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viernes, 1 de febrero de 2013

Alfonso Carrasco Rouco: “en el Concilio, la Iglesia salió al encuentro del mundo”


El obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, ha pronunciado en Zamora una conferencia sobre la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, finalizando así las XI Jornadas Diocesanas que comenzaron el pasado miércoles 30 con el título “A los 50 años”.

Zamora, 1/02/13. Con la conferencia de Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, han finalizado hoy las XI Jornadas Diocesanas de Zamora. El encargado de presentarlo fue el vicario de Pastoral y organizador de las Jornadas, Fernando Toribio, que trazó el perfil biográfico del ponente.

Nacido en 1956 en Villalba (Lugo), fue ordenado sacerdote de la Diócesis de Mondoñedo y es doctor en Teología por la Universidad de Friburgo (Suiza). Ha sido profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (entre 1992 y 2008), donde también fue decano. Fue ordenado obispo de Lugo en 2008 y es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.

Un Concilio imprescindible

En su ponencia, titulada “Imagen de la Iglesia en el mundo desde la Gaudium et spes”, monseñor Carrasco comenzó con un presupuesto, citando a un autor contemporáneo de la asamblea conciliar: “hay que escuchar lo que el Espíritu del Señor nos dijo a todos en el Concilio Vaticano II. Es algo imprescindible para vivir hoy la fe”.

En este horizonte se sitúa la constitución pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et spes (GS), que “quiere hablar de la presencia de la Iglesia en el mundo”. De ella se han dicho muchas cosas, reconoció el ponente, “pero a mí no se me ocurre pensar que la constitución de un concilio ecuménico pueda estar mal hecha; al contrario, tendré que pensar cómo entenderla”.

“El Concilio verdaderamente quería salir al encuentro del mundo, después de una época en la que se situó a la defensiva, por diversas circunstancias históricas. La capacidad de diálogo con el mundo moderno estaba limitada”. Y así, el obispo de Lugo hizo un repaso histórico para contextualizar el acontecimiento conciliar: “en los inicios del siglo XX, la Iglesia choca con problemas de ideologías internas, y después llegan las guerras mundiales, que conmueven nuestro mundo”.

Es entonces cuando Juan XXIII decide convocar el Concilio, con esta convicción: “debemos decirle las verdades de la fe a tanta gente no creyente para que las pueda entender y aceptar. Por eso hay que distinguir las verdades y la manera de decirlas”. En aquel momento histórico, el mundo se dio cuenta de que el hombre había conducido la historia hacia un fracaso completo, hasta la guerra total.

Decía por eso Juan XXIII que era una época en la que los hombres podrían escuchar otra vez el evangelio. La Iglesia tenía una percepción: “tenemos un gran tesoro, el evangelio, y tenemos que llevarlo a todo el mundo. Este impulso apostólico es el del Vaticano II. No era un Concilio dogmático, porque no sólo trató cuestiones intraeclesiales, sino destinado a tratar las cuestiones de una Iglesia que quería llevar a cabo su misión”.

Gaudium et spes: los signos de los tiempos en el mundo

Es aquí donde se sitúa el documento GS: “la Iglesia quiere decir quién es ella, y lo hace en primer lugar en la constitución dogmática Lumen gentium, diciendo que la Iglesia está en medio de un mundo cuya historia Dios guía. Y en esta historia la Iglesia es protagonista. Esto era revolucionario, porque suponía una voluntad de hablar al mundo”.

Entonces había que escribir otra constitución, porque “si la Iglesia está en medio del mundo, ¿cuál ha de ser su relación con los otros? A ningún hombre, creado por Dios, se le puede excluir; con todos podemos hablar, todo hombre necesita de Dios”. Por eso GS dirá que los cristianos vivimos en el mundo atentos a los signos de los tiempos, “los signos de la presencia de Dios, de que Dios está en la historia. Esos signos están atravesando la vida de los hombres”.

“El hombre es el eje del camino de la Iglesia”, se dijo en el Concilio. “El hombre no puede vivir su fe sin vivirla en la realidad concreta de su vida. Y viviéndola, irá al encuentro del hermano, descubriendo ahí el diálogo para descubrirle a Dios”, señaló monseñor Carrasco Rouco. Y se cuestionó: “¿no es esto demasiado pretencioso? ¿De verdad todos los hombres necesitan a Cristo? Ante esto, la enseñanza de GS es decir que en Jesucristo se realiza el designio de Dios sobre el hombre. El hombre necesita de Jesucristo para descubrirse a sí mismo”.

Cristo y el misterio del hombre

El Concilio dijo claramente que “ninguna ideología consigue desvelar el misterio del corazón humano; sólo en el encuentro con Jesús se descubre el hombre a sí mismo, descubre su personalidad, su dignidad, su vocación en el mundo y su destino”. Éste es el desafío que propone GS, y “no puede decirse si no se corresponde con la experiencia concreta de los cristianos”. Por eso se afirmó también que “la Iglesia es el lugar donde el hombre puede encontrarse a sí mismo”.

En este mundo el ponente preguntó: “si el Concilio dice estas cosas, ¿qué hemos hecho entretanto? ¿Hemos ido por ahí en la Iglesia, por esas indicaciones?”. El hombre se humaniza en el encuentro con Dios, y necesita a Jesucristo para mejorar su vida y humanizarse, esto fue lo que subrayó GS.

El Concilio afirmó que “no basta tener la doctrina justa para convencer a nadie, ni siquiera te convences a ti mismo, porque no significa nada en tu vida. Esto es la separación entre la fe y la vida. No puedes anunciar que el encuentro con la fe cambia tu vida si eso no es realidad en tu vida, porque así no lo cree nadie”. Sin nuestras personas, sin los fieles cristianos, sin un testimonio real y concreto, no hay novedad ninguna.

Hoy, dijo el obispo de Lugo, “hemos cambiado a Dios por el dinero, y es él quien guía ahora nuestra vida y nuestras decisiones. Esto ha hecho que se hunda la confianza, que hayan fracasado matrimonios, que se hayan perdido amigos”. En este contexto, “faltábamos nosotros, alguien con una fe diferente. Porque la fe en el Señor humaniza, hace al hombre ser lo que tiene que ser. Es imposible comprender estas cosas sin la experiencia de los cristianos”.

El hombre, camino de la Iglesia

“Una Iglesia que se olvida de los otros, de las personas que sufren, de los necesitados… no crecerá. Sólo creceremos por el camino de la misión y del apostolado, por el camino de nuestra vida”, afirmó. Cristo vino para salvarnos, y el hombre es por eso el camino de la Iglesia. Y para estas cosas “Dios nos ayuda, no nos abandona; la Iglesia es un tesoro inagotable, no venimos de la nada, sino de una tradición llena de vida”.

Dios nos da muchos dones, destinados a la vida real y a las cosas que parecen pequeñas, y por eso “en el día del Juicio no se van a valorar tanto grandes hazañas como los pequeños gestos concretos hechos al hermano, como un vaso de agua dado al sediento”. Dios a cada uno le da un carisma como camino de santidad, sea pequeño o grande. “Todos los carismas sirven para que le hables bien al prójimo, y así es cuando nosotros crecemos”, ésta es una convicción del Concilio Vaticano II.

La Iglesia no está hecha para vivir “ad intra”. Hacia dentro, es una familia, una comunidad de hermanos con la que da gusto estar. “Pero esta Iglesia no sobrevive si nosotros no vivimos en el mundo. No tenemos que pelearnos con nuestras circunstancias y nuestra historia, donde puede haber algo bueno. Nosotros pensamos en positividad hasta en la enfermedad y en la muerte, viendo ahí un bien”.

El ponente indicó, para finalizar su intervención, que hay otros documentos conciliares que ampliaron de forma monográfica algunos temas importantes relacionados con la postura de la Iglesia ante el mundo moderno: el relativo a la libertad religiosa (Dignitatis humanae), y el dedicado a las religiones no cristianas (Nostra aetate). “Esto es un eco de la misma actitud de la GS: nosotros tenemos que poder dialogar con cualquiera. El diálogo y la apertura como método es un fruto de GS”, señaló. “Así el otro puede descubrir a Cristo, para que Él ilumine su humanidad”.

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Álbum fotográfico de la conferencia: http://bit.ly/YKpnHO

José Luis Restán: “educar es decirle a la persona que la vida es un bien”


El segundo día de las XI Jornadas Diocesanas de Zamora contó con la presencia del periodista José Luis Restán, que habló sobre la emergencia educativa ante algo más de 350 personas reunidas en el salón de actos del Seminario San Atilano.

