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lunes, 19 de marzo de 2012

Pasión por el Evangelio


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Escribo con el punto de mira alzado, sobrepasando incluso la jornada del domingo que, por ser de Cuaresma, está llamada a prevalecer. Pero es que un escalón más arriba, a veinticuatro horas vista, se celebra la festividad San José y, con ella, el «Día del Seminario». Leo las Cartas Pastorales de los Obispos para la ocasión y es de admirar la sintonía, la general preocupación por la escasez de vocaciones al sacerdocio. Miramos al cielo y esperamos nos llueva el remedio a la pertinaz sequía, a la adversa meteorología vocacional. Nos dolemos, culpabilizamos incluso a Dios, Él es, nos decimos, el más interesado en dotar a su pueblo de pastores según su corazón.

La Conferencia Episcopal Española nos adelanta el dato de 51 seminaristas mayores más en este Curso 2011/2012 que en el pasado año y, con ser esperanzador el dato, miramos la infinitud de este nuestro mundo rural y se nos ocurre la misma pregunta entre sorprendida y esperanzada de Andrés a Jesús en la multiplicación de los panes y de los peces: «¿Qué es esto para tanta gente?». Hace ahora seis años escribía también un comentario («Lo necio y débil de Dios») ante el Día del Seminario y con el telón de fondo de la ordenación de «un» sacerdote. Y digo «un» no como artículo indeterminado, como si no hubiera nombre, sino como adverbio de cantidad. ¿Cómo cabría pensar, decía, que la ordenación de un solo sacerdote iba a suscitar tantas esperanzas, contribuir a elevar el ánimo de toda una Diócesis? Y es que la vocación al estado religioso o sacerdotal está contraviniendo la conocida ley de la oferta y la demanda: una necesidad tan sentida, una oferta tan limitada.

Difícil empresa la de engendrar sacerdotes en un camino minado por las incomprensiones, dificultado en el presente por la frialdad y el absentismo religioso, marcado por una crisis que depaupera el alma más que los bolsillos. Toda causa que merezca el nombre de noble y quiera perdurar necesita de amplios consensos. Esta es una. Quizás sea verdad que nuestras comunidades cristianas aún no han asimilado el alcance de la actual crisis vocacional. Llegar a ser cura requiere una determinada temperatura que aportan por igual el líquido amniótico materno, el calor y el amparo de la familia, el riego sanguíneo de la fe, las necesidades sentidas tanto de la Iglesia como de la sociedad. Escribo esto al observar la vida, los trabajos y afanes y ese tiempo sin tiempo de los jóvenes sacerdotes ordenados en los últimos años. «Pasión por el Evangelio» es lo suyo, «Pasión por el Evangelio» también en los formadores y en ese pequeño grupito de seminaristas menores en San Atilano, más que un requisito y un aval condición sine qua non para los elegidos de Dios.

sábado, 25 de febrero de 2012

Fijémonos los unos en los otros


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Este comentario sale con tintes morados, mira hacia adelante, hacia el preludio y anuncio de la fiesta de los disfraces. Predica el carnaval que lo primero es un buen atracón, la juerga por delante y como aperitivo, que el ayuno y la seriedad se llevan mejor con un estómago sobrado. No, no podemos olvidar que estamos a un paso de la Cuaresma. La anuncia a su manera todo ese peregrinar de niños y mayores que siguen haciendo cola en «La Peseta», justo enfrente de la iglesia de San Vicente. Vienen por un disfraz, que el Carnaval es la fiesta de las formas y los tiempos ya no son los mismos.

Nos avanza la Cuaresma Manos Unidas en su convocatoria del pasado 10 de febrero en la Plaza de Castilla y León. Una llamada a rebajar el menú de un día en solidaridad con los que malcomen a diario. La propuesta de Manos Unidas es la de un ayuno que aligera el estómago, pero llena las estancias del corazón. Cuaresma, más que un tiempo litúrgico, más que un morado ambiental, es un estilo de vida, una terapia espiritual que proclama que somos unidad de cuerpo y alma, de necesidades físicas y espirituales. Reducimos las primeras para tomar conciencia de las otras. No vivimos de solo pan. El cartel anunciador de Manos Unidas para el 2012 es un corazón y una como arteria que lo enlaza con el globo terráqueo. El amor es ese movimiento de sístole y diástole, que mantiene las constantes vitales del mundo. Sístole para contraerse, diástole para llevar algo de uno mismo a los demás.

Curioso que el mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012 llame a «fijarse los unos en los otros» y que traduzca ese «fijarse» en la responsabilidad para con el hermano. Fijarse, dice el Papa, es observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, saber leer la realidad. Es la aplicación práctica de ese componente cuaresmal que es la limosna y que el mismo Benedicto XVI resumió en su encíclica «Dios es amor» con aquello de que nadie da demasiado si no se da a sí mismo. Este mensaje de Benedicto XVI alimenta y, créanme, no rompe el ayuno cuaresmal. Puede leerse a modo de oración, a puerta cerrada, en lo escondido, en los aposentos del alma. Afrontamos la nueva Cuaresma llenos de días, de dolores, de remordimientos. Bajo el pórtico del Miércoles de Ceniza buscaremos un lugar. Nos acompañará la Iglesia. Para el creyente cristiano, en viniendo la Cuaresma, todos los caminos tienen señales y ya no podemos perdernos si no es dentro de nosotros mismos.

domingo, 22 de enero de 2012

T. punto O. punto


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Transitamos los cristianos por esa pista que, en lenguaje religioso, decimos «Tiempo Ordinario» (T. punto O. punto). No da para mucho el término «ordinario» que, si por una parte define algo que es habitual y frecuente, por otra describe lo que es de mal gusto y de baja calidad. Más allá de la duplicidad de significados, el «Tiempo Ordinario» mira a esas 23 semanas, la parte más extensa del Año Litúrgico, en la que no se celebra ningún aspecto concreto del misterio de Cristo.

Apenas cerrado el 2011 transitamos ya confiados las sendas del año nuevo. Tras el aperitivo de las fiestas de Navidad toca ahora el plato fuerte, el menú de los días, las semanas y los meses. Se trata de sostener el entramado de la vida y satisfacer el apetito de pasar, unas tras otras, las hojas del calendario. Un nuevo año este 2012 que se inicia con los fondos invertidos, con los excesos e interrogantes del anterior. En él todo lo que esperamos, lo que pretendemos hacer con este depósito, este caudal e hipoteca que se nos entrega. Quizás sea este uno de los años en que con menos esperanza, con más dudas y recelos, hemos cursado augurios de felicidad. Es como leer en la mano un futuro que se escapa y que se antoja difícil de aventurar.

