sábado, 3 de agosto de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): “siempre tendréis aquí vuestra casa”
jueves, 1 de agosto de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): unidos por la fe
miércoles, 31 de julio de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): Londres, un camino por la historia
martes, 30 de julio de 2013
Comienza la segunda etapa del viaje para los jóvenes zamoranos en Inglaterra: las familias esperan
lunes, 29 de julio de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): servicio y entrega
domingo, 28 de julio de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): mejor compartir que competir
sábado, 27 de julio de 2013
Jóvenes zamoranos en Inglaterra (JMJ): con Jesús, camino de la cruz y de la vida
jueves, 25 de julio de 2013
Peregrinando con el corazón en Río
sábado, 20 de julio de 2013
Jornada Mundial de la Juventud: los zamoranos, entre Brasil e Inglaterra
sábado, 23 de junio de 2012
Se convoca la segunda peregrinación nocturna a San Pedro de la Nave
sábado, 28 de abril de 2012
Crónica del encuentro diocesano de jóvenes
sábado, 10 de marzo de 2012
Crónica del encuentro de adolescentes en Toro
jueves, 8 de marzo de 2012
Fallece el sacerdote Félix Blanco, profesor emérito del Claudio Moyano
lunes, 29 de agosto de 2011
La lluvia y los (cuatro) vientos
JOSÉ ALBERTO SUTIL
Tras varios minutos de espera a causa de las inclemencias del tiempo, el papa Benedicto XVI, visiblemente emocionado y sin perder ni por un momento su humilde sonrisa, pudo por fin pronunciar su homilía en la Vigilia de oración con los jóvenes. Estas fueron sus últimas palabras: «Queridos amigos: Gracias por vuestra alegría y resistencia. Vuestra fuerza es mayor que la lluvia. Gracias. El Señor con la lluvia nos ha mandado muchas bendiciones. También con esto sois un ejemplo». Al día siguiente, antes al comenzar la celebración de la eucaristía, dijo también: «Queridos jóvenes: He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no solo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe». ¿Por qué llovió en Cuatro Vientos? Para algunos deslució la Vigilia y toda la JMJ, pero personalmente creo que las palabras del Papa dan en el clavo. Llovió para mitigar el calor de los peregrinos, llovió para que recordáramos que la Palabra de Dios en la que tenemos que estar arraigados y edificados es como lluvia fina que empapa la tierra de nuestro corazón y la fecunda, llovió para que asumiéramos que hay que mantenerse firmes en la fe a pesar de las injerencias externas, llovió para que recordáramos que esta JMJ ha supuesto dos millones o más de gotas personales, vidas concretas, conversiones, confesiones, encuentros, decisiones... Y llovió en el aeródromo de Cuatro Vientos, ni antes y después, porque cuatro han sido los vientos que el Papa nos ha dejado en sus palabras, cuatro vientos que tienes que soplar con fuerza en la pastoral juvenil, en la Iglesia, en nosotros, en el mundo entero. Esos cuatro vientos no son otros que: 1) La certeza de que Dios nos ama; 2) El encuentro y la amistad con Jesucristo; 3) La centralidad de la Palabra de Dios, de la eucaristía y de la confesión; y 4) La necesidad del servicio humilde y desinteresado. Lluvia y viento confluyeron también en el anzuelo vocacional que Benedicto XVI, como buen sucesor de aquel pescador galileo llamado Pedro, lanzó en su reunión con los voluntarios: «Al amor de Cristo solo se puede responder con amor, y eso es lo que os pide el Papa en esta despedida: que respondáis con amor a quien por amor se ha entregado por vosotros». La lluvia, los cuatro vientos y lo que nos queda…
jueves, 25 de agosto de 2011
Subidón eclesial
ÁNGEL CARRETERO MARTÍN
Ya sé que puede sonar a tópico, es igual, pero hay cosas que o se viven en carne propia o de poco vale que uno se esfuerce mucho por contarlas. Este es el caso del «subidón eclesial» que estamos viviendo un número incontable de jóvenes venidos de todas las partes del planeta. Ya sé que los lectores de esta página están siguiendo por televisión el discurrir de este gran evento evangelizador. Pero insisto, no es lo mismo un periódico o la caja tonta que estar aquí, en la capital de España, en estos días y, sobre todo en este domingo que se hace capital del mundo cristiano.