Zamora, 31/01/13. Las XI Jornadas Diocesanas de Zamora han contado en su segundo día con el periodista José Luis Restán, director editorial de la cadena COPE, que ha pronunciado una conferencia titulada “Emergencia educativa y nueva evangelización”. En la presentación del ponente, el delegado diocesano de Medios de Comunicación Social, Luis Santamaría, resumió su perfil biográfico.

José Luis Restán Martínez (Madrid, 1958) es ingeniero de Caminos y licenciado en Periodismo. Ha sido director de la edición española de la revista 30 Giorni, y en COPE ha sido redactor jefe de Religión en los Servicios Informativos y director de la programación socio-religiosa. Actualmente es director editorial y adjunto al presidente de COPE. Dirige en esta emisora “El Espejo” y “La Linterna de la Iglesia”. Además, dirige en 13 TV el programa “Iglesia en directo”. Articulista en medios digitales, ha escrito varios libros, entre los que destacan dos diarios del pontificado de Benedicto XVI y otras obras como ¿Qué hacemos con educación para la ciudadanía? y La osadía de creer.

La educación, algo vital

Restán comenzó su intervención definiéndose como un “cristiano metido a periodista”, ya que “intento contar lo que pasa desde la experiencia de la fe vivida en la Iglesia”. Según él, “todos somos sujetos y objetos de la educación, de alguna manera. Toda institución, para que sea humana, tiene que tener una dimensión educativa”. Por eso “la cuestión educativa no es especializada, es una cuestión de la vida del hombre. Educar es lo más grave, lo más humano, lo más urgente que tenemos que hacer en la vida. Sin la educación no podemos entendernos, ni mirar al pasado ni al futuro. La educación es vital, por supuesto, para la Iglesia”.

El ponente destacó que Benedicto XVI ha hablado mucho y con mucha originalidad de la cuestión educativa. “Cuando vino a Santiago y Barcelona, entrevistaron aquí a un experto vaticanista, que dijo que el Papa no piensa que la renovación de la Iglesia pueda venir de dar un golpe de timón, de hacer grandes cambios en las estructuras eclesiásticas; sólo podrá venir a través de un cambio, de una conversión que vendrá por un esfuerzo educativo”.

Se trata “de un proceso profundo que se tiene que dar a través de una relación vital, de un acompañamiento. Toda acción de la Iglesia, si no tiene esta dimensión educativa, se queda en fuegos artificiales. A veces hacemos cosas que tienen mucho ruido, y les falta un cauce que las transforme en un impulso educativo que necesita tiempo, relación y libertad de la persona”.

Un fracaso educativo

A continuación explicó el origen del término “emergencia educativa”, una expresión acuñada por el Papa en unas palabras a una asamblea de la Diócesis de Roma, y que ha reiterado después. Toca un punto absolutamente vital: “Benedicto XVI hablaba de la dificultad que existe hoy para educar. Todas las culturas y civilizaciones han educado, porque si no hay educación no hay humanidad. Y hoy, con todas las posibilidades que tenemos, se experimenta una dificultad para educar como nunca en la historia”.

Como parte de esta dificultad en la educación, “se da un fracaso en la formación de personalidades sólidas. Hay una debilidad en el sujeto, que es culpa no de los jóvenes, sino de los que somos mayores. Hay fragilidad en las relaciones afectivas, en los compromisos, en la falta de razones fuertes para asumir cualquier tipo de postura, en la vulnerabilidad a los impactos de los medios de comunicación, en la falta de un criterio claro…”.

El Papa también habla de “una ruptura entre las generaciones, cuando el regalo mayor que podemos darle a nuestros hijos es una hipótesis de sentido, no simplemente la vida biológica. Y hay una especie de ruptura, sobre todo en el entorno del mayo del 68, cuando se produjo una enmienda a la totalidad ante la tradición para poder ser libres, en un proceso de emancipación de todo lo que nos viene dado. Así, el hombre se reinventa, como un papel en blanco”.

Frente a esto, José Luis Restán reivindicó el papel de la tradición como “algo vivo, no fosilizado ni mecánico, pero hay algo que se va comunicando”. En aquel momento de nuestra historia reciente “se rompió con la paternidad, porque se pensó que acababa con la libertad de la persona, y por eso hoy cuesta entender que Dios es Padre. Esto ha provocado una fractura de la que no nos hemos recuperado”.

En la Iglesia “también experimentamos esta emergencia educativa, la dificultad para educar la fe como conciencia, como experiencia humana, como algo que genera personalidades adultas y no simplemente un fervor adolescente, valores o sentimientos”. De hecho, afirmó, “para decir que hay que ser bueno no necesitamos estar en la Iglesia; eso es para todos los hombres. Otra cosa es que la fe cristiana me ponga en mejores condiciones de ser bueno, si Dios quiere y yo me dejo. Eso lo vemos en los novios que se preparan para el matrimonio, en los chavales de confirmación… pero esto viene dado también por la debilidad del sujeto educativo, no sólo del destinatario”.

Causas de la emergencia educativa

Para entender este fenómeno, Benedicto XVI alude a un punto clave: “la duda sobre el significado y el valor de la persona, sobre su origen y su sentido. Existe una duda sobre que la vida sea un bien y merezca la pena. La percepción cristiana elemental, la que han tenido siempre los pobres de la Iglesia, es que la vida es un bien, y va hacia un destino bueno, que es Dios, y que tener hijos es un bien, y que querer a una persona es un bien. Ahora esto no está claro: se usa a la persona mientras sea placentera, y después cortar y seguir. Éste es el ambiente que respiramos; no sólo se respira aire, sino también cultura, mentalidad, casi sin darnos cuenta”.

En el fondo, dijo el ponente, “¿qué es educar? Decirle a un hijo que la vida es un bien, que no te va a defraudar, que existe un destino bueno. Sin esta hipótesis de esperanza no se puede educar, sólo enseñar cosas. La educación es responder a las grandes cuestiones del sentido. Cuando se descartan estas preguntas del sistema educativo, éste se queda en un manual de instrucciones. Hace falta una hipótesis de sentido”.

Hoy, sin embargo, “hay un escepticismo sobre la bondad de su vida. En la raíz de la crisis de la educación hay una crisis de confianza en la vida, según Benedicto XVI. En el cine, en el arte, se percibe esta desesperanza, y no permite transmitir la bondad de la vida, la confianza en ella. La educación consiste en la pregunta por la verdad que puede guiar la vida. Para no ser simples vagabundos en la niebla, sino que tengamos una certeza en la vida, de que es un bien. Si no, tenemos que ir a tientas”.

Silencio sobre el sentido y el drama de la libertad

Hoy, continuó diciendo Restán, “hay un gran silencio en la educación sobre las grandes preguntas del sentido de la vida. Renunciar a una hipótesis de sentido es la muerte de toda educación, que se convierte sólo en orden y algunas habilidades para encontrar trabajo”.

La educación “pasa por la libertad, y esto es dramático. Hoy muchas veces no se educa porque tenemos miedo a la libertad del sujeto que tenemos delante. El Papa dijo ayer [por la catequesis en la audiencia del miércoles 30] que el modo de ser omnipotente de Dios fue crear la libertad del hombre, renunciando así Dios a una parte de su poder, creando al hombre libre y esperando de él una respuesta y un amor libre. Éste es el misterio más grande, Dios es la razón que es amor, y que sólo se entiende mirando a la cruz”.

“Pero cuando educamos no queremos afrontar que nuestro alumno, hijo, oyente… nos partan la cara por lo que les proponemos. Y por eso ya no les proponemos nada. ¿Para qué va a jugarse el tipo el profesor con sus alumnos, si lo van a rechazar?”, afirmó. Esto pasa también en la comunicación de la fe, que “no es algo automático. El destinatario tiene que hacer suyo ese contenido que se transmite. Por eso el punto de la libertad es fundamental. La educación es el encuentro de dos libertades. Si no hay una verificación por parte de la persona, al final la educación es como un barniz que se va con el tiempo”.

Amar al otro para poder educar

Sin un amor por el otro, tampoco se educa. Restán dijo que esto se ve con claridad en la película Los chicos del coro: “el profesor aparentemente gris, mediocre y fracasado que acaba en un triste internado de provincias de la Francia de la posguerra consigue educar a los niños, porque los quiere. No los quiere porque son majos, de hecho son insoportables. Pero él los ama, los mira y ve el valor de la persona, mirando más allá de su apariencia sus corazones, un corazón hecho para el infinito. Si falta este punto, no se educa”.

