diversos institutos de vida consagrada que están presentes en la Diócesis.

Por otra parte, a nivel general se ha convocado una Vigilia Diocesana de Oración, que tendrá lugar el próximo miércoles 19 de octubre a las 19,30 horas en la céntrica iglesia parroquial de San Juan de Puertanueva, a la que pertenece territorialmente el colegio en el que habitó la Madre Bonifacia durante su estancia en Zamora.

Como suele ser habitual cuando se proclama la santidad de alguien de la tierra, la Diócesis de Zamora celebrará una Eucaristía solemne de acción de gracias, que será presidida por el obispo Gregorio Martínez Sacristán el domingo 6 de noviembre a las 17,30 h. en la S.I. Catedral.

Estas convocatorias se suman a la participación diocesana que habrá en la canonización de la Madre Bonifacia, y que se concentrará en una peregrinación que se iniciará el viernes 21 y volverá de Roma el lunes 24, y en la que un nutrido grupo de zamoranos, unidos a las Siervas de San José, celebrarán este acontecimiento.

sábado, 1 de octubre de 2011

“Zamora fue una etapa de gozos y sombras para la Madre Bonifacia”


La sierva de San José salmantina María Burrieza dio una conferencia esta mañana sobre la Madre Bonifacia, que será canonizada en unos días, y destacó su paso por Zamora y las claves de su espiritualidad ante los catequistas y profesores de Religión de la Diócesis.

Zamora, 1/10/11. En el marco del encuentro diocesano de catequistas y de profesores de religión, que se ha celebrado esta mañana en el Colegio “Divina Providencia” de las Siervas de San José, la religiosa salmantina María Burrieza, experta en la figura de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, ha pronunciado una conferencia titulada “Madre Bonifacia o el encuentro de Dios en lo cotidiano”.

En ella, Burrieza comenzó resumiendo la biografía de la beata Bonifacia, que será canonizada el próximo 23 de octubre por Benedicto XVI, y afirmó que la fundadora salmantina “pertenece a la gente sencilla, y por eso su espiritualidad nos vale a todos”. Destacó el oficio de Bonifacia, que desde muy joven trabajó como cordonera con su madre, y en su taller se fue juntando un grupo de mujeres, que originaron la Asociación Josefina, y que con la dirección espiritual del jesuita catalán Francisco Butinyà llevaría a la fundación de la congregación de las Siervas de San José.

La conferenciante apuntó a la actualidad de una fundación que surgió en un contexto de riesgo de exclusión social y de pobreza en las mujeres trabajadoras. El clima de calumnias que hubo en torno a la Madre Bonifacia llegó al extremo de deponerla como superiora de la nueva comunidad, y al final decide solicitar un cambio de lugar al obispo de Salamanca.

“Zamora fue una etapa de gozos y de sombras para Bonifacia, porque por un lado la ciudad la acoge bien, pero recibió el gran dolor de conocer que la congregación había sido aprobada por el Papa, pero sin reconocer la comunidad de Zamora”, explicó Burrieza. Cuando la fundadora viajó a Salamanca para intentar ese reconocimiento y la reconciliación, sus propias hermanas no le abrieron la puerta. “Hasta que yo no muera no se hará la unión”, reconoció.

La Madre Bonifacia murió en 1905 en Zamora, con 68 años. “El mayor milagro para nosotras es que la hayan reconocido y, al final, sea canonizada, porque ha habido una intención clara de ocultamiento de su memoria”, explicó la experta en la fundadora. Socorro, la confidente de Bonifacia, escribió en un cuaderno todo lo relativo a los orígenes de la congregación, y junto con dos hermanas, lo escondió con unas fotos en un agujero que hicieron en la capilla de Zamora, haciéndoles jurar secreto.

Tuvo que esperarse hasta el año 1936 cuando la hermana Rosario Ferreiro, una de las conocedoras del escondite, es obligada por la superiora de la congregación para que revele el lugar. En 1941 se reconoce oficialmente a la Madre Bonifacia como fundadora de las Siervas de San José.

Lo primero que destacó María Burrieza de la espiritualidad de la Madre Bonifacia fue la centralidad de Dios, lo que le dio tanta fortaleza como demostró ante las adversidades. “Dios y su servicio, para ella están las dos cosas unidas, como aprendió de la espiritualidad ignaciana de ‘amar y servir’”, afirmó la ponente. Junto a esto, “Dios en todas las cosas, y todas las cosas en Dios, algo válido para cualquier laico… pasaba del fervor de la oración a la labor en el taller”.

