martes, 29 de noviembre de 2011

Encuentro de apostolado seglar en Zamora


Zamora, 29/11/11. El próximo jueves 1 de diciembre tendrá lugar el IV Encuentro de grupos, movimientos y asociaciones de apostolado seglar de la Diócesis de Zamora. Será a las 19 horas en el Seminario San Atilano (sala 2, San José). La actividad está organizada por la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar, que la incluía en su programación pastoral.

Cada grupo, movimiento o asociación presentará una sencilla aportación sacada de la lectura reflexiva de la exhortación apostólica postsinodal de Benedicto XVI Verbum Domini. Como explica la delegada de Apostolado Seglar, Josefa de la Fuente, “es nuestra manera de participar en el objetivo diocesano de este curso y de contribuir a la formación de los seglares”.

Cabe recordar que el objetivo pastoral diocesano para el curso 2011/12 es “La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia”. Como se explica en la presentación del objetivo anual, a la luz del documento pontificio “nuestra diócesis quiere hacer suyo este don del Magisterio de Benedicto XVI e iluminar con él nuestra vida pastoral cotidiana”.

Entre las concreciones que la Diócesis de Zamora ha señalado para llevar a cabo este objetivo, se encuentran fomentar “la fortaleza de la vocación laical, la grandeza de la misión que el cristiano ha recibido de ser testigo y servidor del amor en nuestro mundo concreto” y, por otro lado, alentar “la presencia real y el compromiso creyente en las diferentes realidades de nuestra sociedad”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Ángel Sastre, de Villaralbo al martirio


Francisco Abad (*)

El 25 de octubre de 1992 tuve la oportunidad de asistir a la Beatificación del hermano Ángel Sastre en Roma. No me movieron en ese momento especiales motivos de devoción. Era una buena excusa para conocer parte de Italia acompañando a un grupo de gente de Villaralbo, lugar de nacimiento del beato. Claro que para la inmensa mayoría de sus habitantes pasó desapercibido aquel acontecimiento. Entonces y ahora la figura del beato es ignorada tanto en su pueblo natal como en su Diócesis de Zamora donde solo resuena su nombre de vez en cuando en las Letanías que se proclaman en las celebraciones solemnes. El ritual así lo exige.

En la Misa de Beatificación concelebraron con el Papa el Obispo de Zamora y el párroco de Villaralbo. A otro sacerdote y a mí nos situó nuestro Obispo en el lugar reservado a los familiares de los nuevos Beatos. El Obispo, sin saberlo, había acertado en el sitio que me correspondía. Mi padre me dijo más tarde que teníamos lazos familiares con el hermano Ángel por parte de mi abuela paterna. Es por mi padre, de la misma edad que él, como me enteré un poco de su vida. Lo que más recordaba era su origen humilde. Me decía: “si nosotros éramos pobres, mucho más pobres eran ellos”. En la pequeña biografía de Ángel Sastre de Vicente Bécares publicada con motivo de su Beatificación no hace otra cosa el autor que señalar lo que mi padre me contaba.

Ángel quedó huérfano de padre muy pronto, murieron dos hermanos, y a los diez años ingresa con otros tres hermanos en el Hospicio de Zamora. Parece ser que su madre, Blasa, sólo podía atender a una hija discapacitada que quedó a su lado. En el orfanato su comportamiento es reconocido como “excelente”, puede que ya vieran en él las profundas raíces cristianas a las que más tarde se mantuvo tan fiel. A los 16 ó 17 años sale y decide hacer el servicio militar. Lo destinan en Melilla. Decide al volver a Villaralbo y, cumplido el servicio militar, ser religioso. Desde Valladolid camina a pie hasta Ciempozuelos, donde solicita ser admitido en la Orden de San Juan de Dios el 12 de marzo de 1936. El 2 de junio toma el hábito de novicio. Todos sabemos que corrían malos tiempos por España en aquellos años. Ángel los iba a vivir con mucha intensidad.

