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viernes, 10 de mayo de 2013

Obispo de Zamora: “la espiritualidad es la armadura de la vida sacerdotal”


La Diócesis de Zamora ha celebrado esta mañana, en la fiesta de San Juan de Ávila, su Jornada Sacerdotal, con la eucaristía presidida por el obispo, una conferencia sobre la vida de los presbíteros a la luz del Concilio Vaticano II y una comida donde se ha homenajeado a siete sacerdotes que celebran sus aniversarios de ordenación.

Zamora, 10/05/13. Hoy, memoria litúrgica de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español y nuevo Doctor de la Iglesia, la Diócesis de Zamora ha celebrado un año más la Jornada Sacerdotal, momento de encuentro festivo del clero que ha incluido la celebración de las bodas de platino de Gregorio Gallego, las bodas de diamante de Fabriciano Martín, Eufemiano Morán y Lorenzo Luciano, las bodas de oro de Tomás Calero y Marcelino de Dios, y las bodas de plata de Antonio-Jesús Martín.

Los actos comenzaron a las 11 horas, con la eucaristía presidida por el obispo, Gregorio Martínez Sacristán en la iglesia de San Andrés, concelebrada por la mayor parte de los sacerdotes de la Diócesis. Fue el momento central de la jornada, y contó con la presencia de familiares, amigos y antiguos feligreses de los curas jubilares.

La centralidad de la vinculación con Cristo

En su homilía, el obispo señaló cómo “la Palabra de Dios que hemos escuchado nos ha recordado los sinsabores y dificultades de los primeros cristianos construyendo la Iglesia de Dios. Ésos sí eran trabajos y cansancios. Y en medio de ellos, la palabra de San Pablo, que da color y sabor a lo que están haciendo”, ya que “el Señor se le aparece a Pablo en Corinto y le dice: no temas, yo estoy contigo, nada ni nadie podrá hacerte daño”.

De hecho, indicó a los sacerdotes, “ésta es la experiencia que se ha de tener en el apostolado, porque si no, el apostolado puede con nosotros, y nos convierte en trapos viejos, en papeles zarandeados por cualquier viento que venga”. Por eso, subrayó, “la experiencia fundamental es la vinculación con Cristo, que es el sostén de nuestra vida y de nuestro apostolado”.

Monseñor Martínez Sacristán afirmó que “la Iglesia no se construye por nosotros, sino que avanza porque el Señor Jesús la guía y la lleva. Nosotros tenemos que estar agarrados, imantados al Señor resucitado, cuya presencia en medio de nosotros es evidente y patente. Sin ser percibido, el Señor está. No estamos solos en el camino de la vida, nunca”.

Romper las cadenas de la tristeza

En su exhortación, el obispo indicó el camino a seguir al presbiterio diocesano: “que no vivamos con miedo, arrugados, sino todo lo contrario, con valor y con fuerza”. E hizo una llamada explícita a la alegría cristiana: “nosotros necesitamos la fuerza del Señor para convertir nuestra tristeza en gozo. El gozo del Espíritu Santo, que hay que tener, que hay que pedir y que se nos da. Ese gozo debe romper las cadenas de la tristeza, del pesimismo, de la inanición, superando los sinsabores y los peligros con alegría”.

También tuvo en su homilía un recuerdo a los sacerdotes fallecidos, “que han dejado su vida en el servicio de esta tierra de Zamora, buscando el Reino de Dios”. Y se dirigió a los que celebran su aniversario de ordenación: “al contemplar vuestra vida, vuestra historia, vuestros pasos por la Diócesis en estos años, reconocemos la gracia de Dios, la fuerza del Espíritu, el valor de Cristo, los dones que os ha dado y que habéis hecho fructificar en esta tierra”. Y añadió: “vuestro currículum es el de hombres entregados al servicio de Dios para el bien de las almas, al estilo de San Juan de Ávila”.

Llamada a la espiritualidad y a la comunión

El obispo se refirió a la figura del patrono del clero secular español: “que San Juan de Ávila aumente nuestra santidad, nos ayude a ser santos acercándonos a él, dándonos el espíritu de la espiritualidad. Nos hace falta, más que nada en el mundo, para subsistir, para mantenernos, para poder decir algo a nuestro mundo. La espiritualidad es la armadura de nuestra vida sacerdotal”. Junto a esto, señaló: “no cada uno por su cuenta, sino todos unidos. Las individualidades sobran. ¡Sobran! Y falta la comunión de todos con todos”.

Por ello, subrayó, “no podemos vivir sin orientación espiritual, sin acompañamiento espiritual, sin vida espiritual. Por el don que hemos recibido en la Iglesia, no tenemos derecho al fracaso, porque es mucho lo que ella ha puesto en nuestras manos para el bien de la humanidad”.