Y en este momento el adjunto a la presidencia de COPE recordó al santo del día, Juan Bosco, que decía que “la educación es cosa del corazón, y sólo Dios es su dueño”. Tiene que partir “de un amor al otro, de la conciencia de que el otro es un bien. Y eso no es sólo cosa de profesores y padres, sino también de los periodistas, por la fuerza brutal que tienen los medios, tanto para educar como para deseducar. Si a mí, al comunicar, mis destinatarios no me importan un pimiento, no llego a ellos. La educación sólo puede nacer del amor y del dolor: del amor que hemos encontrado, y del dolor que nos produce que los otros no hayan encontrado a Jesucristo”.


La centralidad del testimonio

El ponente pasó a reflexionar sobre una cuestión vital en este tema: “el educador es un testigo de la verdad que propone. Benedicto XVI, cuando habla, nunca percibes una distancia entre su persona, la de un hombre de 84 años cansado, y lo que dice. Siempre percibes que el vínculo entre él y lo que dice está vivo, en el modo en que lo dice, cómo se pone en juego él al hablar. Uno puede estar diciendo cosas que son verdad, pero con una distancia entre la propia persona y lo que dice. En el testigo no hay esa distancia, porque transmite su propia experiencia, su propia certeza. Cuando el maestro del coro de la película enseña a los niños de la película, no les transmite sólo música, sino en el fondo de que la vida es un bien, la vida se expresa en el canto y el canto es bello. Aquel maestro era un testigo”.

El testigo “habla de sí mismo, pero remite siempre a otra cosa. Y eso es siempre claro en la fe. San Pablo decía: miradme a mí, pero para ver en mí la obra de Cristo, no lo que yo con mi carne hubiera hecho (perseguir a los cristianos), sino lo que ha pasado después del encuentro con Alguien que ha cambiado mi forma de percibir la realidad. San Juan Bosco, en la Turín del siglo XIX, logró hacer la nueva evangelización, porque le dijo a los chicos de la calle: tu vida vale”.

El testigo, el maestro, el padre, el sacerdote… “tiene que estar dispuesto a pagar el precio de esta comunicación. Educar es un riesgo, como dijo un maestro. Pero Dios ha querido correr este riesgo, el riesgo de que le digamos que no”.

La pedagogía del deseo

José Luis Restán señaló la denominada pedagogía del deseo como un apunte de máxima actualidad en la emergencia educativa: “el Papa ha dedicado una catequesis entera al deseo como lo que constituye la entraña del hombre. El hombre está insatisfecho, tiene sed de más, de amor, de belleza, de justicia… a veces consigue aquello que busca, pero ve entonces que es insuficiente”.

Esta fuerza del deseo es positiva para el Papa, es un cauce educativo buenísimo. “Hay que ir hasta el fondo de este deseo, no hay que sofocarlo, sino descubrir que es un deseo que lleva al Infinito. Éste es un recorrido a cuyo encuentro sale la propuesta cristiana. Así fue el encuentro de Jesús con la samaritana junto al pozo, que fue un puro encuentro educativo. Jesús sale al paso de su deseo, no le reprocha. Le dice: lo que tú deseas, lo que has buscado, soy yo quien lo sacia”.

Esto es un punto esencial en la educación, sobre todo en los jóvenes, según afirmó el ponente. Por un lado, está la cuestión de la razón: “no podemos educar en una fe que tenga miedo de la razón, que sea puro sentimiento y devoción. La fe es el conocimiento profundo de la realidad, nos da la clave y el criterio para entender la vida y todo lo que hay. Si los jóvenes, y todos, no perciben que la fe se traduce en una inteligencia de la realidad, que yo entiendo mejor cómo se vive, por qué se vive… la fe termina convirtiéndose en un florero”.

El segundo aspecto es la afectividad, “que es como Waterloo, la batalla final en la que se pierde la guerra. Ha calado en nuestra sociedad la percepción de que la fe es enemiga de la felicidad del hombre y de nuestra libertad. Si esta sospecha se le cuela a un chico y no tenemos la capacidad de hacerle experimentar que vivir la fe en la Iglesia es lo más humanizador, la batalla está perdida”. Por eso ocurre que “aunque aprendan muy bien el catecismo, cuando llega el momento del noviazgo, del trabajo, del compromiso social… la fe pasa a ser un bonito recuerdo de la infancia y de la juventud en el mejor de los casos”.

Lo que distingue una comunidad que educa es que “los chavales crecen con esta conciencia de que la fe es amiga de lo humano; mejor, es la que salva lo humano. ¿No decimos que Jesús es salvador? No sólo cuando muramos, sino aquí y ahora. Y si no hay conciencia de esto, la educación en la fe está coja”.

Conviene vivir la fe

Es preciso que los que se educan verifiquen que es conveniente vivir la fe: “sí, te conviene vivir la fe, es bueno para ti vivir la relación con Cristo en su Iglesia, escuchar su palabra, celebrar los sacramentos, vivir la caridad, escuchar a los sucesores de los apóstoles… Si esto se hace bien, hace que tu vida vuele, que no se arrastre. Hace que tu vida afronte la enfermedad, el paro, el amor, la construcción de la sociedad”.

José Luis Restán concluyó su conferencia afirmando que este Año de la Fe “el Papa quiere que sea un gran acto educativo… Si hacemos grandes actos pero no se transforma en una herramienta educativa, en una continuidad en el tiempo a través de un acompañamiento, de una comunidad, de un testimonio adulto… no habrá servido”. Y esto “es una tarea para todos, que nace del gozo que hemos vivido, al experimentar que Jesucristo es el tesoro de la vida. Y así, aunque fracasemos, no importa. Importa el corazón, este impulso”.

Álbum fotográfico de la conferencia: http://bit.ly/WGcPxZ

miércoles, 30 de enero de 2013

Eloy Bueno: “tenemos que descubrir la fe como alegría”


Con la inauguración por parte del obispo y con la ponencia sobre la nueva evangelización a cargo del teólogo zamorano Eloy Bueno de la Fuente, han comenzado hoy las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que abordan el cincuentenario del Concilio Vaticano II y que concluirán el viernes 1.

Zamora, 30/01/13. Esta tarde han comenzado las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que bajo el título “A los 50 años” abordarán hasta el próximo viernes 1 de febrero la importancia que ha supuesto para la Iglesia el Concilio Vaticano II, en su cincuentenario, y la llamada a la nueva evangelización.

Inauguración por parte del obispo

Con el salón de actos del Seminario San Atilano lleno, tras la oración inicial, tuvo lugar la inauguración, presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, que destacó que en el contexto del Año de la Fe “nuestra fe debe quedar fortalecida con estos encuentros, y nuestra misión quede renovada”. E invitó a los asistentes a “compartir de manera explícita nuestra fe, recitando juntos el Credo”.

Después de la inauguración fue el turno de presentar al ponente, tarea que realizó Fernando Toribio, vicario de Pastoral y organizador de las Jornadas. Esta primera conferencia, titulada “Una nueva evangelización”, estuvo a cargo de Eloy Bueno de la Fuente, natural de Casaseca de Campeán y sacerdote diocesano de Burgos, en cuya sede de la Facultad de Teología del Norte de España es catedrático.

Estudió en la Facultad de Teología de Burgos, en la Universidad Urbaniana de Roma y en la Universidad Complutense de Madrid, de donde ha obtenido sus grados de Doctor en Misionología y en Filosofía. Es el director del Instituto de Misionología y Animación Misionera de Burgos, Diócesis en la que ha desempeñado otros cargos. Asesor de la Comisión Episcopal de Misiones, es autor de varios libros (el último, sobre la cristianofobia) y de más de cien artículos de investigación.

La evangelización, en el corazón de la Iglesia

El teólogo inició definiendo la nueva evangelización como “un proyecto pastoral para toda la Iglesia, que tiene como objetivo situar la evangelización en el corazón de la fe”. Es algo que conduce un poco más allá del Concilio Vaticano II: “tenemos que descubrir a la Iglesia brotando de la labor evangelizadora que realizamos”.

En el último siglo, explicó Eloy Bueno, “se ha ido produciendo un reajuste en las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, entre el cristianismo y la cultura”, saliendo de una situación de cristiandad, y produciéndose una distancia creciente, por lo que “la presencia de la Iglesia ha de irse amoldando a las diversas circunstancias”.

En este contexto, el Concilio Vaticano II representó la salida del período de cristiandad, y el teólogo Yves Congar resumió así la novedad del Concilio: la Iglesia comenzó a preocuparse por los otros, los no creyentes o los miembros de otras confesiones cristianas y religiones. “La Iglesia y los cristianos tienen que descubrirse en medio de los otros, que no lo son, y tiene que definir una actitud ante ellos”, afirmó el ponente. Si Dios se ha acercado a los hombres como amigo, la Iglesia tiene que salir al encuentro de la humanidad como amiga, haciendo que los demás puedan “descubrir el sabor a evangelio”.