Hay desánimo y angustia. Lo afirmaba Cáritas en el anuncio y en el mensaje de la colecta especial de Navidad cuando invitaba a «vivir con sencillez». El pesimismo no consiste en cansarse del mal sino del bien. La desesperanza no consiste en cansarse ante el sufrimiento sino en el hastío de la alegría. Hemos vivido demasiado bien, ¿a qué negarlo?, y eso ha dejado de funcionar. El que en un pasado reciente y en el recuerdo hayamos podido disfrutar de un aceptable nivel de vida nos alerta de nuestra decadencia, que ya quisiéramos fuera tan solo económica. Entendemos perfectamente el valor que la salud moral tiene para la humanidad por más que no la tasemos en euros.

Cambiamos de color. Verde, verde, para este «Tiempo Ordinario». No el verde de esos brotes que nunca llegaron; sí el verde de lo inmaduro y del estudiante que no termina de aprender la lección; el verde de las promesas incumplidas y de lo que todavía está por llegar. Ahora es la Europa del euro, la sociedad entera, nuestra nación con sus regiones y autonomías, las que están llamadas a examen. El futuro se extiende delante de nosotros horizontalmente, paso a paso. Habrá que resolver los problemas uno por uno, no todo a un tiempo. En esas andamos, y no sólo los políticos, también el ciudadano de a pie y nosotros con él.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Apresurad la venida del Señor


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

No voy a tener la oportunidad de otro comentario previo a la Navidad y no quisiera quedarme sin la satisfacción de sugerirla. «Apresurar la venida» es eso, adelantarla, avivar y abreviar los plazos. En la magistral obra «El hombre eterno» de G. K. Chesterton hay un capítulo expresamente dedicado al nacimiento de Jesús que lleva el título de «El Dios de la cueva». Lo recomiendo. «Celebramos la Navidad, dice, seguimos celebrándola, porque somos psicológicamente cristianos. Si uno busca un aspecto no controvertido del cristianismo probablemente escogería la Navidad». Este año no he leído ni un folleto de propaganda navideña. La gente no está por el consumo, ahora menos que nunca, y las grandes superficies lo saben y no se permiten excesos. En años pasados se hacía interesante revisar esa propaganda que competía y hasta se aprovechaba del mensaje religioso del Adviento y de la Navidad. Navidad es el sonido simultáneo de muchas notas: la humildad, la alegría, la gratitud, el temor sobrenatural y, al mismo tiempo, la vigilancia, el drama y la esperanza. Esperanza sobre todo.

Benedicto XVI en su ya finalizado viaje a África también ha hablado de esperanza y lo ha hecho en términos que bien nos vendría aplicar aquí. Ha hablado en Benín, pero el suyo es un mensaje sin fronteras. «No privéis a vuestros pueblos, dice, de la esperanza. No amputéis su porvenir mutilando su presente. Tened un enfoque ético valiente en vuestras responsabilidades y, si sois creyentes, rogad a Dios que os conceda sabiduría. Esta sabiduría os hará entender que, siendo los promotores del futuro de vuestros pueblos, es necesario que seáis verdaderos servidores de la esperanza».

Nada parece tan urgente como el retorno a la esperanza. Esa fue la profecía de Isaías para con un pueblo servil que necesitaba levantar el ánimo. Nuestras pasadas elecciones nos han traído también una buena dosis de esperanza, augurio de nuevos tiempos y oportunidades. Esta España nuestra, tan adormecida y engañada en sus excelencias, siente miedo. La base económica sobre la que nos hemos empeñando en asentar el futuro, cruje y amenaza ruina como esa estatua con pies de barro que hemos venido leyendo en la Profecía de Daniel. El veredicto de «contado, pesado y dividido» sobre la corte babilónica es sentencia que, salvadas las distancias, suena y mucho a rechazo de quienes nos han gobernado y a prevención y guardia para quienes toman el relevo en la gestión pública. Ya decía Ana Frank que no se podía construir nada sobre la base de la muerte, la miseria y la confusión. De confusión sabemos ya bastante, de miseria, vamos aprendiendo. Pero el creyente lucha por «ese cielo nuevo y esa tierra nueva en que habite la justicia» (2P. 3,14).

La Opinión-El Correo de Zamora, 4/12/11.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Un buen plan


JOSÉ ÁLVAREZ

Cuando vienen mal dadas fuerza es recurrir a esa ley que en lo económico y social decimos dependencia, en clave moral, solidaridad. Escribo en la mañana del jueves, la radio a un lado que me traslada los datos del paro. El próximo 11 de noviembre se celebra la fiesta de san Martín. Ya saben, aquel obispo del siglo IV que, montado a caballo y en su etapa de militar, compartió su capa con un pobre. De capa caída andamos nosotros y bueno es que el santo obispo de Tours nos eche una mano. El rocín, que nos ha ido llevando a galope tendido por los campos del progreso y de la prosperidad, renquea ahora y se fatiga. Se impone la dura realidad.

¿Y nosotros, qué podemos compartir? Manos Unidas nos traslada sus «641 recetas para acabar con la pobreza en el mundo» y Zamora se ha sacado de la manga todo un plan, que ha tenido origen en una conversación informal entre el director del Hotel AC y un cura con unas cuantas letras bajo el brazo. «¿También pagáis facturas?». «Pues claro. Hay familias que ya no pueden más, no les llega para el recibo de la luz y, si pagan la luz, no pueden con la hipoteca y, si atienden a la hipoteca, no les alcanza para comer».

Desde un sector de Azehos, siete de sus hoteles: Hotel AC, Rey Don Sancho, Montelarreina, Valbusenda, Hotel NH, Parador de Zamora y Hotel Horus, se han ofrecido a servir la noche del próximo viernes día 11 una «cena solidaria». El mismo menú para todos y lo recaudado (40 euros por cubierto) en su totalidad para Cáritas. Es la fiel lectura del momento y el reconocimiento a un organismo de la Iglesia que está jugando tan importante papel a la hora de paliar los devastadores efectos de la crisis. La Hostelería ofrece esta «cena solidaria» que han ido presentando por sectores hombres y mujeres de a pie y así ha germinado en Hospitales, en Colegios e Institutos, en Cofradías y Colegios Profesionales, en Empresas, en la Administración, en familias y grupos de amigos? Todos han podido hacer, no sin desaires, que este buen plan merezca la pena.

Y ya, al final, el resultado siempre es positivo porque el proyecto suma y no resta y así los colaboradores (Cuestión de Imagen, Cícero Artes Gráficas y Fundación Caja Rural), los proveedores alimentarios, los MCS? han sensibilizado a toda la ciudad. Ya saben lo difícil que resulta abrir brecha en medio de la desconfianza y el escepticismo de la gente. Pero, ¿quién dijo miedo? Se sirve un vino de marca que va a sorprender, madurado en barricas de fe y de solidaridad. Quinientos sesenta comensales esperan que una vez más sean los sirvientes los primeros sorprendidos, como en Caná. En la noche de san Martín, en siete puntos cardinales de Zamora, se comparte la capa, se maquillan penas.