Es un privilegio inolvidable poder gozar de un Madrid vibrante y festivo a más no poder, rebosante de fe y de juventud como nada ni nadie podría lograr si el que convoca es distinto del sucesor de Pedro. Qué bien nos han venido éstos días a los peregrinos zamoranos, a este país nuestro y en este momento concreto por muchas y variadas razones, a tantos miles de jóvenes extranjeros, a la Iglesia española, a la Iglesia Católica universal y, en definitiva, al mundo entero sin que por ello exagere lo más mínimo.
¿Acaso es exagerado reconocer el efecto transformador de un poco de sal en la comida o de un poco de levadura en medio de la masa del pan? Estoy convencido de que gran parte de estos jóvenes que me rodean consiguen poco a poco ese efecto transformador en sus ambientes, sin hacer tanto ruido como estos días, sin que se les vea por el canal internacional, más invisiblemente, claro que sí, como la sal o la levadura. Pero ahí están y aquí están ahora. Lo que aquí se está viviendo no es una alucinación, es un «subidón de jóvenes cristianos» provocado por el encuentro con Aquel a quien se puede casi «palpar» detrás, delante, en medio, arriba y abajo de estas muchedumbres. Él nos está inyectando una buena dosis de adrenalina espiritual de manera semejante a como en cierta ocasión y lugar lo hizo con Pedro, Santiago y Juan o con aquellos otros dos de Emaús.
El Maestro sigue confiando en nuestra lucha diaria, continuación de la suya, por hacer de la casa de nuestro mundo un hogar común donde triunfe la civilización de la solidaridad. Una nueva generación que, de una vez por todas, invierta en bolsas, bancos y valores que no den al traste cada no sé cuantos años y aún a riesgo de que a otros «inversores», pretendidamente más «listos», tengamos que advertirles que su capital es flor de un día. En ocasiones como ésta se hace bien visible que no estamos solos, que contamos con esta Iglesia de Cristo, instrumento indestructible para hacernos hijos de Dios y hermanos de todos. Y contamos también con un «padre amado» o un «papá», no un padrastro, que es el Papa: cercano, entrañable y profundo.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Tras la JMJ, ahora empieza lo importante
Y, por fin, llegó el domingo 21, con la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Ésta es la última de las crónicas diarias que cuentan la participación de los jóvenes de la Diócesis de Zamora, con la firma del delegado de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría.
Zamora, 24/08/11. Tres días después, pero más vale tarde que nunca. El pasado domingo 21 de agosto fue el final de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid. O, más bien, el día del envío, el día del nuevo inicio tras la experiencia de encuentro. Intentaré no ser muy largo, para reflejar lo que vivimos aquel día, sin que aparezcan las cosas al trasluz de lo que estamos viviendo con posterioridad.
El día del Señor amaneció muy pronto en Cuatro Vientos, porque nos despertó la luz del sol acariciando los rostros de los cientos de miles de jóvenes que habíamos pasado una noche cuanto menos peculiar. Para algunos el madrugón fue más notable, como para los sacerdotes de Zamora, que tuvieron que estar preparados a las 5,30 de la madrugada para poder concelebrar en la eucaristía con Benedicto XVI. O para quien esto escribe, que tuvo que salir muy de mañana del aeródromo para encontrarse con el coche de Radio Nacional de España, dispuesto a comentar el acto principal de la JMJ.
También el día comenzó con una sorpresa que, si no nos engañamos, fue bastante desagradable para todos: el temporal de la noche había causado desperfectos en las carpas habilitadas para guardar el pan que sería consagrado en la Misa, y por respeto al sacramento de la eucaristía se decía a través la megafonía que muy pocos podrían comulgar en la celebración, sólo los más cercanos al altar, y el resto tendría que conformarse con la comunión espiritual. Cuando resulta que la comunión es quizás el momento más intenso de una JMJ en la que todo gira en torno a Cristo, del que podemos participar realmente en este sacramento.

