jueves, 6 de mayo de 2010

Zamora celebra el sábado el XXVII Día del Monaguillo


El próximo sábado 8 de mayo, el Seminario San Atilano acogerá la celebración del XXVII Día del Monaguillo, al que acudirán niños y niñas de toda la Diócesis para tener un día de convivencia, de reflexión y de juegos en torno a esta institución.

Zamora, 6/05/10. Volverá a ser una jornada de convivencia, de diversión y de fiesta para los monaguillos que acudirán desde todos los rincones de la Diócesis al Seminario San Atilano, que es la institución que, junto con el Secretariado Diocesano de Pastoral Vocacional, ha organizado el XXVII Día del Monaguillo.

Aunque en menor cantidad que antes, por la disminución de la natalidad y de la población infantil sobre todo en los núcleos rurales, sigue habiendo un buen grupo de niños y niñas que ayudan a los sacerdotes en la liturgia de las parroquias. Esta jornada es una ocasión de reconocimiento y agradecimiento por parte de la Iglesia, que les propone también pararse a pensar sobre la vocación.

A las 11 horas comenzará la acogida en el patio del Seminario, y serán los alumnos de este centro los encargados de inscribir a los participantes. A continuación, a las 11,30 horas tendrá lugar un encuentro de oración en la iglesia de San Andrés. El resto de la mañana se dedicará, en primer lugar, a una proyección de tres mini-documentales “para trabajar la vocación desde la dimensión humana, cristiana y de respuesta específica”, y que comenzará a las 12 horas.

Además, a las 13,15 horas habrá una mesa redonda de experiencias titulada “Pon un cura en tu vida”, con la intervención de un sacerdote, una joven responsable de monaguillos, una madre de monaguillos y de sacerdote, y una religiosa Sierva de San José.

Después de la comida de bocadillo, a las 15,30 horas comenzará la gymkhana de juegos, que terminará a las 17 horas con la entrega de medallas y un helado para los monaguillos y sus acompañantes (párrocos, catequistas, monitores y padres).

miércoles, 5 de mayo de 2010

La Virgen de Trabazos convoca a una veintena de pueblos


El próximo 8 de mayo, la localidad alistana de Trabazos celebrará la romería de la Virgen de la Soledad, con la eucaristía presidida por el obispo a las 12,30 horas. Este año, por caer en sábado, congregará las imágenes procesionales de una veintena de pueblos de la zona, también de Portugal. Por otra parte, el domingo 9 se celebrará otra romería de carácter hispanoluso, la Petisqueira, que honra a la Virgen de Fátima y contará esta vez con la presencia de los obispos de Zamora y Braganza.

Zamora, 5/05/10. El próximo 8 de mayo, Trabazos volverá a celebrar la popular romería en honor de la Virgen de la Soledad. Cuando tiene lugar en sábado, como ocurre este año, hay costumbre de que acudan al encuentro religioso y festivo los devotos de las localidades circundantes. Una veintena de pueblos harán de la romería una reunión internacional, que unirá a los habitantes de la tierra de Aliste y de Tras Os Montes.

La procesión se iniciará en el pueblo, con la presencia de las imágenes de la Virgen María y de los santos veneradas en Trabazos, y se dirigirá, acompañada por las imágenes de las otras localidades, hacia la ermita, donde el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, presidirá la eucaristía a las 12,30 horas.

El origen de la rogativa responde al voto y concordia que hicieron en 1714 los pueblos de Sejas, Rábano y Viñas para invocar las lluvias, según se lee en el folleto explicativo de la fiesta.

Por otro lado, al día siguiente se celebrará otra romería en la zona, pero con menos tradición, ya que se originó en 1982. Se trata de la fiesta que reúne a los devotos de la localidad zamorana de Villarino de Manzanas y a los del pueblo portugués de Petisqueira, que honrarán a la Virgen de Fátima.

La eucaristía festiva, que se iniciará también a las 12,30 horas en el santuario de la Virgen de Fátima, después de salir en procesión desde la iglesia parroquial de Villarino, contará con la presencia del obispo de Zamora y del obispo de Braganza, Antonio Moreira Montes.

lunes, 3 de mayo de 2010

El domingo 9 se celebra la Pascua del Enfermo


El próximo domingo 9 de mayo es la Pascua del Enfermo, y en la Diócesis de Zamora esta celebración contará con dos actos principales: una conferencia del religioso camilo Francisco Álvarez el martes 4, y la celebración comunitaria de la unción de los enfermos el domingo 9.