La situación era difícil. Los superiores de Ángel, recibiendo malas noticias de otros lugares, ofrecen la oportunidad a los más jóvenes de buscar refugio fuera del convento. Algunos así lo hacen, pocos. La mayoría responde: “donde estén nuestros hermanos allí estaremos nosotros”. Ángel era uno de ellos. Los sucesos de aquel verano del 36 se sucedieron con rapidez. En agosto detienen a los hermanos, que son asesinados tres meses mas tarde en Paracuellos del Jarama. Ángel dio la vida por su fe en Cristo en la mañana del 28 de noviembre. Este día celebramos su fiesta litúrgica y bien pudiéramos recordarlo entre nosotros un poco más. Si su martirio hubiera sucedido en otra época y en otro lugar sobrarían méritos para honrarle como se merece, pero tuvo la mala suerte de ser en España y en el 36 y todo lo tiene en contra. Parece ser que estos hombres no merecieron ni merecen un pequeño espacio en la multitud de obras cinematográficas sobre aquellos años de nuestros grandes maestros del Cine. Y esto sólo por mencionar algo muy popular. Eso sí, eran solo unos pobres frailes inocentes que servían a los enfermos.

Todos somos responsables de este olvido. Yo mismo no me he atrevido a decir nada sobre él, incluso pienso que este escrito no me atraerá excesivas simpatías. La mayoría de los cristianos no quiere faltar a lo “políticamente correcto” y ni siquiera se pronuncia. Otros, más situados en sus ideologías, rechazan de plano a estos mártires que murieron a manos de los republicanos que supuestamente eran “amigos de los pobres”. Sería como aceptar que los que ellos consideraban “buenos” fueron injustos y asesinos. Para otros, de distinto signo, el hermano Ángel, “pobre de solemnidad”, “le falta clase para ser santo”, “era un pobre desgraciado que no merece ningún interés”. En fin, todo esto explica la falta de reconocimiento en muchos, tanto en su entorno eclesial como social. Un signo tan sólo es ver los que acuden en su pueblo a la Misa de su fiesta.

No existen santos menores y el hermano Ángel es un santo como Dios manda, y nunca mejor dicho en este caso. Su vida y su muerte son testimonio de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Debiéramos pensar cómo responderíamos cada uno de nosotros en situaciones semejantes. Él decidió ser religioso y consagrar su juventud al servicio de los enfermos y los necesitados. Supo estar con los suyos en momentos de persecución y sobre todo entregó la vida por su fe pudiendo librarse de la muerte (ya que a los más jóvenes se les ofrecía al final apuntarse al combate de la guerra evitando la ejecución). Ángel solo tenía 20 años. Yo me pregunto: ¿un joven que decide ser religioso con honestidad es culpable de algo para ser ejecutado sin contemplaciones? A uno de los testigos de ese final le impresionaba como iban los hermanos: “no se quejan, ni gimen, sólo rezan y cantan, van a la muerte con mucho valor, perdonando, y se despiden unos a otros con el saludo ‘hasta el cielo’ y ‘ánimo, Dios nos espera’”. ¿Cómo es posible que algunos se avergüencen de estos mártires?

Debemos agradecer a Dios este don que nos ha dado en la vida y testimonio del hermano Ángel. Su corta vida estuvo llena de heroísmo, entrega y fe. Tomó a Dios en serio, sirvió a los pobres y fue testigo de la fe hasta dar la vida, ¿qué más se puede pedir? Creo de verdad que a todos nos puede ayudar su testimonio. A tantos jóvenes despistados hoy en día puede ser una luz en medio de un mundo descreído y olvidado de Dios. Es muy difícil llegar a su altura, pero su recuerdo nos puede impulsar a ser fieles a nuestros compromisos cristianos. Según algunos, aunque otros lo consideren exagerado, no estamos lejos de parecidas persecuciones como las vividas por nuestro hermano. Sin olvidar que a día de hoy esa persecución a la fe cristiana es ya real en algunos lugares de nuestro mundo. Muchos cristianos, por el hecho de serlo, son marginados, perseguidos y algunos asesinados. No es algo que sucedió en el pasado. Eso sí, sigue sin ser una preocupación importante y no sale en las primeras noticias del Telediario.

(*) Párroco de San Isidro (Benavente)

Dominical La Opinión-El Correo de Zamora, 27/11/11.

domingo, 27 de noviembre de 2011

¡Estás y te esperamos!


NARCISO-JESÚS LORENZO

Domingo I de Adviento – Ciclo B

“Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!” (Mc 13, 33-37)

Este domingo comenzamos el Adviento, un tiempo litúrgico de cuatro semanas que nos introduce en la Navidad. También a este tiempo le ha pasado, un poco, como a la Navidad, que ha quedado para muchos reducido a mera estética. El Adviento puede verse limitado, al interior de nuestras comunidades, en el cambio de color, por cierto, morado, expresión de penitencia.