La vida y el ministerio de los sacerdotes, a estudio

Después de la celebración eucarística, tuvo lugar la conferencia “El Presbyterorum Ordinis a los 50 años del Concilio Vaticano II”, pronunciada por Gaspar Hernández Peludo, rector del Seminario Mayor de Ávila y profesor de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Al presentarlo, el obispo le agradeció públicamente su ayuda en la formación de los tres seminaristas mayores de la Diócesis de Zamora, que se forman en el Seminario Mayor de Ávila, situado en Salamanca.

Es un documento que recoge todo el recorrido del Concilio, “uno de sus frutos granados”, que tuvo diversas redacciones, porque se produjo un cambio de paradigma en el acercamiento, que pasó de ser más disciplinario a ser más misional. Como decreto, pretende aplicar concretamente la doctrina de las constituciones. “No se entiende sin las cuatro grandes constituciones del Concilio”, señaló el ponente, que añadió que tampoco puede entenderse sin los documentos relativos a los obispos, religiosos y laicos.

Gaspar Hernández destacó la importancia de “una hermenéutica de la continuidad, de reforma en la continuidad. El decreto Presbyterorum Ordinis no supuso una ruptura con lo anterior, ni se puede separar tampoco de su recepción posterior”. Hay que reconocer, además, la enorme labor de la Conferencia Episcopal Española para la recepción de este documento y la renovación de la vida del presbítero diocesano.

El teólogo explicó que este documento conciliar sigue básicamente la estructura de la Regla pastoral de San Gregorio Magno. El primer capítulo se dedica a la identidad del presbítero, situado en la misión global de la Iglesia, y detalla su carácter secular. El segundo capítulo habla del ministerio de los presbíteros, y el tercer capítulo aborda la vida sacerdotal.

Descentrarse para recentrarse

Se habló mucho de la crisis de identidad del presbítero, que “sufrió un descentramiento para un recentramiento. El centro no es el presbítero, la jerarquía. Hay que volver al centro, que es un triple eje: recentramiento del sacerdocio sacramental en el único sacerdocio de Cristo, recentramiento del ministerio en la Iglesia ministerial (al servicio del Pueblo de Dios), y la referencia al mundo (su dimensión secular)”.

Lo propio de la vocación sacerdotal es “servir al resto de cristianos para que desarrollen su vocación propia. Es una misión que se sitúa en el centro de la comunidad al servicio de ella, y al frente de la comunidad, con una autoridad recibida como servicio”.

El documento sitúa al ministerio presbiteral en el contexto de la misión de la Iglesia. Y el ministerio es un don de Dios a su pueblo, un carisma suscitado por el Espíritu Santo. Además, hay una dimensión fundamental que es la secularidad, “la referencia al mundo. Por nuestra ordenación somos consagrados para servir al sacerdocio del pueblo santo en la Iglesia para el mundo”. Hay una distinción del mundo que no es separación, ni temor, sino una actitud de servicio al mundo: “distinguir para unirse”. Por eso el sacerdote debe cultivar su humanidad, las virtudes humanas.

Las tres grandes misiones del presbítero se abordan desde su interrelación, dando importancia a todas, y con un orden no casual: el ministerio de la Palabra, la celebración de los misterios y la dirección de la comunidad, “reflejando así las etapas de la labor evangelizadora de la Iglesia”. Además, se habla de las relaciones del presbítero con los otros, de su espíritu de comunión: “el sacerdote no se entiende sin las relaciones”, porque no puede desarrollar su ministerio de forma aislada. “Es necesaria la comunión que potencia nuestra individualidad, en un triple eje: relación con el obispo, con el presbiterio y con todos los miembros del Pueblo de Dios”, afirmó el ponente.

La centralidad de la misión

Otro elemento importante del documento sobre el sacerdocio es “de tipo centrífugo, hacia afuera: el presbítero ha de participar de la solicitud para todas las Iglesias y debe estar disponible para la misión”. El verbo “salir” habla de la apertura misionera, en un momento en el que tenemos en el centro la nueva evangelización. “Sólo la Iglesia que sale es la que cumple su misión, como señala el papa Francisco. Jesús está llamando a nuestra puerta para que salgamos”.

Gaspar Hernández subrayó la importancia de la llamada a la santidad, que “se tiene que dar en el ejercicio de nuestro ministerio, que es donde nos santificamos”. Destacó la necesidad de la unidad de vida ante los riesgos de dispersión y de activismo en los curas. Y “lo que hace posible la unidad de vida es la caridad pastoral. El tema es saber desde dónde hacemos las cosas, desde dónde tienen sentido”.