Un mundo nuevo

Pero el Concilio Vaticano II se acabó, y el mundo de los años 60 también se acabó. Ahora vivimos tiempos nuevos en los que es común “la cristianofobia, el odio al cristianismo, que según algunos es una desgracia para la humanidad”. Benedicto XVI ha respondido a este fenómeno cultural, y así, destacó Bueno, hay que entender que el primer nombre propio que aparece en la primera encíclica de este Papa sea Nietzsche, el autor que expresa de forma más directa la crítica a la fe cristiana. Y la respuesta a su acusación de haber pervertido el amor es la encíclica. Por eso “hay que ir a la hondura de las cuestiones, recogiendo la sensibilidad del momento presente, pero ofreciendo una respuesta desde el sabor a evangelio”.

Eloy Bueno destacó la importancia de la exhortación Evangelii nuntiandi, de Pablo VI, publicada unos años después del Concilio, y donde se dice que “la Iglesia existe para evangelizar”, y que “evangelizar es el gozo y la dicha de la Iglesia”. Se da el avance de poner la evangelización en el centro de la vida de la Iglesia y en la existencia cristiana, con la conciencia de que el mundo va cambiando y de que la relación entre fe y cultura se hace más difícil.

Todo esto se recoge en la llamada de Juan Pablo II a una nueva evangelización, teniendo en cuenta lo que él denominaba “la cultura adveniente, lo que está viniendo”. En 1979 fue la primera vez que utilizó la expresión “nueva evangelización”, en un barrio nuevo de Cracovia que se había construido sin referencias al cristianismo. “Se trata de una cultura que quiere prescindir del cristianismo, y ahí los cristianos tienen que poner los signos del evangelio”.

“Todo el pontificado de Juan Pablo II estuvo marcado por esta idea de una nueva evangelización”, señaló el ponente, y este Papa lo planteó a nivel mundial, porque la cultura nueva es mundial, y también lo son los desafíos. Benedicto XVI retomó esta idea, heredando lo que habían sido algunas de sus convicciones teológicas previas a su acceso al papado.

Benedicto XVI y la alegría de creer

Entre otras cosas, el pontífice actual ha creado un Consejo Pontificio dedicado explícitamente a la nueva evangelización, y convocó para el año 2012 un Sínodo de los obispos. En el documento previo a la celebración de la asamblea, los Lineamenta, se observan cosas importantes y radicales: la nueva evangelización afecta no sólo a los de fuera, “sino a cada comunidad cristiana y a cada creyente, para ver si están preparados para estar en los nuevos escenarios culturales”.

“¿Hemos experimentado el sabor a evangelio para poder ofrecérselo a los que se encuentran en esos escenarios?”, se cuestionó Eloy Bueno. Por ello hay que preguntarse qué tipo de Iglesia y de cristiano exigen los tiempos. Ante esto, los Lineamenta dan dos respuestas: “en primer lugar, hoy hace falta una nueva acción misionera; en segundo lugar, para afrontarla hace falta ante todo redescubrir la alegría de la fe, o la fe como alegría”.

Al final del documento preparatorio del último Sínodo se decía que “la nueva acción misionera no es posible más que desde la alegría de la fe, desde haber experimentado un amor tan grande, que me llega en mi pequeñez y me abre un horizonte nuevo de esperanza”, tal como resumió el ponente. “Si no hay alegría, no hay fe, no hay sabor a evangelio”, y esto se descubre en el encuentro de los discípulos con Cristo resucitado. En su Ascensión, los discípulos se vuelven a casa con alegría, porque Jesús se va bendiciendo, y ésta es la razón de la alegría cristiana, según lo ha explicado Joseph Ratzinger en su obra Jesús de Nazaret.

¿Qué tiene que hacer la Iglesia hoy?

Eloy Bueno señaló, para concluir su ponencia, tres líneas fundamentales que deben ser recorridas y profundizadas por los cristianos. En primer lugar, “que la Iglesia sea un signo creíble por su dimensión fraterna y solidaria, y por eso tenemos que ser una modalidad de relaciones humanas peculiares, por nuestras relaciones y nuestra acogida, siendo capaces de superar tantas divisiones humanas y de ser servidores”. La unidad tiene que hacerse realidad en la carne de nuestro mundo.

En segundo lugar está “la centralidad del primer anuncio, que parece el eslabón perdido de nuestra vida eclesial. Nos cuesta y no sabemos muy bien hacerlo”. Sin embargo, es el primer encuentro que uno tiene con aquel que está lejos de la fe. “¿Cómo puedo hacerle yo percibir el sabor a evangelio? ¿Con malas caras, con amargura, con rechazo? Esto se realiza en la vida más cotidiana, en el encuentro interpersonal. Hay mucha gente que necesita ser escuchada, y hay gente que sabe escuchar, acompañar y ofrecer una respuesta”, afirmó.

La última pista, siguiendo lo que se habló en el Sínodo, es la convicción de que “estamos en una situación muy semejante a la de los orígenes del cristianismo. ¿Por qué aquel pequeño grupo se extendió tan rápidamente? En primer lugar, por la proclamación de un Dios único, que garantiza la dignidad e igualdad de todos los seres humanos, sus hijos. Segunda razón: en aquel momento con un horizonte negro, los cristianos supieron ofrecer un horizonte de esperanza. Y la tercera: la caridad cristiana, el testimonio en favor de los más desfavorecidos, acogiendo a todos los necesitados”.

Eloy Bueno concluyó su conferencia afirmando que “podríamos decir que cuando alguien ha experimentado el sabor a evangelio porque alguien me ha amado desde antes y desde el principio, esta alegría de la fe da lugar también a la esperanza y el amor”.´

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El álbum fotográfico de la conferencia está en: http://bit.ly/Wg0YYb

domingo, 27 de enero de 2013

Las XI Jornadas Diocesanas abordan el Concilio Vaticano II


Del 30 de enero al 1 de febrero el Seminario San Atilano acogerá las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que reunirán a tres expertos para hablar sobre el Concilio Vaticano II, en su cincuentenario, y sobre la nueva evangelización: el teólogo Eloy Bueno de la Fuente, el periodista José Luis Restán y el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco.

Zamora, 27/01/13. La próxima semana se celebrarán las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que este año tendrán como tema “A los 50 años”. En el contexto del Año de la Fe, en el que la Iglesia universal conmemora el cincuentenario del Concilio Vaticano II y el vigésimo aniversario del nuevo Catecismo, la Diócesis de Zamora ha programado sus Jornadas anuales fijándose en esta importante efeméride.

Acudirán a la capital tres ponentes para abordar diversos temas en torno al Concilio y al desafío actual de la nueva evangelización. La sede de las Jornadas será el salón de actos del Seminario San Atilano – Casa de la Iglesia, y tendrán lugar del miércoles 30 de enero al viernes 1 de febrero a las 20 horas. La entrada será libre hasta completar el aforo.

El miércoles 30 inaugurará las Jornadas el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, y a continuación intervendrá el primero de los ponentes, el teólogo zamorano Eloy Bueno de la Fuente, con una conferencia titulada “Una nueva evangelización”. Eloy Bueno, natural de Casaseca de Campeán, es catedrático de Teología en la Facultad de Teología del Norte de España (sede de Burgos) y autor de numerosos libros y artículos.

El jueves 31 será el turno del periodista José Luis Restán Martínez, adjunto a la presidencia de la cadena COPE, cuya ponencia lleva el título “Emergencia educativa y nueva evangelización”. Restán dirige actualmente en COPE los programas “El Espejo” y “La linterna de la Iglesia”.

Por último, el viernes 1 de febrero el ponente será Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, y disertará sobre la “Imagen de la Iglesia en el mundo desde la Gaudium et spes”, acercándose a esta constitución pastoral del Concilio Vaticano II.

viernes, 27 de enero de 2012

Raúl Berzosa: “evangelizar es mostrar el arte de vivir”


El obispo de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa, ha acudido a Zamora para participar en las X Jornadas Diocesanas, que finalizan hoy en la ciudad, dedicadas a la nueva evangelización. El prelado civitatense ha mostrado las líneas fundamentales de este reto pastoral de la Iglesia en el mundo actual.

Zamora, 27/01/12. El tercer día de las X Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la nueva evangelización, ha contado con la presencia de Raúl Berzosa Martínez, obispo de Ciudad Rodrigo, que ha pronunciado la conferencia “Rasgos de la nueva evangelización”. Tras la oración inicial, que como todos los días estuvo a cargo del vicario de pastoral, Fernando Toribio, el ponente fue presentado por el vicario de asuntos económicos y sociales, Eustaquio Martínez.