La Opinión-El Correo de Zamora, 6/11/11.

lunes, 10 de octubre de 2011

Entrenado para todo


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Quien entra en un Banco o en una Caja de Ahorros se ve solicitado, aun sin querer, por toda una profusión de propaganda que pregona las excelencias de la entidad, del ahorro y la inversión. «Estamos aquí para ayudarte», rezan los eslóganes, «llámalo más ventajas, llámanos futuro», «tu oportunidad está aquí mismo»… Las entidades bancarias han entendido a la perfección y han traducido el consejo evangélico de poner el dinero a resguardo de la polilla y de los ladrones y se ofrecen, cómo no, a la benéfica función de guardar y multiplicar los bienes. Leo una y mil veces esos anuncios de propaganda y los cotejo con las imágenes de televisión en las que agentes de bolsa se muestran con rostro desencajado y con la mirada clavada en los paneles que marcan el imparable desplome de los valores. Vacíos andan ahora esos locales que no hace tanto fueron hervidero de compradores y vendedores. Antes era la necesidad la que obligaba a esfuerzos mentales, a un plus de ocurrencia; ahora se funden los sesos, se paga una idea, un eslogan, se contrata un busto de famoso que convenza y venda.

En el contexto de un mundo que pretende vivir cada día mejor, olvidar la necesidad y tener bien amarrado y asegurado el futuro, hay que leer y entender la afirmación del apóstol Pablo: «Sé vivir en pobreza y abundancia, estoy preparado para todo» (Fil. 4,12) . Pablo agradece a la comunidad de Filipos su ayuda, puede así satisfacer necesidades materiales de otros, pero les asegura que él sabe vivir en sobriedad, en libertad de espíritu. Solo es capaz de relativizar lo material quien ha aprendido a vivir a otros niveles, quien ha colocado su felicidad a suficiente altura como para no sentirse atado, quien ha confiado su suerte en algo menos voluble y engañoso que el dinero.

No es fácil, no, acostumbrarse a la necesidad cuando se viene de la abundancia. El paso del más a menos es duro de digerir. Se saluda y se bendice la suerte que viene con su cara más amable. Ya lo saben, los sabios de siempre, que no los intelectuales por apropiación, nos han traído las recetas que valen, las medicinas que alejan el mal. Nada de sucedáneos. Hemos hecho de este mundo un festín y ahora toca contraerse. Se nos han tapado los ojos y ahora toca arrancar los velos y aplicar paños calientes a una sociedad que se ha echado a temblar. Es obra de la sabiduría el dar con el manantial de la felicidad allí donde otros han cegado las fuentes.

La Opinión-El Correo de Zamora, 9/10/11.

domingo, 14 de agosto de 2011

Los alegraré en mi casa de oración


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

«Veo en la Iglesia muchas ramas viejas, moribundas, que caen lentamente, a veces con estruendo. Pero también veo, sobre todo, la juventud de la Iglesia. Puedo encontrar a tantas personas jóvenes procedentes de todas las partes del mundo, puedo encontrar el entusiasmo de la fe que aquí se hace visible de nuevo. Ocupo un cargo que entraña muchas fatigas, pero también el encuentro con la Iglesia joven». Este es el final de una larga entrevista que en 1996 el periodista Peter Seewald hacía al entonces cardenal Joseph Ratzinger. Una cita interesante para traerla aquí y ahora ante la ya inminente Jornada Mundial de la Juventud.

No es fácil jugar a dos bandas. El lunes, festividad de la Asunción de la Virgen y Jornada por el mantenimiento de Templos y Casas parroquiales. Este domingo el paso por Zamora y la convivencia con ese millar de jóvenes de diez países camino de Madrid. Viento fresco de juventud, aliento de vida que nos saca del ensimismamiento y suscita energías. Una Jornada, la de los Templos, que se cuida de la construcción y del mantenimiento; la otra, la de Madrid, mira a la Iglesia, así, con mayúscula, mayúscula de universalidad, mayúscula de pueblos y de culturas… De la fábrica material a esa otra fábrica de piedras vivas que es la Iglesia, de la firmeza de la piedra a la fortaleza de la fe. Ese es el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe». ¿Cómo tasar en euros, ponerle precio a un acontecimiento como éste? Este románico nuestro de siglos, envidia y admiración de cuantos nos visitan, se convierte por obra y gracia de la Jornada Mundial de la Juventud en casa de familia, hogar acogedor, albergue de cuantos peregrinan hacia Madrid.

Parafraseando al profeta Isaías podemos decir: «A los extranjeros que se han dado al Señor los traeré a mi Monte Santo» Que Zamora, en la diversidad de sus templos y domicilios sea para quienes nos visitan «monte santo», «casa de oración». Ese saludo de «gracias por venir» dirigido a Benedicto XVI se convierte en otro «gracias por venir» a todo ese contingente de jóvenes de Estados Unidos, Portugal, Austria, Inglaterra, Francia, Islas Fiyi, Italia, Polonia y Ecuador que han elegido nuestra ciudad y provincia como lugar de paso, albergue y fonda, última estación y puesta a punto para el encuentro de Madrid. Estos jóvenes del mundo quieren «comer y quedar satisfechos», alimentarse de algo más que pan, vienen a «escuchar y vivir». Benedicto XVI quiere decirles que Cristo es la verdad que buscan, que es hermoso pertenecer a una familia tan grande como el mundo. Cristo para ellos, ellos para nosotros, Benedicto XVI para todos: «amigos que dejan huella».

La Opinión-El Correo de Zamora, 14/08/11.

jueves, 21 de julio de 2011

«Bonifacia: Evangelio según Nazaret»


JOSÉ ÁLVAREZ

Con este título salió, hace una semana, la última Pastoral del obispo D. Gregorio. El breve intermedio de cinco días en Peñíscola me ha dado la oportunidad de «ajustar el tiro» y cambiar el sentido del comentario que ya había enviado con las parábolas al fondo. Sorpresa, sorpresa, al recibo de esta amplia Pastoral en lo que van siendo vísperas ya de la canonización de Madre Bonifacia. Sorpresa y admiración porque, aún sabiendo lo cargada que va la agenda de un obispo, no se logra entender cómo se puede sacar tiempo, tiempo y tranquilidad para esta más que mediana, por lo extensa, Pastoral. Una Carta que, con su medio centenar de páginas, letra gruesa para facilitar, no tiene por qué meter miedo a nadie. Con ella en la mano es como presentarse a examen con los apuntes del profesor, con esas cuatro lecciones bien aprendidas que uno entiende son el meollo de una asignatura. Acierto de nuestro obispo en el tema, acierto por el momento celebrativo de una Diócesis hermanada con la de Salamanca por obra y gracia de Madre Bonifacia.