La Madre Bonifacia vivió de la contemplación de la Sagrada Familia de Nazaret, y de ahí aprendió el cómo actuar con las chicas a las que servía. María Burrieza entresacó los ejemplos que pueden tomar los educadores de la vida de su fundadora para su labor actual. Y preguntó a los asistentes: “¿vosotros creéis que un trabajo enfocado como lo entendía la Madre Bonifacia habría permitido que cayéramos en la crisis que estamos viviendo?”.

El trabajo es un bien si se usa bien, y esto lo entendió y lo vivió la Madre Bonifacia, haciéndolo realidad en los Talleres de Nazaret. “La casa de Zamora hizo real la utopía que habían planteado los grandes filósofos, de trabajo compartido y de reparto de los bienes; de que el trabajo es un bien al que todos tenemos derecho a acceder”, señaló Burrieza.

¿Cómo miraba la Madre Bonifacia la realidad? Como la miraba Jesús de Nazaret, y por eso “cuando veía a las chicas, las veía transformadas. Nosotros, que tenemos a veces niños difíciles en nuestras clases, estamos tentados de tirar la toalla… cuando tendríamos que tener una mirada esperanzadora y creativa, con capacidad de transformación”.

“La Madre Bonifacia pertenecerá, a partir de su canonización, a toda la Iglesia universal, no sólo a la congregación que fundó, pero más particularmente a esta ciudad de Zamora que la acogió y la quiso”, fueron las últimas palabras de la ponencia.

Álbum fotográfico del rito de envío y de la conferencia:

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/EnvioDeCatequistasYProfesoresConferenciaSobreMadreBonifacia

La Diócesis de Zamora acudirá a la canonización de la Madre Bonifacia


Un grupo de la Diócesis de Zamora viajará a Roma con las Siervas de San José para asistir, el próximo 23 de octubre, a la canonización de su fundadora, la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, que será presidida por el Papa en la Plaza de San Pedro. Los actos en los que participarán los zamoranos, presididos por el obispo, comenzarán con una vigilia el sábado 22 en la iglesia romana de San Ignacio de Loyola.

Zamora, 1/10/11. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, presidirá el grupo de zamoranos que acudirán a Roma el próximo domingo 23 de octubre para participar en la ceremonia de canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, cuyo proceso de beatificación y canonización se ha realizado en Zamora, por ser la Diócesis en la que murió, en 1905.

Junto al prelado, otros muchos zamoranos viajarán a la ciudad eterna para celebrar este acontecimiento que presidirá Benedicto XVI, con la eucaristía en la Plaza de San Pedro. Entre ellos se encuentran, por supuesto, las Siervas de San José, y antiguos alumnos de sus colegios en la capital. También viajarán el delegado de Catequesis, Juan Luis Martín Barrios, y el delegado de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría, además del párroco de San Juan y San Vicente, Plácido Isidro, y otros sacerdotes diocesanos.

El desplazamiento a Roma, organizado por la Agencia de Viajes El Corte Inglés, tendrá lugar el viernes 21. Habrá varias visitas por la ciudad, con especial hincapié en las basílicas mayores de Santa María la Mayor y de San Juan de Letrán (catedral de la urbe). El sábado 22 se celebrará una vigilia de oración con motivo de la canonización en la iglesia de San Ignacio de Loyola, tras la acogida de los peregrinos, a las 16 horas.

Por fin, el domingo 23 será el gran día de la canonización de la Madre Bonifacia. A las 10 horas comenzará la eucaristía solemne, presidida por Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro, delante de la fachada realizada por Maderno para la basílica que guarda los restos del principal de los apóstoles. En la misma celebración serán declarados santos, junto a la Madre Bonifacia, los beatos italianos Luigi Guanella, fundador de dos congregaciones que trabajan con marginados, y Guido Maria Conforti, fundador de los Misioneros Javerianos.

