miércoles, 6 de febrero de 2013
Obispo de Zamora: “aún existe una gran desigualdad entre los hombres y las mujeres”
martes, 14 de agosto de 2012
La Diócesis de Zamora celebra la jornada para el mantenimiento de templos y casas parroquiales
viernes, 8 de junio de 2012
Obispo de Zamora: “ante la crisis no podemos estar indiferentes, pasivos ni resignados”
jueves, 3 de mayo de 2012
Obispo de Zamora: “la Iglesia contribuye a crear una sociedad mejor”
martes, 7 de febrero de 2012
El obispo de Zamora llama a colaborar con Manos Unidas
sábado, 16 de julio de 2011
El obispo publica una carta pastoral ante la próxima canonización de la Madre Bonifacia

El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral con motivo de la próxima canonización de la Madre Bonifacia, fundadora de las Siervas de San José. En ella invita a conocer su vida y su carisma, la propone como ejemplo de acción social de la Iglesia e invita a participar en la ceremonia de canonización.
Zamora, 16/07/11. El próximo 23 de octubre Benedicto XVI presidirá en la Plaza de San Pedro del Vaticano la eucaristía en la que será canonizada la madre Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José, y cuyo proceso de beatificación y canonización ha sido realizado en la Diócesis de Zamora.
Con este importante motivo, el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral titulada Bonifacia: Evangelio según Nazaret. Editada por las Benedictinas de Zamora (editorial Monte Casino), consta de 55 páginas, y en ella pretende “ayudarnos a conocer mejor la persona, vocación y carisma de nuestra santa”, en palabras de Juan Luis Martín Barrios, vicario general.
Bonifacia, creyente y fundadora
En la introducción, monseñor Martínez Sacristán recuerda cómo en sus primeros pasos en la Diócesis de Zamora “fui conociendo los rasgos más distintivos de la vida y la obra de esta religiosa, a través de su proyecto y prolongación más destacados: la congregación de las Siervas de San José. La cual, desde su llegada a nuestra Diócesis, con la venida de su fundadora, es el reflejo de lo que Bonifacia quiso y logró hacer presente con su vida entregándose por entero a Dios”.
El fin de la carta pastoral, según el prelado, es “alentar a toda nuestra Iglesia Diocesana de Zamora a acoger, celebrar y vivir con autenticidad y entusiasmo este acontecimiento tan extraordinario de la canonización de Madre Bonifacia”, y también “una motivación para que nos decidamos a acudir personalmente en peregrinación a Roma para participar en la celebración de su canonización”.
Distribuida en cuatro capítulos, dedica el primero a desentrañar el origen y desarrollo de su vocación religiosa; el segundo abarca el itinerario de su vida como consagrada y fundadora de las Siervas de San José; en el tercero destaca los rasgos fundamentales de su experiencia creyente; y en el cuarto resume el carisma que la santa inició, vivió y aportó a la Iglesia.
En la conclusión de la carta pastoral, el obispo de Zamora relata el proceso de beatificación y canonización de la Madre Bonifacia, que culminará el próximo 23 de octubre en Roma, “lo cual nos impulsa a prepararnos con decisión y entusiasmo a este gran acontecimiento eclesial que nos ayudará a percibir la actualidad y el valor de su vida”.
De hecho, según Gregorio Martínez Sacristán, con esta canonización la Iglesia católica “proclama de modo auténtico y perdurable que esta mujer religiosa y trabajadora está participando plenamente de la gloria de Dios en el Reino de los Cielos”. Algo que debe llevar a los creyentes a descubrir “el buen hacer de Dios sobre cada hombre y mujer”, ya que eso significa el nombre de Bonifacia, “buen hacer”.
La canonización, en un momento de crisis y desempleo
Destaca también la importancia del trabajo humano, y por eso la canonización “remite a la vocación de todo hombre y mujer al trabajo”, y también “se nos invita a asimilar la aportación que Bonifacia ofrece a la Iglesia: hermanar el trabajo y la oración, y también entregarse por el bien integral de los trabajadores, de modo especial, por las mujeres jóvenes que lo necesitan”.
Esto tiene unas consecuencias prácticas en la acción cotidiana de la Iglesia en el mundo, y así “la ‘santa’ artesana Bonifacia nos alienta a afianzar el compromiso de la Iglesia por extender el Evangelio en el mundo del trabajo, así como por la promoción de una vivencia del trabajo que dignifique a la persona; y también, por ayudar a que la experiencia de los trabajadores les posibilite encontrar a Dios en sus acciones y ejercitarlas como un servicio a la sociedad, viviéndolo en justicia y caridad”.
El obispo de Zamora no olvida la crisis global que está sufriendo nuestra sociedad, y por ello señala que “celebrar su canonización en este contexto actual de precariedad y privación de trabajo para muchas personas, e incluso para familias enteras, nos implica, también a los cristianos, a favorecer y promover las condiciones y las iniciativas que generen un mayor acceso y logren la permanencia de todos, hombres y mujeres, en la vida laboral”.