Los consejos evangélicos están ordenados así: “la obediencia como disponibilidad de buscar la voluntad de Dios en el ministerio y como ascesis del propio yo; el celibato que combine la paternidad, la esponsalidad y la virginidad; y la pobreza que hace vivir en acción de gracias y da libertad interior para ser dóciles a Dios y para la discreción espiritual”, todo esto “vivido en la clave apostólica, para los otros”.

Tres acentos que hay que articular: la ministerialidad, “ser mediadores en una sociedad en la que muchos hombres están fragmentados”, la relacionalidad, “ser hombres de comunión, que integren y no separen”; y la contextualidad, “en el aquí y el ahora de cada persona concreta”. Y Gaspar Hernández concluyó proponiendo cuatro actitudes concretas: la humildad, la valentía y el celo del ministerio, la acción de gracias y la alegría.

En la comida de hermandad, en el nuevo comedor del Seminario diocesano, el obispo felicitó personalmente a los sacerdotes jubilares en nombre de todos y les dio un regalo de parte de la Diócesis.

Álbum fotográfico de la Jornada Sacerdotal:

jueves, 9 de mayo de 2013

Una exposición recuerda en Zamora los 50 años del Concilio Vaticano II


Zamora, 9/05/13. El pasado lunes 6 de mayo se inauguró en Zamora la exposición “50 Aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II: volver a los textos”, realizada por la Fundación Crónica Blanca para el Año de la Fe y solicitada por la Diócesis de Zamora para estar en el claustro principal del Seminario San Atilano del 6 al 17 de mayo. El horario es de lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 16 a 22 horas.

Además, la muestra incluye un vídeo documental que se proyecta todos los días y de entrada libre en una de las salas del Seminario – Casa de la Iglesia. Del 6 al 10 de mayo comienza a las 19,25 horas, y del 13 al 17 de mayo a las 20,15 horas. Además, los grupos de parroquias o colegios que deseen ver la exposición pueden concertar un pase del vídeo el día y a la hora que les convenga.

En la presentación de la muestra a los medios de comunicación, el director del Centro Teológico Diocesano “San Ildefonso”, Narciso-Jesús Lorenzo, afirmó que “esta exposición se convierte en el broche de oro de las iniciativas de formación teológica promovidas por el Centro Teológico”, durante el curso 2012/13. Porque, como señaló, se está realizando “una iniciativa de actualización teológica ofrecida a los alumnos de las tres promociones de este centro, pero abierta a todos los zamoranos con interés por formarse teológicamente de un modo más intenso y sistemático a través de lo que hemos convenido en llamar Lecciones de Teología”.

Precisamente este curso las Lecciones de Teología están abordando los principales documentos conciliares, ya que, en palabras de Narciso-Jesús Lorenzo, “el Concilio sigue siendo una realidad de permanente actualidad para la Vida de Iglesia, por su incidencia en la reflexión teológica, en las instituciones eclesiásticas, en la vida del clero y de los fieles católicos y en aquellos, particulares y organismos sociales que quieran atender a sus enseñanzas”.

También estuvo presente en la rueda de prensa el sacerdote y periodista madrileño Manuel María Bru, presidente de la Fundación Crónica Blanca, que dio los detalles del origen y contenido de la exposición, que ya ha estado en varias ciudades españolas, comenzando por la parroquia madrileña de San Jerónimo el Real.

Bru comentó así la razón de ser de la muestra: “porque no todos vamos a poder releer en este Año de la Fe, como nos propone Benedicto XVI, todos los documentos del Concilio (poder hacerlo realmente o poder vencer la pereza de hacerlo), y esta exposición nos ofrece la posibilidad de leer 27 párrafos seleccionados como representativos no sólo de la pluralidad de los temas de los 16 documentos conciliares, sino de la riqueza de sus propuestas y la belleza de su exposición”.

Se trata, explicó, de una sencilla exposición selectiva de los principales textos del Concilio, con diez paneles grandes en los que, con apoyo gráfico, se ofrezca una selección de 27 párrafos de todos los documentos conciliares. Los 27 párrafos de la exposición están agrupados en estos nueve grupos temáticos:

- Espíritu (el corazón, la luz y el fin del Concilio, con los tres textos más definitorios del Concilio de tres de sus cuatro constituciones).
- Comunión (de la constitución Lumen Gentium).
- Presencia (de la constitución Gaudium et Spes).
- Palabra (de la constitución Dei Verbum).
- Celebración (de la constitución Sacrosanctum Concilium).
- Servicio (de los decretos Christus Dominus, Presbyterorum Ordinis y Optatam Totius).
- Misión (de los decretos Perfectae Caritatis y Ad Gentes, y de la declaración Gravissimus Educationis).
- Testimonio (de los decretos Apostolicam Actuositatem e Inter Mirifica, y de la declaración Dignitatis Humanae).
- Apertura (de los decretos Orientalium Eclesiarum y Unitatis Redintegratio, y de la declaración Nostra Aetate).