Con la canonización, la ahora beata Bonifacia Rodríguez de Castro será incluida en la lista o canon de los santos de la Iglesia (de allí el nombre de canonización). Para este paso ha sido necesario el reconocimiento de un milagro ocurrido después de su beatificación, como así ha sucedido con una curación inexplicable en el Congo. La canonización compromete la infalibilidad pontificia. Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

Tras la eucaristía de la canonización, el grupo de zamoranos se reunirá con peregrinos de otros lugares que también participan de este viaje colectivo para celebrar la canonización de la fundadora de las Siervas de San José, y tendrá lugar un almuerzo de confraternidad. Por último, el lunes 24 está previsto el regreso en avión de los fieles zamoranos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El obispo inicia el curso con los catequistas y profesores de Religión


El próximo 1 de octubre el obispo presidirá el rito del envío de los catequistas y la entrega de la “missio” canónica a los profesores de Religión en un encuentro que marca el inicio de curso de unos y otros y que se celebrará en el Colegio de las Siervas de San José en el que vivió la Madre Bonifacia, que será canonizada en menos de un mes.

Zamora, 29/09/11. El próximo sábado 1 de octubre tendrá lugar el inicio del curso pastoral para los catequistas y profesores de Enseñanza Religiosa Escolar (ERE), con un encuentro en el Colegio Divina Providencia, que regentan las Siervas de San José en la Calle La Reina. La razón de la elección de este lugar es la inminencia de la canonización de la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, que vivió allí desde 1883 hasta su muerte en 1905. La Madre Bonifacia será canonizada por Benedicto XVI el próximo 23 de octubre.

El encuentro, organizado por la Delegación Diocesana de Catequesis y por la Delegación Diocesana de Enseñanza, comenzará a las 11 horas con una oración y las palabras de bienvenida del obispo, Gregorio Martínez Sacristán. A continuación, María Burrieza, Sierva de San José salmantina y experta en la fundadora de su congregación, impartirá una conferencia titulada “Madre Bonifacia o el encuentro de Dios en lo cotidiano”.

Durante el encuentro, que terminará sobre las 14 horas, el obispo presidirá la ceremonia de envío de los catequistas y les dará la “missio” canónica a los profesores de Religión, expresando que unos y otros tienen el encargo de la Iglesia de predicar a Cristo en sus diversas funciones con los niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

Esta reunión se adelanta a la inauguración oficial diocesana del curso pastoral, que tendrá lugar, como es tradicional, el 5 de octubre, festividad de San Atilano. Por otra parte, los sacerdotes comenzarán el curso de la Formación Permanente del Clero el próximo 7 de octubre.

jueves, 21 de julio de 2011

«Bonifacia: Evangelio según Nazaret»


JOSÉ ÁLVAREZ

Con este título salió, hace una semana, la última Pastoral del obispo D. Gregorio. El breve intermedio de cinco días en Peñíscola me ha dado la oportunidad de «ajustar el tiro» y cambiar el sentido del comentario que ya había enviado con las parábolas al fondo. Sorpresa, sorpresa, al recibo de esta amplia Pastoral en lo que van siendo vísperas ya de la canonización de Madre Bonifacia. Sorpresa y admiración porque, aún sabiendo lo cargada que va la agenda de un obispo, no se logra entender cómo se puede sacar tiempo, tiempo y tranquilidad para esta más que mediana, por lo extensa, Pastoral. Una Carta que, con su medio centenar de páginas, letra gruesa para facilitar, no tiene por qué meter miedo a nadie. Con ella en la mano es como presentarse a examen con los apuntes del profesor, con esas cuatro lecciones bien aprendidas que uno entiende son el meollo de una asignatura. Acierto de nuestro obispo en el tema, acierto por el momento celebrativo de una Diócesis hermanada con la de Salamanca por obra y gracia de Madre Bonifacia.

La Pastoral resume y avanza esas cuatro «lecciones salvadoras», que llevan el nombre de «Apartados», cuatro vías de acceso a la santa que son su labor como fundadora, los rasgos de su experiencia creyente y el carisma que ella legó a la Iglesia en sus hijas, las Siervas de San José. Porque una fundación en la Iglesia es eso, un fundamento, una base, sobre la que se sostiene en el presente y se justifica en el futuro. Lo decía Juan Pablo II al hablar de los santos: «No envejecen nunca, no prescriben jamás; son siempre los hombres y mujeres del mañana, los testigos del mundo futuro».