La Pastoral resume y avanza esas cuatro «lecciones salvadoras», que llevan el nombre de «Apartados», cuatro vías de acceso a la santa que son su labor como fundadora, los rasgos de su experiencia creyente y el carisma que ella legó a la Iglesia en sus hijas, las Siervas de San José. Porque una fundación en la Iglesia es eso, un fundamento, una base, sobre la que se sostiene en el presente y se justifica en el futuro. Lo decía Juan Pablo II al hablar de los santos: «No envejecen nunca, no prescriben jamás; son siempre los hombres y mujeres del mañana, los testigos del mundo futuro».

Como en toda obra escrita fuerza es leer esta Pastoral a la luz del Prólogo y de la Conclusión donde nuestro Obispo nos relata los pasos de su acercamiento a la vida y obra de Madre Bonifacia y avanza su propósito de «alentar a nuestra Iglesia Diocesana de Zamora a acoger, celebrar y vivir con autenticidad y entusiasmo este acontecimiento de la canonización». Bien que vendría darse una vuelta por el nº 9 de la popular calle «La Reina» donde allí por el 1890, y gracias a la donación del entonces obispo de Zamora, se instaló la futura santa y su comunidad para «consagrarse a la educación de jóvenes pobres y trabajadoras». Es ahora, a poco más de un siglo, cuando de nuevo el obispo de Zamora nos hace y les hace donación de una Pastoral que invita a «recoger el aprovechable legado de la querida y admirada Madre Bonifacia». La gloria de Bernini parece como si nos alejara a los santos, como si fuesen de otra galaxia. Pero no, Madre Bonifacia es de aquí, carne y sangre como la nuestra.

La Opinión-El Correo de Zamora, 17/07/11.

domingo, 19 de junio de 2011

Un camino de luz


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Ni con todo el diccionario podemos definir lo que entre las paredes de un monasterio se palpa, porque, ¿cómo describir la presencia de Dios?». Me agarro a esta frase del abad del monasterio cisterciense de Dueñas en un bellísimo artículo titulado «La joya de la corona» en el Semanario «Alfa y Omega» del pasado jueves. Y es que en este domingo de la Santísima Trinidad se celebra la Jornada «pro orantibus», «por los que oran», hombres y mujeres que quieren seguir más de cerca a ese Jesús que se «tiraba al monte» para comunicarse con su Padre e interceder por los suyos. Más allá de eslóganes y frases bonitas, esta jornada tiene el cometido de dar gracias a Dios por la presencia luminosa del aún considerable número de monasterios que pueblan nuestra Diócesis y la geografía nacional, unos con vitalidad suficiente como para centrar la atención y atraer, otros languideciendo por falta de renovación. La edad y el tiempo son elementos inexorables que actúan al interior, la ausencia de postulantes hace el resto.

El Semanario «Alfa y Omega» dedicado a glosar esta jornada, dice que la Vida Contemplativa «hace atractiva a la Iglesia». Esto me recuerda a Juan Pablo II en su visita al monasterio de Lisieux en Francia. «El día que faltase la Vida Religiosa, decía, el mundo y la Iglesia habrían entrado en un período glacial». Él hablaba de la santidad, pero su afirmación es perfectamente trasladable al tema que nos ocupa. A la modernidad le gusta afirmar que los Monasterios son el reducto de fracasos vitales, no se atreve a pensar que, tras las celosías, puedan vivir (vivir, sí) hombres y mujeres desembarazadas de esa tupida trama de la vida en la que tantos otros nos debatimos. Ellos han conseguido la impagable sabiduría de que, quien quiere de verdad, quiere en silencio. Ellos, monjes y monjas, no se aíslan del mundo, ni se entierran vivos, ni han inutilizado sus vidas. Ellos, con su «lectio divina», alimentan la caldera que permite mantener la temperatura y el pulso, las constantes vitales de este nuestro mundo.

La Iglesia muestra su gratitud a estos sus hijos, los Contemplativos, que profesan una adhesión inquebrantable a Cristo, que viven gozosamente su fe y son testigos del amor de Dios a la familia humana. Los tornos de los monasterios giran en redondo en un hábil ejercicio del dar y recibir. Las puertas se abren desde dentro. ¡Pasen y vean!, ¿a qué más explicaciones?

La Opinión-El Correo de Zamora, 19/06/11.

domingo, 22 de mayo de 2011

Puro cambio


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Lo bueno de los eslóganes que se barajan en las elecciones es que no llevan derecho de autor. Hace tres años, y en periodo también electoral, comentaba el entonces cartel de propaganda del PSOE “Razones para creer”. Fuera ya del uso del término “creer” y de su fuerte connotación religiosa, escribía en este mismo periódico: “¿Creer?, ya se sabe, en lo que no vimos, en lo que no vemos, en lo que no vamos a ver. Justo al lado del cartel de propaganda en la “Cuesta del Bolón” una marca de extintores que, por lo que puedo entender, sirven para apagar fuegos, los de una sociedad quemada. El término “extinguir” significa acabar, vencer un plazo, desaparecer. ¿Una premonición?”. Con tres años más de sufrimiento a las espaldas ahora el eslogan es otro: “Tu voto es puro cambio”. ¡Rediez!, me digo, de eso se trata, de cambio. Cinco millones de parados lo gritan, otras tantas familias desquiciadas lo demandan

Eran otros tiempos cuando escribía cosas como éstas cada semana, me daba entonces por los artículos de “opinión” en los que se barajan los temas más diversos. Entiendo que ahora escribo en un espacio religioso y los temas se plantean y comentan de otra forma. Pero nadie, ni a mí ni a quienes escriben conmigo, nos ha sacado de la escena pública y, lo que no es aconsejable deslizar en un púlpito, puede muy bien tener cabida en la prensa escrita. Aquí y en este espacio dominical la lectura es un obsequio, en la Iglesia tanto lo hablado como lo leído son un componente de la misma liturgia.

Y en estas estamos. Unos, como locos esperando un dato, un brote verde, que perdone la debacle nacional; centrando otros su campaña en la sola economía como si no hubiera nada que decir del desmantelamiento ético y del empobrecimiento moral, del desastre educativo, de las agresiones a la vida y del debilitamiento de la familia, de la miseria social en la que andamos. A unos los matan las fobias, las purgas del pasado y las mentiras; a otros, la indiferencia y el dejar hacer, la indefinición y el difícil equilibrio de quien no se sabe en ninguna parte.

Ahora vienen los “antisistema” a escribir otra historia y a ofrecer otra cultura con ese aire de rebeldía y esa atmósfera de negación y hostilidad de la que no han hecho ostentación en toda la legislatura socialista. ¿Dónde estaban?, ¿a quiénes pretenden encubrir ahora estos hijos de nuestro tiempo con sus modas, sus banalidades y tópicos enquistados? ¡Anda ya! Con el desastre de Lorca en el horizonte bien que podemos hablar de nuevo de terremoto y derrumbe, de muertos y desaparecidos a partir de ya en la escena política nacional.