La eucaristía, el centro de la JMJ
Aún así, la Misa fue celebrada festivamente, después de que el Papa recorriera gran parte del aeródromo en el papamóvil. Miles de personas se habían incorporado a primera hora de la mañana a Cuatro Vientos, con lo que se hacía más difícil aún calcular por las imágenes de las pantallas una cantidad de gente que superaba con creces el millón de personas. Agradecimos el recuerdo cariñoso del que nos presidía al referirse a la noche que habíamos pasado, y cómo se había acordado de nosotros, que seguramente habríamos levantado nuestra mirada al cielo en algún momento, en una plegaria confiada a Dios.
En la homilía, Benedicto XVI fue a lo esencial, como suele hacer, y nos habló de permanecer en Cristo y buscar su amistad. Nos invitó a pasar de un conocimiento superficial de Jesús a la experiencia de la fe, que es un don de Dios, respondiéndole “con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro”. Y fue claro y directo al referirse a la comunidad de los creyentes: “seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él”.
Al final de la celebración, el mismo Papa desveló lo que ya era un secreto a voces. De hecho, muy bien situados en la parte delantera estaban un grupo de jóvenes brasileños. La próxima JMJ será en Brasil, en el año 2013. ¡Sólo quedan dos años!, pensaron algunos zamoranos enseguida, con ganas de volver a repetir esta aventura. Los brasileños mostraron regocijo por la buena noticia, y un momento emocionante lo vivimos todos al ver cómo un grupo de jóvenes españoles entregaba la Cruz de la JMJ y el Icono de María a un grupo de Brasil. Hemos pasado el testigo, y no podemos dejar de tener cierta nostalgia, al ver esa cruz y ese icono que han estado por nuestras tierras de Zamora el pasado noviembre, y que ahora cruzará el océano para continuar con un recorrido de fe y de testimonio.
Comunión y despedida
Tras la celebración de la eucaristía, sucedió lo inimaginable: la salida ordenada y relativamente ágil de Cuatro Vientos. Después del mediodía ya estábamos de vuelta en el Colegio Menesiano para poder ducharnos y comer tranquilamente, y para después recoger los equipajes. Allí también tuvimos ocasión de juntarnos en un momento de sencilla e intensa oración para participar de la comunión eucarística, que era lo que habíamos dejado pendiente de la mañana. Después, fotos de grupo, despedidas y vuelta al autobús, para regresar a Zamora y a Benavente.
¿Cansados? –nos han preguntado a la vuelta. Sí, pero contentos, muy contentos. Alentados en la fe, dispuestos a dar testimonio y fortalecidos en nuestra pertenencia a la Iglesia. Desde los adolescentes que han participado hasta los más veteranos en estos encuentros. La experiencia ha valido la pena. Y volvemos agradecidos, y mucho, a todos los que han hecho posible la JMJ. Tanto a nivel global –han sido tres años de intenso trabajo en Madrid y en muchos lugares– como a nivel diocesano y parroquial. Si tenemos que decir un nombre, el de Juan Carlos López, director del Secretariado de Pastoral Juvenil, a quien nuestro obispo, Gregorio Martínez Sacristán, encomendó la organización tanto de la JMJ como de los Días en la Diócesis (DED).
Puede estar contento, él y su magnífico equipo, de haber podido emplear horas, ilusiones y preocupaciones, para administrar estos acontecimientos de gracia. Gracias a todos, porque son muchos nombres. Gracias también al Colegio Menesiano de Madrid y a los voluntarios que, en representación de todos “los de verde”, han hecho posible la JMJ y que estuviéramos lo mejor posible. Gracias a la Archidiócesis de Madrid y a los organizadores de la Jornada. Dios, que sabe lo que ha hecho cada uno, sabrá premiar tantos esfuerzos, y hacer fructificar lo que se ha sembrado.
¿Y ahora?