Como en toda obra escrita fuerza es leer esta Pastoral a la luz del Prólogo y de la Conclusión donde nuestro Obispo nos relata los pasos de su acercamiento a la vida y obra de Madre Bonifacia y avanza su propósito de «alentar a nuestra Iglesia Diocesana de Zamora a acoger, celebrar y vivir con autenticidad y entusiasmo este acontecimiento de la canonización». Bien que vendría darse una vuelta por el nº 9 de la popular calle «La Reina» donde allí por el 1890, y gracias a la donación del entonces obispo de Zamora, se instaló la futura santa y su comunidad para «consagrarse a la educación de jóvenes pobres y trabajadoras». Es ahora, a poco más de un siglo, cuando de nuevo el obispo de Zamora nos hace y les hace donación de una Pastoral que invita a «recoger el aprovechable legado de la querida y admirada Madre Bonifacia». La gloria de Bernini parece como si nos alejara a los santos, como si fuesen de otra galaxia. Pero no, Madre Bonifacia es de aquí, carne y sangre como la nuestra.

La Opinión-El Correo de Zamora, 17/07/11.

sábado, 16 de julio de 2011

El obispo publica una carta pastoral ante la próxima canonización de la Madre Bonifacia


El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral con motivo de la próxima canonización de la Madre Bonifacia, fundadora de las Siervas de San José. En ella invita a conocer su vida y su carisma, la propone como ejemplo de acción social de la Iglesia e invita a participar en la ceremonia de canonización.

Zamora, 16/07/11. El próximo 23 de octubre Benedicto XVI presidirá en la Plaza de San Pedro del Vaticano la eucaristía en la que será canonizada la madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, y cuyo proceso de beatificación y canonización ha sido realizado en la Diócesis de Zamora.

Con este importante motivo, el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral titulada Bonifacia: Evangelio según Nazaret. Editada por las Benedictinas de Zamora (editorial Monte Casino), consta de 55 páginas, y en ella pretende “ayudarnos a conocer mejor la persona, vocación y carisma de nuestra santa”, en palabras de Juan Luis Martín Barrios, vicario general.

Bonifacia, creyente y fundadora

En la introducción, monseñor Martínez Sacristán recuerda cómo en sus primeros pasos en la Diócesis de Zamora “fui conociendo los rasgos más distintivos de la vida y la obra de esta religiosa, a través de su proyecto y prolongación más destacados: la congregación de las Siervas de San José. La cual, desde su llegada a nuestra Diócesis, con la venida de su fundadora, es el reflejo de lo que Bonifacia quiso y logró hacer presente con su vida entregándose por entero a Dios”.

El fin de la carta pastoral, según el prelado, es “alentar a toda nuestra Iglesia Diocesana de Zamora a acoger, celebrar y vivir con autenticidad y entusiasmo este acontecimiento tan extraordinario de la canonización de Madre Bonifacia”, y también “una motivación para que nos decidamos a acudir personalmente en peregrinación a Roma para participar en la celebración de su canonización”.

Distribuida en cuatro capítulos, dedica el primero a desentrañar el origen y desarrollo de su vocación religiosa; el segundo abarca el itinerario de su vida como consagrada y fundadora de las Siervas de San José; en el tercero destaca los rasgos fundamentales de su experiencia creyente; y en el cuarto resume el carisma que la santa inició, vivió y aportó a la Iglesia.

En la conclusión de la carta pastoral, el obispo de Zamora relata el proceso de beatificación y canonización de la Madre Bonifacia, que culminará el próximo 23 de octubre en Roma, “lo cual nos impulsa a prepararnos con decisión y entusiasmo a este gran acontecimiento eclesial que nos ayudará a percibir la actualidad y el valor de su vida”.

De hecho, según Gregorio Martínez Sacristán, con esta canonización la Iglesia católica “proclama de modo auténtico y perdurable que esta mujer religiosa y trabajadora está participando plenamente de la gloria de Dios en el Reino de los Cielos”. Algo que debe llevar a los creyentes a descubrir “el buen hacer de Dios sobre cada hombre y mujer”, ya que eso significa el nombre de Bonifacia, “buen hacer”.

La canonización, en un momento de crisis y desempleo

Destaca también la importancia del trabajo humano, y por eso la canonización “remite a la vocación de todo hombre y mujer al trabajo”, y también “se nos invita a asimilar la aportación que Bonifacia ofrece a la Iglesia: hermanar el trabajo y la oración, y también entregarse por el bien integral de los trabajadores, de modo especial, por las mujeres jóvenes que lo necesitan”.