Monseñor Martínez Sacristán concluye su carta pastoral recomendando el conocimiento de la vida de la Madre Bonifacia y la imitación de su ejemplo, y propone que se conozca a través de la catequesis y de la formación cristiana, además de recordar que “trabajar con Bonifacia nos implica a que acrecentemos y ejercitemos, siguiendo su ejemplar caridad, los gestos de amor servicial, sobre todo con los más débiles, olvidados y marginados de nuestra sociedad”.
miércoles, 22 de junio de 2011
El obispo de Zamora llama a implicarse en el voluntariado de Cáritas

En su carta pastoral para el Corpus Christi y el Día de Caridad de 2011, que se celebra el domingo 26 de junio, Gregorio Martínez Sacristán reflexiona sobre la vinculación entre el sacramento de la eucaristía y el compromiso caritativo de los creyentes, y hace una llamada directa a la implantación de Cáritas en el medio rural y al voluntariado.
Zamora, 22/06/11. El obispo diocesano de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de hacer pública su última carta pastoral, con motivo de la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (Corpus Christi), que es también el Día de Caridad. Titulada “Las cosas importantes se hacen con corazón”, ya ha llegado a todas las parroquias, comunidades religiosas y asociaciones de fieles de la Diócesis.
El fin de su carta es reiterar a los creyentes “que la eucaristía sea nuestra fuente y la caridad constituya nuestro ejercicio continuado”. Empleando la imagen del corazón, que centra la campaña de Cáritas para este Día de Caridad, señala que “la eucaristía está enraizada en el Corazón de Cristo, ya que fue por su amor divino a favor de los hombres cómo Jesús instituyó este sacramento para con él comunicar y prolongar su presencia y su obra salvadora”.
Por eso, explica el prelado, “esta fiesta del Corpus Christi nos rememora el amor eterno del Corazón de Cristo que se ha hecho alimento de vida para el caminar de todos los creyentes y que se hace compañía permanente para alentar y confortar a cuantos quieren seguirlo”. Los católicos, por lo tanto, han de celebrar la eucaristía no de cualquier manera, sino “con profunda gratitud”.
En la solemnidad del Corpus, afirma Martínez Sacristán, se procesiona el sacramento de la eucaristía con alegría, y la celebración litúrgica tiene una inevitable consecuencia social, ya que “la caridad constituye el corazón de toda la vida cristiana”. De hecho, finaliza ahora el curso 2010/11, en el que toda la Diócesis de Zamora ha centrado su objetivo pastoral en la caridad en la vida y la misión de la Iglesia.
“Sólo si los cristianos nos dejamos impregnar del amor de Cristo, podremos aportar un corazón vivo a este mundo nuestro, en el cual tantas veces se experimenta la ausencia y la manipulación de verdadero amor en las experiencias de muchas personas”, continúa diciendo el obispo de Zamora. De ahí que los creyentes tengan que abrir su amor “hacia los otros hombres y mujeres que tienen el corazón destrozado por vivir bajo situaciones de debilidad, marginación y precariedad”.
Recordando que “el ejercicio de la caridad corresponde a toda la Iglesia”, Gregorio Martínez Sacristán reconoce que los católicos “somos impulsados a generar unas actuaciones y relaciones caracterizadas por la fraternidad, reconociendo en el otro a un hermano que es merecedor de nuestro compromiso en bien del desarrollo integral de su dignidad”. Un ejemplo de esta responsabilidad eclesial es el trabajo que desempeña Cáritas: “viviendo en el corazón de nuestra Iglesia, Cáritas Diocesana ejercita abundante y ejemplarmente este compromiso fraterno a través de los múltiples programas que desarrolla, y sobre todo, gracias a la generosidad de los corazones de muchos cristianos que se identifican y se implican en ella, tanto los profesionales como los voluntarios”.
El obispo aprovecha hacer un llamamiento no sólo a la colaboración económica, sino a una mayor implicación personal, al subrayar que “Cáritas ha de contar con el compromiso de numerosos creyentes que, impulsados por su vivo corazón, se adhieren y se entregan generosamente para que Cáritas extienda más su presencia y su acción en las unidades de acción pastoral del espacio rural diocesano”.
Abundando en el tema del voluntariado, el obispo de Zamora considera que “este Día de Caridad ha de ser un incentivo para proponernos personalmente nuestra participación en este voluntariado que debe ser más floreciente en nuestras parroquias. Como también debe ser una posibilidad que se ofrece expresamente a los jóvenes cristianos, como ámbito donde encauzar su compromiso de creyentes desde la Iglesia para servir a la sociedad”.
sábado, 12 de febrero de 2011
Carta pastoral del obispo en la jornada de Manos Unidas

"LOS MÁS PEQUEÑOS SON Y NOS RECLAMAN UN BUEN FUTURO"
CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE ZAMORA EN LA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS 2011
Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo:
Permanece aún en nuestro recuerdo la emotiva imagen de finales del pasado Octubre cuando las responsables nacionales de la Organización Católica para el Desarrollo “Manos Unidas” recibían gozosas un meritorio y prestigioso galardón –el Premio Príncipe de Asturias– como reconocimiento a su extensa labor humanitaria.
Alentada por este homenaje, con la próxima llegada de Febrero, se presenta de nuevo ante nosotros, como ya lleva haciendo más de cinco décadas, Manos Unidas, para invitarnos a conocer y a participar en su Campaña del presente año 2011, en la cual se ha propuesto trabajar con ilusión en este loable objetivo: Reducir la mortalidad infantil.
Nuestra sociedad occidental desarrollada ya casi está inmune a la mortalidad infantil, debido al gran progreso alcanzado en las condiciones de nacimiento, nutrición, cuidado y educación de los niños. La mayor parte de los cuales, gracias a Dios, superan con buenos niveles físicos y psíquicos la infancia, pasando a la juventud y a la madurez.