Hemos vuelto a nuestra Diócesis coreando “Sí, sí, sí, nos vamos a Brasil”. Pero eso no es lo más importante. Lo decisivo empieza ahora: dar testimonio de lo que hemos vivido. Pero no sólo como una estrategia propagandística de la JMJ, ni siquiera de la misma Iglesia católica. Este encuentro nos ha servido para fortalecernos en la fe, para vivir la catolicidad de la Iglesia, para encontrarnos con el sucesor de San Pedro y escucharlo, para adorar juntos a Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ahora toca aplicar lo que hemos vivido. Releer con calma los mensajes de Benedicto XVI y ser fermento de una juventud nueva para un mundo nuevo. Ahora nos toca, en el día a día, en el instituto, la universidad, el trabajo, la parroquia o el movimiento… vivir “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”.
Álbumes de fotos de la JMJ:
martes, 23 de agosto de 2011
¿Quién es el más importante? Un día de adoración
Publicamos la crónica del sábado 20 de agosto de la participación zamorana en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), firmada por el delegado diocesano de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría.
Zamora, 23/08/11. Hace dos días que ha terminado la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), y con el retraso debido a la intensidad del final del acontecimiento y al viaje de vuelta a nuestra tierra, retomo la labor de cronista. El sábado amaneció igual que los días anteriores, con la oración y el desayuno, y con la preparación de las cosas que nos harían falta para llevar al Aeródromo de Cuatro Vientos.
La cita más importante de la mañana para nuestro grupo fue el encuentro de oración por las vocaciones en el Seminario de Madrid, pero algunos nos descolgamos antes para otras actividades. Los más madrugadores fueron los zamoranos que tuvieron la suerte de participar en la eucaristía que presidió Benedicto XVI a las 10 horas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, con 5.000 seminaristas de todo el mundo. Allí estuvimos muy bien representados por nuestro seminarista mayor Agustín Crespo, y por el que en el momento de la inscripción era rector del Seminario Diocesano San Atilano, Miguel Ángel Hernández.
El que esto escribe también tuvo que separarse de la comitiva diocesana durante la mañana, para cumplir con el compromiso de comentarista con Radio Nacional de España, y así pude ver a través de las pantallas la Misa con los seminaristas, en la que el Papa los llamó a la necesidad del silencio interior –además de las ya conocidas claves formativas de la oración, el estudio y la inserción en la realidad pastoral– y nos dio a todos los católicos españoles, y en especial a los curas, la alegría del anuncio de la próxima designación de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia.
Los otros zamoranos que se ausentaron fueron los seis jóvenes que nos representaron en la Vigilia de Cuatro Vientos, más adelante que los demás. Mientras unos y otros acudían a sus citas respectivas, el grueso de la comitiva diocesana, junto con otros zamoranos que llegaron a Madrid en la mañana del sábado, acudió al Seminario San Dámaso de la capital española, para comenzar a mediodía esa plegaria enmarcada en una Cadena de Oración por las Vocaciones realizada por diversas diócesis, congregaciones y movimientos católicos. La presidió nuestro obispo, Gregorio Martínez Sacristán, y fue una hora de adoración del Santísimo, con algún testimonio, canciones y preces.
De camino a Cuatro Vientos
Después de comer en el Parque de las Vistillas, junto al Seminario, nos dividimos en grupos para encaminarnos hacia Cuatro Vientos con mayor facilidad, en metro o autobús urbano hasta donde fuera posible. Con las cosas imprescindibles (saco de dormir y esterilla, y la cena y el desayuno) llegamos a la Carretera del Barrio de la Fortuna, desde donde fuimos caminando al Aeródromo. Al llegar allí, un “pequeño caos”: el de una organización que no había previsto la colocación de tanta gente. Aunque teníamos asignados dos sectores muy concretos en el aeródromo centenario, nos fue imposible para la mayoría de nosotros pasar allí, ya que estaban repletos. Y tuvimos que quedarnos atrás, algo disgustados al principio, en el espacio que se había dejado para todas las personas que quisieran participar en los actos finales de la JMJ sin inscripción. Muchos tuvimos cerca una pantalla para seguirlo todo, servicios y grifos, así que teníamos las cosas básicas. Después de estirar las esterillas y situarnos sobre el espacio, empezaron las llamadas para ver dónde habíamos quedado unos grupos y otros. Algunos, además, se aventuraron a salir del aeródromo para entrar de nuevo por otros lugares, consiguiendo adelantarse un poco en aquella marea humana.