Raúl Berzosa es doctor en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), y tiene estudios de Derecho Canónico, Derecho Internacional y Diplomático, Antropología Teológica y Sociología, y Periodismo, realizados todos ellos en Roma. Fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1982, y tras desempeñar diversos cargos pastorales en su Diócesis de Burgos fue nombrado obispo auxiliar de Oviedo en 2005. Posteriormente, fue nombrado obispo de Ciudad Rodrigo en 2010. Ha colaborado habitualmente con los medios de comunicación, y es autor de numerosos libros y artículos.

¿Qué es la nueva evangelización?

El obispo de Ciudad Rodrigo comenzó afirmando que “la nueva evangelización no es otra cosa que el Concilio Vaticano II actualizado”. Según monseñor Berzosa, “estamos en una sociedad post-cristiana, con restos de cristianos, mezclas de cristianismo y paganismo, y nuevas espiritualidades”.

Benedicto XVI ha llamado “a volver al espíritu misionero de la Iglesia primitiva, a estar desde dentro en la cultura de hoy, y a afianzar lo que estamos haciendo, descubriendo nuevas pastorales que nos metan de lleno allí donde ahora no estamos”. Y habló de “tres perchas fundamentales que quedan en el armario de la nueva evangelización: nuevos procesos de iniciación cristiana, patio de los gentiles y emergencia educativa”, algo que desarrolló al final de su intervención.

A continuación, el prelado definió la nueva evangelización según el pensamiento del pontífice actual. Señaló que se trata de “hacia afuera, mostrar a la gente el arte de vivir, y hacia adentro, estar atentos a lo que dice el Espíritu a la Iglesia”. También hizo un repaso de la historia del término “nueva evangelización”, remontándose a Pío XII. Según Pablo VI, la Iglesia evangeliza cuando hace todo lo que tiene que hacer. Y fue Juan Pablo II cuando empezó a hablar sistemáticamente en 1979 de este concepto, precisamente en Hispanoamérica, aunque luego se extendió a la Iglesia universal.

El cardenal Joseph Ratzinger pronunció una conferencia en 2001, en un Congreso de catequistas y profesores de religión en Roma. El obispo civitatense resumió su aportación: “evangelizar es un arte, evangelizar quiere decir mostrar el arte de vivir: llevar a Cristo, que es el camino y la felicidad. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Este arte no es objeto de ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene vida, quien es ‘Evangelio en persona’, es decir, los testigos: personas y comunidades”.

El método

Según monseñor Berzosa, “la Iglesia nunca ha dejado de evangelizar”, ya que “cada día celebra y administra los sacramentos, anuncia la palabra de vida, y se compromete a favor de la justicia y la caridad. Y esa evangelización produce frutos: da luz y alegría, da el sentido de la vida a muchas personas”. Sin embargo, se está dando en nuestra sociedad “un progresivo sentido de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales”. Por eso, “además de la evangelización ordinaria e ininterrumpida, necesitamos una nueva evangelización para quienes no tienen acceso a la evangelización clásica y ordinaria. Todos necesitan el Evangelio y hay que buscar nuevos caminos para llevar el evangelio a todos”.

El obispo de Ciudad Rodrigo aclaró que “no se trata de rechazar la forma anterior de evangelizar, ni de hacer un acercamiento apologético a los no creyentes, sino de utilizar el método pastoral de asumir, purificar y elevar la labor de la Iglesia, como hace el Papa”. Claro que “existe una tentación: la de la impaciencia, la de buscar los grandes números. Nueva evangelización no quiere decir atraer inmediatamente con nuevos y más refinados métodos a las grandes masas que se han alejado de la Iglesia”. En nuestra situación actual, “es preciso actuar de nuevo valientemente con la humildad del grano de mostaza dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerá”.

En cuanto al método y a la finalidad de la nueva evangelización el ponente señaló que “no buscamos, como las empresas humanas, que se nos escuche a nosotros. No pretendemos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones: queremos servir al bien de las personas dando a Aquel que es la Vida. Evangelizar no es tanto una forma de hablar como una forma de vivir; vivir escuchando al Padre, en el Hijo, por el Espíritu”. Más aún, “nosotros no podemos ‘ganar’ a los hombres: debemos obtenerlos de Dios para Dios. Todos los métodos son ineficaces si no se fundamentan en la oración. La palabra debe ir unida a la oración”, sin olvidar tampoco que “el camino de Jesucristo fue el de la cruz”.

Contenidos de la nueva evangelización

Monseñor Berzosa resumió después los contenidos de la nueva evangelización, el primero de los cuales es la conversión, “dejar mis criterios y mi forma de vida, para que entre Dios en ella y me la cambie. Es buscar un nuevo estilo de vida”. El segundo elemento fundamental es la centralidad del Reino de Dios, que “es Dios mismo. Dios existe. Dios vive. Dios actúa y está presente en el mundo. Dios no es alguien lejano, ni el gran arquitecto”, porque “el verdadero problema de nuestro tiempo es la crisis de Dios, la ausencia de Dios, camuflada por una religiosidad vacía. Tenemos que volver a hablar de Dios y con Dios”.

El prelado civitatense también afirmó que “anunciar a Dios es también enseñar a rezar”, y por ello “necesitamos escuelas de oración”. Reconoció que “muchas veces nuestra forma de celebrar es demasiado racionalista, banal o llena de nuestras palabras. La liturgia tiene que ser enseñanza. También la moda del esoterismo (New Age) o de técnicas orientales demuestra que nuestra liturgia deja mucho que desear. En nuestro mundo, tenemos necesidad del silencio y del misterio, y de la belleza, por encima del individuo. La liturgia no es invención del sacerdote. El celebrante no es el centro”.

Un tercer contenido fundamental de la nueva evangelización, según Raúl Berzosa, es preservar a Jesucristo de “la tentación de convertirlo sólo en personaje histórico, en hombre sin más”. Frente a esto, el Cristo de la fe “no es un mito, sino alguien muy real”. El anuncio salvador de Jesucristo “no es una interpretación burguesa o anecdótica, ni siquiera revolucionaria o heroica de un rebelde: pertenece al misterio divino y es la expresión de un amor hasta el final”.

Y un cuarto elemento de la nueva evangelización es anunciar la vida eterna, ya que “el anuncio del Reino implica que Dios actúa y está presente pero, además, seremos juzgados, que no podemos hacer lo que queramos. Esto vale para los poderosos y para los pobres. Dios hace justicia y sólo Él puede hacerla a fin de cuentas”. Como explicó el ponente, “creer en la vida eterna tiene consecuencias muy reales para nuestra vida terrestre. Si la medida de nuestra vida es la eternidad, esta vida terrestre será grande y de valor inmenso”.

Aplicación diocesana concreta

En el fondo, afirmó monseñor Berzosa, “es una nueva antropología, vista desde Dios, y así la nueva evangelización hará posible la civilización del amor y de la vida”. Para concluir su conferencia, respondió a la siguiente cuestión: “¿Qué se nos pide en nuestras Iglesias diocesanas como acentos propios de la nueva evangelización para llegar adonde no llegamos con nuestra pastoral ordinaria?”. Y retomó su imagen de las tres perchas: procesos nuevos de iniciación, el atrio de los gentiles y la emergencia educativa.

Sobre el primer anuncio señaló la necesidad de: misión ad gentes, ecumenismo y diálogo interreligioso, inserción en el mundo del trabajo y sus nuevas y dramáticas realidades (como el paro), detectar y atender las viejas y nuevas pobrezas, inserción en la sociedad civil (militantes cristianos), presencia pública del cristianismo a través de personas e instituciones (cristianos de mediación y entidades de presencia), y cuidar el mundo de las peregrinaciones.

En cuanto a la emergencia educativa, destacó: gran atención a los niños y jóvenes, acompañamiento a las familias jóvenes, evangelizar desde, en y por los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, unos procesos de iniciación cristiana serios y completos, con la creación de espacios de oración, y evangelizar con el arte y la cultura.

Para finalizar, se refirió al patio de los gentiles, “el lugar donde los creyentes y no creyentes se reunían, en el Templo de Jerusalén, para hablar sobre la vida”. Para ello hay que promover espacios de acogida y diálogo con los hombres de nuestro tiempo, también en el campo de la ciencia, e incidir en la pastoral de la Universidad, en el mundo de la enseñanza, la cultura y el arte.