Nota: Este artículo fue enviado para ocupar su lugar habitual en la página dominical de Religión del diario La Opinión-El Correo de Zamora, pero no ha sido publicado.

jueves, 28 de abril de 2011

Hasta entonces no habían entendido


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Año tras año, con el paso del tiempo, las ciudades han ido creando sus propias maravillas. También Zamora. La iconografía religiosa, esa que hemos vulgarizado con el nombre de «pasos», ha sido tallada a golpes de fe y es desde la fe como se puede hacer una correcta lectura. Es visible en estos días de la Semana Santa por Zamora el deterioro de algunos comportamientos, el deterioro también de la cosmética ciudadana en el casco antiguo de la ciudad. Es laudable el esfuerzo realizado en «tapar» los desperfectos. Enhorabuena a quienes han tenido la feliz idea de colocar esos grandes carteles fotográficos, memoria y liturgia de un pasado religioso, espejo público donde mirarse, ya que no siempre reconocerse. El tiempo es inexorable. Quizás esas fotografías, en su perdido color, hayan sido más consistentes que el corazón moral de la ciudad, acusen y condenen a su modo esos desórdenes interiores que, año sí y otro también, refleja nuestra Semana Santa.

Hay una frase que siempre me ha impactado en esta representación, este drama, de la condena a muerte de Jesús: «Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos». El rechazo es unánime, es el pueblo entero quien la dice y quien la asume y no solo las autoridades judías. Una bravata esa afirmación, una salida de tono, diríamos, si no fuera porque en ella va firmada la muerte de Jesús. Y una ganancia y un beneficio para quienes en el tiempo han usufructuado y siguen beneficiándose de esa muerte. Su sangre ha caído y sigue cayendo sobre nosotros, el creyente se baña en esa sangre, lava sus vestidos, hace blanca y traslúcida su vida, se engalana para Dios.

Cuando se trata de afirmar la Resurrección de Cristo la lógica ordinaria se carga de dudas. La Resurrección es más que un postulado. Tampoco nosotros entendemos muchas cosas. ¿Qué quieren que les diga?, aquí el peso de la razón va sustituido por el obsequio de la fe. La fuente de certezas de las religiones no depende de la razón sino de una peculiar experiencia de lo divino, que ilumina la conciencia y transforma la vida. Vivimos en un momento duro y truculento y, si la miramos desde nosotros mismos, la fe se hace cada vez más sudada, más dolida. En el actual momento social y político la Iglesia, comunidad de creyentes, levanta la cabeza hacia su Señor crucificado, de quien se convierte en testigo. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor hay una lógica. El creyente colma el morral de su fe en la mañana de la Resurrección. En el sepulcro vacío de Jesús la cruz se vuelve esperanza, la salud nace de la herida.

La Opinión-El Correo de Zamora, 24/04/11.

domingo, 27 de marzo de 2011

Lento caminar que construye


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Este espacio dominical va oscilando a un lado y a otro de ese fiel de balanza que es el Evangelio de cada domingo. Hacia la izquierda las ya superadas fechas de San José y de la Anunciación con el añadido del Día del Seminario y de la Jornada por la vida; adelante y a la derecha la ya inevitable Semana Santa, final y meta con sus más y sus menos, con sus excesos y reticencias, con las incidencias e incidentes que acostumbramos los zamoranos. Busco documentación y cae en mis manos un cuadernillo, que acompaña al CD «Logos, música para el Evangelio de San Juan» del compositor florentino Daniele Gazella (1961). «La lectura de los Evangelios y de los textos de Juan, dice, es un acto tan comprometido y profundo que no requiere ninguna ayuda. La fuerza evocativa de los textos se basta por sí misma para cursar la invitación a emprender el mismo viaje de Jesús y buscar en sus diversas etapas las huellas de un posible recorrido personal».

De camino y cansado llegaba Jesús a Samaría, al pozo de Sicar, y allí mismo se detiene también el creyente porque estos Evangelios de los domingos de Cuaresma guían a un encuentro especialmente intenso con el Señor. Cinco etapas marcan el camino hacia Jerusalén, ésta la tercera, y en ellas se suceden una serie de momentos sobresalientes en los que el creyente buscará, y seguramente encontrará, razones para el acercamiento. Recuerdo esas etapas: Somos hijos de Dios y nuestro organismo se resiente si se lo alimenta de solo pan. Siempre hay un brocal en el que sentarse a escuchar a Jesús y dejarse leer la vida y un monte al que subir para contemplar, desde el silencio y la soledad, el rostro resplandeciente de Dios. Vamos por la vida de ciegos y necesitamos que se nos abran los ojos. Estamos enfermos, pero no de muerte.

Esta escena de Jesús con la Samaritana traslada y acompaña al lector a uno de los momentos más fascinantes que un texto haya ofrecido nunca al ser humano. Todos buscamos luz en el pozo oscuro, en lo más hondo de la vida, y Jesús viene dispuesto a llegar hasta el fondo, a tirarse, cubo y todo, para dejar allá dentro una luz que nos permita leer nuestro interior, descubrir nuestros vacíos y orientarnos a Dios. Allí, en Sicar, se construye serenamente una relación del todo singular entre Jesús y la Samaritana, reflejo de una lenta restauración que mira tanto a la vida sentimental del creyente como a las formas de su encuentro con Dios.

La Opinión-El Correo de Zamora, 27/03/11.

domingo, 27 de febrero de 2011

No es lo mismo


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

He pasado quince días en Francia, por Saintes y La Rochelle, a la caza del románico (entre otras cosas). Los componentes del arte, que han dado forma al románico, nos son bien familiares a los zamoranos, nuestra sensibilidad los busca y los encuentra espontáneamente, sus deformaciones visionarias no nos lo hacen inaccesible a la contemplación. Es generalmente admitida la superioridad monumental de Francia en lo que al románico respecta y nuestra ventaja en la imaginería y decoración. Las iglesias y monasterios franceses de la conocida como «Saintonge romane» sorprenden tanto por su majestuosidad exterior como por la pobreza ornamental de su interior. En una veintena de iglesias y abadías visitadas choca, con la total ausencia de fieles, la inscripción con la que se recibe al forastero y se le invita a darse tiempo para visitar al Señor en su capilla, saludar a la Virgen y aprovecharse de la atmósfera contemplativa de sus claustros. «El descubrimiento de este lugar, dice una de esas inscripciones, sea para el visitante ocasión para un alto apacible, tranquilo para el cuerpo y sereno para el espíritu».