Para más información: textos y explicación de la exposición en http://cronicablanca.files.wordpress.com/2013/01/pdf-exposicion-concilio-vaticano-ii.pdf

martes, 7 de mayo de 2013

La Diócesis de Zamora celebra la Jornada Sacerdotal


El viernes 10 de mayo, festividad de San Juan de Ávila, el obispo preside una eucaristía concelebrada por el presbiterio diocesano. Los sacerdotes celebran sus bodas de ordenación, además de tener una conferencia sobre el Concilio Vaticano II y una comida fraterna.

Zamora, 7/05/13. El próximo viernes 10 de mayo, memoria litúrgica de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español y nuevo Doctor de la Iglesia, la Diócesis de Zamora celebrará un año más la Jornada Sacerdotal, momento de encuentro festivo del clero que incluye la celebración, la formación, la acción de gracias por los aniversarios sacerdotales y la comida fraterna.

Los actos comenzarán a las 11 horas, cuando el obispo, Gregorio Martínez Sacristán, presida la eucaristía en la iglesia de San Andrés, concelebrada por la mayor parte de los sacerdotes de la Diócesis. Será el momento central de la jornada, y servirá para dar gracias a Dios por los aniversarios de ordenación presbiteral. A esta celebración están invitados todos los fieles que deseen asistir.

Después de la Misa, los sacerdotes pasarán al salón de actos del Seminario, donde a las 12,30 horas tendrá lugar la conferencia titulada “El ‘Presbyterorum ordinis’ a los 50 años del Concilio Vaticano II”. El encargado de analizar este decreto conciliar relativo a los sacerdotes será Gaspar Hernández Peludo, rector del Seminario de Ávila y profesor de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. A continuación, el clero compartirá la comida en el mismo Seminario.

Aniversarios sacerdotales

En este año 2013, se celebran dentro de la jornada sacerdotal los siguientes aniversarios de ordenación:

Bodas de Platino (75 años, ordenado en 1938)
- Gregorio Gallego Contra (Torres del Carrizal, 1914), canónigo emérito de la
Catedral.

Bodas de Diamante (60 años, ordenados en 1953)
- Fabriciano Martín Avedillo (Carrascal, 1930), canónigo emérito de la Catedral.
- Eufemiano Morán Martínez (Matilla de Arzón, 1926), párroco de Santa Colomba de las Carabias.
- Lorenzo Luciano Lucas (San Martín de Tábara, 1925), sacerdote jubilado de la Diócesis de Astorga pero residente en Zamora.

Bodas de Oro (50 años, ordenados en 1963)
- Tomás Calero Aparicio (Toro, 1939), párroco del Carmen de Renueva (Benavente).
- Marcelino de Dios de Dios (Guarrate, 1938), párroco de Santa María de la Horta (Zamora).

Bodas de Plata (25 años, ordenado en 1988)
- Antonio-Jesús Martín de Lera (Benavente, 1963), párroco de Villaralbo y delegado episcopal de Cáritas Diocesana.

sábado, 6 de abril de 2013

El arciprestazgo de Toro-La Guareña convoca la Semana de la Fe


Del 8 al 10 de abril los Salones Interparroquiales de San Julián de Toro acogerán la Semana de la Fe, tres conferencias de sacerdotes zamoranos sobre temas centrales en este Año de la Fe.

Zamora, 6/04/13. El próximo lunes 8 de abril comenzará la Semana de la Fe, organizada por el arciprestazgo de Toro – La Guareña en el contexto del Año de la Fe que celebra la Iglesia católica. Constará de tres conferencias que tendrán lugar en los Salones Interparroquiales de San Julián en la ciudad de Toro a las 21 horas de los días 8, 9 y 10 de abril.

El lunes 8 comenzará la actividad con la conferencia “A cincuenta años del Concilio Vaticano II”, que estará a cargo de Eustaquio Martínez Conde, vicario episcopal para Asuntos Económicos y Sociales. El martes 9 se acercará a Toro Luis Fernando Toribio Viñuela, vicario episcopal de Pastoral, que expondrá “El reto de la nueva evangelización”. Por último, el miércoles 10 será el turno de Juan Luis Martín Barrios, delegado diocesano de Catequesis, que hablará sobre “El Catecismo de la Iglesia Católica”, del que se celebra el vigésimo aniversario.

Según explica uno de los párrocos de Toro, José Luis Miranda, “estos años estábamos haciendo desde el arciprestazgo una semana de la familia en la segunda semana de Pascua. Ha habido dos ediciones. Pero este año, por ser el Año de la fe, decidimos hacer un inciso y organizar en las mismas fechas una semana de la fe para ayudar a cumplir el objetivo pastoral diocesano y nuestro objetivo arciprestal, que es vivir, compartir y transmitir la fe desde una pastoral de comunión”.