Álbum fotográfico de la conferencia:

Ya están disponibles los audios de las Jornadas en:

jueves, 26 de enero de 2012

Segundo Pérez: “hay que formar agentes pastorales para la nueva evangelización”


Segundo Pérez López, catedrático del Instituto Teológico Compostelano, ha acudido esta mañana a Zamora para hablar sobre los nuevos evangelizadores en el marco de las X Jornadas Diocesanas.

Zamora, 26/01/12. Las Jornadas Diocesanas de Zamora, sobre la nueva evangelización, han contado en su segundo día con la presencia de Segundo Pérez López, profesor del Instituto Teológico Compostelano, que ha impartido la conferencia titulada “Nuevos evangelizadores para una nueva evangelización”. El ponente ha sido presentado por el sacerdote diocesano de Zamora Agustín Montalvo, párroco de San Lázaro.

Segundo L. Pérez López es licenciado en Filosofía y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, y ha ampliado sus estudios en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y en el Archivo Secreto Vaticano. Es sacerdote de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ha desempeñado diversos cargos pastorales, entre los que destaca el rectorado de su Seminario, con sede en Santiago de Compostela.

Es catedrático de Antropología Teológica en el Instituto Teológico Compostelano, y ejerce la docencia en otros centros, además de atender dos parroquias rurales en la actualidad. Es el fundador y director de la revista Estudios Mindonienses y miembro del consejo de redacción de otras publicaciones periódicas. Es canónigo de la Catedral de Mondoñedo y archivero-bibliotecario de la Catedral de Santiago de Compostela, y director del Centro de Estudios Jacobeos. Es autor y editor de varios libros, y tiene en su haber numerosos artículos de investigación.

Distintos ministerios para la misma misión

El ponente dijo no tener ninguna receta sobre los nuevos evangelizadores, pero indicó el contexto y el pretexto para este empeño de la Iglesia. “¿Quiénes son los agentes de la nueva evangelización, según el Papa? Los obispos, los presbíteros, la vida consagrada, las asociaciones de laicos y las nuevas comunidades”, afirmó.
En cuanto a las formas, tienen que promoverse nuevas comunidades y espacios donde pueda tener lugar la nueva evangelización, entre los que destacan los medios de comunicación social. Además, Benedicto XVI promueve un nuevo conocimiento de la fe, y del Catecismo de la Iglesia Católica.

Todo esto presenta “una perspectiva apasionante”, en una Iglesia ministerial, de comunión, “donde es necesario incorporar de forma correponsable agentes de pastoral que tengan un verdadero contenido apostólico”. Segundo Pérez fue crítico con la forma ordinaria de realizar los nombramientos eclesiásticos en las diócesis, repartiendo las parroquias entre los sacerdotes. “Habrá que sentarse a ver con qué fuerzas contamos: sacerdotes, religiosos y laicos, y hacer un programa pastoral en el que corresponsablemente ese grupo de evangelización se encargue de esa realidad. Entonces no es tan agobiante la escasez de presbíteros, aunque siga siendo un problema urgente”. De esta manera, “cada uno tiene un ministerio propio”.

La nueva evangelización es cuestión de tomar conciencia, de tener una nueva forma de entender la misión, no tan pesimista, sino “desde la memoria y la esperanza, en una situación desolada pero que es también tiempo de gracia”. Un campo de evangelización muy importante es el del arte y el patrimonio, y las tradiciones populares, según el ponente.

Retos y oportunidades pastorales

El profesor de Teología señaló que “los retos que tenemos por delante son la dificultad de asumir nuestra tradición católica, la renovación de la iniciación cristiana y del primer anuncio de la fe… para ello es necesario revalorizar la pertenencia a la Iglesia y ser capaces de transmitir a los otros la propia fe”, aclarando la necesidad de “una pertenencia gozosa y crítica a la Iglesia. Hay que hacer visible la sacramentalidad de la Iglesia, crear nuevas formas de hacernos presentes en la religiosidad popular, que es un tema que no va a menos”. Lo mismo podríamos decir de otros acontecimientos, “como los funerales y el acompañamiento del duelo, que proporcionan un espacio enorme para la nueva evangelización”.

Segundo Pérez subrayó la necesidad de “crear comunidades fraternas” y de “proponer la esperanza con alegría”, en lo que ha de incluirse “la predicación de las verdades últimas: ¿quién habla del cielo, del juicio de Dios, del infierno, de la esperanza última? Nos encontramos con gente a la que no se le ha anunciado en su totalidad lo que implica en su totalidad la fe en Jesucristo muerto y resucitado, lo que significa el más allá, lo que significa la vida eterna”.

¿Cómo abordar nosotros como agentes todo esto? San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, explica cómo afrontar los tiempos de desolación: más oración, meditación y penitencia. “La gran trampa en este tiempo es caer en el lamento y en la gesticulación desesperante, añorando lo que ya pasó”, señaló Segundo, que añadió: “es posible mudarnos contra el tiempo desolado: no resignarnos, viendo cómo el tiempo desolado puede convertirse en tiempo de gracia”.

Los cristianos tenemos que “percibir nuestro tiempo como un tiempo necesitado de la buena noticia. Hay que saber orar no sólo cuando nos va bien, sino con Jesús desde el Getsemaní personal e histórico que nos toca vivir, para poder ser evangelizadores a semejanza de Cristo”. Porque en este tiempo “vivimos en una auténtica pérdida de humanidad, y el mundo se nos mete dentro cuando nuestra oración deja de ser potenciadora de miradas nuevas desde la ternura a las zonas más oscuras de tipo personal y social. Ahí Jesús libera los mecanismos de nuestra propia vida. Por eso es urgente abrirnos con actitud reverente al misterio de Dios, en un tiempo que nos acerca más al Dios de la Trinidad que a un ídolo”.

Una deserción silenciosa

Según el ponente, “palabras como penitencia, mortificación, abnegación, sacrificio… resultan de auténtico mal gusto en nuestra cultura, pero es necesario volver a ellas”. La Iglesia “mira hacia el pasado ejercitando la fidelidad, y mira al futuro esperando cumplir la misión que el Señor les confía”. Sin embargo “hay muchas reticencias en la sociedad con respecto a la Iglesia y a nosotros, los agentes, lo que es síntoma de una prevención ante la misma fe, que se expresa también en los medios de comunicación. Muchas personas se alejan de la vida cristiana de una forma silenciosa. Lo que tiene que preocuparnos son los hombres y mujeres, a veces familias completas, que silenciosamente se van de la Iglesia sin formular el porqué. ¿Qué es lo que no les hemos dado? ¿Qué no hemos sido capaces de contagiarles?”.

En cuestiones morales, además, “hay un fuerte sentimiento de rechazo del magisterio de la Iglesia, sobre todo en las cuestiones sexuales y bioéticas”. En la vida política “se rechaza expresamente de una ley moral objetiva, y se nos acusa de no saber vivir en democracia, y de querer imponer la fe y la moral católica al conjunto de la sociedad”, aunque no es difícil responder teóricamente a estas acusaciones. Según el teólogo gallego, en el fondo “tenemos que reconocer que lo que se rechaza es la fe misma, en sus elementos esenciales, diciendo que no es compatible la fe con los valores más apreciados de la vida actual: la ciencia, la libertad, el bienestar… Sin embargo, la fe cristiana no es contraria a estos valores, sino a la forma reducida de entenderlos que depende de una visión atea de la realidad”.

Los agentes en la Iglesia y la comunión

El Sínodo de los Obispos de 1985 interpretó que la mejor imagen para comprender lo que lo Concilio Vaticano II quiso decir de la Iglesia es la de comunión: “toda la vida de la Iglesia ha de estar impregnada por la comunión. Eso significa que en la Iglesia se pone en primero lugar lo que afecta a todos y, en segundo lugar, lo que especifica a cada uno de los miembros. Eso supuso un giro copernicano en la percepción de la Iglesia del Concilio”. Atrás quedó una visión que ponía como punto de partida la estructura jerárquico-piramidal.

El Concilio, explicó Segundo Pérez, empieza “por abajo, por lo común que pertenece a todos los miembros por igual, por ser el pueblo de Dios como la totalidad de los fieles, pudiendo afirmarse que el sacerdocio común de los bautizados es ontológicamente anterior a los otros ministerios y servicios que configuran el ser de la Iglesia, por ende la constitución de una Iglesia toda ella ministerial”. Por ello “el reto del presente es cómo encontrar cauces para formar agentes pastorales para la nueva evangelización”.

