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lunes, 25 de marzo de 2013

El obispo preside los cultos de Semana Santa en la Catedral

El obispo de Zamora presidirá el Miércoles Santo la Misa Crismal, en la que se bendecirán los Santos Óleos y los sacerdotes renovarán sus promesas. Además, presidirá los actos litúrgicos principales del triduo pascual: la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, la celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo, la Vigilia Pascual de la noche del Sábado Santo y la Misa pontifical del Domingo de Resurrección.

Zamora, 25/03/13. Como es habitual, el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, presidirá las principales celebraciones litúrgicas de la Semana Santa en la Catedral de Zamora, actos que comenzaron ayer, 24 de marzo, con la Misa del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

Misa Crismal

Como momento previo al triduo pascual, la mayoría de los sacerdotes de la Diócesis se darán cita en la Catedral para concelebrar la Misa Crismal, que presidirá el obispo a las 11 horas del Miércoles Santo, 27 de marzo. A esta celebración están invitados todos los fieles, que cada año van llenando más el primer templo zamorano.

La Misa Crismal es la primera de la liturgia del Jueves Santo, anterior a la Misa de la Cena del Señor, y en muchos lugares se adelanta, como en Zamora, para facilitar la participación de los sacerdotes y del resto de fieles. Porque en esta celebración el clero renueva ante el pueblo de Dios las promesas de su ordenación presbiteral.

Además, en esta eucaristía el obispo consagra el Santo Crisma y bendice los óleos de los catecúmenos (empleado en el bautismo) y de los enfermos (empleado en la unción de los enfermos, de ahí el nombre de “Misa Crismal”.

La palabra “crisma” proviene del término griego chrisma, que significa unción (y por ello Cristo significa ungido, Mesías). Así se llama al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Miércoles Santo por la mañana, y que servirá para ungir a los nuevos bautizados, signar a los confirmados y ordenar a sacerdotes y obispos. En una procesión solemne los óleos son llevados al presbiterio de la Catedral en tres ánforas que se guardan antes en el Coro, para ser bendecidos.

Triduo pascual

El triduo pascual se iniciará con la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo (28 de marzo) a las 17 horas. La Iglesia recuerda esa tarde la última cena de Jesús, el día del amor fraterno y la institución del sacerdocio. A continuación tendrá lugar la tradicional Hora Santa, un tiempo de oración comunitaria ante el Santísimo Sacramento, reservado en el “monumento” para la adoración de los fieles y para poder dar la comunión al día siguiente, cuando no se puede celebrar la eucaristía.

El Viernes Santo, 29 de marzo, se iniciará con el rezo del oficio de Laudes (oración matutina de la Iglesia) a las 10 horas. La celebración de la Pasión del Señor, presidida por el obispo, tendrá lugar a las 13 horas. En ella destacan, como momentos fundamentales, la lectura de la Pasión según San Juan, una larga oración universal, la adoración de la cruz y la comunión del Santísimo Sacramento reservado del día anterior.

El Sábado Santo, 30 de marzo, día de silencio en la Iglesia, que aguarda junto al sepulcro de Cristo su resurrección, comenzará con el rezo del oficio de Laudes a las 10 horas. El obispo presidirá la solemne Vigilia Pascual a las 23 horas, con su esquema tradicional: lucernario, larga liturgia de la Palabra, liturgia bautismal y liturgia eucarística.

Continuando la solemnidad de la Resurrección de Cristo, a las 10 horas del Domingo de Pascua, 31 de marzo, tendrá lugar la Misa con el rezo de Laudes. A las 13 horas el obispo presidirá la solemne Misa pontifical con la bendición papal.

viernes, 1 de marzo de 2013

Así vive la Diócesis de Zamora la sede apostólica vacante


La Delegación Diocesana de Liturgia de Zamora ha enviado a los sacerdotes unas indicaciones relativas a la renuncia de Benedicto XVI, el período actual de sede apostólica vacante y la elección del nuevo Papa, para su aplicación en las parroquias.

Zamora, 1/03/13. A las 20 horas de ayer, Benedicto XVI dejó de ser obispo de Roma, pasando a ser Papa emérito. Muchas de las iglesias de la Diócesis de Zamora se unieron a los templos de la ciudad eterna para despedir al Romano Pontífice con el repique de las campanas a las 17 horas, cuando abandonó la Ciudad del Vaticano.

Desde el Obispado se ha dirigido una misiva hace unos días a los sacerdotes con algunas indicaciones para el tiempo de la sede apostólica vacante, con lo que hay que hacer en el momento de la elección del nuevo Papa. El delegado diocesano de Liturgia, Narciso Jesús Lorenzo, ha escrito a las parroquias, a instancias de la Vicaría General.

Las instrucciones comienzan con el acto litúrgico más importante de la Iglesia: la Misa. En ella, en la plegaria eucarística “no se hace mención alguna relativa al Papa y se comienza nombrando al Obispo Diocesano”, Gregorio Martínez Sacristán. Además, el prelado permite a los sacerdotes la celebración de la Misa con el formulario “pro eligendo Papa” cuando comience el cónclave.

Otra indicación bien concreta de la Delegación Diocesana de Liturgia es la siguiente, que se hizo efectiva en la tarde de ayer: “repíquense las campanas de nuestros templos como muestra del efecto y comunión de nuestra Iglesia Diocesana”. También se repicarán las campanas en el momento en que se anuncie la elección del nuevo Papa. Y, por último, se proponen tres modelos de petición para usar tanto en la Misa como en el rezo del Oficio Divino.

Reproducimos las indicaciones literales a continuación.


INTERCESIÓN EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA

Durante el tiempo de Sede Vacante hasta la elección del nuevo Papa no se hace mención alguna relativa al Papa y se comienza nombrando al Obispo Diocesano.

- Plegaria Eucarística I: …y la gobiernes en el mundo entero, con nuestro Obispo Gregorio y todos los demás obispos que fieles a la verdad promueven la fe católica y apostólica.

- Plegaria Eucarística II: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra, con nuestro Obispo Gregorio y todos los pastores que cuidan de tu pueblo…

- Plegaría Eucarística III: Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia extendida por toda la tierra, a nuestro Obispo Gregorio, al orden episcopal a los presbíteros y diáconos…

- Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación II: Que este Espíritu, vínculo de amor, nos guarde en comunión con nuestro Obispo Gregorio, con los demás obispos y todo tu pueblo santo.

- Plegaria Eucarística sobre la Reconciliación I: Guárdanos a todos en comunión de fe y amor con nuestro Obispo Gregorio.

MISA PARA LA ELECCIÓN DEL PAPA

El Sr. Obispo concede el permiso para celebrar la Misa pro eligendo Papa en la feria de Cuaresma en la que dé comienzo el Cónclave. Si éste se iniciase en un Domingo de Cuaresma se celebrará en la feria siguiente. Su usará el formulario: “para elegir un Papa” (Misal Romano, p. 910). Lecturas propias de la feria de Cuaresma y vestiduras de color blanco.

REPIQUE DE CAMPANAS

Uniéndonos a la Urbe, donde sonarán todas las campanas de sus basílicas e iglesias en la despedida del Romano Pontífice Benedicto XVI, repíquense las campanas de nuestros templos como muestra del efecto y comunión de nuestra Iglesia Diocesana a las 17:00 h., momento de la partida del Santo Padre desde San Pedro a su retiro de Castel Gandolfo.

Asimismo háganse sonar las campanas de todas las iglesias de nuestra Diócesis en el momento mismo en que se comunique la elección del nuevo Pontífice.

PETICIÓN POR EL NUEVO PONTÍFICE EN LA ORACIÓN DE LOS FIELES Y EN LAS PRECES DEL OFICIO

Hágase alguna de estas tres peticiones después de la súplica por la Santa Iglesia, si la hubiere, tanto en la Oración de los fieles de la Misa, como en las preces del Oficio Divino.

1-Oremos para que Dios todopoderoso conceda a la Iglesia universal un pastor santo y entregado al rebaño por su dedicación pastoral. Roguemos al Señor.

2-Oremos para que Dios todopoderoso nos conceda tener al frente de la Iglesia universal un pastor según su corazón. Roguemos al Señor.

3-Oremos para que Dios todopoderoso nos llene de alegría con la elección de un Pastor para la Iglesia universal, que con sus virtudes sirva de ejemplo a tu pueblo e ilumine a los fieles con la verdad del Evangelio. Roguemos al Señor.

jueves, 1 de noviembre de 2012

La incineración de los cadáveres ante el hecho cristiano de la muerte


Nos acercamos a la celebración del Día de los difuntos, que nos recuerda, a los cristianos, nuestra condición de seres finitos y caducos, llamados a desaparecer, pero, a su vez, alentados por la fe en la resurrección al final de los tiempos. La fe cristiana nos dice que la muerte no es el final del camino. El hombre vive y muere para Dios. Nos sentimos en las manos de Dios, tanto en el vivir como en el momento de la muerte. Es Dios quien actúa en nosotros y a través nuestro, y quiere que busquemos el bien, en el cumplimiento de la voluntad del Padre.