Zamora, 3/05/10. El Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud vuelve a organizar, un año más, los actos en torno a la Pascua del Enfermo, que se celebra el VI Domingo de Pascua, el próximo 9 de mayo.

Conferencia

El martes 4 tendrá lugar una conferencia titulada “El evangelio de la salud en una sociedad plural”, a cargo de Francisco Álvarez, superior provincial de los religiosos camilos. Será en el Salón de Actos de Caja Duero, en el marco de la programación cultural del Club La Opinión-El Correo de Zamora.

Francisco Álvarez hablará sobre la vivencia de la salud y la enfermedad en la sociedad actual, analizando sus características y patologías, además de un diagnóstico de cómo se viven hoy estos fenómenos. En este contexto, presentará la acción pastoral de la Iglesia como “la oferta de una salvación terapéutica y saludable”.

Orensano nacido en 1944, el ponente es licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, y licenciado en Teología por la Universidad de Deusto. Actualmente es el superior provincial de la Orden de Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos) en España. Ha sido profesor en dos centros académicos romanos, y ahora imparte docencia en el Centro de Humanización de la Salud de Tres Cantos (Madrid).

Eucaristía y unción

El centro de la Pascua del Enfermo lo constituirá la eucaristía que tendrá lugar el próximo domingo 9 a las 20 horas en la iglesia de San Andrés. En ella, un grupo de enfermos celebrarán el sacramento de la unción en forma comunitaria.

domingo, 2 de mayo de 2010

El logotipo verdadero


AGUSTÍN MONTALVO FERNÁNDEZ

Domingo V de Pascua – Ciclo C

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 31-35)

Cuando una frase se repite mucho corre el riesgo de trivializarse y quedar reducida únicamente a eso, a una frase. Algo de esto le ha ocurrido al mandato nuevo que hoy nos trasmite el evangelio.

Lo hemos oído y dicho tantas veces que ya no nos sorprende ni nos inquieta. Sin embargo es central en el mensaje de Jesús que lo proclama en la hora definitiva de la despedida, cuando no es momento de trivializar, y que lo repite hasta tres veces en su discurso como elemento destacado de su testamento.

Hablar de mandamiento nos sugiere la idea de ley, y ésta es otra fuente de degradación del mensaje. La ley denota obligación mientras que el amor cristiano implica necesidad. El gran exegeta protestante J. Jeremias distingue entre ley y evangelio: «La ley pone al hombre ante sus propias fuerzas y le pide que las use hasta el máximo; el evangelio sitúa al hombre ante el don de Dios y le pide que convierta de verdad ese don inefable en fundamento de su vida». El mandamiento nuevo no es ley, sino evangelio, buena noticia.

El amor que Jesús pide a los suyos es una verdadera novedad. No sólo porque el odio, el egoísmo, la violencia, la indiferencia? son cosas viejas que no regeneran el mundo, más bien lo vuelven caduco, sino que la novedad viene también por el modo de ese amor. Ya los profetas del Antiguo Testamento habían reclamado con exigencia el amor a los extranjeros y hasta a los enemigos, pero Jesús añade «como yo os he amado», ésa es la novedad. Para él el amor no fue una ética a secas, sino una forma de ser que se visibilizó en su vida. El Dios Amor se hizo presencia viva en él de manera patente. Amó a los necesitados compartiendo su suerte, perdonó a los pecadores, animó a los decaídos, curó a los enfermos compadeciéndose de y con ellos, defendió a los débiles exponiéndose a la injusticia de los fuertes, denunció toda injusticia sin ser injusto con nadie. El amor de Jesús tiene siempre la iniciativa, no es respuesta a mérito alguno, fue y es un amor gratuito? hasta la muerte.

Y este amor es el distintivo de quienes quieren ser sus discípulos. Es muy importante para un cristiano mantener la ortodoxia de su fe y manifestarla públicamente en celebraciones litúrgicas o expresiones populares?, pero el marchamo de su denominación de origen será el amor, que se convierte en el contraste de todo lo demás.