Por ello, explica Miranda, “estas tres charlas quieren tener en cuenta los grandes hitos que conmemoramos este Año, así como el tema de la nueva evangelización, que es tan importante en estos tiempos que corren y que fue el tema principal del pasado Sínodo de obispos en Roma”.

Las conferencias están abiertas a todos los fieles del arciprestazgo de Toro – La Guareña que quieran participar y que tengan interés en conocer y profundizar en estos grandes acontecimientos (quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II y vigésimo aniversario del Catecismo) y retos (la nueva evangelización) de la Iglesia en el mundo actual.

viernes, 1 de febrero de 2013

Alfonso Carrasco Rouco: “en el Concilio, la Iglesia salió al encuentro del mundo”


El obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, ha pronunciado en Zamora una conferencia sobre la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, finalizando así las XI Jornadas Diocesanas que comenzaron el pasado miércoles 30 con el título “A los 50 años”.

Zamora, 1/02/13. Con la conferencia de Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, han finalizado hoy las XI Jornadas Diocesanas de Zamora. El encargado de presentarlo fue el vicario de Pastoral y organizador de las Jornadas, Fernando Toribio, que trazó el perfil biográfico del ponente.

Nacido en 1956 en Villalba (Lugo), fue ordenado sacerdote de la Diócesis de Mondoñedo y es doctor en Teología por la Universidad de Friburgo (Suiza). Ha sido profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (entre 1992 y 2008), donde también fue decano. Fue ordenado obispo de Lugo en 2008 y es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.

Un Concilio imprescindible

En su ponencia, titulada “Imagen de la Iglesia en el mundo desde la Gaudium et spes”, monseñor Carrasco comenzó con un presupuesto, citando a un autor contemporáneo de la asamblea conciliar: “hay que escuchar lo que el Espíritu del Señor nos dijo a todos en el Concilio Vaticano II. Es algo imprescindible para vivir hoy la fe”.

En este horizonte se sitúa la constitución pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et spes (GS), que “quiere hablar de la presencia de la Iglesia en el mundo”. De ella se han dicho muchas cosas, reconoció el ponente, “pero a mí no se me ocurre pensar que la constitución de un concilio ecuménico pueda estar mal hecha; al contrario, tendré que pensar cómo entenderla”.

“El Concilio verdaderamente quería salir al encuentro del mundo, después de una época en la que se situó a la defensiva, por diversas circunstancias históricas. La capacidad de diálogo con el mundo moderno estaba limitada”. Y así, el obispo de Lugo hizo un repaso histórico para contextualizar el acontecimiento conciliar: “en los inicios del siglo XX, la Iglesia choca con problemas de ideologías internas, y después llegan las guerras mundiales, que conmueven nuestro mundo”.

Es entonces cuando Juan XXIII decide convocar el Concilio, con esta convicción: “debemos decirle las verdades de la fe a tanta gente no creyente para que las pueda entender y aceptar. Por eso hay que distinguir las verdades y la manera de decirlas”. En aquel momento histórico, el mundo se dio cuenta de que el hombre había conducido la historia hacia un fracaso completo, hasta la guerra total.

Decía por eso Juan XXIII que era una época en la que los hombres podrían escuchar otra vez el evangelio. La Iglesia tenía una percepción: “tenemos un gran tesoro, el evangelio, y tenemos que llevarlo a todo el mundo. Este impulso apostólico es el del Vaticano II. No era un Concilio dogmático, porque no sólo trató cuestiones intraeclesiales, sino destinado a tratar las cuestiones de una Iglesia que quería llevar a cabo su misión”.

Gaudium et spes: los signos de los tiempos en el mundo

Es aquí donde se sitúa el documento GS: “la Iglesia quiere decir quién es ella, y lo hace en primer lugar en la constitución dogmática Lumen gentium, diciendo que la Iglesia está en medio de un mundo cuya historia Dios guía. Y en esta historia la Iglesia es protagonista. Esto era revolucionario, porque suponía una voluntad de hablar al mundo”.

Entonces había que escribir otra constitución, porque “si la Iglesia está en medio del mundo, ¿cuál ha de ser su relación con los otros? A ningún hombre, creado por Dios, se le puede excluir; con todos podemos hablar, todo hombre necesita de Dios”. Por eso GS dirá que los cristianos vivimos en el mundo atentos a los signos de los tiempos, “los signos de la presencia de Dios, de que Dios está en la historia. Esos signos están atravesando la vida de los hombres”.