La realidad de la muerte es un hecho biológico, que, para el cristiano, tiene su significado en el contexto de la Muerte y Resurrección de Jesús. Con la muerte, el hombre pasa a participar de otra realidad, en la creencia en la resurrección de Jesús. Jesús nos anticipa el camino, y nos pide fe en el proyecto de un futuro prometedor después de la muerte. De ahí, el sentido cristiano de la muerte, más allá de cualquier valoración de ésta como una realidad meramente natural. El cristiano no puede quedarse en la apreciación de la muerte como un hecho meramente biológico: nacemos, crecemos y morimos. Esta realidad, que humanamente es así, tiene para los cristianos una exigencia de fe en el más allá de la muerte.

Por otro lado, es cierto que también los cristianos arrinconamos, en muchos casos, la realidad de la muerte, o la concebimos sin el horizonte de la resurrección; y eso nos lleva a desdibujar el momento final. La Iglesia nos dice que la Pascua definitiva del cristiano es la que, a través de la muerte, hace entrar al creyente en la vida del Reino. Rezamos en el Credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Y, en este contexto, hay que valorar el respeto que se merece nuestro cuerpo en el momento de la muerte.

La Iglesia cuida de la sepultura digna y cristiana de los difuntos, y pide que se honren sus cuerpos después de la muerte. La forma tradicional de realizar las exequias en Occidente ha sido la inhumación, porque es signo de esperanza en la resurrección futura. Aunque, por diversos motivos, la Iglesia ha aceptado también la cremación. Para muchos, el problema que se suscita es: ¿qué hacer con las cenizas fruto de la incineración del cadáver? El respeto cristiano por el cuerpo ha de llevarnos, desde el recuerdo agradecido del difunto, a depositarlas en el campo santo, lugar sagrado, donde reposan los cuerpos de los finados. No es de alabar el que las mismas se coloquen en cualquier lugar, se tengan como objeto de veneración o se las eche al viento. La presencia, de otra forma, del difunto ha de ser desde la oración y no desde el sentimentalismo o la nostalgia de su presencia física antes de la muerte.

El fin del hombre es gozar de la presencia de Dios. Se nos pide a los cristianos que hagamos posible que los despojos humanos, fruto de la muerte, tengan el respeto que se merecen, más allá de emotividades y sentimentalismos, y que tengamos en cuenta que, sin prohibir la cremación, la Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; y que cadáver o cenizas se depositen en los cementerios, dormitorios donde descansan los fieles en espera de la resurrección y lugares de oración por ellos.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice en el nº 1683: “La Iglesia ofrece el Padre, en Cristo, al Hijo de su gracia, y deposita en la tierra, con esperanza, el germen del cuerpo que resucitará en la gloria (cf. 1 Co 15, 42-44)”.

José-Francisco Matías Sampedro
Vicario General de la Diócesis de Zamora

viernes, 8 de junio de 2012

Obispo de Zamora: “ante la crisis no podemos estar indiferentes, pasivos ni resignados”


En su carta pastoral con motivo del Corpus Christi, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, llama a la colaboración permanente con Cáritas, y reflexiona sobre las raíces que han llevado a la crisis global actual, proponiendo un estilo de vida alternativo en el que destaquen la austeridad y la generosidad.

Zamora, 8/06/12. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, ha escrito una carta pastoral para la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi) y el Día de la Caridad, que se celebran el próximo domingo 10 de junio. Como título de su misiva ha tomado el lema que está utilizando Cáritas durante todo este año como marco de su campaña. Reproducimos la carta íntegra a continuación.

***

VIVE SENCILLAMENTE PARA QUE OTROS, SENCILLAMENTE, PUEDAN VIVIR
Carta pastoral del Obispo de Zamora en la fiesta del Corpus Christi y Día de la Caridad 2012

Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo:

Con inmenso gozo celebramos el domingo, 10 de Junio, la Solemnidad del Corpus Christi, con la que los cristianos hacemos fiesta en torno al Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. En esta religiosa jornada nos sentimos convocados a participar en la Eucaristía, al tiempo que a adorarla y también a procesionarla. En el Banquete eucarístico se nos da el mismo Señor Jesucristo, ya que en él renueva su entrega obediente a Dios Padre en bien de la redención de toda la humanidad.

Recibiendo el don eucarístico percibimos el significado de estas palabras de Jesús sobre sí: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6, 48). Así, en el Pan consagrado se hace presente el Hijo de Dios, el cual, compartiendo nuestra condición humana, se ha hecho solidario de cada hombre y mujer, sobre todo, de cuantos sufren o están necesitados. Además, como afirma Jesús: “es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo” (Jn 6, 32). Por lo tanto, es el Padre Dios quien nos alimenta y sostiene con la Eucaristía.

En el Pan eucarístico recibimos la vida más plena: la vida de Dios, la cual Jesús desarrolló, sigue viviendo y quiere compartir con cuantos aceptan vivir a semejanza suya. También Jesús nos indica la capacidad que contiene “el pan que baja del cielo”, al enseñarnos que “el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51). Por lo cual, con su Cuerpo sacramental el Señor nos concede la potencia vivificadora de Dios que renueva las personas y los pueblos. Es decir, en la Eucaristía el Señor nos hace partícipes del ser de Dios: su Amor. Por eso la Fiesta del Corpus Christi conlleva la celebración del Día de la Caridad, de modo que el Amor de Dios, encarnado en Cristo y hecho alimento en la Eucaristía, ha de caracterizar la vida de todos los creyentes.

Sabemos que el ejercicio de la Caridad, por parte de todos y cada uno de los cristianos, ha de estar dirigido de modo preferente, aunque no exclusivo, siguiendo así el ejemplo mostrado por Jesús, hacia los más desfavorecidos, excluidos, marginados y vulnerables de la sociedad. Además comprobamos que los primeros destinatarios de la acción caritativa no están disminuyendo en el momento presente, ni incluso en nuestro contexto social más próximo. Sino que, aunque nos resulte difícil reconocerlo, la pobreza en nuestro país se ha hecho más extensa, más intensa y más crónica.

Percibimos que el origen de este incremento de personas y familias pobres se debe a las incisivas consecuencias que aún sigue produciendo la crisis económica, moral y cultural que nos está afectando, y de la que aún vemos costosa su resolución. Pero, frente a la cual, los cristianos no podemos ni debemos permanecer indiferentes, pasivos, ni resignados. Por eso nos conviene recordar algunos datos de la preocupante situación social actual: la elevada tasa de desempleo que afecta ya a cinco millones de personas en nuestro país; así como que uno de cada cuatro españoles se encuentra en situación de riesgo de pobreza y exclusión social, debido, en gran parte, a la pérdida de vivienda y trabajo. También hay más de un millón de hogares con todos sus miembros activos en paro. Y, además, aumenta la injusta brecha entre ricos y pobres en nuestra nación.

La celebración del Día de la Caridad nos motiva a ser sensibles ante tantos hermanos que sufren por la carencia de trabajo, por no poder sostener dignamente a su propia familia, por no lograr hacer frente a las deudas que han contraído, o por no alcanzar a satisfacer sus necesidades más fundamentales. Ante lo cual nos damos cuenta que el modelo social y económico que ha llevado a esta situación requiere ser revisado y regenerado. Ha de implantarse un nuevo modelo de desarrollo que ponga como primer valor a la persona, y no se base en el fomento del consumo ilimitado y en el afán desmedido por acumular y disfrutar de bienes para la satisfacción individual.

Afirmamos que es posible superar esta situación ya que confiamos en el Amor compasivo de Jesucristo por cada persona. Para ello hemos de cambiar la orientación de nuestra vida. Debemos asumir y practicar el lema que propone Cáritas para este Día de la Caridad: “Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”. Es decir, se trata de optar decididamente por un nuevo estilo de vida en el que ejercitemos una austeridad responsable y solidaria. O sea, un modo de vivir en el que sepamos diferenciar lo que son realmente nuestras necesidades, a las que debemos atender, y lo que propiamente son nuestros deseos y caprichos, de los cuales podemos renunciar, por ser superfluos. Esta vida austera, que nos corresponde asumir, tiene una doble finalidad: por un lado, hacernos libres de los bienes y así no vivir dependiendo de ellos; y por otro, convertirnos en personas solidarias. Es decir, posibilita que los otros hermanos puedan “sencillamente vivir”, ya que se les ayudará a atender a sus necesidades personales y familiares básicas, alcanzando una existencia con dignidad.

Procurando vivir en la austeridad en el consumo personal y grupal de bienes, nos habituaremos al ejercicio de los valores que construyen la vida social, como son la relación fraterna, la solicitud y el compromiso a favor de los otros. Así, practicando la austeridad, nos abriremos a la generosidad, tal como caracteriza el ser y hacer de Cáritas, la cual es la Iglesia Católica que ejercita de modo organizado el Amor de Dios hacia los necesitados. En este sentido comprobamos que nuestra Cáritas Diocesana está consagrada a procurar que muchos hombres y mujeres puedan “sencillamente” vivir. Esto lo alcanza realizando un esfuerzo más intenso en estos momentos, a través de las abundantes y eficaces acciones que desarrolla, no buscando el protagonismo, sino apoyada en la generosidad anónima, gratuita y perseverante de muchos cristianos.

Por lo cual todos los católicos debemos agregarnos a la vida de Cáritas, a través de las diversas modalidades en que se puede concretar nuestro compromiso caritativo. Ya sea, colaborando personalmente en sus acciones por medio del voluntariado. Ya sea, aportando de lo nuestro para que prosiga desarrollando sus beneficiosos y variados programas. Ya sea, en nuestra parroquia o arciprestazgo implicándonos para que se implante y extienda la presencia de Cáritas en los núcleos rurales de nuestra Iglesia, para que a todos les llegue nuestra propuesta de vivir con sencillez y generosidad.