Pero, bien sabemos, que esto no sucede, por desgracia, en todo el mundo, ya que todavía persiste en muchos rincones del planeta esta lacra de la mortalidad infantil. Así son numerosos los niños y niñas nacidos que no logran superar los primeros días, o que, en el transcurso de una dolorosa y débil infancia, no alcanzan los cinco años de vida.
Con el fin de que conozcamos la vigencia actual de esta problemática que sigue afectando a muchos niños, os recuerdo solamente unos datos que nos resultan estremecedores. Así, dentro del continente asiático, en una provincia de la India, en Oriusa, se da una tasa de mortalidad infantil de 250 a 300 por cada 1.000 nacidos, mientras en España es de 4 por 1.000. O, en la sufrida y arrinconada África, en Malawi, la mortalidad infantil es de 200 por 1.000, mucha parte debida al SIDA, que, además deja tras de sí una amplia población infantil huérfana, y por lo tanto, casi desamparada.
Pensar en este drama de la mortalidad infantil nos puede resultar escandaloso, ya que consideramos que lo más contrario a la vitalidad que caracteriza el crecimiento adecuado de los niños es que les alcance la muerte. Así parece contradictorio que, por un lado nos llenan de esperanza las imágenes de los abundantes niños que existen en los pueblos del tercer mundo, lo cual sería un motor de futuro para estas poblaciones, mientras, por otro lado, descubrimos que muchos de ellos ven amenazado su crecimiento, ya que les sobrevienen diversas carencias vitales y enfermedades, a las cuales no pueden hacer frente, incluso llegándoles su muerte, por lo que pareciera que no tienen futuro. Mientras, por contraste, nos encontramos con que en las sociedades desarrolladas, como la nuestra, la presencia de los niños es escasa, debido a la reducida tasa de natalidad, lo cual dificulta el futuro y el relevo generacional de nuestros pueblos.
Como anteriormente indicaba Manos Unidas en la presente Campaña se propone: Reducir la mortalidad infantil. Por lo cual no se conforma ni se desentiende ante esta dramática situación, si no que, como nos anuncia el lema que ha escogido para motivarla: “Su mañana es hoy”. Es decir, está convencida y así nos quiere invitar a asumirlo y promoverlo que los niños, también los de los países del tercer mundo, son el futuro y merecen, como también nos lo reclaman, un futuro bueno, digno y feliz para su vida, lo cual implica que debamos construir su mañana ya desde hoy. O sea, desde nuestro compromiso en el presente para vencer progresivamente la mortalidad infantil.
Más que centrarnos en las causas que siguen provocando la enfermedad y muerte de muchos niños, sobre todo, debidas a la persistencia del hambre en amplios sectores de población, lo cual en la infancia conlleva la malnutrición con sus negativas secuelas, nos corresponde aunarnos y empeñarnos por ofrecerles soluciones viables.
Debemos reconocer que, con la cooperación solidaria de unos hombres con los otros, y de unos pueblos con los otros, podemos hacer frente a esta devastadora realidad, por lo que hoy ya nos corresponde compartir los medios a nuestro alcance con el fin de que se vaya erradicando la pobreza, el hambre y las enfermedades persistentes entre tantos niños. Para lo cual se ha de conseguir una adecuada nutrición infantil desde la lactancia materna; así como se ha de extender el acceso a las vacunaciones para prevenir enfermedades tan destructivas como el sarampión, tuberculosis, rubéola; también se deben mejorar las condiciones de salud de las mujeres, sobre todo, las madres; así como se requiere universalizar el acceso al agua potable para prevenir infecciones; al mismo tiempo se debe fomentar la preparación de las madres y los padres para el cuidado integral de sus hijos; y se necesita invertir para la capacitación del personal sanitario y cualificado con vistas a la conveniente asistencia de toda la población infantil.
Todo este múltiple programa de soluciones no es un conjunto de buenos deseos de acciones programables para el mañana, sino que constituye una realidad presente que hoy Manos Unidas ya lleva adelante a través de múltiples proyectos por los que se compromete y va haciendo viable el futuro de la población infantil en múltiples lugares.
Para llevar adelante estas solidarias actuaciones a favor de los niños, Manos Unidas se siente motivada por el Evangelio, así el Señor Jesús nos exhorta expresamente: “el que por mí reciba a un niño como éste, a mí me recibe... y no despreciéis a uno de esos pequeños, por que sus ángeles ven continuamente en el cielo el rostro de mi Padre” (Mt 18, 5.10). Lo cual nos alienta y compromete a todos los cristianos a implicarnos ya desde hoy con el mañana de los niños más desvalidos.
Así la fe cristiana nos ayuda a reconocer que el verdadero desarrollo implica el respeto a la vida humana en cualquier condición y edad; así como la relevancia del cuidado de la vida de los niños, como también la importancia de un adecuado núcleo familiar que ampare y custodie el conveniente desarrollo vital de los niños; al tiempo que nos lleva a comprender que la vocación de los padres y las madres consiste en proteger y cuidar la vida de sus hijos desde su concepción y durante su crecimiento; y nos impulsa a reclamar justamente a los poderes públicos su responsabilidad de proteger a los indefensos, en este caso a los niños, para posibilitarles un adecuado crecimiento.