Todos los creyentes “disfrutan de la misma radical igualdad en cuanto a su dignidad y a la responsabilidad de participar activamente en la misión de la Iglesia porque todos ellos fueron incorporados a Cristo por medio del bautismo y participan de su triple oficio profético, real y sacerdotal”. En esta perspectiva, “las responsabilidades en la Iglesia se denominan ministerios, o sea, servicios que tienen como finalidad hacer presente a Cristo como Cabeza de su Iglesia, para dar vida a su Cuerpo”.

Así ha de ejercerse la autoridad en la Iglesia, según el ponente: “la disposición vital al servicio en la Iglesia afecta a todos sus miembros. Todos han de ejercer la ‘diakonía’ y es ésta la razón de ser también del servicio de la autoridad en la Iglesia y de los diversos carismas. En ese sentido del servicio a la unidad de la fe de todo el pueblo cristiano tiene su razón de ser un servicio especial como es lo del sucesor de Pedro, el Papa, que lo ejerce en cuanto obispo de Roma”.

Añadió que “tenemos que sentir hoy la urgencia del apostolado, formando nuevos agentes para la evangelización. No podemos añorar tiempos pasados, pero sí tenemos que hacer una propuesta de vida interpelante”, concluyó.

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miércoles, 25 de enero de 2012

Leonardo Rodríguez Duplá: “vivimos en una época post-cristiana”


El profesor de Filosofía de la Universidad Complutense Leonardo Rodríguez Duplá ha sido el primer ponente de las X Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la nueva evangelización. Para el experto, sólo si los creyentes son conscientes de la naturaleza precisa de la cultura actual podrán “responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

Zamora, 25/01/12. El Salón de Actos del Colegio “Divina Providencia”, regentado por las Siervas de San José junto a la Plaza Mayor de Zamora, acogió a última hora de la tarde la inauguración de las X Jornadas Diocesanas, que este año están dedicadas a la nueva evangelización. En el acto inicial, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, llamó a los presentes a “acelerar, sobre todo en nuestros corazones, en este empeño”.

Para el prelado zamorano, la nueva evangelización no se limita a una operación de imagen, y hay que dar un lugar importante a la oración porque “no estamos empeñados en una especie de reconversión de los muebles de nuestra casa, sino que es algo mucho más profundo, que lleva, sobre todo, al cambio de los corazones hacia Dios”. Y exhortó a hacer todo esto “con un renovado ardor misionero, que a todos nos hace falta”.

El encargado de la primera ponencia de estas Jornadas, titulada “¿Por qué una nueva evangelización?”, ha sido el filósofo Leonardo Rodríguez Duplá, profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Complutense de Madrid. Estudió Filosofía en Madrid, Salzburgo y Múnich. Ha sido profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca. Se interesa sobre todo por cuestiones relacionadas con la fundamentación de la ética y con la filosofía de la religión.

Entre sus publicaciones principales se cuentan los libros: Deber y valor (Tecnos, Madrid, 1992),  Ética (BAC, Madrid, 2001) y Ética de la vida buena (Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006). Ha traducido al español obras de David Ross, Nicholas Rescher, Emil Fackenheim, Robert Spaemann, Leo Strauss y, más recientemente, Aristóteles. En la actualidad trabaja en un libro sobre la antropología y la ética de Max Scheler, y en otro sobre la filosofía de la religión de Kant.
Tras la presentación del ponente (que estuvo a cargo del sacerdote diocesano de Zamora Francisco García Martínez, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca), Rodríguez Duplá explicó su pretensión de responder a la cuestión que titula la ponencia: las razones que llevan a la nueva evangelización.

La llamada a la nueva evangelización

“Aunque el concepto de nueva evangelización tenga ya 30 años, ha cobrado actualidad a raíz de varias decisiones de Benedicto XVI”, entre las que el ponente destacó la creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la convocatoria del Sínodo de los Obispos con el mismo motivo. “Si la Iglesia es siempre misionera, ¿por qué hablar de una nueva evangelización?”, cuestionó Rodríguez Duplá. “¿No debería limitarse la Iglesia a hacer lo que siempre ha hecho, que es precisamente evangelizar? El acento recae en la palabra ‘nueva’. No podemos conformarnos con las estrategias evangelizadoras que la Iglesia ha llevado a cabo durante siglos”, afirmó.

En los últimos decenios se ha producido un retroceso de la práctica religiosa en los países que fueron evangelizados primero. “Esto se nota sobre todo en Europa, que se aleja cada vez más de sus raíces cristianas, lo que se ve con preocupación en la Iglesia”. Ahora ya no se trata sólo de llevar el evangelio a tierras lejanas donde apenas es conocido, sino de “que el evangelio vuelva a resonar en los pueblos de la primera cristianización”.

Las claves de la cultura actual: el alejamiento de Dios

El profesor de Ética de la Complutense dio un paso adelante al analizar la situación exacta a la que se pretende responder con la nueva evangelización. “La increencia también se ha vuelto tradicional, es un cauce por el que discurre la vida de muchas personas, que asumen la increencia por ósmosis”, explicó. Porque “el crecimiento exponencial del conocimiento científico técnico trae consigo la involución de otras dimensiones humanas, y esto pasa en el conocimiento religioso. La capacidad del hombre de captar lo divino presenta hoy síntomas de atrofia”, según el filósofo Max Scheler, y esto coincide con lo que ha señalado Benedicto XVI sobre “la pérdida preocupante del sentido de lo sagrado. No es que el hombre moderno rechace explícitamente la fe cristiana, sino que no llega a plantearse el problema. Aquí Dios no es rechazado, como en el ateísmo clásico, sino que el problema de Dios no llega a dibujarse en muchas conciencias”.

Como indicó el ponente, el Concilio Vaticano II, en su constitución Gaudium et spes, ya advertía de la gente “que no se plantea la cuestión de Dios ni se preocupa por el hecho religioso. El ateísmo actual consiste en no hacerse problema de Dios, y normalmente no comporta una decisión del sujeto, porque el medio ambiente favorece este proceso”. Y en los más jóvenes este ambiente determina su vivencia. Por eso el ateísmo es el punto de partida, y no de llegada. Rodríguez Duplá afirmó preferir “hablar del alejamiento de Dios, porque el término ateísmo tiende a sugerir la idea de una negación explícita de Dios, incluso hostil hacia la fe, cuando de lo que se trata en nuestro caso es de una profunda insensibilidad, una indiferencia”.

Además, “este alejamiento de Dios no se queda en la conciencia individual, sino que tiende a configurar unos estilos de vida”, y así las grandes dimensiones de la existencia se rigen hoy por los dictados de lo económico y lo laboral. Sin embargo, “la situación resultante no puede describirse como un vacío moral. Nuestro siglo ha sido el de la proclamación de los derechos humanos, de la dignidad del hombre. Pero los valores tan extendidos hoy los percibe la conciencia contemporánea como desgajados del tronco cristiano”. La vigencia de este estilo de vida, post-cristiano, garantiza su reproducción. El conferenciante afirmó que “no hace falta una toma de postura explícita, porque estamos ya acostumbrados a vivir sin Dios, y su ausencia no se vive como una carencia. Esto plantea enormes dificultades a la actividad catequética y misionera. ¿Cómo evangelizar al hombre que carece de oído musical para la religión?”, según la expresión de Max Weber.

La modernidad y el ocaso social del cristianismo

Con posterioridad, Leonardo Rodríguez Duplá abordó las causas del olvido de Dios por parte del hombre contemporáneo, reconociendo la gran complejidad que entraña identificarlas, porque es un aspecto parcial de procesos culturales de gran envergadura: la modernidad y la postmodernidad. En primer lugar señaló la “amnesia histórica que ha borrado de la conciencia moderna el origen cristiano de muchos de los valores que el hombre siente como propios. Las nociones de dignidad humana, de persona… han pasado a ser patrimonio común de la humanidad, pero desprovistos de toda referencia al humus en el que nacieron”.

“La religión parece haberse vuelto innecesaria para el progreso de la humanidad, y hasta se ve como un obstáculo que impide ese progreso. Al insistir en que no todos los medios tendentes a mejorar el bienestar humano que son posibles por la técnica son legítimos, la Iglesia viene a aguar la fiesta del progreso humano”, explicó el profesor, que también habló del poderoso influjo ejercido en la filosofía y la teología cristiana de la reducción kantiana de la fe a la moral. Además, en la teología moral más reciente, “al confinar la dimensión específicamente cristiana de la moral en el reducto de la conciencia (donde están las motivaciones), se limita la presencia pública de la fe como animadora de la conducta”.