Concluyo animándoos a todos a participar en Cáritas, este Día y cada jornada.

+ Gregorio Martínez Sacristán
Obispo de Zamora

lunes, 5 de marzo de 2012

El obispo bendice la capilla renovada del Seminario San Atilano


A las 20 horas de hoy el obispo de Zamora presidirá la eucaristía en la que bendecirá en su reapertura al culto la capilla del Seminario San Atilano después de las obras de remodelación.

Zamora, 5/03/02. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, presidirá esta tarde la eucaristía en la capilla del Seminario San Atilano – Casa de la Iglesia, por vez primera desde las obras de remodelación que acaban de terminar la semana pasada. Será la ocasión para bendecir el lugar en su reapertura al culto, y el prelado dedicará el altar.

La celebración, que comenzará a las 20 horas, será concelebrada, entre otros, por el rector del Seminario San Atilano, Florentino Pérez, y por el director de la Casa de la Iglesia, Fernando Toribio, vicario de pastoral.

Hace algo más de 12 años que el edificio del Seminario San Atilano está en proceso de reforma y adaptación a las necesidades actuales. Cuando en 2004 se concluyeron las obras de remodelación de lo que actualmente es la Casa de la Iglesia, en la planta principal del edificio, quedó pendiente realizar una capilla de uso compartido por el Seminario y la Casa de la Iglesia.

Hasta el momento se había venido usando el espacio reservado para ello gracias a los elementos prestados por diversas instituciones. Así, el altar y las credencias habían sido depositados en el Seminario por la S.I. Catedral, para poder celebrar la Eucaristía. Las imágenes también habían sido depositadas por distintas comunidades parroquiales como, por ejemplo, la parroquia de San Torcuato.

Una capilla más moderna

A comienzos del curso 2011/12, con la aprobación de la Delegación Diocesana para el Patrimonio y la Cultura, de la Delegación Diocesana de Liturgia y del Consejo Diocesano de Asuntos Económicos, “se procedió a diseñar una nueva capilla de líneas más modernas”, según explica el rector, Florentino Pérez, que ha sido el responsable, junto con Narciso-Jesús Lorenzo, del asesoramiento teológico y litúrgico.

Han sido tres semanas las que ha necesitado la capilla para ser remodelada, “buscando las líneas sencillas y tratando de plasmar lo que es el proceso vocacional”. La realización y el diseño ha estado a cargo de Teresa Álvarez, profesora del Seminario San Atilano, miembro de la Société Nationale des Beaux-Arts (SNBA) y ganadora del Premio Internacional Yves de Valence en el Louvre de París.

Las imágenes de Cristo Resucitado y de la Virgen María son de madera de tilo. El sagrario es de bronce dorado y, al igual que la imagen de Cristo que preside la capilla, procede de Italia, del Laboratorio Grupo Litúrgico. La imagen de la Virgen es de los talleres Anrro de Madrid. Los bancos, el altar, la sede y el ambón los ha realizado el ebanista zamorano Juan José Pérez Lorenzo.

Álbum fotográfico en:
https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/CapillaRenovadaDelSeminario

Rito de dedicación del altar

El rito de la dedicación del altar constituye un momento simbólico muy especial, ya que en la liturgia católica el altar representa a Cristo, y como tal recibe veneración. De hecho, se celebra una Misa específica para la ocasión de la dedicación, que resumimos a continuación.

Los ritos iniciales de la misa de la dedicación de un altar se hacen en la forma acostumbrada, pero, en lugar del acto penitencial, el obispo bendice el agua y rocía con ella al pueblo y las paredes del templo, y hace lo mismo con el nuevo altar (lustración). Después continúa la liturgia de la Palabra, y después de la homilía se omite la oración de los fieles (peticiones), ya que en su lugar se cantan las letanías de los santos. Al acabar, el obispo suplica a Dios “para que este altar que va a ser dedicado a tu nombre sea lugar de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, reunido en la unidad, celebre el sacrificio de Cristo y se construya en el amor”.

La celebración de la eucaristía es el rito máximo y el único necesario para dedicar un altar; no obstante, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto oriental como occidental, se dice también una peculiar oración de dedicación, en la que se expresa la voluntad de dedicar para siempre el altar al Señor y se pide su bendición. En ella, el obispo pide a Dios que “esta piedra sea para nosotros signo de Cristo. Sea la mesa del banquete gozoso a la que acudamos llenos de alegría”, y también que “sea fuente de unidad y de concordia para todos los que formamos tu Iglesia santa; fuente a la que tus hijos acudan hermanados para beber en ella el espíritu de mutua caridad”, entre otras cosas.

Después tienen lugar los ritos de unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar, que expresan con signos visibles algo de aquella acción invisible que Dios realiza por medio de la Iglesia cuando ésta celebra los sagrados misterios, en especial la eucaristía. En primer lugar, el obispo unge con el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, convirtiéndolo así en símbolo de Cristo, el Ungido.

A continuación, se coloca sobre en el centro del altar un brasero, y el obispo quema incienso en él, para significar que el sacrificio de Cristo, celebrado allí, sube hasta Dios, así como las oraciones de los fieles. Luego tiene lugar la vestición del altar con el mantel, como mesa del banquete del Señor, a la cual los fieles se acercan alegres para alimentarse del Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado, y se ponen los candelabros y el crucifijo. Por último, el obispo entrega una vela encendida para que se enciendan esos candelabros, lo que se denomina la iluminación del altar.

El obispo besa entonces el altar, en el que celebra la eucaristía, que es la parte principal del rito, y que continúa con normalidad. En el prefacio se dice que el altar “es el lugar santo donde se ofrece incesantemente el sacrificio de Cristo, se tributa una alabanza perfecta y se lleva a cabo nuestra redención”. Al finalizar la celebración, los sacerdotes y todos los fieles se acercan a besar el altar como signo de veneración.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Semana de formación litúrgica en Zamora


Zamora, 12/11/11. La Delegación Diocesana de Liturgia ha organizado, para la próxima semana, un curso de formación para las personas que llevan a cabo los servicios litúrgicos en las comunidades cristianas. Con el aperitivo que será, esta misma mañana del sábado, el primer Encuentro de Acólitos (a las 11 horas en el Seminario San Atilano), se anticipa lo que será un curso sobre los ministerios más comunes en las parroquias.

Según explica en su carta de convocatoria el delegado de Liturgia, Narciso Jesús Lorenzo, el objetivo de esta semana es “ofrecer un complemento formativo, práctico y espiritual a las personas que generosamente realizan o vayan a realizar diversos servicios litúrgicos en las parroquias”.

La semana de formación litúrgica tendrá lugar del lunes 14 al viernes 18 de noviembre, de 19 a 21 horas en el Seminario San Atilano. Los días 14 y 15 estarán dedicados al oficio de los lectores; los días 16 y 17 darán formación a los ministros extraordinarios de la Comunión; y por último, el viernes 18 será el turno de los animadores del canto.

lunes, 10 de octubre de 2011

A todos los que encontréis convidadlos al banquete


NARCISO-JESÚS LORENZO

Domingo XXVIII del tiempo ordinario – Ciclo A

“A todos los que encontréis, convidadlos a la boda” (Mateo 22,1-14)

Con sucesivas parábolas, primero de la viña, imagen del pueblo de Dios, ahora con la del banquete de bodas del hijo de un rey, Jesús va dejando bien claras las cosas. Quién es él y cuál es la actitud, ya sin tapujos, de los dirigentes del pueblo. Lo que está en juego es el cumplimiento de las esperanzas de los hombres y mujeres santos de Israel, la llegada del Mesías y la instauración del reinado de Dios. Pero lo que está ocurriendo es que los primeros destinatarios de esta promesa divina, no sólo no quieren nada con Jesús, sino que planean su eliminación. «Matemos al hijo, así nos quedaremos con la herencia». En esta parábola los convidados a la boda desprecian la invitación. O no quieren ir, o no están dispuestos a dejar lo que están haciendo, llegando incluso a maltratar y matar a los enviados.

La parábola tiene una actualidad extraordinaria porque son tantos los que no quieren nada con la fe. Son muchos los que no están dispuestos a dejar nada de su vida por los compromisos de la vida cristiana, entre ellos la participación en la Eucaristía. Como sucedió con los profetas o con el mismo Jesús, son, también, numerosos los que, si pueden, hostigan o persiguen a los cristianos. Según algunos observatorios sociales como el diario inglés «Gospel Herald» «el Cristianismo es ahora mismo la religión más perseguida del mundo y cada cinco minutos es asesinado un cristiano».

La imagen del banquete de bodas, símbolo del Reino de Dios que llega con Jesús, el Esposo entregado y fiel de la humanidad, sirve igualmente para comprender el significado más íntimo y místico de la Eucaristía, que es llamada banquete eucarístico al que están invitados todos los hombres y todos los pueblos de la tierra. Qué hermoso ha sido participar de este convite y experimentar, con motivo de la JMJ en la explanada de la Catedral con nuestro obispo, o en Cuatro Vientos en torno al Santo Padre el Papa, una emoción compartida: la alegría de creer todos en Jesús, vivo, resucitado, presente y elevar todos, de tantos lugares y de tantas lenguas, oraciones y cantos como una solo voz, gracias a una preciosa herencia de plegarias e himno latinos como el «Pater noster», «Gloria in excelsis», «Agnus Dei», o en griego como «Kyrie eleison», o en hebreo como «Aleluya» o Amén. Podrían parecer «añejos» estos, pero el sentirte como en tu propia casa cuando celebras la Eucaristía en cualquier parte del mundo o el saber que, además de participar de la misma fe y del mismo Pan, también podemos rezar en algún momento en una misma lengua, por vieja que sea, es siempre un don y una señal de ese banquete universal que es la Santa Eucaristía.