Como escribía el Papa Benedicto XVI a la FAO: “Para eliminar el hambre y la malnutrición es necesario superar las barreras del egoísmo, a fin de dejar espacio a una fecunda gratuidad que debe manifestarse en la cooperación internacional como plena expresión de la fraternidad”. Y, seguidamente, constataba: “la Iglesia trabaja constantemente, a través de sus instituciones, para aliviar las condiciones de miseria en las que se encuentra gran parte de la población mundial”. Una prueba fehaciente de ello es la amplia actividad promovida por Manos Unidas que nos llama a todos a que, ya hoy, nos comprometamos con la infancia necesitada para que su mañana sea digno.
Que todos nos esforcemos por corresponder personalmente a este llamamiento, aportando y compartiendo con generosidad de lo nuestro.
+ Gregorio Martínez Sacristán
Obispo de Zamora
martes, 2 de noviembre de 2010
El obispo de Zamora, a los jóvenes: superad los complejos para acoger la Cruz de la JMJ
Del 10 al 14 de noviembre peregrinarán por la Diócesis de Zamora la Cruz de los Jóvenes y el Icono de María, los dos símbolos principales de la JMJ que se celebrará en Madrid en agosto de 2011 con la participación de jóvenes de todo el mundo, y que cuenta con participación zamorana. Con este motivo, el obispo diocesano ha escrito una carta pastoral.
Zamora, 3/11/10. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral para la recepción en la Diócesis de la Cruz de los Jóvenes y del Icono de María, los símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que llegarán a Benavente el próximo 10 de noviembre y recorrerán varios lugares de la geografía diocesana para ser despedidos el día 14 en la Catedral.
Titulada “Recibirlos y mostrarlos como se merecen”, la carta comienza afirmando que este acontecimiento debe vivirse “como una gracia que el Señor nos concede”, ya que la cruz es algo esencial para los creyentes: “la Cruz es nuestra dicha, por lo tanto es motivo de alegría, y la Cruz constituye nuestro tesoro, es decir, es un manantial de bienes ya que contiene un valor provechoso para nuestra vida”. Según el prelado, “debemos estar orgullosos de la Cruz, ya que en ella se nos ofrece el fundamento más resistente para la alegría: la entrega amorosa de Jesús”, y añade que “viendo la Cruz sentimos el gozo de ser amados por Jesucristo”.
Por las fechas en las que llegan la cruz y el icono, el obispo señala que “las jornadas de su presencia entre nosotros constituyen como un singular ‘Triduo Santo’, en cierta manera, semejante con los días más nucleares del calendario cristiano: del atardecer del Jueves Santo al Domingo de la Pascua de Resurrección”. Entendiendo así el paralelismo que establece con la Semana Santa, “esta significativa visita nos ayudará a rememorar y asimilar el Misterio Pascual del Señor que encuentra en la Cruz su centro y su símbolo”.
Martínez Sacristán recuerda el origen del signo que llegará a Zamora el 10 de noviembre: “es la Cruz que el Papa entregó personalmente a un grupo de jóvenes españoles hace más de un año, el Domingo de Ramos de 2009, con la encomienda de convocar e invitar a participar en la Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2011 en Madrid”. Por eso invita a los católicos zamoranos a acogerla “con aprecio y agradecimiento, sintiéndonos por medio de esta Cruz más vinculados con Benedicto XVI”.
Preparación para la JMJ
En su carta pastoral, el obispo de Zamora vuelve a insistir en la importancia de la preparación de la JMJ, que está teniendo una notable repercusión en la Iglesia local, y que debe ser “un momento privilegiado de testimonio y de evangelización”, como ya señaló él mismo en el inicio del curso pastoral 2010/11. Y, en este contexto de preparación, la visita de la cruz es una oportunidad de presencia pública para los cristianos, “para que testimoniemos con valentía el amor de Dios hasta el extremo que Jesús nos demostró en su Cruz”.
Según explica Gregorio Martínez Sacristán, en el signo de la cruz “se manifiesta la dignidad de cada persona, sobre todo la más débil o sufriente”. Como signo de la devoción cristiana a la cruz, invita “a todos los zamoranos a participar personal, familiar, popular y masivamente”, participando en los actos programados por la Diócesis. Una invitación que extiende no sólo a los habitantes de Zamora, Benavente y Toro, que recibirán esta visita, sino “a los hombres y mujeres de todos los pueblos de nuestra Diócesis: a los ancianos, a los adultos, a los niños y, por supuesto, a los jóvenes”.
A los jóvenes: atreveos y decidíos
A estos últimos, destinatarios principales de la visita de la Cruz de los Jóvenes y del Icono de María, les dice: “os aliento, queridos jóvenes, los que estudiáis, trabajáis o estáis desempleados, a que os atreváis y decidáis, superando los complejos, a participar en la acogida de la Cruz”. Es más, se dirige a ellos invitándoles a un mayor compromiso en su vida de fe: “recordad que muchos de vosotros, quizá no hace mucho tiempo, fuisteis ungidos con la señal de la Cruz en vuestra frente al recibir el sacramento de la Confirmación. Por eso la presencia de esta Cruz os ofrece una atrayente oportunidad de revivir aquel momento significativo de vuestra vida cristiana”.