En casi todas las iglesias y monasterios, a falta de otro recibimiento, puede encontrar un atril y un grueso cuaderno de folios blancos donde dejar algo escrito. Ahí sus impresiones, ahí también retazos de oración, sentimientos del alma. Yo me he atrevido a formular mi testimonio en la abadía de Saint Pierre de Maillezais en Fontenay-le-Comte, una joya del arte románico: «Venimos mi hermana y yo de Zamora, una ciudad del románico en España. ¡Cómo nos agrada encontrar nuestros orígenes, que están aquí, que salieron de aquí! ¡Qué imponente este monasterio y qué dura la historia que nos ha legado poco más que ruinas! Aún así, ¡qué bello todo!». Quien escribió antes que yo define la visita como «un placer para pequeños y mayores». Animo, ¿cómo no?, a imitar esta sana costumbre de ofrecer en alguna de nuestras más significadas iglesias un cuaderno donde queden reflejadas las impresiones. Es bello y aleccionador, cauce de una oración que quizás no haya logrado surgir en el entretiempo de la visita.

Aquellos monjes que ya desde el año mil se establecieron en Mellezais no eran bárbaros, entendían y aplicaban la lógica, esa que parece serle tan extraña al Rector de la Universidad de Valladolid: la iglesia para la oración y el campo para el trabajo y el esparcimiento. Claro que se puede rezar en el campo, faltaría más, es un lugar accesible a Dios y a los universitarios y por lo mismo apto para el encuentro. Por lo mismo que el Rector puede despachar sus asuntos en la consigna de la estación de autobuses y los catedráticos impartir sus clases magistrales en Campo Grande. Pero no, no es lo mismo.

La Opinión-El Correo de Zamora, 27/02/11.

lunes, 31 de enero de 2011

Justicia y moderación


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Cuando las fechas marcan el fin de enero el instinto salesiano, la vida más bien de quien esto escribe, hace parada y fonda. Mañana, lunes, es la festividad de San Juan Bosco. El mundo de los jóvenes y de la educación parece tema obligado y hacia ahí han ido comentarios anteriores. Pero hay un aspecto en la biografía del fundador de los Salesianos que se revela menos conocido, y es el que se refiere al ambiente político-social que le tocó vivir al inicio de su obra educativa. 1848 fue el año en el que el joven sacerdote Juan Bosco salió a la calle con el propósito de hacer el poco bien que pudiera a los jóvenes abandonados, el mismo año en el que estallaron las naciones europeas como depósito de municiones. En las barricadas de las distintas naciones y ciudades, codo con codo, el patriota que exigía la independencia, el liberal que quería la Constitución y el obrero que luchaba contra quien le obligaba a trabajar 12 ó 14 horas al día. En enero de ese 1848 Marx escribía el «Manifiesto a los comunistas». En ese ambiente proliferaron las bandas que proferían insultos y apedreaban las casas religiosas, la prensa antirreligiosa que se vendía en la calle, los debates en la Cámara de proyectos de ley que chocaban frontalmente con la vida y la normativa moral de la Iglesia.

La historia es modorra y de tanto en tanto nos devuelve y recrea estas o parecidas circunstancias. La lectura atenta de ese 1848 en Italia y en Europa da pie a otra del momento actual en el que de nuevo se está por la marginación y el intento de excluir la religión del discurso público, la supresión de símbolos religiosos como el crucifijo, el cierre de templos, las campañas publicitarias irrespetuosas con el hecho religioso. En ambientes políticos de aquí no se entendieron (o se entendieron demasiado bien) las palabras del Papa que ponía en guardia contra la deriva laicista y clamaba por la libertad religiosa. Quien haya leído con atención el «Jesús de Nazaret» de Benedicto XVI puede toparse con una cita de Heinrich Schlier donde se dice que los enemigos del cristianismo no son hoy en día éste o aquél, no tienen rostro definido sino sólo denominaciones colectivas que están creando una atmósfera adversa, una contaminación del clima espiritual que amenaza a la humanidad en su dignidad. G. K. Chesterton, en el prólogo de «El hombre eterno», pone rostro e identificación a este clima creado por quienes «no pueden ser cristianos y no pueden dejar de ser anticristianos. El único aire que respiran es un aire de rebeldía. Su anticlericalismo se ha convertido en una atmósfera de negación y hostilidad de la que no pueden escapar». A esa atmósfera se refería Benedicto XVI. «No se trata, dice, de una condena, sino de una advertencia que quiere salvar». Sólo quien se ve retratado puede sentirse ofendido. Justicia y moderación son el antídoto.

La Opinión-El Correo de Zamora, 30/01/11.

domingo, 2 de enero de 2011

Los ojos del corazón


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Este comentario, ya en la órbita del Año Nuevo, se hace complicado, no tanto por la escasez cuanto por la acumulación. Apenas si se han silabeado los deseos de paz, calientes aún las felicitaciones, reponiéndose todavía algunos de la abigarrada y estruendosa liturgia de fin de año, ya andamos a paso ligero por la senda del 2011. Pretender que las cosas cambien o simplemente se dulcifiquen los problemas con el simple sonido del carillón del reloj de la Puerta del Sol es empresa poco menos que imposible. Se trasladan al nuevo año problemas y preocupaciones, esperanzas y desesperanzas saltan al unísono, todo va girado y con matasellos de actualidad, todo con los mismos remitentes e idéntico destino.

Leo ese buen deseo, como de felicitación y augurio navideño, de San Pablo a los cristianos de Éfeso, me estrujo los sesos para entender lo de «iluminar los ojos del corazón» y trato de clarificarme. Parece ser que los problemas hay que verlos y afrontarlos. El mundo es el que es, pero no sin nosotros, no sin Dios. «El mundo tiene necesidad de Dios» es el título con que algunos han encabezado el mensaje de Benedicto XVI ante la Jornada Mundial de la Paz del primero de enero. El Papa, en su línea de clarividencia, hace una exégesis actualizada de lo que significa tener los ojos del corazón bien abiertos: «no vivir replegados sobre sí mismos y sobre los propios problemas, encontrar respuestas a los interrogantes sobre el sentido de la vida, conquistar valores y principios éticos duraderos». Animo a leer ese mensaje que habla sobre la libertad religiosa, del derecho a la vida, de la familia como «la primera escuela de formación y crecimiento». Vuelve el Papa a incidir sobre esas que llama «formas sofisticadas» de hostilidad religiosa en un Occidente que pretendemos sea patria de las libertades y que conducen a «fomentar el odio y el prejuicio y a perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de Occidente».

Pasada ya la solemnidad de la Sagrada Familia, coincidiendo con este 2º Domingo de Navidad, las familias cristianas se dan cita en Madrid para un encuentro que es de celebración sí, pero también de compromiso y de reafirmación. Ya verán las lindezas con las que los «progre» de turno saludarán el evento. No es momento propicio para romper lanzas por la familia. Muchos reniegan de ella para buscar luego ansiosamente cómo compensar vacíos y revestir sus nuevas relaciones. ¿Qué se puede ganar con el cambio?, ¿cómo jugar al amor cuando se deterioran las relaciones hombre-mujer, padres-hijos? Bueno sería que el nuevo año, aligerado en los bolsillos, llenase el corazón de esperanza, iluminase los ojos del corazón. Algo tendrá que ver en el envite la estabilidad y el elemento emocional de la familia, mucho ayudará el dulce estímulo de la paz. ¡Feliz 2011!