La Opinión-El Correo de Zamora, 9/10/11.

martes, 21 de junio de 2011

Actos con motivo del Corpus Christi en Zamora


El próximo viernes 24 de junio comenzarán los actos litúrgicos con motivo de la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que tendrá lugar el domingo 26.

Zamora, 21/06/11. El próximo domingo 26 de junio es la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, el “Corpus Christi”, y el Cabildo Catedral de Zamora ha publicado el programa de actos litúrgicos que tendrán lugar tanto ese día como las jornadas previas.

Las actividades programadas comenzarán el viernes 24, con un acto eucarístico de preparación en el que participarán los niños que han hecho este año su Primera Comunión, y que tendrán un lugar especial en la procesión del domingo. Dicho acto tendrá lugar a las 18 horas del viernes en la Catedral. A continuación, a las 20,30 horas, la iglesia de Santiago del Burgo, dedicada desde el año pasado al culto al Santísimo Sacramento, acogerá un encuentro de adoración y un concierto eucarístico a cargo del Coro Sacro “Jerónimo Aguado”.

La víspera del día del Corpus, el sábado 25, comenzará con la procesión con la Virgen de la Concha, que saldrá a las 19 horas de la iglesia parroquial de San Vicente, hasta el primer templo diocesano. Allí, en la Catedral, a las 20 horas se iniciará el solemne canto de las primeras Vísperas, que terminará con la bendición eucarística.

Como ya es tradicional, la solemne Misa Pontifical, presidida por el obispo Gregorio Martínez Sacristán, será el acto central del domingo 26, a las 10 horas en la Catedral. Acto seguido, está previsto que a las 11 horas salga la procesión eucarística que recorrerá las calles del casco antiguo hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se hará una estación y el obispo impartirá la bendición con el Santísimo Sacramento, para terminar con la reserva en la iglesia parroquial de San Juan de Puertanueva.

Por la tarde, a las 17 horas tendrá lugar el rezo de la Hora Santa en la Catedral, con la especial participación de la Adoración Nocturna, y los actos se cerrarán con el rezo de las segundas Vísperas del Corpus Christi a las 18 horas, que terminarán con la procesión claustral.

Día de Caridad

Coincidiendo con esta fiesta del Corpus Christi, la Iglesia celebra el Día de Caridad. El resultado de las colectas celebradas en todas las parroquias e iglesias de la Diócesis está destinado a financiar los proyectos que Cáritas Diocesana desarrolla en Zamora, en la atención a los más necesitados.

Una fiesta con profundas raíces

La fiesta del Corpus Christi es una fiesta con profunda raigambre entre el pueblo cristiano cuyo origen se remonta al fervor eucarístico del siglo XIII. En Zamora hay constancia documental de su celebración desde la segunda mitad del siglo XIV tal como se consigna en el llamado Breviario de Zamora escrito hacia 1389. Pero es en la segunda mitad del siglo XV y, sobre todo, a partir del siglo XVI cuando la solemnidad cobra un importante realce.

Precisamente en 1515 se realizó la custodia procesional que sigue sacándose hoy para portar el Santísimo durante la procesión, aunque con algunos añadidos realizados en 1598 y en 1800. Por ser la procesión más importante del año y por su honda tradición histórica, el obispo ha invitado a todos los fieles de Zamora a participar en ella.

Custodia procesional

De la Catedral saldrá en procesión la custodia procesional que se guarda durante el resto del año en el Museo Catedralicio. Dicha custodia tiene forma de templete turriforme, mide poco más de dos metros de altura y está realizada en plata y plata sobredorada. Los autores que trabajaron en ella fueron Diego de Burgos (1515), Antonio Rodríguez de Carvajal (1590 y 1598) y Narciso Sánchez (1800). La custodia procesional desfilará sobre el carro triunfante ejecutado por Pedro del Valle en 1778.

domingo, 6 de febrero de 2011

La Diócesis de Zamora participa en el Congreso nacional sobre la Biblia


Del 7 al 9 de febrero se celebrará el congreso nacional “La Sagrada Escritura en la Iglesia”, que reunirá en el Palacio de Congresos de Madrid a expertos de todo el mundo y que contará con la participación de seis sacerdotes de la Diócesis de Zamora.

Zamora, 6/02/11. Varios representantes de la Diócesis de Zamora acuden mañana, lunes 7 de febrero, a la capital del país para participar en el congreso nacional “La Sagrada Escritura en la Iglesia”, organizado por la Conferencia Episcopal Española con motivo de la reciente presentación de la versión oficial de la Sagrada Biblia realizada por esta institución eclesial.

Los zamoranos que acudirán a este evento, que tendrá lugar hasta el miércoles 9 en el Palacio de Congresos de Madrid, son los delegados diocesanos de Catequesis y de Liturgia, Juan Luis Martín y Narciso-Jesús Lorenzo, respectivamente, y los sacerdotes Jesús Campos, Antonio-Jesús Martín, José Alberto Sutil y David Villalón, especialistas en diversas áreas del estudio de la Biblia y la Teología.

El Congreso comenzará con la presentación del cardenal Rouco Varela; y la conferencia inaugural, con el título “La Sagrada Escritura en la Iglesia”, correrá a cargo del cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y Relator del Sínodo sobre la Palabra de Dios. Intervendrán a lo largo de los tres días, entre otros, el cardenal Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz; Luis F. Ladaria, arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y otros obispos, además de destacados representantes de los estudios bíblicos y teológicos de España y otros países.

El Congreso, del que se espera gran asistencia, tiene lugar para mostrar el lugar destacado de la Biblia en la vida de la Iglesia, y se hace cuando se acaba de presentar, el pasado mes de diciembre, una nueva traducción del texto bíblico, que encargó la Conferencia Episcopal Española en 1996 y que ha visto la luz tras el arduo trabajo de una veintena de expertos sobre los textos originales en hebreo, arameo y griego.

Esta nueva versión de la Sagrada Biblia se utilizará a partir de ahora en la liturgia de la Iglesia en España, siendo incorporada progresivamente en las nuevas ediciones que se vayan haciendo de los misales, leccionarios y rituales de sacramentos, y también será la empleada en la enseñanza y catequesis. En Zamora, disponible en la Librería Diocesana (en la Casa de la Iglesia – Seminario San Atilano), se han vendido desde diciembre más de un centenar de ejemplares.

Para más información:

- Programa completo del Congreso:

http://www.sagradabibliacee.com/index.php/congreso/programa

- Dossier informativo sobre la nueva edición de la Biblia:

http://www.sagradabibliacee.com/images/stories/materiales/Dossier.pdf

martes, 16 de noviembre de 2010

San Pedro de la Nave acogió una celebración de la Iglesia Ortodoxa Rusa


Muelas del Pan, 16/11/10. Fue el pasado domingo 14 de noviembre. Mientras la Cruz de los Jóvenes y el Icono de María pasaban sus últimas horas en Zamora, esperando para ir a la Catedral, donde serían despedidas por el obispo y una buena representación de toda la Diócesis, la pequeña iglesia visigótica de San Pedro de la Nave, en la localidad de El Campillo, abría sus puertas madrugadora para acoger la celebración de la Divina Liturgia por parte de un grupo de la parroquia ortodoxa rusa de Madrid.

El pasado mes de septiembre, el párroco de los ortodoxos rusos de la capital española, el reverendo Andrey Kordochkin, se dirigió al párroco de la iglesia visigótica zamorana, Luis Santamaría, para solicitar la autorización pertinente para poder celebrar en este templo la Divina Liturgia del domingo 14 de noviembre, es decir, la Eucaristía tal como es denominada en los ritos orientales. El sacerdote zamorano, encargado de los pueblos que forman parte de la Unidad de Acción Pastoral de Muelas del Pan, que se mostró dispuesto enseguida, fue quien se encargó de tramitar la solicitud en el Obispado.

La Parroquia de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, presidida por el sacerdote Andrey Kordochkin, forma parte de la Vicaría General para España y Portugal de la Diócesis ortodoxa de Corsún, dependiente del Patriarcado de Moscú.

Según explica Luis Santamaría, “la razón por la que la comunidad ortodoxa rusa de Madrid quería celebrar la eucaristía en San Pedro de la Nave es sencilla: se trata de un templo construido en una época en la que aún no se había producido el cisma de Oriente, que tuvo lugar, de forma definitiva, en el año 1054. Y les hacía mucha ilusión poder celebrar la eucaristía, que es el sacramento de la comunión y de la unidad, en un lugar que es testigo de la Iglesia indivisa del primer milenio”.

A las 8,30 de la mañana ya estaba la comunidad rusa en San Pedro de la Nave, dispuestos a preparar la iglesia para celebrar la Divina Liturgia. Apartaron los bancos, porque celebran la Eucaristía de pie, y dispusieron el altar y los ornamentos para la ocasión. Un poco antes de las 9, el padre Andrey y el diácono que lo acompañaba hicieron las oraciones propias de los clérigos previas a la celebración, y después se revistieron con sus vestiduras litúrgicas orientales para comenzar la Eucaristía, que se prolongó por algo más de dos horas.