Rodríguez Duplá también se refirió al aspecto político de la cuestión, “el ocaso social del cristianismo. Las sociedades modernas se caracterizan por su pluralismo. Ante esta variedad de maneras de entender la vida, el Estado liberal se muestra escrupulosamente neutral. Se pide el respeto de las normas que regulan la convivencia pacífica, exigibles a todos los ciudadanos. En cambio, el Estado no se pronuncia sobre los criterios que regulan la vida privada ni sobre los presupuestos donde se fundan”.

Esto ha tenido una curiosa repercusión en la teoría ética contemporánea: “la ética se ha mimetizado con la política, al ser obligada a guardar silencio sobre los fundamentos de la vida buena y sobre las cosmovisiones. La ética ha pasado a ser ética civil, algo exigible a todo ciudadano. Se destierra a los márgenes de la discusión académica todo lo que pueda ser una aportación cristiana”, lo que lleva a una irrelevancia cultural del cristianismo.

La postmodernidad y la disolución del sujeto

Tal como explicó el ponente, todas las tendencias señaladas son modernas, y a ellas se unen otros elementos postmodernos, ya que “la postmodernidad ha venido a consumar ciertas tendencias características de la cultura moderna”. Y citó tres rasgos de la postmodernidad: la disolución del sujeto, la renuncia a la verdad y el adiós a la historia.

En cuanto a lo primero, para la civilización moderna, “la ciencia es el modelo de todo conocimiento, y el tribunal ante el que ha de convalidarse toda experiencia humana. Frente a la concepción anterior, antropomórfica, se pasa al mecanicismo, que prescinde de las causas finales, y la naturaleza será sólo objeto de dominación, identificando la ciencia con la técnica. Una técnica que tiende a ampliar su radio de acción, reduciendo al ser humano a rasgos empíricos susceptibles de cuantificación, lo que disuelve al sujeto”.

Por otra parte, la renuncia a la verdad viene preparada por ciertos desarrollos de la modernidad. “El concepto de verdad queda hoy vacante. Esta renuncia se hace todavía más radical en el clima postmoderno. La experiencia humana estaría condicionada por prejuicios, por lo que no se podría hablar de una experiencia original. Lo que hay es distintos lenguajes sobre la realidad, nada más”, resumió Rodríguez Duplá.

Sobre el tercer rasgo postmoderno, el experto afirmó que la relación de la modernidad con la historia es compleja. El Siglo de las Luces “se caracteriza por su fe en el progreso de la humanidad. Nacen escatologías inmanentes de diverso signo, la última de las cuales ha sido el marxismo”. Cunde la opinión de que la historia es un proceso inevitable, pero el pensamiento político liberal se rebela contra esto, “porque se inmolan las generaciones de hoy en los altares de la felicidad venidera. El ajuste de cuentas de la postmodernidad con la historia ha sido más radical: no sólo se niega a que la historia tenga un sentido, sino que niega la misma noción de la historia. La historia deviene historiografía, discurso sobre documentos”.

Estos tres rasgos del pensamiento postmoderno han impregnado en buena medida la mentalidad contemporánea, “haciendo de nuestra época una época post-cristiana. El mensaje cristiano se enfrenta a grandes dificultades para hacerse creíble o incluso inteligible”. La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento, según afirma Benedicto XVI. El profesor de Ética llamó a no caer en el pesimismo, viendo un destino adverso, sino a “percibir todo esto como una oportunidad para la nueva evangelización. Sólo si somos conscientes de la naturaleza precisa del problema al que nos enfrentamos, podremos responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

Álbum fotográfico:

Vídeo de la intervención del obispo: http://youtu.be/rX98IbIcIww

domingo, 22 de enero de 2012

10 años de Jornadas Diocesanas: la nueva evangelización


Del 25 al 27 de enero se celebrarán en Zamora las X Jornadas Diocesanas, que abordarán la nueva evangelización, con la participación de tres expertos: un filósofo (Leonardo Rodríguez Duplá), un teólogo (Segundo Pérez López) y un obispo (Raúl Berzosa Martínez).

Zamora, 22/01/12. La próxima semana se celebrarán en Zamora las X Jornadas Diocesanas, que versarán sobre el tema de la nueva evangelización y tendrán lugar, por primera vez en el Salón de Actos del céntrico Colegio “Divina Providencia”, regentado por las Siervas de San José junto a la Plaza Mayor de la capital (c/La Reina, 9).

Las Jornadas Diocesanas, que este año cumplen su décimo aniversario, son una iniciativa de formación abierta a todo el público, creyente y no creyente. En sus ediciones anteriores han versado sobre temas de interés general, como la educación, la familia, la enseñanza, los medios de comunicación, la inmigración o la bioética, y siempre se ha contado con expertos venidos de toda España.

Como ha explicado en la carta de convocatoria a las parroquias, congregaciones y asociaciones de la Diócesis el encargado de la organización de las Jornadas, Fernando Toribio, vicario de pastoral, “el papa Benedicto XVI ha convocado para este año un Sínodo de los Obispos de toda la Iglesia para reflexionar sobre la nueva evangelización. Éste será también uno de los ejes fundamentales del Año de la Fe que celebraremos con toda la Iglesia para conmemorar el 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. Éste será también el tema de nuestras X Jornadas Diocesanas”.

Del miércoles 25 al viernes 27 de enero pasarán por Zamora tres expertos que expondrán al público asistente el contexto sociocultural en el que se enmarca la nueva evangelización, la identidad de sus protagonistas y el contenido fundamental de este empeño misionero de la Iglesia. Tras el inicio en la tarde del miércoles 25, los otros dos días tendrán una doble sesión: matutina (11 horas), dirigida sobre todo a los sacerdotes; y vespertina (20 horas), para el público en general.

El día 25, tras la inauguración de las Jornadas a cargo del obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, tendrá lugar la ponencia de Leonardo Rodríguez Duplá, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, que responderá a la cuestión “¿Por qué una nueva evangelización?”. Al día siguiente será el turno de Segundo Pérez López, profesor en el Instituto Teológico Compostelano, que hablará sobre “Nuevos evangelizadores para una nueva evangelización”. Por último, el viernes 27 intervendrá Raúl Berzosa Martínez, obispo de Ciudad Rodrigo, que desentrañará en su conferencia los “Rasgos de la nueva evangelización”.

Programa

• Miércoles 25 de enero, 20 horas.
- Inauguración a cargo del obispo.
- Ponencia: “¿Por qué una nueva evangelización?” (Leonardo Rodríguez Duplá).

• Jueves 26 de enero, 11 y 20 horas.
“Nuevos evangelizadores para una nueva evangelización” (Segundo Pérez López).

• Viernes 27 de enero. 11 y 20 horas.
“Rasgos de la nueva evangelización” (Raúl Berzosa Martínez).

Perfil de los ponentes

- Leonardo Rodríguez Duplá estudió Filosofía en Madrid, Salzburgo y Múnich. Es profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Complutense de Madrid. Se interesa sobre todo por cuestiones relacionadas con la fundamentación de la ética y con la filosofía de la religión. Entre sus publicaciones principales se cuentan los libros: Deber y valor (Tecnos, Madrid, 1992),  Ética (BAC, Madrid, 2001) y Ética de la vida buena (Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006). Ha traducido al español obras de David Ross, Nicholas Rescher, Emil Fackenheim, Robert Spaemann, Leo Strauss y, más recientemente, Aristóteles. En la actualidad trabaja en un libro sobre la antropología y la ética de Max Scheler, y en otro sobre la filosofía de la religión de Kant. Es miembro de los consejos de redacción de las revistas “Cuadernos Salmantinos de Filosofía” y “Diálogo Filosófico”.

- Segundo L. Pérez López es doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, y ha ampliado sus estudios en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y en el Archivo Secreto Vaticano. Es sacerdote de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ha desempeñado diversos cargos pastorales, entre los que destaca el rectorado de su Seminario, con sede en Santiago de Compostela. Es catedrático de Antropología Teológica en el Instituto Teológico Compostelano, y ejerce la docencia en otros centros, además de atender dos parroquias rurales en la actualidad. Es el director de la revista “Estudios Mindonienses” y miembro del consejo de redacción de otras publicaciones periódicas. Es autor y editor de varios libros, y tiene en su haber numerosos artículos de investigación.

- Raúl Berzosa Martínez es doctor en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), y tiene estudios de Derecho Canónico, Derecho Internacional y Diplomático, Antropología Teológica y Sociología, y Periodismo, realizados todos ellos en Roma. Fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1982, y tras desempeñar diversos cargos pastorales en su Diócesis de Burgos fue nombrado obispo auxiliar de Oviedo en 2005. Posteriormente, fue nombrado obispo de Ciudad Rodrigo en 2010. Ha colaborado habitualmente con los medios de comunicación, y es autor de numerosos libros y artículos.