Tampoco hemos conseguido dar a entender suficientemente el verdadero valor de los tiempos litúrgicos. Los fieles se debaten entre el recuerdo y la repetición. Algunos explican a los niños cuando llega la Navidad o la Semana Santa: «¡Mira! Recordamos que Jesús nació en Belén» o «Recordamos que Jesús murió en la cruz» o que «Hoy, Jesús nace» u «Hoy, Jesús muere». La Liturgia de la Iglesia y los tiempos litúrgicos no son ni mera evocación ni repetición de cosas pasadas, sino «memorial», actualización. Ciertamente es algo difícil de explicar, porque tiene que ver con lo que Dios hace. Si para nosotros «lo pasado, pasado está», para Dios «lo pasado presente está». El tiempo en Dios es eternidad y lo que Cristo vivió, lo vivió por nuestra salvación, no sólo como hombre, sino también como Dios; por tanto, los hechos fundamentales de su existencia, que técnicamente llamamos «misterios», tienen la cualidad de la eternidad y la de actualidad. Por tanto en los tiempos litúrgicos se hacen presentes esos hechos de modo que podamos participar en ellos.

Se trata de una experiencia de fe, que necesita ser iluminada por la Palabra de Dios y la teología, y que requiere el verdadero deseo de vivir unidos a Jesús y vivir con él todo aquello. Pero centrémonos en el Adviento, que vendría a ser como el primer tiempo litúrgico, porque en las primeras comunidades existía un anhelo, casi impaciencia, por que el Señor volviese en gloria y majestad. Ellos nos han dejado esta súplica: ¡Marana Tha! ¡Ven, Señor Jesús! Conviene, no obstante, constatar: primero, la ausencia del Señor es sólo relativa, podríamos decir que él tiene un pie en la gloria y otro en la historia. Él se ha comprometido a quedarse entre los suyos pero, a la vez, se manifestará visiblemente, en día y hora que nadie sabe, y «como dice el otro: en la hora que menos esperes» para llevar a plenitud su obra de salvación. En segundo lugar, aunque sea doloroso reconocerlo, algunos sectores ideológicos y en el corazón de algunos cristianos, también, se hace realidad la célebre frase de la Zarzuela: «Ni está, ni se le espera».

Sólo habrá un verdadero Adviento que nos prepare para la Navidad y la Parusía si de verdad esperamos al Señor, si deseamos de corazón que Jesús entre en nuestra vida, y si ponemos los medios de conversión para ello.

La Opinión-El Correo de Zamora, 27/11/11.

La caridad


M.ª BELÉN SÁNCHEZ DE ANTA

La caridad es la dimensión religiosa del mismo amor humano y para el cristiano creyente es un acto de amor a Dios. Como dice el Evangelio, todo lo que se hace por otro ser humano necesitado, por Dios lo hacemos.

Para el creyente, Dios se hace presente donde se vive y se practica el amor, siendo uno de estos ejemplos la caridad hacia el prójimo y, para el no creyente que ama, también se ve que ejerce la caridad al amar a los demás. Una vida sin amor es una vida vacía, por eso también los escépticos, agnósticos, ateos y de otras religiones practican la caridad, porque aman al prójimo. Puede ser que ese amor no se base en la fe de los creyentes cristianos, pero aman y sin saberlo también están practicando el ejercicio de la caridad.

Algunas personas utilizan un lenguaje burlón al hablar de la caridad en el sentido de ridiculizar a muchas personas que hacen de su vida una dedicación plena a los demás; personas que han contraído el compromiso, que nace desde la fe, de ejercer la fraternidad ayudando a los necesitados; también trivializan el concepto de la caridad reduciéndolo a tener lástima por los demás o a dar una limosna solamente para tranquilizar su conciencia; o cuando se confunde con la justicia. Llegar a la justicia plena realmente es dificilísimo, ya que siempre habrá desiguales, pero podría aplicarse el principio jurídico de trato igual a los iguales y desigual a los desiguales. Para practicar la caridad, no sólo uno es justo cuando da al otro lo que le corresponde, sino cuando doy de mí mismo al otro.