Esto tiene unas consecuencias prácticas en la acción cotidiana de la Iglesia en el mundo, y así “la ‘santa’ artesana Bonifacia nos alienta a afianzar el compromiso de la Iglesia por extender el Evangelio en el mundo del trabajo, así como por la promoción de una vivencia del trabajo que dignifique a la persona; y también, por ayudar a que la experiencia de los trabajadores les posibilite encontrar a Dios en sus acciones y ejercitarlas como un servicio a la sociedad, viviéndolo en justicia y caridad”.

El obispo de Zamora no olvida la crisis global que está sufriendo nuestra sociedad, y por ello señala que “celebrar su canonización en este contexto actual de precariedad y privación de trabajo para muchas personas, e incluso para familias enteras, nos implica, también a los cristianos, a favorecer y promover las condiciones y las iniciativas que generen un mayor acceso y logren la permanencia de todos, hombres y mujeres, en la vida laboral”.

Monseñor Martínez Sacristán concluye su carta pastoral recomendando el conocimiento de la vida de la Madre Bonifacia y la imitación de su ejemplo, y propone que se conozca a través de la catequesis y de la formación cristiana, además de recordar que “trabajar con Bonifacia nos implica a que acrecentemos y ejercitemos, siguiendo su ejemplar caridad, los gestos de amor servicial, sobre todo con los más débiles, olvidados y marginados de nuestra sociedad”.

lunes, 7 de marzo de 2011

La monja feminista subirá a los altares


La Madre Bonifacia dedicó toda su vida a formar a las mujeres para que fuesen más libres. El próximo 23 de octubre Benedicto XVI la convertirá en santa.

VIKY ESTEBAN / ZAMORA - ABC Castilla y León

Mañana se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, una fecha de la que, sin duda, hubiera disfrutada y participado activamente una salmantina que, en pleno siglo XIX, empleó su vida en la educación de las mujeres y en conseguir un trabajo digno que les permitiese lograr su autonomía. La obra de la Madre Bonifacia, que saltó las fronteras nacionales, se plasmó en una nueva Congregación, las Siervas de San José. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que labor de esta monja fuese suficientemente reconocida y valorada.

Pero su historia continuó hasta adquirir signos de santidad, al ser beatificada en 1994 después de que el Vaticano reconociese la curación milagrosa de un vallisoletano al que se había diagnosticado un cáncer de hígado irreversible. El siguiente paso fue el proceso de canonización, que ha supuesto el reconocimiento de un segundo milagro, en este caso en la persona de un ciudadano de El Congo, que se encontraba ingresado en un hospital de las Siervas de San José, lo que dio via libre a su canonización prevista para el 23 de octubre, Jornada Mundial de las Misiones (Domund).

Una vida, la de la Madre Bonifacia, que estuvo muy ligada a Socorro, que, convencida de que la historia merecía la pena ser contada, decidió cavar un agujero detrás del altar de la capilla y esconder allí su tesoro. La amiga de Bonifacia, también Sierva de San José, se encargó de que el hueco quedara bien cubierto por cemento y evitar así que la tierra destruyera los importantes documentos de la caja en las que se narraba su obra y milagros. Al resto de religiosas de su congregación en Zamora les pidió que juraran no revelar nunca el secreto. La caja permaneció escondida desde 1907 hasta 1936. Y a partir de 1936 se hizo justicia y comenzó a reconocerse la labor de Bonifacia Rodríguez, fundadora de las Siervas de San José.

El Papa Juan Pablo II la beatificó en 2003 y ahora el Santo Padre Benedicto XVI la canonizará el 23 de octubre. Una noticia que ha sido acogida con gran alegría tanto en Salamanca, donde nació, como en Zamora, donde desarrolló su misión en plenitud.

Actualmente en Zamora existen dos comunidades de las Siervas de San José: el centro educativo concertado Divina Providencia y el colegio San José. Precisamente, el espacio que ocupa ahora el Divina Providencia fue el lugar donde instaló la Madre Bonifacia su casa taller. También en este punto las religiosas y profesoras, vinculadas al actual proyecto han mostrado su satisfacción y responsabilidad por lo que supone la canonización de la Fundadora.

«Es para nosotras una interpelación, un motivo más para fijarnos en ella», señala la religiosa y directora del centro educativo zamorano, Mercedes Lozano. La profesora de Música, Yoli Concejo, considera que Bonifacia fue una religiosa y una mujer distinta a las demás porque era «innovadora, creadora, iba por delante en la sociedad del siglo XIX en la que vivía, quería a toda la gente, se llevaba bien con todos». Tan moderna resultó para su tiempo que «la máquina de coser que trajo a Zamora fue la más adelantada en la época», apunta Yoli.