“El hombre es el eje del camino de la Iglesia”, se dijo en el Concilio. “El hombre no puede vivir su fe sin vivirla en la realidad concreta de su vida. Y viviéndola, irá al encuentro del hermano, descubriendo ahí el diálogo para descubrirle a Dios”, señaló monseñor Carrasco Rouco. Y se cuestionó: “¿no es esto demasiado pretencioso? ¿De verdad todos los hombres necesitan a Cristo? Ante esto, la enseñanza de GS es decir que en Jesucristo se realiza el designio de Dios sobre el hombre. El hombre necesita de Jesucristo para descubrirse a sí mismo”.

Cristo y el misterio del hombre

El Concilio dijo claramente que “ninguna ideología consigue desvelar el misterio del corazón humano; sólo en el encuentro con Jesús se descubre el hombre a sí mismo, descubre su personalidad, su dignidad, su vocación en el mundo y su destino”. Éste es el desafío que propone GS, y “no puede decirse si no se corresponde con la experiencia concreta de los cristianos”. Por eso se afirmó también que “la Iglesia es el lugar donde el hombre puede encontrarse a sí mismo”.

En este mundo el ponente preguntó: “si el Concilio dice estas cosas, ¿qué hemos hecho entretanto? ¿Hemos ido por ahí en la Iglesia, por esas indicaciones?”. El hombre se humaniza en el encuentro con Dios, y necesita a Jesucristo para mejorar su vida y humanizarse, esto fue lo que subrayó GS.

El Concilio afirmó que “no basta tener la doctrina justa para convencer a nadie, ni siquiera te convences a ti mismo, porque no significa nada en tu vida. Esto es la separación entre la fe y la vida. No puedes anunciar que el encuentro con la fe cambia tu vida si eso no es realidad en tu vida, porque así no lo cree nadie”. Sin nuestras personas, sin los fieles cristianos, sin un testimonio real y concreto, no hay novedad ninguna.

Hoy, dijo el obispo de Lugo, “hemos cambiado a Dios por el dinero, y es él quien guía ahora nuestra vida y nuestras decisiones. Esto ha hecho que se hunda la confianza, que hayan fracasado matrimonios, que se hayan perdido amigos”. En este contexto, “faltábamos nosotros, alguien con una fe diferente. Porque la fe en el Señor humaniza, hace al hombre ser lo que tiene que ser. Es imposible comprender estas cosas sin la experiencia de los cristianos”.

El hombre, camino de la Iglesia

“Una Iglesia que se olvida de los otros, de las personas que sufren, de los necesitados… no crecerá. Sólo creceremos por el camino de la misión y del apostolado, por el camino de nuestra vida”, afirmó. Cristo vino para salvarnos, y el hombre es por eso el camino de la Iglesia. Y para estas cosas “Dios nos ayuda, no nos abandona; la Iglesia es un tesoro inagotable, no venimos de la nada, sino de una tradición llena de vida”.

Dios nos da muchos dones, destinados a la vida real y a las cosas que parecen pequeñas, y por eso “en el día del Juicio no se van a valorar tanto grandes hazañas como los pequeños gestos concretos hechos al hermano, como un vaso de agua dado al sediento”. Dios a cada uno le da un carisma como camino de santidad, sea pequeño o grande. “Todos los carismas sirven para que le hables bien al prójimo, y así es cuando nosotros crecemos”, ésta es una convicción del Concilio Vaticano II.

La Iglesia no está hecha para vivir “ad intra”. Hacia dentro, es una familia, una comunidad de hermanos con la que da gusto estar. “Pero esta Iglesia no sobrevive si nosotros no vivimos en el mundo. No tenemos que pelearnos con nuestras circunstancias y nuestra historia, donde puede haber algo bueno. Nosotros pensamos en positividad hasta en la enfermedad y en la muerte, viendo ahí un bien”.

El ponente indicó, para finalizar su intervención, que hay otros documentos conciliares que ampliaron de forma monográfica algunos temas importantes relacionados con la postura de la Iglesia ante el mundo moderno: el relativo a la libertad religiosa (Dignitatis humanae), y el dedicado a las religiones no cristianas (Nostra aetate). “Esto es un eco de la misma actitud de la GS: nosotros tenemos que poder dialogar con cualquiera. El diálogo y la apertura como método es un fruto de GS”, señaló. “Así el otro puede descubrir a Cristo, para que Él ilumine su humanidad”.

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Álbum fotográfico de la conferencia: http://bit.ly/YKpnHO

domingo, 27 de enero de 2013

Las XI Jornadas Diocesanas abordan el Concilio Vaticano II


Del 30 de enero al 1 de febrero el Seminario San Atilano acogerá las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que reunirán a tres expertos para hablar sobre el Concilio Vaticano II, en su cincuentenario, y sobre la nueva evangelización: el teólogo Eloy Bueno de la Fuente, el periodista José Luis Restán y el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco.