Pronto se nubló, algo que agradecimos a las 6 de la tarde, y pudimos seguir después en directo, a través de las pantallas, la visita del Papa al Instituto San José. Fue un momento entrañable, en el que Benedicto XVI, con su gran corazón de pastor, quiso acercarse a una representación de los jóvenes que por vivir el sufrimiento o la discapacidad no han podido participar en esta JMJ. Allí tuvo gestos de cariño y de bendición para algunos que fueron pasando junto a él, después de haber dicho alto y claro en su discurso que “una sociedad que no logra aceptar a los que sufren es una sociedad cruel e inhumana”, y que la presencia de estos jóvenes “suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación”.
Contra viento y marea
Tras este momento importante, el sucesor de Pedro se montó en el papamóvil para llegar a Cuatro Vientos con algo de retraso, y allí comenzó la vigilia. Eran casi las 21,30 horas cuando esa nubosidad que antes habíamos agradecido comenzó a convertirse en precipitación. Y lo más sorprendente es que recibimos la lluvia con alegría. Lo que estábamos haciendo allí era tan importante que daba igual que lloviera. Aunque algunos grupos se marcharon, la mayor parte de la gente nos quedamos, y gritamos y cantamos aún más alto. El Papa también esperó, y aunque abrevió la vigilia dejando sus palabras al mínimo y suprimiendo alguna cosa, salió del escenario y regresó debajo del “árbol de la vida” del mismo revestido para la adoración del Santísimo.
Era nuestro segundo momento grande de silencio en el día. Benedicto XVI, de rodillas ante el Santísimo, expuesto en la custodia monumental de la Catedral de Toledo, que salió del suelo del escenario. Más de un millón de jóvenes de rodillas y en silencio. Un silencio grande, que impresionaba. El Papa estaba diciéndonos, sin palabras, su mensaje central de la JMJ: Jesús es el centro de nuestra vida. Por eso, los gritos tan coreados estos días de “¡Ésta es la juventud del Papa!” no queremos que sean otra cosa que la expresión del deseo más profundo de ser “la juventud de Cristo”.
Habíamos visto en las pantallas a un Papa a la expectativa, cubierto a duras penas por el paraguas que sostenían sus maestros de ceremonias y recibiendo mensajes de unos y otros que –suponíamos– le invitaban alternativamente a permanecer o a continuar. Pero se quedó. Y nos dijo unas breves palabras, y al final agradeció nuestra ilusión y nuestra alegría. Aplausos y más aplausos cuando nos dijo unas palabras que no habían sido preparadas en esta noche: “¡Gracias por vuestra resistencia! ¡Vuestra fuerza es mayor que la lluvia!”, y también: “El Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones. También en esto sois un ejemplo”.
Al terminar la vigilia, con un segundo chaparrón, nos acomodamos como pudimos, después de escuchar algo escépticos los mensajes de la organización de la JMJ. Habíamos tenido buen cuidado de cubrirnos con las esterillas y plásticos, dejando secos los sacos de dormir. Había sido un día duro, y necesitábamos el descanso. El día siguiente sería el definitivo, el del envío y la despedida.
viernes, 19 de agosto de 2011
Los jóvenes zamoranos, ante el Papa y “La crucifixión”
Tras la celebración del Vía Crucis presidido por Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid, con una presencia especial de la Diócesis de Zamora, publicamos la crónica correspondiente al viernes 19 de agosto, firmada por Luis Santamaría, delegado diocesano de Medios de Comunicación Social.
Madrid, 20/08/11. El viernes amaneció con la ilusión de un nuevo día de celebración y de convivencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid. Los jóvenes zamoranos nos encomendamos a Dios en la oración matinal que dirigió el grupo de la parroquia de San Lorenzo, y después continuamos en diversas actividades de este evento, desde las catequesis de los obispos hasta las confesiones en la “Fiesta del Perdón” del Parque del Retiro, pasando por la visita a la Feria de las Vocaciones de este espacio verde madrileño, algún encuentro de oración y hasta una peregrinación frustrada a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena (que permaneció cerrada todo el día con motivo de la Misa presidida por el papa Benedicto XVI hoy, sábado 20, con los seminaristas).