La iglesia de San Pedro de la Nave acogió así, seguramente por primera vez en su milenaria historia, una celebración ortodoxa. Las piedras conocieron el olor de su incienso y los cantos en ruso (aunque algunas partes las rezaron en castellano), repitiendo una y otra vez las palabras “Gospodi pomilui” (Señor, ten piedad).

La celebración tuvo lugar según la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, utilizada la mayor parte del año litúrgico por los fieles cristianos de Oriente, ya sean católicos u ortodoxos. Según explica el zamorano Julián López, obispo de León y experto en Liturgia, “la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo se celebra en una atmósfera de gran belleza y sentido de la adoración a Dios, realzada por el canto de los ministros y del pueblo, el iconostasio y el ceremonial. En Oriente se tiene un concepto muy rico de lo que es la participación de los fieles, y se tiende a destacar la actuación del pueblo o del ministro que preside, como si ellos fueran realmente el centro de la celebración”.

Julián López también explica que “la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo no difiere substancialmente del Rito de la Misa según la Liturgia Romana o según otras formas de celebrar el Misterio de nuestra fe. En ella se distinguen perfectamente la Liturgia de la Palabra, cuyo vértice es siempre el Evangelio y llamándoles a la conversión antes de acercarse a recibir el Cuerpo del Señor: ‘Lo Santo para los santos’. Por cierto, este rito se encuentra también en nuestra Liturgia Hispano-Mozárabe. Sin embargo, la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo tiene una singularidad, muy valiosa. Se trata de la Preparación de los dones, antes de comenzar la Eucaristía propiamente dicha, en una mesa a la entrada del Santuario. Se trata de un rito que ilustra de antemano el acontecimiento tremendo que va a tener lugar en los dones del pan y del vino, y de este modo dispone en los ministros y en los fieles las actitudes adecuadas”. En San Pedro de la Nave, este rito anterior a la celebración se realizó en un lateral del altar.

Para el párroco de San Pedro de la Nave, “en este lugar apartado, pero de gran significación para nuestra Iglesia local de Zamora, ya que se trata del testimonio más antiguo de la fe cristiana en nuestra tierra, nuestros hermanos ortodoxos celebraron la eucaristía, el sacramento de nuestra fe, con el deseo que compartimos de poder celebrar un día juntos, en total comunión, la Cena del Señor”.

Por eso Luis Santamaría recuerda también las palabras que pronunció Benedicto XVI en la Divina Liturgia celebrada en la fiesta de San Andrés, durante su viaje apostólico a Turquía en el año 2006: “todos nosotros, ortodoxos y católicos, compartimos esta fe en la muerte redentora de Jesús en la cruz y esta esperanza que el Señor resucitado infunde a toda la familia humana. Que nuestra oración y actividad diarias se inspiren en el deseo ardiente no sólo de asistir a la Divina Liturgia, sino de poder celebrarla juntos, para participar en la única mesa del Señor, compartiendo el mismo pan y el mismo cáliz. Que nuestro encuentro de hoy sirva de estímulo y anticipación gozosa del don de la comunión plena. Y que el Espíritu de Dios nos acompañe en nuestro camino”.

Explicación de la Divina Liturgia:

http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/liturgia_slobodskoi.htm

domingo, 31 de octubre de 2010

Santiago del Burgo, un templo románico para la adoración eucarística


Zamora, 31/10/10. La iglesia de Santiago del Burgo, en la céntrica calle zamorana de Santa Clara, y restaurada recientemente en el marco del proyecto cultural Zamora Románica, fue reabierta al culto el pasado 9 de octubre, en una celebración eucarística en la que el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, presidió también la dedicación del altar.

Poco a poco, se ha ido acondicionando para la adoración permanente del Santísimo Sacramento mientras el templo permanezca abierto, “testimoniando en medio de la ciudad que Cristo es el Enmanuel, el Dios con nosotros”, en palabras del encargado de la iglesia, Narciso-Jesús Lorenzo, delegado diocesano de Liturgia.

En una carta dirigida a los sacerdotes, a las religiosas de vida activa y a los miembros de asociaciones eucarísticas, asociaciones laicales y cofradías, se solicita la ayuda de todos para organizar este tiempo de adoración sacramental: “animamos a los fieles de asociaciones eucarísticas y marianas, de comunidades religiosas de vida activa y de las parroquias, movimientos y Comunidades Neocatecumenales, Cofradías de Semana Santa y Gloria a ofrecer al Señor media hora de adoración a la Semana, según sus posibilidades”.

Además de la eucaristía diaria (excepto los domingos y solemnidades) a las 13 horas, el templo de Santiago del Burgo no ofrecerá más convocatoria que las primeras Vísperas del domingo, los sábados a las 18 horas, y algunos momentos para la confesión sacramental, “decididos a no restar nada a los actos eucarísticos de las parroquias ya existentes o que puedan surgir, así como a otras actividades pastorales”.

Por ello, Narciso-Jesús Lorenzo llama a hacer “todo lo posible por fomentar esta visita al Santísimo, ocasión estupenda para la oración de adoración e intercesión, y además un testimonio de fe para que los que visiten nuestras iglesias, descubran que realmente son lugares de oración. Asimismo, los grupos que por iniciativa propia deseen reunirse y hacer plegarias ente el Santísimo Sacramento expuesto, sólo tienen que pedirlo”. Las personas y grupos interesados pueden inscribirse en la misma iglesia, “sin más compromiso que su propósito de orar”.

La Diócesis de Zamora pretende que Santiago del Burgo sea “una llama de fervor y de fe en medio de la ciudad”, porque “además de la comunión eucarística y de la participación en la Santa Misa necesitamos de la oración para escuchar en la intimidad del corazón a Jesús, meditando su Palabra, pero también ser ante tantos y tantos que admiran nuestro patrimonio religioso pero que no perciben la presencia de Cristo, ni el mundo, ni en nuestros templos, ser una llama, un testimonio de fe con nuestra oración”.

sábado, 30 de octubre de 2010

La Diócesis difunde unas peticiones para que se rece por la JMJ y los jóvenes


La Delegación Diocesana de Liturgia y del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil han publicado de forma conjunta una lista de peticiones para que se puedan hacer en las celebraciones de las parroquias y comunidades de toda la Diócesis como preparación de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011.

Zamora, 30/10/10. La Diócesis de Zamora lleva más de un año preparándose para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011. El Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil, que dirige el laico Juan Carlos López, está coordinando el trabajo de cuatro comisiones (actividades, comunicación, logística y voluntariado) para que este gran evento eclesial tenga un fuerte impacto en la Iglesia y en la sociedad de Zamora.

Desde la organización de la JMJ en la Diócesis de Zamora se pensó hace tiempo que además de la preparación material y de actividades, toda la comunidad católica zamorana debe implicarse en este acontecimiento. Y no sólo con las tareas de voluntariado y con la acogida en familias de los jóvenes que estén en Zamora en los días previos al encuentro multitudinario en Madrid en 2011, sino también con la oración.

Por ello, en colaboración con la Delegación Diocesana de Liturgia, se ha elaborado un elenco de 16 peticiones para que puedan emplearse en la oración de los fieles que se realiza en cada misa, además de otros momentos litúrgicos y de oración en las parroquias y otras comunidades cristianas: comunidades religiosas, colegios, movimientos apostólicos, grupos parroquiales, asociaciones y cofradías, etc.

En ellas se pide “por el fruto de la JMJ, para que sea un tiempo de gracia donde se impulse la vida de fe de nuestros jóvenes y se fortalezca el trabajo con ellos”, y sobre todo por los mismos jóvenes, en cualquier situación en la que se encuentren, y por la Iglesia, para que se comprometa en el trabajo con la juventud, con todos sus valores e ideales.

Texto de las peticiones

1.- Por el fruto de la Jornada Mundial de la Juventud, para que sea un tiempo de Gracia donde se impulse la vida de fe de nuestros jóvenes y se fortalezca el trabajo con ellos. Oremos.

2.- Por todos los jóvenes, para que su pasión, su grandeza, sus ideales, los pongan al servicio de una sociedad más justa, más humana y más fraterna, según los criterios de Dios. Oremos.

3.- Por nuestros jóvenes, para que no se dejen llevar por lo más fácil y cómodo, sino que iluminados por la entrega de Cristo, den su vida por Dios y por los hermanos. Oremos.

4.- Por los jóvenes creyentes, para que por la alegría de su testimonio sean fermento en medio de sus ambientes y animen a otros jóvenes a creer. Oremos.

5.- Por los jóvenes, para que su alegría sea un contagio de esperanza para todas nuestras comunidades. Oremos.

6.- Por todos los jóvenes que están en búsqueda de aquello que pueda orientar sus vidas y darles sentido, para que encuentren “estrellas de esperanza” en su camino que les hagan descubrir el gozo de la fe. Oremos.

7.- Por aquellos jóvenes que viven en familias dividas, en ambientes de riesgo o en situaciones difíciles, para que, en esos sufrimientos, la luz de la fe les haga madurar y desde ahí puedan ser luz para otros. Oremos.

8.- Por los jóvenes del mundo que viven en países en guerra, con pocas expectativas de futuro... para que abriéndonos a estas realidades, nuestros jóvenes sientan la necesidad de aprovechar su tiempo e invertirlo para el bien de todos sus hermanos. Oremos.