Zamora, 27/01/13. La próxima semana se celebrarán las XI Jornadas Diocesanas de Zamora, que este año tendrán como tema “A los 50 años”. En el contexto del Año de la Fe, en el que la Iglesia universal conmemora el cincuentenario del Concilio Vaticano II y el vigésimo aniversario del nuevo Catecismo, la Diócesis de Zamora ha programado sus Jornadas anuales fijándose en esta importante efeméride.

Acudirán a la capital tres ponentes para abordar diversos temas en torno al Concilio y al desafío actual de la nueva evangelización. La sede de las Jornadas será el salón de actos del Seminario San Atilano – Casa de la Iglesia, y tendrán lugar del miércoles 30 de enero al viernes 1 de febrero a las 20 horas. La entrada será libre hasta completar el aforo.

El miércoles 30 inaugurará las Jornadas el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, y a continuación intervendrá el primero de los ponentes, el teólogo zamorano Eloy Bueno de la Fuente, con una conferencia titulada “Una nueva evangelización”. Eloy Bueno, natural de Casaseca de Campeán, es catedrático de Teología en la Facultad de Teología del Norte de España (sede de Burgos) y autor de numerosos libros y artículos.

El jueves 31 será el turno del periodista José Luis Restán Martínez, adjunto a la presidencia de la cadena COPE, cuya ponencia lleva el título “Emergencia educativa y nueva evangelización”. Restán dirige actualmente en COPE los programas “El Espejo” y “La linterna de la Iglesia”.

Por último, el viernes 1 de febrero el ponente será Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, y disertará sobre la “Imagen de la Iglesia en el mundo desde la Gaudium et spes”, acercándose a esta constitución pastoral del Concilio Vaticano II.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Ricardo Blázquez: “vayamos a los documentos del Concilio Vaticano II con esperanza”


Hoy se ha inaugurado en Zamora el curso de la formación permanente del clero. Tras el rezo de la Hora Intermedia, el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, dio una conferencia sobre el L Aniversario del Concilio Vaticano II, llamando a leer y trabajar sus documentos “no con euforia, sino con esperanza, en un momento en el que nuestra esperanza está siendo probada”.

Zamora, 27/09/12. Esta mañana ha tenido lugar en el salón de actos del Seminario San Atilano de Zamora la inauguración del curso 2012/13 de la Formación Permanente del Clero. Como viene siendo habitual, se adelanta unos días al inicio del Curso Pastoral diocesano, y es la primera gran reunión de todos los sacerdotes de la Diócesis de Zamora.

En esta ocasión el encargado de abrir el curso ha sido Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, que ha pronunciado una conferencia sobre el Concilio Vaticano II, con motivo del quincuagésimo aniversario de la apertura de este importante acontecimiento eclesial.

Tras la presentación y el agradecimiento por parte del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, el arzobispo de Valladolid comenzó dirigiéndose a los sacerdotes presentes con “afecto y gratitud por vuestro servicio pastoral y vuestra dedicación”, que “junto con muchas  cosas positivas, también trae consigo bastantes sufrimientos pastorales”.

Memoria histórica y gratitud

“El 11 de octubre es un día memorable para la Iglesia contemporánea por diversos factores. Es un día que debemos recordar con gratitud ante Dios”, afirmó monseñor Blázquez, que continuó diciendo: “para ese día Juan XXIII fijó la apertura solemne del Concilio. Y también Juan Pablo II eligió ese día para presentar el Catecismo de la Iglesia Católica en 1992”. Por último, añadió el ponente, “el 11 de octubre comenzará el Año de la Fe convocado por Benedicto XVI”.

El contexto en el que ha sido convocado este Año de la Fe “podemos llamarlo, en algunas latitudes con más gravedad que en otras, de crisis de fe”. Junto con la convocatoria del Sínodo de los obispos que trabajará el tema de la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, se trata de “efemérides que reclaman toda nuestra atención”.

Y el prelado se preguntó: “¿cómo afrontar el legado del Concilio Vaticano II, 50 años después?”. Recordó la importancia de los diversos documentos emanados de la asamblea conciliar, comenzando por la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, y poniendo algunos acentos en los decretos más destacados: sacerdocio, vida consagrada, laicado, ecumenismo, etc.

Ricardo Blázquez señaló la importancia del Sínodo celebrado en 1985 como “el ejercicio de una responsabilidad”, al revisar la recepción y aplicación de los principios conciliares, con un documento final que suponía un relanzamiento del Concilio. Otro momento importante fue el libro-entrevista del cardenal Joseph Ratzinger y Vittorio Messori Informe sobre la fe, pulsando la actualidad de la Iglesia.

El sínodo de 1985 “proporcionó las tres claves de lectura de los documentos del Concilio: la Iglesia como misterio (pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Espíritu), la Iglesia como comunión y la Iglesia como misión”. A la luz de este sínodo, ¿cómo leer hoy el Concilio Vaticano II? Debe ser, como señalan los Papas, “la brújula de la Iglesia para nuestro tiempo”.