La Opinión-El Correo de Zamora, 2/01/11.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Sacar hijos de las piedras


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Tras la imponente relación de personajes, que ostentaban el poder en tiempos de Jesús, los evangelistas presentan a Juan el Bautista llamando al cambio y a la transformación interior, a dar frutos agradables a Dios. Andamos, ¿cómo negarlo?, necesitados de profetas como Juan que marquen otros caminos, otros rumbos; no importa de dónde vengan, si del este o del oeste, si de la política o de la religión, lo de menos será la raza… basta con que no se hayan contaminado con el virus común del sentir general o del oportunismo político, que no hayan respirado el ambiente viciado de la indiferencia.

Las cuevas y despeñaderos del Mar Muerto le enseñaron a Juan Bautista algo que a muchos nos está costando aprender, a otros muchos aceptar, que hay alguien que puede más, y está detrás, y urge preparar el corazón para el encuentro. El hijo de Isabel y Zacarías había limpiado su mente en las soledades del desierto; ¿dónde encontrar nosotros purificación?, ¿en qué contenedor desechar lo burdo, lo zafio, lo falso? Una sociedad con altos niveles de desarrollo, que aísla a tantos, necesita a Juan; una sociedad que priva a la vida y a los actos de sentido y deja a los hombres sin responsabilidad personal, necesita a Juan; una sociedad que lejos de preparar caminos y habilitar sendas está por cortarle el acceso a Dios, necesita a Juan; para desenmascarar a los que alardean de la verdad y compran afinidades, se necesita a Juan…

Curioso que un hombre que decía preparar el camino «al que puede más que él» no viera otra forma de lograrlo que dando curso legal a actitudes solidarias. Quizás eso es lo que dan a entender expresiones como las de preparar caminos, allanar senderos, enderezar e igualar, más propias de la ingeniería vial que de un manual de comportamiento. El «ande yo caliente y allá cada cual» es un nocivo planteamiento de la vida. En los momentos que vivimos estamos constatando, y no de muy buena gana, el peligro de la indiferencia, lo endeble de nuestras conquistas cuando se tambalea la Bolsa. Tiempos duros los nuestros, pero Dios en su bondad acostumbra a aparecer en los días de esterilidad. El que lo haga como un tierno infante es todo un signo y más si quien puede «sacar hijos de las piedras» es quien mandó a su Hijo a nacer bajo la piedra de una cueva. En el misterio de Belén, que estamos para celebrar, es el cielo el que está debajo de la tierra. En una oscura morada del suelo del mundo nació Jesucristo.

La Opinión-El Correo de Zamora, 5/12/10.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cristo recorre la historia con su Cruz


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

A la hora de dar forma a este espacio religioso puedo decidirme por lo que ya es noticia, comentario y hasta centro de diana, valoración en todo caso de la venida de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y a Barcelona. Puedo quedarme, y voy a hacerlo, con el paso de la Cruz de los Jóvenes por Zamora, parada y fonda, meta de una carrera por etapas, que recorre los países del mundo. Ni somos los primeros ni seremos los últimos. Cuando se trató de dejar a los jóvenes un símbolo de identificación, bien fuesen creyentes o tan solo afines y sensibles a los principios de la fe, Juan Pablo II no pensó en banderas, ni en las canciones del momento, ni en postulados bendecidos por la progresía, eligió la Cruz.

Al restaurar el pequeño retablo del Nacimiento de la Virgen de Santiago del Burgo se hizo visible la figura de la emperatriz Santa Elena con la Cruz. Alude a lo que conocemos como «Invención de la Santa Cruz», invención que no cuento, ni engaño o ficción, ni producto de las tendencias religiosas del momento, sino descubrimiento de algo largamente buscado. Si hay algo permanente en el tiempo, eso es la Cruz, símbolo de lo que han dado de sí y seguirán produciendo deslices y equivocaciones humanas, expresión de la solidaridad de Dios con quienes los soportan.

Dice el escritor Rafael Sierra que «hay conceptos antagónicos que se completan de un modo asombroso. La virtud no sería tanto sin el vicio, la ternura es más grata porque hay crueldad, el silencio es un bien aún más preciado cuando los ruidos nos aturden y la luz no sería gran cosa sin unas tinieblas a las que iluminan». ¿Y la cruz? Pues no sería más que uno de tantos instrumentos de tortura, como los que se exponían fechas atrás en la Plaza Sagasta, si en ella y desde ella no se nos hubiese manifestado el amor de Dios, si clavado en ella como regalo añadido no hubiésemos recibido «un consuelo permanente, una gran esperanza y fuerza para vernos libres del mal» en palabras de San Pablo a los Tesalonicenses.

Benedicto XVI en su «Jesús de Nazaret» nos ha dejado un bellísimo capítulo sobre la Cruz. Su lectura puede ponernos en forma para no dejar pasar desapercibida la llegada de la Cruz de los Jóvenes a Zamora. «La cristiandad, dice, ha visto en ella una misión duradera. Jesús es un ejemplo paradigmático de las víctimas de la violencia. Cristo recorre la historia con su Cruz buscando manos como las de la Verónica y las de Simón dispuestas a acarrear pesadas cruces». Cruz de los jóvenes en Zamora y visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona como prólogo y aperitivo. La Cruz, porque en ella colgó Cristo, revela que la muerte no es el final, recorre el mundo, la cargan millones de personas, miles de jóvenes, y al tiempo que la portan aprenden en ella porque es una escuela de investigación de la conciencia, de conversión, de cambio interno y de compasión.

La Opinión-El Correo de Zamora, 7/11/10.

domingo, 10 de octubre de 2010

Y volver, volver, volver


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Ya todo empieza de nuevo. Por más que el verano se nos antoje largo las fechas nos cogen casi siempre desprevenidos, baja la guardia. Son días estos que obligan a coger los bártulos cual colegiales que cursan la disciplina de la vida, a retomar trabajos y a replantearlos, a calibrar las propias fuerzas y las que se nos ofrecen. La nuestra es una labor compartida y es bueno que así lo sea. Compartimos las cargas y se aligeran los pesos, compartimos los éxitos y los fracasos, las alegrías y penas de la Evangelización, que de todo hay. De ahí el paso obligado a la previsión, la puesta sobre la mesa de las tareas que se han de asumir, del peso que se puede soportar, de las manos con que se cuenta. Todo es objeto de «previsión», eso que también llamamos «programación», para que las tareas no nos superen, para que los acontecimientos no se nos adelanten y nos cojan desprevenidos.