9.- Por los padres cristianos, para que consideren la vocación de sus hijos como un “don” de Dios que genera felicidad y esperanza para todos. Oremos.

10.- Por todos los que trabajan con jóvenes: padres, educadores, sacerdotes y animadores de pastoral juvenil, para que renueven cada día su esperanza y su amor hacia ellos. Oremos.

11.- Por nuestra Iglesia local de Zamora, por los distintos arciprestazgos, para que sepamos trabajar en comunión a favor de la realidad juvenil. Oremos.

12.- Por la Iglesia universal, por el Papa, los obispos, para que acojan los diferentes grupos y movimientos juveniles que, con su fidelidad al Espíritu, la mantienen siempre joven. Oremos.

13.- Por los jóvenes, para que descubran su vocación de ser sal en medio del mundo y vivan una vida evangélica en sus ambientes de estudio, trabajo, ocio y amistades. Oremos.

14.- Para que muchos jóvenes respondan generosamente a la llamada del Señor a ser sacerdotes, religiosos, misioneros, laicos comprometidos, matrimonios cristianos y desplieguen todo su potencial. Oremos.

15.- Por todos los jóvenes, para que descubriendo el ser discípulos y misioneros, estén dispuestos a dar su vida al servicio de Dios y de los hermanos. Oremos.

16.- Por todas las familias, para que en la educación de sus hijos se dejen guiar por la fe, haciendo de los jóvenes constructores de un mundo más humano y justo. Oremos.

viernes, 15 de octubre de 2010

El lunes 18 comienza en Zamora el curso de liturgia “Sacramentum Caritatis”


Zamora, 15/10/10. La Delegación Diocesana de Liturgia, en continuidad con el objetivo diocesano del curso 2009/10, ha organizado un curso, como prolongación formativa la denominada Escuela de Ministerios, titulado “Sacramentum Caritatis”.

Este curso está dirigido a todas las personas que realizan servicios litúrgicos en parroquias, comunidades y cofradías, a los catequistas y “a todos aquellos interesados que deseen profundizar en la manifestación más importante de la salvación de Cristo y de la fe de la Iglesia, impulso permanente de evangelización y de caridad hacia los más necesitados”, en palabras del delegado diocesano de Liturgia, Narciso-Jesús Lorenzo, que muestra así la vinculación entre el objetivo del año pasado y el objetivo diocesano del curso 2010/11, que es “el ejercicio de la caridad en la vida de la Iglesia”.

El curso comenzará el próximo lunes 18 de octubre a las 20,10 horas en la Casa de la Iglesia – Seminario San Atilano. Está previsto que haya sesiones los días 25 de octubre, 8, 15 y 29 de noviembre, y 13 y 20 de diciembre, para continuar en enero.

domingo, 10 de octubre de 2010

Gracias a Dios y gracias a todos


NARCISO-JESÚS LORENZO

Este domingo me gustaría compartir con los lectores la alegría de lo vivido en el día de ayer. Después de meses de trabajos y de un mes abierto al público de Zamora y a los que nos visitan, se volvió a dedicar al culto divino la hermosa iglesia de Santiago del Burgo. Aprovecho este espacio dominical, día semanal de acción de gracias para los cristianos, para eso precisamente, para dar las gracias, aún a riesgo de olvidarme de algunos.

Gracias sean dadas, sobre todo, a Dios porque nos ha permitido alabarle y ofrecerle de nuevo el Sacrificio de su Hijo en el recuperado altar románico, consagrado solemnemente, para obtener así gracia sobre gracia.

Gracias a todos los fieles que se hicieron presentes y que fueron una sola voz en la alabanza y en las plegarias. Gracias al Sr. obispo que consagró el altar y celebró la Eucaristía, principal promotor de que este templo se convierta en lugar privilegiado de oración y adoración en la ciudad. Gracias al apoyo de los presbíteros de la parroquia de San Vicente, especialmente al seguimiento entusiasta de D. José. Gracias a los representantes de las instituciones públicas, la Fundación Zamora Románica, el Ayuntamiento o la Junta de Castilla y León por el apoyo efectivo y el reconocimiento del valor espiritual y cultural del patrimonio cultural de la Iglesia. Gracias a los representantes del Obispado: El Vicario General, el Delegado Diocesano de Patrimonio y al Director del Taller de Restauración. Gracias a la labor de dirección del arquitecto D. Leocadio y a todos los trabajadores que han hecho posible la rehabilitación de este templo y su puesta a punto. Gracias a todos los fieles católicos y a todos los zamoranos en general por la alegría con la que han recibido la reapertura del templo.

Quisiera, también, invitar a todos los fieles a que, sin desatender sus encargos y su vida parroquial, hagan de este pequeño templo espacio de todos, lugar privilegiado para el encuentro espiritual con el Señor Jesús, presente en la Eucaristía. La presencia del arcipreste D. Rogelio sirvió de apoyo a esta iniciativa episcopal. Que el reclamo turístico de este hermoso templo no sea mayor que la invitación que Cristo nos haga a entrar en su intimidad. Pidámosle, ya desde ahora, que nos conceda la gracia de mirar la Eucaristía expuesta y descubrir su mirada que penetra con amor y compasión hasta lo más profundo de nuestro ser.

Cada día se celebrará la Eucaristía a las 13.00 h. y a continuación se expondrá para la adoración de los fieles el Santísimo Sacramento hasta las 18.00 h. en que se dará la bendición. Los sábados se cantarán las Vísperas. Así mismo se administrará con regularidad el Sacramento de la Confesión.

La Opinión-El Correo de Zamora, 10/10/10.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El obispo presidirá la reapertura al culto de Santiago del Burgo


La iglesia de Santiago del Burgo, restaurada recientemente en el marco del proyecto Zamora Románica, será reabierta al culto el próximo sábado 9 de octubre a las 13 horas, con una eucaristía presidida por el obispo diocesano, en la que tendrá lugar también la dedicación del altar. A partir de entonces, el céntrico templo zamorano acogerá la celebración diaria de la eucaristía y un tiempo para la adoración eucarística y el sacramento de la penitencia.

Zamora, 7/10/10. El próximo sábado 9 de agosto a las 13 horas tendrá lugar la reapertura al culto de la iglesia de Santiago del Burgo, cuya restauración integral concluyó recientemente, en el marco del proyecto cultural Zamora Románica, promovido por la Junta de Castilla y León en un convenio con el Obispado de Zamora y el Ayuntamiento, y con la gestión de la Fundación Rei Afonso Henriques.

Será el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, quien presida la eucaristía en la que tendrá lugar también el rito solemne de la dedicación del altar. La celebración contará con la participación de varios sacerdotes que concelebrarán con el obispo, entre los que se encuentra el sacerdote encargado de Santiago del Burgo, Narciso Jesús Lorenzo, nombrado recientemente. Cantará el Coro Diocesano.

A partir de entonces, el templo románico acogerá cada día, menos los domingos y solemnidades, la celebración de la eucaristía a las 13 horas, y próximamente se expondrá el Santísimo, a diario, una vez celebrada la misa para concluir a las 18 horas con la bendición solemne. Asimismo, se celebrará con regularidad el sacramento de la penitencia, y todos los viernes y sábados se ofrecerá de manera especial a los jóvenes y a los que se vayan a contraer matrimonio.

Según explica Narciso Jesús Lorenzo, “Santiago del Burgo será un templo para la adoración eucarística y la reconciliación. Acogerá celebraciones diocesanas y plegarias de grupos”, y no está prevista la celebración del sacramento del matrimonio ni del bautismo.

Dedicación del altar

El rito de la dedicación del altar constituye un momento simbólico muy especial, ya que en la liturgia católica el altar representa a Cristo, y como tal recibe veneración. De hecho, se celebra una misa específica para la ocasión de la dedicación, que resumimos a continuación.

Los ritos iniciales de la misa de la dedicación de un altar se hacen en la forma acostumbrada, pero, en lugar del acto penitencial, el obispo bendice el agua y rocía con ella al pueblo y las paredes del templo, y hace lo mismo con el nuevo altar (lustración). Después continúa la liturgia de la Palabra, y después de la homilía se omite la oración de los fieles (peticiones), ya que en su lugar se cantan las letanías de los santos. Al acabar, el obispo suplica a Dios “para que este altar que va a ser dedicado a tu nombre sea lugar de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, reunido en la unidad, celebre el sacrificio de Cristo y se construya en el amor”.

La celebración de la eucaristía es el rito máximo y el único necesario para dedicar un altar; no obstante, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto oriental como occidental, se dice también una peculiar oración de dedicación, en la que se expresa la voluntad de dedicar para siempre el altar al Señor y se pide su bendición. En ella, el obispo pide a Dios que “esta piedra sea para nosotros signo de Cristo. Sea la mesa del banquete gozoso a la que acudamos llenos de alegría”, y también que “sea fuente de unidad y de concordia para todos los que formamos tu Iglesia santa; fuente a la que tus hijos acudan hermanados para beber en ella el espíritu de mutua caridad”, entre otras cosas.

Después tienen lugar los ritos de unción, incensación, revestimiento e iluminación del altar, que expresan con signos visibles algo de aquella acción invisible que Dios realiza por medio de la Iglesia cuando ésta celebra los sagrados misterios, en especial la eucaristía. En primer lugar, el obispo unge con el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, convirtiéndolo así en símbolo de Cristo, el Ungido.