Y es que Bonifacia Rodríguez, que nació en Salamanca el 6 de junio de 1837, se crió en una familia humilde dedicada a la industria textil. «A los 13 años aprendió el oficio de cordonera y con él comienza a ganarse el sustento a los 15 años, tras fallecer su padre», destaca Mercedes. Un taller familiar que, poco a poco, fue recibiendo a mujeres de escasos recursos y formación y se convierte en El Taller de Nazaret, hasta que «al calor de su amistad y de los largos ratos que pasaban se creó la Asociación Josefina». El trasfondo evangélico de aquel taller no pasa desapercibido a su director espiritual, el jesuita Francisco Butinyà, y aquella misión dio como resultado las Siervas de San José, que comenzaron su vida en comunidad en 1974.

Los problemas llegan cuando Butinyà es «desterrado» de Salamanca y Bonifacia comienza a sufrir «rechazo, marginación... Para ella llega una dura persecución porque no tenía apoyo del nuevo director, el Padre Repila», destaca la coordinadora de la comunidad San José, Almudena Prieto. «No entendían a una religiosa que no quería llevar hábito, que estaba cerca de la mujer y se preocupaba por la formación», resalta la profesora del Divina Providencia, Mª Carmen de Paz; y es que su mensaje «es muy actual, podría estar escrito hoy mismo», añade su compañera Yoli.

El rechazo nunca fue contestado por Bonifacia que se vio obligada a dejar Salamanca para instalar su casa taller en Zamora. «Aquí encontró el respaldo del obispo Belestá y puso en marcha un segundo taller solidario al servicio de la mujer trabajadora y Bonifacia sigue estando muy presente en esta casa, está entre nosotras, su espíritu aún lo sentimos», afirma la religiosa, Mª Valle Sebastián.

Bonifacia murió en 1905 en Zamora, donde fue enterrada, aunque sus restos se acabaron por trasladar a Salamanca en 1945. Después de su fallecimiento, su fiel compañera, Socorro, se encargó de escribir su biografía y de guardar algunos de sus objetos personales y material de trabajo utilizado por ella. Todo lo recopilado decidió meterlo en una caja y esconderlo en un agujero que ella misma cavó detrás del altar de la capilla de su casa taller; consciente la amiga de las discrepancias que aún surgían en torno a la figura de Bonifacia.

Finalmente en 1936 una de aquellas compañeras de Bonifacia y Socorro desveló el secreto, «después de que en el penitenciario le levantaran el juramento», detalla Mercedes. «Se pusieron a cavar y a cavar y encontraron todo. A partir de entonces se hizo justicia con la fundadora y se produjo el reconocimiento de Bonifacia por todas las Siervas de San José. Entonces llegó la unión».

El primer taller de Salamanca

ROCÍO BLÁZQUEZ / SALAMANCA - ABC Castilla y León

Bonifacia Rodríguez de Castro vio la luz en la capital salmantina en 1837 en el seno de una familia de artesanos, cuyo carácter trabajador y cristiano marcaría toda su trayectoria vital y espiritual. La ciudad que la vio nacer y la que tuvo que abandonar tras ser destituida de su cargo como superiora responsable de la congregación fundada por ella, es también hoy la ciudad en la que reposan sus restos que llegaron desde la vecina Zamora en 1945.

Cuatro años más tarde, en 1949, en la capilla del Colegio de la Casa Generalicia de las Siervas de San José reposaron para siempre los restos de la fundadora en un mausoleo construido para tal fin, y que es objeto de visitas y veneración por parte de miles de fieles.

La primera santa salmantina es el eje fundamental del Colegio de la Siervas de San José que fundó, junto con el padre jesuita Francisco Buntinyá. Una comunidad que hoy suma 720 hermanas distribuidas en 13 países de Europa, Iberoamérica, África y Asia. En la actualidad las Siervas de San José están presentes en Salamanca en cinco comunidades, el Colegio de la Sagrada Familia y en cuya iglesia se encuentran depositados los restos de la Madre Bonifacia. La residencia de mayores en la calle de M. Bonifacia de Castro. Además se encuentra la Comunidad de Jesús Arrambarri, en el Barrio de Puente Ladrillo, en la que residen varias hermanas que se dedican a la enseñanza.