Texto íntegro de la carta pastoral
RECIBIRLOS Y MOSTRARLOS COMO SE MERECEN
CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE ZAMORA ANTE LA VISITA DE LA CRUZ DE LOS JÓVENES Y EL ICONO DE MARÍA A NUESTRA DIÓCESIS
Muy apreciados hermanos en el Señor Jesucristo:
Como ya os anuncié hace varias semanas nuestra Iglesia Diocesana, muy pronto, en concreto, durante la segunda semana del próximo mes de Noviembre, recibirá una Visita muy gratificante y bien anhelada: la Cruz de los Jóvenes y el Icono de María Virgen.
Queriendo, por mi parte, que la presencia en nuestra Diócesis de estos dos destacados signos cristianos constituya un acontecimiento significativo para nuestra Iglesia, me dirijo, a todos vosotros, para alentaros y orientaros a vivirlo como una gracia que el Señor nos concede.
Recojo y os ofrezco como guía de mi reflexión una sabrosa expresión de un Santo Padre griego, San Andrés de Creta, quien se expresaba, convencido y jubiloso, en estos términos: “¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro”. Así también, cada uno de nosotros, los fieles cristianos, lo reconocemos: la Cruz es nuestra dicha, por lo tanto es motivo de alegría, y la Cruz constituye nuestro tesoro, es decir, es un manantial de bienes ya que contiene un valor provechoso para nuestra vida.
Alegrarnos y beneficiarnos con la Visita de la Cruz debe ser el propósito y la finalidad que pretendamos y alcancemos ante la ya cercana llegada de la Cruz de los Jóvenes y del Icono de María a nuestra Iglesia en Zamora. Debemos estar orgullosos de la Cruz, ya que en ella se nos ofrece el fundamento más resistente para la alegría: la entrega amorosa de Jesús hasta la donación completa de su vida en bien nuestro. Así, viendo la Cruz sentimos el gozo de ser amados por Jesucristo. Además debemos maravillarnos ante la Cruz, ya que por ella se nos concede el mayor bien: la reconciliación con el Padre Dios que nos abraza filiamente en su Hijo Jesús y nos capacita y envía a extender su obra reconciliadora a favor de todos los hombres.
Por eso, reconociendo que la Cruz es nuestra alegría y nuestro bien, es decir, que el Crucificado es manantial permanente de júbilo y origen inagotable de beneficios para cuantos acuden confiados a Él, por eso nos sentimos motivados a recibir como se merecen, con gozo, gratitud y piedad, tanto a la Cruz de los Jóvenes como al Icono de Santa María.
Por una feliz coincidencia la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen permanecerán en nuestra Diócesis del jueves 11 al domingo 14, aunque llegarán hasta nuestra Iglesia en el anochecer del miércoles 10, entrando por Benavente. De modo que podemos considerar que las jornadas de su presencia entre nosotros constituyen como un singular “Triduo Santo”, en cierta manera, semejante con los días más nucleares del calendario cristiano: del atardecer del Jueves Santo al Domingo de la Pascua de Resurrección. Así esta significativa visita nos ayudará a rememorar y asimilar el Misterio Pascual del Señor que encuentra en la Cruz su centro y su símbolo.
Quiero que tengamos en cuenta la procedencia de esta Cruz: es la Cruz que el Papa entregó personalmente a un grupo de jóvenes españoles hace más de un año, el Domingo de Ramos de 2009, con la encomienda de convocar e invitar a participar en la Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2011 en Madrid. Por lo tanto la debemos considerar como un don del Pastor de la Iglesia Universal ofrecido a todos los integrantes de las Iglesias Diocesanas en España que requiere ser acogido por todos los fieles católicos con aprecio y agradecimiento, sintiéndonos por medio de esta Cruz más vinculados con Benedicto XVI.
Además esta Cruz y este Icono nos ayudarán a unirnos más fraternalmente con el conjunto de la Iglesia, ya que ambos signos han recorrido multitud de lugares en los más diversos rincones del mundo, en donde millares de hombres y mujeres, de culturas y pueblos variados, se han sentido entrelazados por su fe en la Cruz y su veneración a la Virgen.
Cuando ya está cercana la visita de la Cruz nos corresponde prepararnos para que este acontecimiento suponga para toda nuestra Diócesis lo ya que os apremiaba en la Eucaristía de Apertura de este Curso Pastoral: “que sea un momento privilegiado de testimonio y de evangelización”. Así esta visita nos ofrece una valiosa oportunidad, que no puede pasar desapercibida ni desaprovechada, para que testimoniemos con valentía el amor de Dios hasta el extremo que Jesús nos demostró en su Cruz, y para que mostremos y ayudemos a redescubrir a nuestros contemporáneos el núcleo del Evangelio: el árbol de la Cruz en donde se manifiesta la dignidad de cada persona, sobre todo la más débil o sufriente, ya que en él el Hijo de Dios se entregó por todos en un gesto máximo de humildad, misericordia, perdón y sacrificio.
Convencido de esto quiero estimularos a todos los cristianos en Zamora: laicos, consagrados y sacerdotes a que la Visita de la Cruz sea celebrada, compartida y difundida por todos los que formamos nuestra Iglesia Diocesana, de modo que se perciba, en medio de nuestra sociedad, que nos congregamos y volcamos con la Cruz. Por eso os convoco cordialmente a todos los zamoranos a participar personal, familiar, popular y masivamente en los actos de la visita de la Cruz y el Icono de María. Una invitación que se dirige no sólo a los que vivís en las tres localidades que recibirán estos signos: Zamora, Benavente y Toro, sino que quiero hacer extensiva a los hombres y mujeres de todos los pueblos de nuestra Diócesis: a los ancianos, a los adultos, a los niños y, por supuesto, a los jóvenes. Por tanto, procuremos poner vivo interés y hacer el esfuerzo necesario para acudir a los actos y celebraciones en torno a la Cruz.