A continuación, se coloca sobre en el centro del altar un brasero, y el obispo quema incienso en él, para significar que el sacrificio de Cristo, celebrado allí, sube hasta Dios, así como las oraciones de los fieles. Luego tiene lugar la vestición del altar con el mantel, como mesa del banquete del Señor, a la cual los fieles se acercan alegres para alimentarse del Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado, y se ponen los candelabros y el crucifijo. Por último, el obispo entrega una vela encendida para que se enciendan esos candelabros, lo que se denomina la iluminación del altar.

El obispo besa entonces el altar, en el que celebra la eucaristía, que es la parte principal del rito, y que continúa con normalidad. En el prefacio se dice que el altar “es el lugar santo donde se ofrece incesantemente el sacrificio de Cristo, se tributa una alabanza perfecta y se lleva a cabo nuestra redención”. Al finalizar la celebración, los sacerdotes y todos los fieles se acercan a besar el altar como signo de veneración.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La eucaristía, momento de superación del mal y el sufrimiento


El teólogo toresano Francisco García clausura las Jornadas de Teología con una profunda reflexión sobre la visión cristiana del mal

Zamora, 16/09/10. Las XLIII Jornadas de Teología organizadas por la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) en colaboración con el Centro Teológico “San Ildefonso” de la Diócesis de Zamora, terminaron con la ponencia de su coordinador, el sacerdote toresano Francisco García Martínez, titulada “El escollo del mal y la apertura de la cruz en el camino hacia Dios”.

Francisco García (Toro 1967) es sacerdote diocesano de Zamora y director de su Centro Teológico “San Ildefonso”. Doctor en Teología dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma, actualmente es profesor de Cristología en la UPSA, donde también ha impartido las materias de Teología pastoral. Es autor de dos libros y varios artículos especializados. Además, ha elaborado muchos textos para la formación y la oración que pueden encontrarse en su página web Entretiempo de fe (www.entretiempodefe.es).

El mal y el sufrimiento, patrimonio de la humanidad

El ponente comenzó afirmando que “es difícil hablar del mal sin conocerlo y de la cruz sin estar crucificado”. El tema del mal, el sufrimiento y el dolor pertenece a la vida del hombre. Aunque siempre está aquí, produce miedo, y por eso es minimizado cuando no es nuestro propio mal, y cuando lo es, nos parece que es incomprendido por los demás. “Es fácil banalizar sobre él, hablando en esta parte del mundo. El que sufre, sufre. El mal y el sufrimiento es el mayor patrimonio común de la humanidad. Hay que escuchar al que sufre, para que éste ralentice las palabras, hay que sentarse en el suelo, junto a él, y callarse, como hicieron los amigos de Job. Aún así, no estaremos libres de caer en discursos inoportunos”. Los amigos de Job se callaron siete días y siete noches, es decir, durante todos los días de la historia. “Por eso, mi tesis es que sólo se puede hablar del mal desde el octavo día de la Historia”, afirmó García.

El centro del discurso está en el doliente, que precisamente es el que nos deja sin palabras, si somos honrados. ¿Y para qué hablamos? “La fe no habla para explicar el mal, sino que empieza donde falla todo discurso técnico, donde no hay más que decir. Ahí sólo una palabra distinta del mundo puede decir algo. El hombre no define el mal, sino que tiene que definirse a sí mismo con el mal encima, o dentro de él. Tanto el mal como Dios abarcan al hombre, no pueden ser abarcados por él, y por eso hablamos en términos de misterio”.

La propuesta teológica será siempre más una mistagogía, un camino, que una teodicea: aprender qué soy yo delante de Dios. “Los cristianos rezan más que explican, celebran más que justifican. Aunque tenemos tendencias a crear teodiceas de tipo académico o de consejo pastoral, en lugar de encomendar estas situaciones a Dios”, reconoció el ponente.

Explicaciones del mal

La respuesta cristiana al mal es la cruz. De hecho, como recordó Francisco García, “el primer gesto que hace la Iglesia con nosotros es signarnos con una cruz en la frente: nos definen como seres en trance de crucifixión, los que vamos a ser crucificados. Se nos invita a vivir eso que vamos a vivir en una determinada forma, que es la cruz de Cristo. La reflexión cristiana conduce al creyente a no apartarse en su acción del grito que le va a definir, el grito en la tiniebla de la cruz (dando un fuerte grito, expiró). La praxis de Jesús es afrontar la limitación radical del hombre tal como se da en la historia”.

El profesor definió el mal como todo aquello que, remitiéndonos a nuestra finitud existencial, se nos pone una y otra vez delante. “No sólo es algo que nos viene de fuera, sino que se activa en nosotros como pecado, como nuestra destrucción desde nosotros mismos”. Y por eso hay diversas reacciones ante el sufrimiento. “El mal en algunos es una experiencia de distanciamiento de Dios, el abandono de la praxis religiosa, porque el sujeto no sabe cómo integrar a Dios en vista de su aparente indiferencia o sadismo ante el mal en el mundo. Por eso se retira. En esta tipología el hombre no niega a Dios, sino que renuncia a él. Se expresa en cinismo, blasfemia, acusación a los creyentes… esperando que Dios se manifieste de forma diversa”.

La segunda forma de reacción ante el mal es la falsación de la fe. “Algunos que no pueden o no saben creer, se reafirman en esta posibilidad aprovechando la existencia del mal. Desde ahí se habla de la fe como una proyección defensiva ante la realidad trágica del mundo”. Hay otra reacción que se da dentro de la fe, convirtiéndola en ideología: “se dice que Dios provoca ese mal, por lo que en definitiva es un bien, aunque nosotros no lo entendemos. Esto es una ideología, y nos hace separarnos de Dios creyendo que nos mantenemos en relación con él”.

Pero el mal también es un acontecimiento de acercamiento a Dios. “Podemos ver cómo creyentes golpeados por el mal aceptan la presencia de Dios no como quien les ha enviado el mal, sino como quien es la roca firme en la que agarrarse, como el único Salvador. Aparece Dios como una presencia firme, buena, creadora de vida… que terminará respondiendo”. En otras ocasiones la fe aparece introduciendo en la relación entre Dios y el hombre la lamentación, como lo comprobamos en muchos textos del Antiguo Testamento, y también en los escritos de muchos supervivientes del Holocausto. La fe no es sólo cuestión de elección, sino que pertenece también a la libertad de Dios.

La eucaristía, palabra de la fe sobre el mal

Después de esta tipología, Francisco García abordó el discurso cristiano de la cruz en relación con el mal. “Dios siempre se ha revelado en el acontecimiento del sufrimiento, y así aparece en los dos principales acontecimientos reveladores en la historia: la Pascua judía y la cruz de Cristo. Para hablar de Dios, hay que hablar inevitablemente del mal. Pero siempre hay un instinto de silenciar este mal, y por eso es casi invisible en la vida. O lo silenciamos interiormente porque nos asusta, o lo causamos, o no nos queremos hacer cargo de los que lo sufren. Y llegamos al colmo de justificar estos males y sufrimientos”.

Frente a este silenciamiento, “la fe cristiana alza la cruz de Cristo: un hombre justo torturado por los poderes políticos y religiosos. No se puede mirar para otro lado. En la cruz de Cristo, el sufrimiento silencioso de los dolientes toma la palabra y no se puede acallar. Enfrenta al hombre con la responsabilidad humana. Aparece como espacio privilegiado en el discurso sobre Dios y sobre el mal, porque habla desde el sufrimiento”.

Para el ponente, “la palabra radical del cristianismo sobre el mal es la eucaristía”. Y explicó esto desde una determinada concepción del lenguaje humano. En su inicio, la vida humana aparece marcada por una experiencia preconsciente que sitúa al hombre en una protección natural, el seno materno. “Por eso el hombre se siente arrojado al mundo, después de su etapa prenatal, que ha sido vivir el Paraíso sin saberlo, la comunión real. En cuanto nacemos, la realidad es distinta de nosotros, ya no estamos unidos del todo al otro. Este nacimiento de la individualidad se vive como un desgarro. El niño se descubrirá a sí mismo en la limitación, en la falta. La primera palabra humana es un grito inarticulado, un llanto que quiere decir algo, la entrada en la muerte de forma inconsciente, como lamentación y súplica”. Y García añadió: “¿No es ésta también la última palabra del hombre?”.

Por eso, “lamento y súplica se convierten en un movimiento de apropiación del mundo. Llegamos a ser un yo libre, pero necesitamos alcanzar la comunión perfecta con lo distinto, con lo que nos falta. Esto hiere nuestra vida, y prefiguramos esa comunión deseada por medio de la entrega y la confianza, o por medio del dominio. La vida termina siendo un aprender a morir, reconociendo y aceptando nuestra herida mortal. La vida se convierte en una angustia de soledad”.

La vida será acción de gracias cuando vivamos momentos de prefiguración de la comunión, y volverá al lamento y a la súplica en los momentos de fractura. “El grito inarticulado del hombre en la historia aparece también como el grito del que es expulsado de la vida. Está llamado este grito a hacerse palabra de fe, articulando las palabras de queja y de lamento, porque este mundo no es el que deseamos e imaginamos. Todo el lenguaje tiene su fundamento en la búsqueda que tiene el hombre de una plenitud de comunión”.