Junto a estos centros destaca la Residencia Barrio de Buenos Aires en la que se encuentra un taller textil y guardería para la promoción de la mujer, siguiendo el espíritu de la fundadora. Dentro de los centros, el más destacado por la trascendencia histórica y espiritual es la Casa de Santa Teresa. En ella está el primer taller de la fundadora, que puede visitarse junto al pequeño museo dedicado a la madre Bonifacia y al padre Butinyá.

lunes, 21 de febrero de 2011

Madre Bonifacia: “una llamada para vivir la santidad”


Hoy se ha presentado en Zamora la fecha de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, que ha sido hecha pública momentos antes por el papa Benedicto XVI.

Zamora, 21/02/11. A las 13,30 horas de hoy, el Colegio Divina Providencia de Zamora, regentado por las Siervas de San José, ha sido el lugar donde se ha presentado en rueda de prensa la fecha de la canonización de la Madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de la congregación.

La presentación ha estado a cargo del delegado diocesano de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría, que ha leído la comunicación oficial de la canonización hecha pública tan sólo media hora antes por el boletín de la Santa Sede, y que fija para el próximo 23 de octubre la fecha de la ceremonia, que la beata zamorana compartirá con los italianos, también fundadores, Luigi Guanella y Guido María Conforti.

Por parte de la congregación de las Siervas de San José, la primera en intervenir ha sido Mercedes Lozano, miembro de la comunidad del Colegio Divina Providencia de la capital zamorana, que ha resumido la importancia que tiene la próxima canonización para la congregación. A continuación, Almudena Prieto, miembro de la comunidad del Colegio San José, también de Zamora, ha expuesto la actualidad de la figura de la Madre Bonifacia.

El último en intervenir ha sido Juan Luis Martín Barrios, vicario general de la Diócesis, que ha mostrado la importancia de la canonización de Bonifacia Rodríguez tanto para la Iglesia como para la sociedad zamorana, por lo que supuso su figura y sus continuadoras, las Siervas de San José, en esta ciudad y en tantos lugares de España y del mundo.

Reproducimos a continuación las intervenciones de la mesa.

Importancia de la canonización para la congregación

Mercedes Lozano, SSJ

Para toda la Congregación y para cada una de las Siervas de san José, es una gran alegría, un gran gozo, el ver reconocida públicamente, por la Iglesia la santidad de nuestra fundadora, Madre Bonifacia Rodríguez de Castro.

De nuestro corazón brota un canto con el salmista: “La piedra que el cantero desechó es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”.

Bonifacia es una mujer que sufrió los desprecios de su propia comunidad en Salamanca y se vio obligada a venirse a Zamora. Aquí fue fiel a sus principios y al Proyecto Congregacional. Sufrió el aislamiento de la comunidad de Salamanca en silencio y perdón, disculpando a las que la ofendían. Vive con pasión su entrega a Jesús de Nazaret expresada en su frase: “Contigo y como Tú”.

Para las Siervas de san José, estos momentos, nos sirven de interpelación para vivir la santidad, como ella la vivió. No podemos quedarnos solo en el gozo, es muy importante que sea para nosotros un modelo de vida vivida para Jesús y como Jesús, fielmente entregadas al proyecto congregacional, trabajando por el Reino de Dios.

La Madre Bonifacia es una figura actual

Almudena Prieto, SSJ

Bonifacia vivió una espiritualidad encarnada en la realidad de su tiempo y que nos sirve para la realidad encarnada en el día de hoy. Busca la prevención de la mujer trabajadora y pobre en situación de riesgo, generando espacios de vida y trabajo en los que la vivencia del Taller de Nazaret se convierta en un medio de evangelización y promoción, que le permita a la mujer ver reconocida su dignidad.

La certeza de que la dedicación a la mujer pobre y trabajadora era medular en la congregación, la llevó a una plena dedicación apostólica a favor de ellas. Enseñar a leer, escribir; el catecismo era una tarea necesaria en un contexto de analfabetismo femenino; después formar en las tareas propias del hogar y en un oficio a fin de que pudieran ganarse el sustento. Este fue el programa de Bonifacia, llevado a la práctica con amor, dedicación y firmeza.

Bonifacia estaba convencida de que la cultura y el trabajo eran fuentes de liberación y autonomía para la mujer. Un trabajo remunerado, para ganarse el pan hacía de la mujer pobre tan sometida en todos los niveles, una mujer autónoma y liberada. Bonifacia, de una forma sencilla se adelanta a su tiempo en esta dimensión liberadora del trabajo.