Ahora me permito dirigirme, particularmente, a los jóvenes zamoranos para deciros: para vosotros y en bien vuestro, sobre todo, viene la Cruz a Zamora, ya que, como su nombre lo indica, se trata de la “Cruz de los Jóvenes”. De ahí que os animo a que os sintáis destinatarios y protagonistas de esta importante visita. Por eso os aliento, queridos jóvenes, los que estudiáis, trabajáis o estáis desempleados, a que os atreváis y decidáis, superando los complejos, a participar en la acogida de la Cruz. Recordad que muchos de vosotros, quizá no hace mucho tiempo, fuisteis ungidos con la señal de la Cruz en vuestra frente al recibir el sacramento de la Confirmación. Por eso la presencia de esta Cruz os ofrece una atrayente oportunidad de revivir aquel momento significativo de vuestra vida cristiana.
Por medio de los diversos actos y celebraciones organizados por la Visita de la Cruz tendremos la posibilidad de situarnos “junto a la Cruz”, según la conocida imagen evangélica. Este mantenernos “junto a la Cruz” conlleva dejarnos amar, guiar y salvar por el Crucificado. De modo que nuestra respuesta a tanto beneficio del Señor implica que recibamos con alegría, que acompañemos con entusiasmo, que adoremos con fe intensa y que mostremos públicamente con valentía esta bendita Cruz como nuestra señal distintiva y el signo más valioso que los cristianos nos gozamos y gloriamos de acoger y ofrecer.
A la vez vendrá a nosotros el Icono de María, para así expresar, como nos recuerda la narración de la Pasión, que “junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre”. Allí se encontraba Santa María Virgen, testimoniando su amorosa y fiel cercanía y unión con su Hijo. Por eso recibiendo este Icono de Nuestra Señora nos sentiremos, como ella y con ella, más unidos a Cristo, de manera que su venida en esta representación suya nos impulse a suplicarle confiados a nuestra querida Madre que nos aliente a vivir firmes en la fe y arraigados en Jesucristo.
Confiando en encontrarnos junto a la Cruz de Cristo, os doy mi bendición.
+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora
viernes, 4 de junio de 2010
Cuanto hemos recibido gratis, démoslo gratis
CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE ZAMORA EN EL CORPUS CHRISTI Y DÍA DE LA CARIDAD 2010
Muy estimados hermanos en el Señor Jesucristo:
Cuando el pasado otoño iniciábamos el presente Curso Pastoral señalábamos como Objetivo para este periodo de la vida de nuestra Iglesia Diocesana esta prioridad: “La Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida cristiana”, y nos fijábamos, entre otras, esta concreción: “Redescubrir las nuevas pobrezas e implicarse en su resolución”. Por lo tanto, hemos querido poner la Eucaristía en el centro de nuestro caminar eclesial, en su triple dimensión de Sacramento creído, celebrado y vivido, y hemos procurado que, de la Mesa Santa del Amor Divino, se suscite y mantenga nuestro compromiso cristiano, movido y expresado en la Caridad hacia los más desvalidos, lejanos y cercanos.
Caridad y Eucaristía son dos realidades que sobresalen este Domingo, ya que celebramos la Solemnidad del Corpus Christi y el Día de la Caridad, de modo que nos corresponde valorar si colocamos en el eje de nuestra vida personal y eclesial, tanto la celebración de la Misa como el ejercicio constante del Mandato del Amor fraterno.
Cada vez que nos reunimos los cristianos para participar en la Eucaristía expresamos lo que aclamamos con este conocido cántico: “Acerquémonos todos al altar, que es la mesa fraterna del Amor, pues siempre que comemos de este Pan, recordamos la Pascua del Señor”. En este Sacramento, como señala el Mensaje para el X Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Toledo, Jesucristo nos alimenta con la vida verdadera que nace de su misterio pascual, por el que se ha ofrecido al Padre en el sacrificio de la Cruz y que ahora resucitado extiende a todos los hombres.
Por la Eucaristía nos llega esta vida nueva de la filiación divina, “que se ofrece a todos, la vida que explica y da sentido a la existencia; la que han vivido tantos discípulos de Cristo a lo largo de la historia; la que ha llevado a la vivencia del amor nupcial a los esposos cristianos; la que ha suscitado en las diversas formas de seguimiento de Cristo el testimonio de la adoración eucarística que nutre la fidelidad de los consagrados en torno a esta presencia del Señor; la que lleva a la misión cristiana y a la vivencia de la caridad y la justicia” (Mensaje, 3).
Con esta hermosa Fiesta del Corpus Christi los católicos nos concentramos en el Sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, de modo que lo celebramos con gozo, lo recibimos con piedad, lo adoramos con gratitud y lo procesionamos en nuestros pueblos y ciudades con fe, proponiendo a todos que se acerquen a esta fuente de alegría y vida. Además, el Corpus Christi nos muestra que el Amor de Cristo hecho Sacramento se ha de reflejar en una existencia creyente modelada por la Caridad. Lo cual compete y compromete a todos y cada uno de los fieles cristianos, también a los Sacerdotes, de modo que vivan y se les reconozca como los “hombres de la caridad”, según la feliz expresión acuñada por Juan Pablo II (cf. Pastores dabo vobis, 49), ya que son constituidos en ministros de la Iglesia que la animan, presiden y sirven en la Caridad.