Claves de lectura: confianza y lealtad

La primera clave que ofreció el arzobispo de Valladolid fue: “vayamos a los documentos del Concilio con confianza. A veces ha habido disgustos, malestar… A veces hemos cargado sobre el Concilio cosas que no le corresponden, y que se deben a nuestro pecado. Tampoco podemos pensar que está superado y que no vale la pena acudir a él”. Y recordó el libro del Apocalipsis: “vayamos a los documentos del Concilio con la confianza de encontrar también mucho de lo que el Espíritu dice a nuestras Iglesias”.

Por eso, “además de leerlo con una hermenéutica correcta, tenemos que verlo con una perspectiva creyente”. Y añadió: “nos encontramos en una situación de mayor serenidad para leer los documentos del Concilio, estamos menos inquietos. Espero que no corresponda a una actitud de tirar la toalla, creo que no. Desde una situación eclesial más tranquila y serena, releamos los textos”.

Estamos en un momento en el que “somos conscientes de la debilidad de nuestras Iglesias, somos débiles y no estamos boyantes, así que necesitamos más la ayuda del Señor”. Desde aquí, afirmó el ponente, “hay que hacer una lectura del Concilio de otra manera, una lectura leal y detenida de los textos. Cuando digo leal quiero decir: leamos todo, no hagamos selecciones arbitrarias, no vayamos con prejuicios infundados”.

Leerlos en su espíritu

“Hay textos a los que tenemos que ir a ellos una y otra vez, y estos documentos son dignos de ser leídos por todos”, señaló Ricardo Blázquez. Y continuó diciendo que “hay que leerlos en el espíritu que los anima; por ello hay que leer los discursos de los Papas en los momentos de apertura y de clausura de las sesiones, o en la promulgación de los documentos”. Estas palabras de los Papas transmiten un espíritu concreto, que es necesario conocer.

Hay que recordar también cuáles fueron los objetivos del Concilio, y que ya aparecen en las primeras palabras del primer documento aprobado, la constitución Sacrosanctum concilium: “la renovación de la vida cristiana, el aumento de la fidelidad, la reforma de las instituciones sometidas a cambio histórico, etc.”. De hecho, no había problemas graves o degradación y relajación serias en la vida de la Iglesia, ni herejías que hicieran necesaria la convocación de un concilio como había sido costumbre en la historia.

“La reforma litúrgica fue lo más llamativo de la reforma conciliar”, reconoció Ricardo Blázquez, y sobre todo en la eucaristía. Pero hay que “excluir la pretensión de que el Concilio fuera un comienzo absoluto”. Es un Concilio en la continuidad de la Iglesia (“la Iglesia no comenzó en 1962”, dijo el ponente). Ni ha introducido la ruina, ni nos ha abierto a un mundo totalmente nuevo que nos aleja de lo anterior. “De la Iglesia no nos gusta todo, pero es nuestra familia”, señaló.

Releer el Concilio con esperanza, no con euforia

Fue ciertamente un Concilio de reforma, muy importante en la historia de la Iglesia, “y nos cuesta trabajo digerirlo”. Forma parte de nuestra historia: “¿qué sería de nuestra Iglesia sin el Concilio?”. Fue convocado según el designio del Señor en el momento en el que lo necesitábamos.

Todos los documentos conciliares fueron aprobados por un 98,5 % de media de los asistentes, cuando eran 2.500 obispos. No puede hacerse, entonces, una lectura de enfrentamiento de dos posturas encontradas en el Concilio. “En el Concilio se dio el consenso eclesial, nadie puede decir que allí pasaran la apisonadora”, afirmó el ponente.

En aquel momento “se respiró en general un clima de euforia eclesial, una esperanza entusiasta”, aunque para algunos fuera de inquietud y de aprensión. Sin embargo, hoy necesitamos “releerlos no con euforia, sino con esperanza, en un momento en el que nuestra esperanza está siendo probada”. También tenemos que tener la capacidad de “rehacernos de los fracasos, personales o apostólicos”.

Novedad de Gaudium et spes

La constitución pastoral Gaudium et spes, explicó monseñor Blázquez, “es un ‘novum’ en la historia de la Iglesia, porque tiene como destinatarios no sólo a los católicos, sino también a todos los hombres de buena voluntad, por lo que la hermenéutica de este documento es diferente a la de Lumen gentium. No sólo procede a la luz de la revelación, sino que escucha también las voces presentes, los signos de los tiempos. Y estos signos también son movedizos”.

El arzobispo de Valladolid también comentó los otros documentos conciliares más importantes, y llamó a los sacerdotes zamoranos a “tomar en serio la formación permanente de este curso, centrado en el Concilio Vaticano II, para que esto ayude a nuestro trabajo apostólico”.