El mundo trabajador y pobre es su preocupación y ocupación. En la actualidad, en la Congregación existen numerosos talleres, en distintas partes del mundo, en los que jóvenes que no tienen trabajo, a la vez que adquieren una preparación, encuentran un camino para salir adelante ellas y sus familias de una manera digna.

Bonifacia también acoge a niñas huérfanas y necesitadas, dándoles casa y formación. Las trata con cariño y las quiere “como a las niñas de sus ojos”. Siguiendo el modelo de Bonifacia, en nuestros centros siempre tienen preferencia los niños y niñas que proceden del mundo trabajador y pobre.

La Madre Bonifacia, un manantial de vida

Juan Luis Martín Barrios

Toda la Diócesis de Zamora, con su obispo a la cabeza, se siente gozosa al recibir la noticia que el Santo Padre nos acaba de comunicar esta mañana en el Consistorio de cardenales: Bonifacia será canonizada.

Bonifacia es una santa nuestra, por eso en primer lugar damos gracias a Dios por este don, y con la misma disponibilidad con la que a finales del siglo XIX Zamora acogió a Bonifacia y su carisma, con esa misma apertura la recibimos hoy como santa.

Subrayo tres cosas a la hora de esta noticia. En primer lugar, dar gracias a Dios por este don. Ella, con su carisma que, como dicen las hermanas, se refiere al mundo trabajador y pobre, sobre todo para acompañar a las chicas necesitadas de aquel tiempo, es un don para nosotros. Miles y miles de chicas y de chicos han pasado por estos colegios donde se ha cuidado su dignidad, su libertad, y toda su dimensión de ser hijos de Dios y hermanos de los demás.

En segundo lugar, es un motivo también de gratitud a las Siervas de San José por la labor que realizan en toda nuestra Diócesis. Madre Bonifacia ya es conocida tanto en las ciudades como en los pueblos de Zamora. Por eso, bienvenida sea la noticia.

Y en tercer lugar, súplica. A través de ella, por su intercesión, pedimos protección para nuestra Diócesis, para que laicos, consagrados y sacerdotes seamos coherentes con el don recibido en esta hora difícil y apasionante de la Iglesia y de la sociedad. Es un don para la Iglesia, pero es un don también para la sociedad zamorana. Porque a través de ella, y hoy de sus hijas, muchas generaciones han podido percibir lo que significaba al mundo trabajador y pobre.

Yo creo que estamos hechos para vivir a borbotones. Quien acoge a Jesús, disfruta de su vida dándola y dándose, y es ahí donde viene la ganancia. Podemos decir de Madre Bonifacia que es un manantial de vida, un “chorro” de vida. Ella nos ofrece poder beber hoy de su propio pozo, por su amor hecho ternura, perdón, disculpa, silencio, dulzura, cercanía, oración.

Destacaría la labor de cuatro obispos que a lo largo de esta pequeña historia han intervenido en el camino de Madre Bonifacia. En primer lugar, D. Tomás Belestá, que fue quien acogió a esta mujer, que por las dificultades que tenía en Salamanca, se vio empujada a venir a Zamora. D. Tomás la acogió y la ayudó, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el punto de vista material, económico.

Y continuó la tarea D. Luis Felipe Ortiz, quien fue posibilitando las pequeñas casas, en este rincón precisamente, donde estamos ahora y ya huele a santidad. Porque aquí, en este lugar, se amasó su barro según la voluntad de Dios. En tercer lugar, hace prácticamente ocho años, D. Casimiro López, en aquella Plaza de San Pedro abarrotada solicitaba la beatificación de Madre Bonifacia. Y hoy le toca a D. Gregorio Martínez vivir el gozo de esta mujer en la Diócesis que él preside. Por todo ello damos gracias a Dios.

Pero hay algo que nos sorprende, porque si bien es verdad que en estos últimos tiempos hemos visto las “prisas” de la Iglesia por beatificar a Madre Teresa de Calcuta, de la que hemos “palpado” su santidad incluso a través de los medios de comunicación; no es menos cierto que Juan Pablo II, a pasos agigantados –“santo súbito”– ha llegado a la beatificación… Pero que Madre Bonifacia, en sólo once años, haya sido reconocida por la Iglesia como referente de santidad, es pura gracia de Dios. Por eso podemos decir que “el Señor adorna con la victoria a los humildes” y estamos alegres.