Otro encuentro importante de la mañana contó con la participación de los zamoranos, aunque fuera una pequeña representación. En la reunión del Papa con los profesores universitarios jóvenes en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial estuvieron presentes, y pudieron escuchar y ver de cerca al sucesor de San Pedro Jesús Campos, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Universitaria; Narciso Jesús Lorenzo, delegado diocesano de Liturgia; y María Rodríguez, que ha impartido materias de Historia del Arte en el campus Viriato de la Universidad de Salamanca. También estuvo presente, y de una forma muy especial, el agustino zamorano Edelmiro Mateos, que fue uno de los frailes que recibió al Papa en el centro de estudios.
Algo que aprovechamos a hacer muchos de los jóvenes zamoranos durante la mañana del viernes fue el recorrido por el Paseo de Recoletos, donde ya se encontraban los 15 pasos de la Semana Santa de España repartidos por sus lugares respectivos, preparados para el Vía Crucis de la tarde. Al hacerlo, pudimos encontrarnos con el grupo que había venido en autobús convocado por la Delegación Diocesana de Religiosidad Popular, acompañados por su responsable, Javier Fresno, y con la propia comitiva de la Cofradía de Jesús Nazareno.
Algunos de ellos se quedaron ya, antes de comer, frente al paso que ocupaba el lugar de la X estación (Jesús es crucificado), el conjunto escultórico “La crucifixión”, propiedad de la asociación de fieles antes citada y obra del imaginero zamorano Ramón Álvarez. Los demás se apresuraron a volver al centro de Madrid para guardar un sitio privilegiado ante esa estación. Y después de una larga espera, pasadas las 19,30 horas, vieron pasar muy cerca de ellos al papamóvil con el obispo de Roma que, de forma previa a la celebración del Vía Crucis, pudo admirar los pasos y saludar a los asistentes.
Tanto los zamoranos que estuvieron ante el paso de Ramón Álvarez como los que siguieron el acto desde las pantallas en los alrededores de Recoletos coinciden en señalar la belleza y la profundidad del Vía Crucis, tanto en lo estético y visual como en lo espiritual, ya que los textos empleados como meditaciones en las 14 estaciones, elaborados por las Hermanas de la Cruz, hicieron posible un seguimiento profundo de la Pasión del Señor. Un Vía Crucis como camino de fe, de amor y de alegría. Y como “amor con amor se paga”, un camino espiritual con camino de vuelta de caridad: de la Pasión de Cristo a nuestra compasión con tantos crucificados y víctimas de nuestra sociedad.
El otro dato de este día que destacan muchos de los peregrinos zamoranos fue la oportunidad de ver muy cerca al Papa, que pasó junto a ellos. Exactamente, entre “La crucifixión” y ellos. Y lo hizo dos veces, de ida y vuelta. En medio de ellas, un tiempo intenso de oración y contemplación, gracias a las imágenes. Y gracias a dos signos ya conocidos para Zamora: la Cruz de los Jóvenes y el Icono de María, que el pasado mes de noviembre estuvieron en nuestra Diócesis y que esta tarde pasaron por delante de los pasos, de estación en estación, portados por jóvenes de lugares del mundo marcados por el sufrimiento de una u otra manera.
Un buen prólogo –dicen que seguido por televisión en todo el mundo por ocho veces más que la última final de la Champions– para lo que nos espera ya dentro de unas horas: el “maratón” de Cuatro Vientos, entre la vigilia y la Misa de envío. Antes de esto, la Misa con los seminaristas y el encuentro de oración por las vocaciones en el Seminario de Madrid serán las citas con presencia zamorana que comentaremos. Buenas noches.
