lunes, 15 de marzo de 2010

Zamora celebra esta semana la campaña del Día del Seminario



El próximo domingo 21 de marzo se celebra en la mayoría de las Diócesis españolas el Día del Seminario. Con el lema “El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”, tiene lugar en Zamora una campaña en la que destacan tres actos principales: una conferencia del conocido sacerdote y escritor José Pedro Manglano, una vigilia de oración por las vocaciones y la eucaristía presidida por el obispo.

Zamora, 15/03/10. Como ya es tradición, en torno a la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María, en muchos lugares se celebra el Día del Seminario. También lo hace la Diócesis de Zamora, realizando una campaña en torno a una institución tan importante que ha llegado a ser denominada “el corazón de la Diócesis”.

En esta ocasión, el Día del Seminario se celebrará el próximo domingo 21 de marzo, el más próximo a la festividad de San José. Con este motivo, desde el Seminario Diocesano “San Atilano” se han preparado una serie de actos que sirvan como campaña de sensibilización, conocimiento y ayuda a esta realidad central de la Iglesia en Zamora.

La primera convocatoria es la conferencia que, con el título “El código de barras del cristiano”, dará el sacerdote y escritor José Pedro Manglano, el próximo martes 16 de marzo a las 20,30 horas en el Salón de Actos de Caja Duero (enmarcado en las actividades culturales del Club La Opinión-El Correo de Zamora).

Manglano es Doctor en Teología y autor de varios libros que gozan de gran popularidad, como Dios en on, Dios en off, Vivir con sentido, El libro de la misa, El libro de la confesión, ¿Se puede aprender a sufrir? y un largo etcétera. Es el director del sello Planeta Testimonio de la Editorial Planeta, pertenece al Consejo Asesor del Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia, y es profesor y capellán de la Facultad de Ciencias de la Información del Centro Universitario Villanueva (de la Universidad Complutense de Madrid.

El jueves 18 tendrá lugar la tradicional vigilia de oración por las vocaciones sacerdotales, que presidirá el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán. Será en la iglesia de San Andrés a las 20,30 horas.

Durante los dos días siguientes habrá diversas actividades para los alumnos del Seminario Menor y sus familias, habida cuenta de que se trata de la fiesta del centro educativo. El sábado 20 habrá una Jornada de Puertas Abiertas, con visitas guiadas por los propios alumnos, con el siguiente horario: 11, 12, 13, 18 y 19 horas.

El acto principal será la eucaristía del Día del Seminario, que presidirá el obispo en la iglesia de San Andrés el domingo 21 a las 12 horas, concelebrada por los rectores del Seminario Mayor y el Seminario Mayor, además de los demás formadores y colaboradores del centro. Después de una comida festiva en la que participarán formadores, alumnos y familiares del Seminario, su salón de actos acogerá el festival de teatro y música protagonizado por los alumnos del centro a las 17 horas.

El domingo se tendrá un recuerdo especial para el Seminario en todas las parroquias de la Diócesis, que ya han recibido los materiales de comunicación de la campaña para urgir a la oración por las vocaciones sacerdotales y el Seminario diocesano, y donde se realizará una colecta especial para las necesidades del Seminario.

El Seminario de Zamora, hoy

En su carta pastoral para el Día del Seminario 2010, el obispo Gregorio Martínez Sacristán reconoce que “la actual situación vocacional para el ministerio sacerdotal en nuestra Diócesis es de extrema carencia de candidatos”. Se trata de una preocupación compartida por toda la Diócesis, que quiere empeñarse de una forma especial en la promoción de las vocaciones sacerdotales.

El Seminario Mayor cuenta con un alumno, Santiago Martín, que está finalizando sus estudios de licenciatura en la Universidad Pontificia de Salamanca. En una colaboración publicada esta misma semana por el semanario religioso Vida Nueva, destaca la alegría de una vocación que le ofrece “un abanico de posibilidades de transmitir el evangelio a los otros, desde la oración, la escucha o la ayuda a los olvidados de la sociedad”.

Por otro lado, el Seminario Menor tiene este curso 53 alumnos, que estudian en el conocido edificio de “San Atilano” la Educación Secundaria Obligatoria, además de algunos que cursan fuera del centro el Bachillerato pero siguen participando de la formación que les ofrece el Seminario. Ellos son los protagonistas de esta institución, como señalaban sus formadores, Miguel Ángel Hernández (rector) y Florentino Pérez, en el último número de la hoja diocesana Iglesia en Zamora: “lo verdaderamente importante son los chavales que dentro de él van madurando en la vida de fe para responder a una llamada concreta y personal”.