Vivir esto parece, y lo es, una utopía, pero no un ensueño ilusorio, porque posee dinamismo suficiente para intentar caminar tras ella. Muchos en la historia ya lo han hecho y nos animan. Si los cristianos nos tomamos esta verdad en serio se irán haciendo reales «los nuevos cielos y la nueva tierra» que hoy también anuncia el Apocalipsis.

La Opinión-El Correo de Zamora, 2/05/10.

Apostarlo todo


ÁNGEL CARRETERO MARTÍN

Si en otras ocasiones he reflexionado en esta columna sobre la riqueza humana de la dimensión vocacional de la persona, hoy deseo subrayar algo importante de la originalidad de la vocación cristiana.

Para ello quiero empezar señalando que la Iglesia («pueblo de llamados») no es como un campo llano y uniforme sino como un jardín repleto de flores diversas que ofrece a la vista un precioso paisaje, un recinto de paz y acogida para todos. Así es como matrimonios y célibes, religiosos-as de vida activa y contemplativa, misioneros en los países subdesarrollados, laicos comprometidos en la sanidad, educación, política, medios de comunicación, etc., todos están llamados a vivir su vocación específica en favor de la felicidad de todos los que formamos el cuerpo de la Iglesia, la gran familia de Dios. Como tal familia deseamos y procuramos que sus hijos reconozcan en ella y a través de ella la llamada que les viene de Dios; y que, al acogerla y realizarla generosamente, despierte nuevas vocaciones.

Ahora bien, a menudo sucede que es tan habitual casarse, conseguir un buen trabajo, tener hijos, ascender en la escala laboral, etc., que podría llegar a convertirse en el único centro de interés con el peligro de poder llegar a ser tan absorbente que haga olvidar otros valores más importantes como el sentido de la existencia y de la vocación cristiana, el protagonismo que Dios tiene en nuestra vida, el significado de los valores humanos y cristianos. Por eso, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa) tienen la hermosa misión de ser heraldos de esta memoria viva, recordando a todos el objetivo al que tendemos en la vida.

Que seamos menos en número no significa en modo alguno que nos sintamos mejores, peores o más héroes que la gran mayoría que no se decide por una vida de especial consagración. Tampoco es la necesidad de sacerdotes o religiosas la clave de la «lógica» vocacional, sino la convicción de que la existencia tiene un sentido pleno, que nos lo podemos apostar todo por Dios: el único que nos garantiza la victoria en esta partida de la vida, el único que responde a todos nuestros interrogantes, el único que satisface plenamente todas nuestras necesidades y afectos.

Todos reconocemos humildemente debilidades y miserias, pero con la misma sinceridad de corazón hay que decir que Dios es lo mejor que nos ha pasado en la vida, que sentirse amado por Él y amarle en la entrega a los demás nos hace crecer en libertad y en la confianza de que, a pesar de los tropiezos, merece la locura de haberle consagrado la vida.

La Opinión-El Correo de Zamora, 2/05/10.

El Señor es bueno, su fidelidad por todas las edades


NARCISO-JESÚS LORENZO

Domingo IV de Pascua – Ciclo C

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10, 27-30)

Este IV Domingo de Pascua es conocido como «Domingo del Buen Pastor». Una imagen, la del pastor, de la que nuestra cultura urbana está cada día más distante, pero de la que cada individuo está, también, cada día más necesitado. No sabemos ya casi qué es un pastor, ni una oveja o un cordero, pero el contenido de estas palabras de Jesús todos lo pueden entender: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna». Si leemos los evangelios seguidos y si lo hiciéramos habitualmente, comprenderíamos lo que esto significa. Jesús, entonces y ahora, se dirige a todos, aunque no todos le escuchan, unos porque «andan a lo suyo» y otros porque no pueden soportar ni oír hablar de él. Como entonces, se repite la advertencia recogida en los Hechos de los Apóstoles: «¿No os habíamos prohibido hablar en nombre de ése?». Pero a los que le escuchan y creen en él, como dice el prólogo del evangelio de san Juan, «les da el poder ser hijos de Dios».