Celebrar el Día de la Caridad en el Año Sacerdotal, que ya se encuentra en su último tramo, me lleva a reflexionar sobre la importancia y la misión de los Sacerdotes en la acción caritativa de la Iglesia. Así, considero conveniente recordar, como indica el Mensaje Episcopal para esta Jornada, que la tarea de los Presbíteros de presidir en la Caridad al Pueblo de Dios no implica que monopolicen la acción caritativa y social de la Iglesia, sino en “sensibilizar a la comunidad sobre la dimensión caritativa y social de la vida cristiana, promover la corresponsabilidad, implicar en ella a los órganos de comunión y participación de la comunidad parroquial y favorecer la coordinación de la acción caritativa y social tanto en el ámbito intraeclesial como en el social” (nº. 3).
Percibimos que aquí se nos ofrece un variado abanico de posibilidades para que este Día de la Caridad se concrete en un impulso decidido por la promoción de la experiencia caritativa y social de nuestra vida eclesial, tanto a nivel diocesano, arciprestal como parroquial, llevando a efecto aquel ya referido propósito para toda nuestra Comunidad Diocesana: “descubrir las nuevas pobrezas de nuestro tiempo e implicarse directamente en su resolución”. Para lo cual debemos seguir potenciando Cáritas como una obra específica e imprescindible de nuestra Iglesia Diocesana, que nos implica realizar un esfuerzo, con la participación de todos los fieles católicos, por continuar creando y acompañando las Cáritas parroquiales o de zona.
Constatamos que en este momento social la obra de Cáritas mantiene toda su vigencia, sobre todo, por la situación de crisis moral y económica que nos está afectando, uno de cuyos signos más patentes es el elevado número de personas que se han visto privadas de su trabajo, incluso hasta todos los miembros de múltiples familias. Así, la realidad de la pobreza continúa presente en nuestro entorno, como lo refleja este dato escandaloso e interpelante que nos indica que en Europa existen setenta y ocho millones de pobres. Lo cual nos motiva más fuertemente a los cristianos para empeñarnos, junto a todos, en luchar, ya y aquí, contra la pobreza y la exclusión social.
Además reconocemos que en la Eucaristía nos acercamos y recibimos el Cuerpo entregado de Cristo como un don gratuito que Dios nos concede, lo que nos impulsa a expresar esta gratuidad divina en palabras y gestos de amor y entrega gratuitos hacia los más vulnerables, como lo llevamos a cabo a través de nuestra implicación en Cáritas. Así pondremos en práctica esta encomienda de Cristo: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mt 10, 8). Y sabiendo, como nos enseña el Papa Benedicto XVI, que “el corazón de Cáritas es el amor sacrificial de Cristo y cada forma de caridad individual y organizada en la Iglesia debe encontrar su punto de referencia en Él”.
Con nuestro compromiso perseverante y sacrificado en Cáritas iremos promoviendo este esperanzador propósito que la moviliza durante este Bienio: “Una sociedad con valores es una sociedad con futuro”. Lo cual nos compromete a insertar en nuestra vida cuatro destacados valores que renuevan el mundo según el designio de Dios: la comunión, la participación, la diversidad y la gratuidad. Poniendo especial énfasis en la circunstancia presente en la Gratuidad, desde el reconocimiento que hemos recibido gratuitamente el Amor de Dios, como acontece en la Eucaristía, para impregnar de gratuidad nuestras relaciones con las otras personas, de modo que nos atrevemos a decir, desear y procurar que “si no te convence esta sociedad mercantil ofrece sin pedir nada a cambio”, tal como nos sugiere el lema elegido para este Día de la Caridad.
Que el Señor Jesús nos impulse a dar gratis lo que gratis de Él hemos recibido.
+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora
lunes, 15 de marzo de 2010
Los sacerdotes, testigos de la misericordia de Dios

Carta pastoral del obispo en el Día del Seminario 2010
Muy estimados hermanos en el Señor Jesucristo:
Coincidiréis, todos vosotros, conmigo en que el mejor modo de celebrar el presente Año Sacerdotal, que con toda la Iglesia estamos viviendo, sería compartir el gozo de una Ordenación de Sacerdotes para nuestra Iglesia de Zamora. Pero como supondréis no tendremos la dicha de recibir esta alegría durante todo este Año Sacerdotal, ya que como bien conocéis la actual situación vocacional para el ministerio sacerdotal en nuestra Diócesis es de extrema carencia de candidatos.
Esta constatación de la gran penuria vocacional de nuestra Iglesia me sirve de motivación para ayudaros a comprender la importancia del Día del Seminario que celebraremos el próximo domingo, 21 de marzo, en toda nuestra Diócesis.
Para la Jornada de este año se ha elegido un sugerente lema: “El Sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”, que nos invita a reconocer la relevante misión de los sacerdotes para el crecimiento de la vida de la Iglesia y el bien de toda la sociedad.