Pero ¿cómo podemos ejercitar la caridad? Por supuesto que satisfaciendo las necesidades materiales de los necesitados, eso es lo primero, siendo generosos económicamente y dando ejemplo a nuestros hijos al preocuparnos por los más necesitados; aunque no sólo así. La podemos ejercitar dándonos a nosotros mismos; dedicando parte de nuestro tiempo a los demás; aceptando a las personas como son; comprendiendo sus errores y limitaciones; empatizando -palabra muy usada hoy en día- con los demás, es decir, poniéndonos en el lugar de los otros; perdonando en la discordia y de muchas otras formas que conducen a la universalidad en el amor fraterno, devolviendo a la comunidad parte de lo que hemos recibido de ella con la intención de ayudar a los necesitados.

La madre Teresa de Calcuta dijo que para amar no hacía falta intentar acciones espectaculares, porque amar debe ser tan natural como respirar. Todos tenemos cerca a muchas personas con las que ejercer la caridad y que vemos a diario. ¿Por qué no hacemos algo por ellas?

La Opinión-El Correo de Zamora, 27/11/11.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Días contados y pesados


FRANCISCO GARCÍA MARTÍNEZ

Solemnidad de Cristo Rey – Ciclo A

“Venid, benditos” (Mt 25,31-46)

La tierra no es el cielo, ¡gracias a Dios! Un cielo en la tierra siempre supone la violencia y la insolidaridad de algunos para resguardar su pedacito de felicidad, por otra parte, siempre pasajera. Siempre supone unos extrarradios llenos de miseria que se convierten en tierra infernal para muchos. Pero, ¿cabe esperar desde la tierra un cielo en el cielo? Muchos no lo creen, a la mayor parte nos cuesta creerlo, por eso nos agarramos con uñas y dientes a este mundo como un niño el primer día de colegio se agarra a su madre llorando desconsoladamente porque la tiene que dejar quiera o no. Lo que hoy nos anuncia el evangelio es que un día los días se acabarán. Esto no hace falta creerlo, es tan evidente que de pura evidencia se pierde en los recodos de nuestra memoria y lo olvidamos. Pero es así, los días están contados, sean más o menos, un día terminan. Y el cielo o el infierno de la tierra se acaban. Y entonces ¿qué?

Ahora viene en el evangelio lo que hay que creer y es difícil de creer. Se abrirán los cielos verdaderos y se oirá una voz que diga: «venid, benditos de mi Padre» porque vuestra vida recogió el dolor de los que os rodeaban y sembró amor en pequeños gestos de acogida. Y entonces, cuando la muerte haya parecido acabar con todo y no quede más que la fragilidad de nuestra existencia que no puede sostener ni siquiera lo mejor de sí misma, contemplaremos el poder del amor que tiene su nido en Dios y espera envolvernos como una gallina a sus polluelos. Entonces los que amaron con el mismo amor de Dios sin ni siquiera conocerlo dirán: «bendito sea Dios», y los que lo conocíamos ya, aunque no supiéramos vivirlo del todo, responderemos: «amén, bendito sea». Y conoceremos que los días estaban pesados y que Dios contaba hasta los pelos de nuestra cabeza sin olvidarse de los que estaban en el infierno de la tierra y de los que los visitaban desde los cielos de la tierra. Y podremos cantar: «Aleluya».

Pero, el evangelio nos alerta, en especial en estos tiempos en los que Dios parece haberse vuelto solo un consuelo del alma para muchos de esa parte del mundo donde todavía nos va bien. También la voz continuará hablando: «apartaos de mí, porque os habéis hecho malditos», porque no creísteis en el cielo del cielo, olvidando así a los que estaban en el infierno de la tierra. ¿Cómo vais a disfrutar de mi bendición si no sabéis amar? Sin embargo Dios pronuncia esta palabra hoy, para no tener que hacerlo entonces. Despertemos, pues, y bendigamos a Dios con nuestras obras para que al final sólo Cristo con su amor sea el rey del cielo y de la tierra.

La Opinión-El Correo de Zamora, 20/11/11.

¡Tú puedes ser Nick Vujicic!