Álbumes de fotos de la participación zamorana en la JMJ:
jueves, 18 de agosto de 2011
Julián Barrio: “Deben entender que no queremos imponer la fe”
El arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio, dio una catequesis ayer en la parroquia del Espíritu Santo de Madrid, en el marco de las catequesis episcopales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Publicamos a continuación la entrevista que le realizó Pablo Rodríguez Romo, con fotos de Andrés Rivera, ambos jóvenes de la Diócesis de Zamora participantes en la JMJ.
Madrid, 18/08/11. Monseñor Julián Barrio, natural del pueblo zamorano de Manganeses de la Polvorosa (de la Diócesis de Astorga), impartió ayer una de las numerosas catequesis que, cada mañana, se les ofrecen a los jóvenes peregrinos que han acudido a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). En ella hablo de la importancia de mantenerse firmes ante los ataques anticlericales.
- Ver a tantos jóvenes debe ilusionar muchísimo, ¿no?
- Sin duda. Ver a tantos jóvenes y su actitud, la actitud que están teniendo, es un motivo de esperanza y, lógicamente, para poder decir que el futuro que estos jóvenes representan es un futuro que nos llena de gozo y de alegría.
- Sin embargo, algunos dicen que hay una crisis de fe en los jóvenes. ¿Qué opina de esto?
- Viendo esta realidad que estamos encontrando ahora en la Jornada Mundial de la Juventud nos damos cuenta de que quizá sean muchos más los jóvenes con los que podríamos contar. En todo caso, yo creo que es un momento en que el testimonio de estos jóvenes ayudara a otros que se han ido alejando de puntillas de la Iglesia y que estas manifestaciones de fe les pueden ayudar a entrar dentro de sí mismos, a repensar su propia situación y a tratar también de dar una respuesta a esas inquietudes que ellos llaman.
- Ya 22 años de la JMJ de Santiago de Compostela. ¿Como la vivió usted?
- Yo, entonces, era sacerdote, aún no era obispo en Santiago. La viví con mucho gozo, con mucha esperanza. No me imaginaba en aquel momento la trascendencia que aquel acontecimiento que vivimos en Santiago iba a seguir teniendo en las distintas JMJ que se han celebrado en los distintos países
- ¿Cree que el éxito de la Peregrinación y Encuentro de Jóvenes de 2010 influyó para la venida de jóvenes compostelanos a Madrid?
- Estoy seguro de que sí. Tenemos que dar las gracias a Dios porque el Encuentro Nacional de Jóvenes el año pasado, con motivo del Año Santo, resultó, según la apreciación de muchos jóvenes que la han manifestado, muy gratificante y muy agradable. Yo creo que esto, qué duda cabe, ha influido para que los jóvenes de las diócesis gallegas que, de alguna forma, vivieron esta experiencia, algunos por primera vez, de un encuentro así, se hayan animado a participar de la Jornada Mundial.
- Ante los continuos ataques a la Iglesia, ¿qué consejos les daría a los jóvenes participantes en la JMJ?
- Primero, no debemos tener miedo. Nosotros no imponemos nada a nadie, pero tenemos derecho a manifestar lo que nosotros somos y creemos. En este sentido, no tener miedo. Segundo, debemos ser conscientes de que estamos en una Iglesia peregrinante. No estamos en una Iglesia triunfante. Esperamos un día, con la gracia del Señor, participar de la Iglesia triunfante, pero, de momento, estamos en la Iglesia peregrinante. Y hay que recordar aquello que decía San Agustín, “tenemos que peregrinar entre los consuelos de Dios y las turbaciones del mundo”. Evidentemente, nosotros tenemos que, día a día, tratar de mantener nuestro ánimo con la oración, con ese encuentro con Dios para que nos dé fuerza y demos el testimonio que se nos pide dar con ese gozo, con esa alegría y con esa conciencia de que nosotros no imponemos nada a nadie, sino que tratamos de ofrecer lo que nosotros creemos. Se nos ha repetido infinitas veces que la fe se propone, pero no se impone. Creo que esto lo deben entender los que, por un motivo u otro, consideren que nosotros tenemos que quedar recluidos a las sacristías. Hay que decírselo con toda sencillez y con toda serenidad y espero que lo comprendan.