Es en este contexto donde se entiende la fe: “la fe comienza en esa desesperación. Hay una apertura frustrada del lenguaje, porque nunca alcanzamos a decir lo que queremos decir. Y alcanza su cima en el agradecimiento y la alabanza, que son las formas expresivas de que hemos encontrado la comunión con lo real. Pero nunca permanecen libres de la limitación impuesta por la muerte, por el lastre del tiempo”.

La acción de gracias, culminación del lenguaje humano, sólo aparece como un pequeño paréntesis en la vida, y parece un sueño, no real. ¿Hay algún espacio donde esta acción de gracias se haga con toda la realidad? El hombre retoma el lamento a través del lenguaje apocalíptico, imagina el mundo a través de un lenguaje de comunión, transformando la súplica y el lamento en una denuncia sobre el mundo: habrá un día en el que el mundo será lo que tiene que ser, será juzgado. Es una meta-palabra, la realidad última que nos permite imaginar que si pudiera ser este Dios, cabría la acción de gracias.

“Dios se confirma como verdadero cuando nos hace pronunciar una acción de gracias ante él. Pero Dios está más allá de la historia humana, más allá de sus siete días. Juan afirma que el Hijo es la Palabra, pero ¿qué palabra? En la cruz vemos que Jesús recapitula, se hace cabeza de todas las palabras de lamento y súplica, en un grito inarticulado en búsqueda de sentido frente a la muerte y el asesinato, la falta de comunión. Cristo muere con un fuerte grito, sin palabras. Afronta el trayecto último de toda vida humana, expulsado por los demás”.

Toda súplica y lamento es ante Dios, porque nadie puede responderlos del todo. Cristo es Palabra porque todos pueden unirse a este grito inarticulado de Jesús. “El grito de Jesús en la cruz es la palabra recapituladora de toda la humanidad, que no puede expresar la falta de comunión”.

“¿Qué es lo nuevo que aporta Jesús?”, preguntó Francisco García. Antes de la cruz, Jesús les ha hablado a los discípulos, comiendo con ellos, de un más allá, del Reino de Dios. Es la palabra profética. Para superar el mal y la muerte, la última cena debe contenerlos. “Por eso anticipa su muerte en los signos del pan y el vino, con los que identifica su Cuerpo y su Sangre. Se hace presente su muerte no en el contexto de la lamentación, lo habitual, lo normal en los humanos, sino en el contexto de la bendición y de la acción de gracias a Dios. Ésta es la novedad que cambia el sentido de la historia. El lenguaje del lamento se sustituye, en una muerte, por el lenguaje de acción de gracias a Dios”. Una entrega en acción de gracias.

Porque Cristo descubre que por debajo de la realidad existe un eterno manadero de vida y de plenitud que nunca rompe la distancia. “En la cruz, la acción de Jesús queda suspendida. Es un espacio de interrogación sobre Jesús y sobre toda la vida humana. Dios queda como presencia desnuda, manifestándose como vacío aquí y ahora”. Este lugar es adonde lleva Jesús a los suyos para hacerlos renacer. Es este momento para el que les ha preparado con la cena. En ella se ofrece a sí mismo como espacio donde vivir la vida y la muerte. “Cristo obliga a los discípulos para participar de su muerte para poder llegar a la acción de gracias total”.

En esta mesa “Cristo reta al tiempo y a la muerte. Esta nueva humanidad se convertirá en lugar salvífico. Cristo se hace eucaristía. Cristo, que ha dado gracias, se convierte ya para toda muerte en eucaristía, en el lugar donde encontramos la verdad de la vida. Fuera de esto no hay nada que no sean los siete días de la historia y, por tanto, la limitación absoluta. Estamos obligados a luchar contra el mal, pero nunca lo vamos a vencer en la historia. La superación del mal no puede ser intrahistórica”.

El cristiano envuelve todo mal y todo sufrimiento en la acción eucarística. La fe piensa el mal y el sufrimiento en lucha de razones, de voluntades, pero sobre todo en lucha de fe. Una lucha entre la oscuridad fáctica del mundo y la tenue luminosidad de la cruz de Cristo. Este acontecimiento de Cristo como eucaristía tiene lugar en la celebración de la eucaristía.

La liturgia, lugar de resurrección

Francisco García continuó diciendo que “la liturgia, tal y como la comprende la fe cristiana (aunque la vivamos de forma vulgar, instrumentalizada, degradada, retirada de los ámbitos orantes…), tal y como la quiere vivir la Iglesia, es la actualización del misterio pascual, la actualización de este tránsito del lamento y la muerte de Cristo a la acción de gracias y resurrección”.

Es un acontecimiento dialogal entre Jesús y el Padre: mutuo ofrecimiento de Cristo y total receptividad de la vida dada por el Padre. “En la liturgia eucarística se actualiza la entrega total de Cristo que se da en la muerte y la receptividad radical que se da en la resurrección. Y este acontecimiento está abierto a la participación de los fieles, en el movimiento del Hijo al Padre. Se ponen sobre el altar, donde estará la corporalidad de Cristo, todos los sufrimientos y anhelos de los hombres. El cristiano se va a saber allí en trance de resurrección, se va a saber habitado por la vida en resurrección”.

En la liturgia sacramental habita el sheol, la muerte de la carne humana; “el Hijo ya no es sin la carne de la historia, y el memorial de su muerte incluye nuestra muerte, con la que se unió en la encarnación, y con la que se sigue uniendo en el misterio eucarístico. Pero esta muerte está atravesada por una nueva vida. Por eso celebramos una muerte resucitada, y nosotros estamos en trance de resurrección”.

Es celebración de resurrección en el mismo momento de la muerte de Cristo, que es descenso y ascenso. Cristo aparece en los iconos orientales de la Anástasis, cogiéndoles la mano a Adán y Eva. “La eucaristía es la resurrección de Cristo en expansión. El pan y el vino tienen la plenitud de vida, ya no hay espacio para la muerte. Y ya no hay espacio para la muerte en el que toma el pan y el vino. El mal y el sufrimiento aparecen en el corazón del misterio pascual, no desaparecen, sino que son lugar de la creatividad originaria y nunca parada de Dios. Nada puede arrancar al mundo del fluir del amor eterno entre el Padre y el Hijo”.

El mal activo está derrotado por una sobreabundancia de gracia en la eucaristía. “No hay explicación para el mal: el mal se llora en la eucaristía. Pero existe una confesión que permite habitar el mundo en acción de gracias”. Nuestros funerales por eso están rodeados de la acción de gracias de la eucaristía. El cristiano ha sido sepultado con Cristo para resucitar con él. Pero ¿qué se ve? Como en los relatos pascuales, “un fluir de dudas y confesiones, llantos y cantos, alrededor de la acción de gracias de Cristo. En un claroscuro, entre el final del séptimo día y el inicio del octavo día de la nueva creación. No se ve, pero no se está en la oscuridad absoluta. Reconocen a Cristo vivo en la fracción del pan. La eucaristía no explica el mal ni justifica a Dios, sino que convierte nuestra mirada en nueva, para reconocer la compañía de Cristo, que se responde con alabanza y acción de gracias”.

“La eucaristía es el lugar de constitución de lo humano, porque ante el don de Dios aparece el tránsito del lamento y la súplica a la acción de gracias y la alabanza. Dios es quien constituye al hombre”. En este espacio todos los esfuerzos que pide Dios en el compromiso contra el mal, no se agotan, para escuchar la última palabra de la historia.

“La eucaristía es el centro de toda la historia humana, y el universo quebrado de nuestra vida cobra nuevos contornos en nuestra relación con Cristo. No hay otro camino para vivir el sufrimiento que el de injertarlo en el misterio pascual que celebramos en la liturgia. Es en esta actualización del amor crucificado donde el hombre se realiza”. Francisco García recordó como en la epíclesis se solicita el Espíritu Santo para que podamos injertarnos en este misterio. No sólo se puede afrontar el dolor propio, sino también el de los hermanos.

“Todo amor, servicio y compromiso terminará necesariamente crucificado, por la finitud y el pecado”. Siempre habrá que ir hacia Jerusalén. “Vayamos y muramos con él”, dice el apóstol Tomás, como si lo hubiera comprendido. “La cruz aparece como una realidad incómoda, asusta y repele, porque es crucificante. Sólo así aparece como espacio de salvación. La eucaristía por eso no puede dar nada a quien busca en ella el valor sustitutivo de su propia cruz. Es un ámbito mortal, pero de esperanza radical, porque se oye la acción de gracias del Cuerpo resucitado de Cristo”.

“Hay que luchar con todas nuestras fuerzas contra el mal y el sufrimiento, pero con Cristo, que nos invita a cargar con la cruz en fe y amor. El caos, el mal y el sufrimiento tendrán la última palabra en la historia; es Satán el príncipe de este mundo. Todos moriremos incompletos, heridos y vencidos. Pero esto está recogido por Cristo, y transformado para nosotros en acción de gracias. Por eso podemos estar envueltos en esta alabanza. La lucha contra el mal es la lucha interior del amor contra el odio, la lucha de la fe contra las dudas suscitadas por el poder inmenso del mal en el mundo. Si vencemos –y esto ha prometido Cristo a los suyos– nosotros mismos seremos un himno de alabanza a Dios. Precisamente lo que buscábamos: dar gracias. Las heridas del mal serán sólo cicatrices de salvación”.

Francisco García terminó su ponencia, la que clausuró las Jornadas de Teología, diciendo que quizás ahora, desde ahí, se pueden interpretar y entender las palabras de Santa Teresa de Jesús en uno de sus poemas: “En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo”.