La voz del Señor se proclama de muchas maneras, pero sobre todo para la mayoría, en la liturgia. Y pide hacer realidad aquello de «voy a oír Misa». Sí, sí. Esta expresión tan denostada dentro, dice mucho. Es necesario acudir a la Eucaristía con la intención de oír. «Mis ovejas escucharán mi voz». Si un cristiano no oye la voz de Jesús, no siente que el Señor se dirige a él, irá a misa por un tiempo y dejará de hacerlo a la menor oportunidad. Como María en el huerto del sepulcro también nosotros, en medio de la confusión, de las dudas, de nuestra vida más o menos complicada, podemos oír al Señor que nos llama por nuestro nombre. Nuestra respuesta, mientras nos quede fe, debería ser la de aquel muchacho llamado Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». A lo que el Señor contestará: Yo te conozco. Son muchos los episodios de la Biblia en que oímos decir a Dios o a Cristo: «Yo te conozco» y en los que descubrimos que conocer significa algo más que «saber de alguien». Entre nosotros, muchas veces, quiere decir sospechar de alguien. Para Dios significa sobre todo: te quiero, y en el evangelio de este domingo: «Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano».

A nuestra cultura le es difícil aceptar estas palabras de Jesús, a muchos nos puede pasar que reaccionemos diciendo como aquella mujer de Samaria: ¿Cómo te atreves a meterte en mi vida? Pero desgraciadamente está más que comprobado que a la autosuficiencia le acompaña un gran vacío existencial. Y, en medio de todo esto, se presenta el Resucitado, que vencedor de la muerte sí que puede ser el Buen Pastor para ocuparse de todos y del que nosotros decimos a los que quieran escuchar: «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas la edades».

La Opinión-El Correo de Zamora, 25/04/10.

Enjugará las lágrimas de sus ojos


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

Tenemos a Jesús donde siempre, con sus discípulos y a las orillas del lago de Genesaret, hablándoles de un rebaño que hay que cuidar y defender, guardar y proteger. Ninguna dificultad hay en retomar la estela del pasado domingo y lo de Jesús a Pedro: «apacienta mis ovejas», «apacienta mis corderos». Jesús se define a sí mismo como el pastor, el buen pastor de las ovejas. Tanto la imagen de la barca del pasado domingo como la del pastor de ahora nos acercan sin querer a la figura del Papa a los cinco años de su pontificado. El Semanario Católico de Información «Alfa y Omega» del pasado 15 de abril dedicaba el número, nada menos que trece artículos, a Benedicto XVI. «Cinco años de entrega y de servicio» era el título en portada; en la última página un artículo titulado «Contra viento y marea». La barca de Pedro sigue capeando temporales. No han sido fáciles estos cinco años, entre otras cosas porque los tiempos y circunstancias tampoco lo son, ni dentro ni fuera del redil, ni en la barca ni fuera de ella, en el bien entendido de que tanto «barca» como «redil» identifican a la Iglesia. Triste aniversario para Benedicto XVI tomado como cabeza de turco, vapuleado por la malevolencia de informadores y Medios para los que lo verdaderamente importante no es la verdad sino los efectos resultantes de decir tal cosa u otra.

He leído y subrayado la Carta Pastoral de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda a razón de «los abusos de niños y jóvenes por parte de miembros de la Iglesia». El Papa escribe esta Carta «como un pastor preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios» y se ve dividido entre dos vertientes, los ofensores porque son de casa y los ofendidos en razón serlo. Dureza e inflexibilidad en el tratamiento porque son muchas las cosas que crujen, desde el respeto y consideración de los extraños a la fidelidad de los de dentro. Una Carta Pastoral dura en los términos y en las exigencias, que bien podría resumirse en línea y media: «Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios».

No puede el Papa «sacudirse el polvo de los pies» como Pablo y Bernabé al salir de Antioquia de Pisidia. ¿Cómo descolgarse de una Iglesia, la de Irlanda, de una jerarquía, de unos sacerdotes y fieles quien en primera persona ha oído aquello de «apacienta mis ovejas»?, ¿cómo desentenderse de los «perdidos» quien ha recibido el encargo de dejar las noventa y nueve en el redil y salir en busca de la descarriada? En este misterio permanente de pasión y de resurrección al creyente le toca hacerse creíble; Benedicto XVI se sabe a su vez acompañado por la oración de la Iglesia y por una decisión tomada bajo la mirada de ese Dios que «puede enjugar las lágrimas de sus ojos» (Apoc. 7,17).

La Opinión-El Correo de Zamora, 25/04/10.