Gracias a Jesucristo se nos ha desvelado la misericordia de Dios. Así, en sus palabras, sobre todo en muchas de sus parábolas, como en sus actitudes y comportamientos ha testimoniado que Dios es misericordioso con todos los hombres. Reconocemos que Jesús es la encarnación más plena del Padre misericordioso que se ha acercado al hombre en su real situación de debilidad, fragilidad y pecado para acogerlo amorosamente y ofrecerle el abrazo de su amistad, fortaleza y perdón. En este sentido resulta muy alentador durante la Cuaresma escuchar los emotivos relatos evangélicos, en especial del evangelista San Lucas, que nos recuerdan la permanente misericordia de Dios que en Jesús se ha hecho don accesible a todo hombre.
Jesucristo ha querido prolongar su anuncio de la divina misericordia y su actuación abundantemente misericordiosa a través de su Iglesia, a la que ha encomendado que prosiga testimoniando que Dios es Padre rico en misericordia que busca solícito y espera compasivo a todo hombre, reconocido como hijo suyo.
Comprendemos que esta actitud de la misericordia, tan característica y constante en la vida de Jesús, se haya de reflejar en la vida de quienes han recibido la encomienda de hacer presente su misión reconciliadora como servidores y pastores de su Iglesia, los Sacerdotes. Por eso con razón los llamamos: “testigos de la misericordia de Dios”.
Los sacerdotes, como todos los cristianos, primero han sido destinatarios y receptores de la misericordia de Dios. En su experiencia creyente han descubierto la inmensa e inmerecida misericordia que el Padre Dios ha tenido con ellos, que, a pesar de su debilidad, los ha llamado, consagrado y enviado, y les sigue confiando la misión. Por el ministerio de los sacerdotes, Dios hace llegar su misericordia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, por eso debemos apreciarlos y considerarlos como “testigos” del amor misericordioso de Dios que en ellos se hace cercano y visible. De modo que la infinita misericordia de Dios se nos ofrece a través del ministerio sacerdotal en las diversas dimensiones que integran su labor pastoral. Así, en el anuncio de la Palabra nos presentan el rostro misericordioso del Padre Dios. Mientras en la celebración de los Sacramentos hacen presente el amor misericordioso de Cristo, repartiéndonos su Cuerpo eucarístico y administrándonos su Perdón en la Penitencia. Y en el servicio de guiar la comunidad cristiana, impregnados de actitudes de misericordia, están animando y estimulando a todos a ejercitar la misericordia en los comportamientos y relaciones de la vida cotidiana.
Sabemos que los sacerdotes van disminuyendo y que las vocaciones son escasas, por lo que podemos vernos privados de los testigos que nos presentan y muestran la misericordia de Dios, quedándonos sin poder experimentar una realidad tan necesaria.
Celebrar el Día del Seminario nos plantea nuestra real preocupación por el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales, que en nuestra Diócesis constituye, así lo he señalado ya reiteradamente, el “problema” más importante del momento presente.
Que se susciten vocaciones sacerdotales, o sea, que existan alumnos en nuestros Seminarios, Mayor y Menor, debe convertirse en una prioridad para toda nuestra Iglesia Diocesana, un objetivo que nos interese y movilice a todos y cada uno de los cristianos. Por eso celebrar el Día del Seminario debe ser un impulso para que cada uno de los católicos zamoranos se plantee cuál es su implicación presente en la promoción de nuevas vocaciones y cómo debe y puede acrecentar su responsabilidad en este cometido que corresponde y afecta a toda la Iglesia.
Debemos reconocer que las diversas iniciativas que se promueven para ayudar a descubrir y acompañar las semillas de vocación en cristianos de nuestras comunidades, encuentran una respuesta escasa; por eso os exhorto a que todos nos sintamos interpelados a desarrollar una más intensa pastoral vocacional expresamente sacerdotal.
Los sacerdotes podemos sentir como un compromiso de este Año Sacerdotal la solicitud por suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, poniendo todo el empeño posible por animar y proponer nuestro ministerio a quienes percibamos puedan estar llamados.
También en la catequesis se debe potenciar el conocimiento y la presencia del sacerdote con los niños y adolescentes que se inician en la fe, así como en la educación religiosa escolar se ha de presentar de modo atractivo y positivo el ministerio sacerdotal.
Las familias cristianas favorecerán que alguno de sus miembros reciba la llamada al sacerdocio y los padres han de disipar los reparos para que sus hijos puedan acoger la posible vocación, ayudándoles a descubrirla y a responder con libre decisión.
Por supuesto que la pastoral vocacional debe de poner énfasis en la plegaria por la suscitación de nuevas vocaciones, que este Año Sacerdotal tenemos la oportunidad de realizar más abundantemente en toda la Diócesis. Así, debe ser una constante en nuestras parroquias, comunidades religiosas y grupos cristianos presentar nuestra oración al Padre para que germine nuevas vocaciones sacerdotales en nuestra Iglesia, y también rogar asiduamente por nuestros queridos Seminarios y cada uno de nuestros seminaristas. De este modo conjuntamente dirigiremos nuestra petición a Dios para que tenga misericordia de nuestra Iglesia y nos bendiga con vocaciones al sacerdocio.
Confío a la intercesión de San José y San Juan-María Vianney las tan anheladas vocaciones sacerdotales y la vida de nuestros Seminarios.
+ Gregorio Martínez Sacristán
Obispo de Zamora