JOSÉ ALBERTO SUTIL

La vida siempre te sorprende. Un amigo mío estaba buscando en Internet, en la famosa plataforma de vídeos cortos YouTube, algo sobre motivación o motivadores y se encontró con Al Pacino, Stallone o Guardiola, pero también con una historia sorprendente, la de Nick Vujicic (su apellido se pronuncia «voi-a-chich»). A sus 27 años, Nick se ha convertido posiblemente en el motivador más impactante de todo el mundo gracias a estos ingredientes, tal y como él mismo señala en su libro «Una vida sin límites», ya en las librerías de nuestro país: un poderoso sentido del propio fin, esperanza inquebrantable, fe en Dios y en las posibilidades infinitas, amor y autoaceptación, actitud con altitud, un espíritu valeroso, disposición a cambiar, un corazón confiado, ansia de oportunidades, la habilidad de evaluar riesgos y de reírme de la vida, la misión de servir primero a otros. Su frase es: «Si tienes el deseo y la pasión para hacer algo y si esa es la voluntad de Dios, lo lograrás. Si no puedes obtener un milagro, ¡conviértete en él!». Hijo de una familia de emigrantes yugoslavos profundamente cristianos afincados en Estados Unidos, al nacer Nick, el equipo médico pronunció delante de sus padres una terrible palabra: focomelia. Esto significaba que Nick había nacido con una malformación, sin brazos ni piernas. ¿Cómo se las iba a arreglar? ¿Qué iba a ser de este niño? Cuando tenía 8 años intentó incluso suicidarse ahogándose en la bañera, pero fue el pensamiento recurrente del amor de sus padres lo que impidió el fatal desenlace. A partir de ahí comenzó a tomar las riendas de su vida. Luchar, sufrir, caerse y levantarse para aceptarse y ser aceptado. Un día, dando una charla-testimonio a sus compañeros de instituto, una adolescente se levantó llorando, corrió hace él y abrazándole le dijo: «Nick, acabas de cambiar mi vida, nadie me había dicho jamás que Dios me ama y que soy bella». Desde entonces, Nick se dio cuenta de que tenía que dar algo a los demás. Su discapacidad en el fondo era una bendición, pues a través de él Dios podía tocar el corazón de muchas personas a lo largo y ancho del mundo. Y así está siendo. Pensarás, querido lector, que hay que tener mucha fe para pensar así, pero es que Nick la tiene y la transmite. El cristiano es por definición el hombre del milagro. Te invito a que leas el libro autobiográfico de este hombre excepcional o a que bucees en Internet y veas alguno de sus vídeos. Son bastante mejores que los que hemos tenido que tragar en esta campaña electoral? ¿Saben nuestros políticos realmente de motivación? ¿Conocen ellos a Nick Vujicic?

La Opinión-El Correo de Zamora, 20/11/11.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Clausura de la visita pastoral al arciprestazgo de El Vino


Zamora, 14/11/11. El obispo de la Diócesis, Gregorio Martínez Sacristán, clausuró el pasado sábado 12 su visita pastoral al arciprestazgo de El Vino en la ermita del Cristo de Morales. El prelado presidió allí la eucaristía que concelebraron los sacerdotes del arciprestazgo, entre ellos Antonio Jesús Martín, el nuevo arcipreste de la zona.

Los vecinos de Morales del Vino recibieron con alegría la visita del obispo y además los feligreses recordaron a su anterior párroco, Zacarías García Prieto, fallecido el pasado mes de agosto. Un momento que emocionó a los presentes y en el que se observó también a Martínez Sacristán especialmente conmovido.

Durante su homilía el obispo realizó algunas peticiones a los presentes. Por un lado, puso el acento en el sacramento de la confirmación para atraer a los jóvenes a la fe y acercarlos a la Iglesia. “Les debemos acompañar y no tener miedo al rechazo”, afirmó el obispo en relación al vínculo entre los presbíteros y la juventud. Pero, sobre todo, Martínez Sacristán advirtió de que la Iglesia “está herida de muerte” por la escasez de vocaciones y alentó a los feligreses a que pidieran constantemente al Señor “para que no se olvide de nosotros”. El obispo insistió en que “estamos viviendo momentos difíciles” y por ello hay que esforzarse y trabajar más aún “porque otros verán la recompensa”.

En referencia a las dificultades por las que atraviesa la Iglesia, también se dirigió a sus “hermanos”, los sacerdotes de El Vino: “permaneced unidos y en comunión; otra cosa no podemos hacer, pero no olvidéis nunca reforzar y trabajar la unión”. Mientras que a los laicos les pidió que fueran “testigos del Señor” en esta tierra “recia” donde los fieles tendrán que responder también “reciamente”. Los cristianos deben “estar gozosos de serlo y practicarlo como tal en la Iglesia”, afirmó.

Álbum fotográfico de la clausura en:

https://picasaweb.google.com/115137003494754343816/ClausuraDeLaVisitaPastoralAElVino