Estos dos sacerdotes encargados del acompañamiento integral a los adolescentes que forman el Seminario explican que hay tres tipos de alumnos, según la situación de cada uno: “unos que residen internos; otros que participan en todas las actividades, pero que viven con sus familias; y otros que sólo asisten a las clases”.

Se trata, por tanto, de un centro educativo que tiene como primera finalidad la formación de posibles candidatos al sacerdocio, pero abierto también a todos los chicos que participen de su espíritu educativo; un centro diocesano para el que pronto se abrirá el período de inscripciones para el próximo curso.

Los sacerdotes, testigos de la misericordia de Dios


Carta pastoral del obispo en el Día del Seminario 2010

Muy estimados hermanos en el Señor Jesucristo:

Coincidiréis, todos vosotros, conmigo en que el mejor modo de celebrar el presente Año Sacerdotal, que con toda la Iglesia estamos viviendo, sería compartir el gozo de una Ordenación de Sacerdotes para nuestra Iglesia de Zamora. Pero como supondréis no tendremos la dicha de recibir esta alegría durante todo este Año Sacerdotal, ya que como bien conocéis la actual situación vocacional para el ministerio sacerdotal en nuestra Diócesis es de extrema carencia de candidatos.

Esta constatación de la gran penuria vocacional de nuestra Iglesia me sirve de motivación para ayudaros a comprender la importancia del Día del Seminario que celebraremos el próximo domingo, 21 de marzo, en toda nuestra Diócesis.

Para la Jornada de este año se ha elegido un sugerente lema: “El Sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”, que nos invita a reconocer la relevante misión de los sacerdotes para el crecimiento de la vida de la Iglesia y el bien de toda la sociedad.

Gracias a Jesucristo se nos ha desvelado la misericordia de Dios. Así, en sus palabras, sobre todo en muchas de sus parábolas, como en sus actitudes y comportamientos ha testimoniado que Dios es misericordioso con todos los hombres. Reconocemos que Jesús es la encarnación más plena del Padre misericordioso que se ha acercado al hombre en su real situación de debilidad, fragilidad y pecado para acogerlo amorosamente y ofrecerle el abrazo de su amistad, fortaleza y perdón. En este sentido resulta muy alentador durante la Cuaresma escuchar los emotivos relatos evangélicos, en especial del evangelista San Lucas, que nos recuerdan la permanente misericordia de Dios que en Jesús se ha hecho don accesible a todo hombre.

Jesucristo ha querido prolongar su anuncio de la divina misericordia y su actuación abundantemente misericordiosa a través de su Iglesia, a la que ha encomendado que prosiga testimoniando que Dios es Padre rico en misericordia que busca solícito y espera compasivo a todo hombre, reconocido como hijo suyo.

Comprendemos que esta actitud de la misericordia, tan característica y constante en la vida de Jesús, se haya de reflejar en la vida de quienes han recibido la encomienda de hacer presente su misión reconciliadora como servidores y pastores de su Iglesia, los Sacerdotes. Por eso con razón los llamamos: “testigos de la misericordia de Dios”.

Los sacerdotes, como todos los cristianos, primero han sido destinatarios y receptores de la misericordia de Dios. En su experiencia creyente han descubierto la inmensa e inmerecida misericordia que el Padre Dios ha tenido con ellos, que, a pesar de su debilidad, los ha llamado, consagrado y enviado, y les sigue confiando la misión. Por el ministerio de los sacerdotes, Dios hace llegar su misericordia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, por eso debemos apreciarlos y considerarlos como “testigos” del amor misericordioso de Dios que en ellos se hace cercano y visible. De modo que la infinita misericordia de Dios se nos ofrece a través del ministerio sacerdotal en las diversas dimensiones que integran su labor pastoral. Así, en el anuncio de la Palabra nos presentan el rostro misericordioso del Padre Dios. Mientras en la celebración de los Sacramentos hacen presente el amor misericordioso de Cristo, repartiéndonos su Cuerpo eucarístico y administrándonos su Perdón en la Penitencia. Y en el servicio de guiar la comunidad cristiana, impregnados de actitudes de misericordia, están animando y estimulando a todos a ejercitar la misericordia en los comportamientos y relaciones de la vida cotidiana.

Sabemos que los sacerdotes van disminuyendo y que las vocaciones son escasas, por lo que podemos vernos privados de los testigos que nos presentan y muestran la misericordia de Dios, quedándonos sin poder experimentar una realidad tan necesaria.