Las Témporas de octubre nos han llamado de nuevo a la siembra. Ahora el campo es nuestra Diócesis, eso que decimos «Iglesia local», Iglesia que vive y se despereza del entretiempo del verano y pone a punto los engranajes que mueven el caudal de la fe, por donde circula la vida del espíritu. La Diócesis con cada una de sus parroquias y comunidades vive de fe, una fe que si no mueve montañas sí está llamada a mover y remover el peso muerto de una sociedad tan desfondada en lo social, en lo político y religioso.

En la festividad de san Atilano del pasado martes el obispo D. Gregorio daba la señal de salida para todos los sectores e instituciones de la Iglesia en Zamora, al tiempo que indicaba la clave para un buen recorrido. Por si todavía quedasen restos de la modorra del verano, por si hubiese algún que otro despistado, Evangelio en mano urgía nuestro obispo a sobrepasar las orillas de la comodidad y a evangelizar no desde la arena sino «mar adentro», desde una vida de hondura e interioridad, desde un afán apostólico y con conciencia de testigo.

¡Éxito en la empresa!, en el bien entendido de que el término «éxito» no describe el final sino la partida, el punto de salida y ahí, independientemente de nuestras fuerzas o facultades, estamos convocados todos. En el bien entendido también de que el vocablo «empresa», lejos de referirse a un servicio con fines lucrativos, describe más bien lo arduo y lo dificultoso de la tarea que nos ha sido encomendada, y ahí está Dios.

La Opinión-El Correo de Zamora, 10/10/10.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Ponerse en camino


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Andamos por la senda de septiembre, frontera entre la alegre vacación y la tan necesaria vuelta al trabajo, entre el olvido de los libros y el desempolvar de las carteras y uniformes, entre el desconcierto de los meses de calor y la forzada regularidad de las horas de trabajo. Septiembre, vuelta de rosca a la vida con recobradas energías, nuevas metas y objetivos renovados.

Se nos habla de dos hijos. Lo de «mayor» y «menor» no creo tenga otra intención que, a falta de nombre, diferenciar las conductas. Lejos de ser extraña, ¿acaso no describe la parábola comportamientos de rabiosa actualidad? Hijos como el «menor» con ansias de aventura, de emigrar al país de la libertad, de probar el gusto de la independencia. Ah, eso sí, la salida de casa convenientemente subvencionada, una libertad pagada hacia «un país lejano» no tanto por la distancia física cuanto por la sentimental y afectiva. Hijos como «el mayor» que se han vuelto extraños ya sin haber salido del hogar, encerrados en sus habitáculos pero conectados con sus amigos por sus móviles, cercanos en el espacio a sus padres, lejanos en el corazón.

Lo que en la parábola del Hijo Pródigo es un planteamiento de fe, Dios al fondo, permite ser trasladado a otro que podemos llamar «doméstico» o «educativo». El inicio del nuevo curso escolar hace perdonar la digresión. ¿Por qué no entender la «emigración a un país lejano» como la salida de los hijos hacia el hemisferio de la escolarización? ¿Acaso para muchos padres el Centro Escolar no es ese «país lejano» donde sus hijos campan a sus anchas lejos del control familiar, donde se establece un tejido de relaciones en las que no es raro «malgastar» la herencia afectiva, educativa, orientadora de la vida de la familia? Tantas veces son los padres los que ven marchar a sus hijos con sus cosas, con sus pertenencias, a un lugar (colegio, internado, residencia…) que se les antoja «lejano», no tanto por la distancia que ya no la hay, lejano eso sí por la despreocupación y el descompromiso de ellos mismos, lejano por la excesiva confianza, lejano por la pérdida de control y de seguimiento, eso que el «Informe España 2004» definía con el nombre de «padres ausentes».

Quizás el retorno a la casa paterna se esté consumando cuando ni la escuela, ni las condiciones sociales, ni el mercado laboral, han posibilitado el tan ansiado puesto de trabajo, puerta abierta a la tan buscada emancipación. Hijos con ansias irreprimibles de libertad e independencia «condenados» a volver a la casa paterna, domicilio afectivo un tiempo, ahora y por desgracia solo refugio y residencia de transeúntes.

La Opinión-El Correo de Zamora, 12/09/10.

domingo, 15 de agosto de 2010

La costosa cirugía de la rehabilitación


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Con los agobios del agosto, con la gente buscando dónde y cómo aliviar los sudores, con media España digiriendo los efectos de una crisis que no cesa, nos llega un año más la «Jornada para el mantenimiento de templos y casas parroquiales». Para quien esto escribe esta Jornada lleva el dato cercano y la puntual referencia de la iglesia de Santiago del Burgo, claro y feliz ejemplo de todos esos cuidados que van de la dulce cura del mantenimiento a la tan estudiada como costosa cirugía de la rehabilitación.

Junta de Castilla y León y Fondos Europeos han hecho posible la obra de Santiago del Burgo. Obispado de Zamora y la Parroquia de San Juan y San Vicente han contribuido a su vez con el añadido de la restauración de imágenes, de parte del mobiliario y de la megafonía por un montante que supera lo recaudado en toda la Diócesis en la Campaña del 2009. Esto nos puede dar a entender que la razón de la «Jornada Pro Templos» no es tanto la recaudación de fondos cuanto la de hacer sentir, cada cual a su iglesia, como su propia casa. El lema «Cuida tu iglesia, es tu casa» nos acerca a la Pastoral del obispo D. Gregorio donde dice que «las iglesias son casas de Dios en las que entramos en relación viva con Él».

Las piedras hermosas, nuevas o viejas, de una iglesia no son el refugio donde se esconden unos hombres al margen de lo que pasa en el mundo sino el caparazón que protege esa libertad total y profunda que poseen para ser testigos, ahora y siempre, de lo infinito. Un cartel a la entrada de Santiago del Burgo decía: «Aquí han rezado durante ocho siglos muchos fieles. Guarda silencio, admira y ora». Más allá de los intereses promocionales, culturales o turísticos, merece la pena cuidar y hacer acogedores estos templos románicos, en ellos y desde ellos habla Dios y en ellos es más fácil discernir la diferencia entre vivir con o sin Dios.

Gratitud, y mucha, hacia quienes eligieron primero y alentaron después la intervención en Santiago del Burgo; excelente sin duda el tratamiento en línea con actuaciones precedentes como las del Cuartel, Balborraz, el Castillo, el casco antiguo y, ya ahora, «Zamora Románica»… Reconocimiento para el buen hacer de la empresa «Volconsa» y para quienes han puesto el alma en la realización de la obra desde las altas Instancias al más humilde de los peones. Ahora es el momento de la apertura, de la justificación y del sentido. Una casa bien presentada es siempre una invitación a quedarse. De eso se trata. Lo dicho: ¡Felicidades!

La Opinión-El Correo de Zamora, 15/08/10.