Celebrar el Día del Seminario nos plantea nuestra real preocupación por el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales, que en nuestra Diócesis constituye, así lo he señalado ya reiteradamente, el “problema” más importante del momento presente.

Que se susciten vocaciones sacerdotales, o sea, que existan alumnos en nuestros Seminarios, Mayor y Menor, debe convertirse en una prioridad para toda nuestra Iglesia Diocesana, un objetivo que nos interese y movilice a todos y cada uno de los cristianos. Por eso celebrar el Día del Seminario debe ser un impulso para que cada uno de los católicos zamoranos se plantee cuál es su implicación presente en la promoción de nuevas vocaciones y cómo debe y puede acrecentar su responsabilidad en este cometido que corresponde y afecta a toda la Iglesia.

Debemos reconocer que las diversas iniciativas que se promueven para ayudar a descubrir y acompañar las semillas de vocación en cristianos de nuestras comunidades, encuentran una respuesta escasa; por eso os exhorto a que todos nos sintamos interpelados a desarrollar una más intensa pastoral vocacional expresamente sacerdotal.

Los sacerdotes podemos sentir como un compromiso de este Año Sacerdotal la solicitud por suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, poniendo todo el empeño posible por animar y proponer nuestro ministerio a quienes percibamos puedan estar llamados.

También en la catequesis se debe potenciar el conocimiento y la presencia del sacerdote con los niños y adolescentes que se inician en la fe, así como en la educación religiosa escolar se ha de presentar de modo atractivo y positivo el ministerio sacerdotal.

Las familias cristianas favorecerán que alguno de sus miembros reciba la llamada al sacerdocio y los padres han de disipar los reparos para que sus hijos puedan acoger la posible vocación, ayudándoles a descubrirla y a responder con libre decisión.

Por supuesto que la pastoral vocacional debe de poner énfasis en la plegaria por la suscitación de nuevas vocaciones, que este Año Sacerdotal tenemos la oportunidad de realizar más abundantemente en toda la Diócesis. Así, debe ser una constante en nuestras parroquias, comunidades religiosas y grupos cristianos presentar nuestra oración al Padre para que germine nuevas vocaciones sacerdotales en nuestra Iglesia, y también rogar asiduamente por nuestros queridos Seminarios y cada uno de nuestros seminaristas. De este modo conjuntamente dirigiremos nuestra petición a Dios para que tenga misericordia de nuestra Iglesia y nos bendiga con vocaciones al sacerdocio.

Confío a la intercesión de San José y San Juan-María Vianney las tan anheladas vocaciones sacerdotales y la vida de nuestros Seminarios.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

sábado, 13 de marzo de 2010

Caminar hacia el perdón


FRANCISCO GARCÍA MARTÍNEZ

Domingo IV de Cuaresma – Ciclo C

“Derrocho su fortuna viviendo perdidamente” (Lc 15, 1-3.11-32)

Cuánto discurso fácil, cuánto sentimentalismo hemos gastado al hablar de esta parábola del hijo pródigo. Pero, como en tantas ocasiones, en las palabras de Jesús el cordero viene vestido con piel de lobo y hay que resistir el miedo que produce de inicio. Intentaré explicarme. Hay una manera fácil de hablar del perdón de Dios que no nos deja mirar de frente nuestro pecado, percibir el peso de su maldad y de su acción corrosiva en nuestro interior y en el mundo. Sería como el que va tomando un analgésico para no enfrentarse con un dolor porque le asusta pensar que provenga de una afección seria y va dejando, al negarla, que ésta se apodere de él.

Pero la parábola, por más que hable de la misericordia de un Dios siempre dispuesto al perdón, lo que describe es la dificultad que tenemos para acogerlo en nosotros mismos, porque es realmente difícil volver incluso conociendo la voluntad de acogida del padre. Es necesario pasar por un camino de humillación personal, de reconocimiento de que no tenemos justificación en nuestro pecado, un camino de vergüenza, un camino de lucha contra nuestra propia tendencia a solucionar nuestros errores huyendo hacia adelante. Volver no es estar ya delante del padre. Al principio se le siente sólo como un juez, y esto es lo normal y lo bueno, porque es lo que nos hace percibir que nuestro pecado tiene la seriedad que tiene. Esto sintió el hijo pródigo y esto es lo que le hizo sentir que no tenía derechos ante el padre, que sólo podía agachar la cabeza, que sólo podía aceptar lo que quisiera darle… y lo que le hizo descubrir que su padre nunca había dejado de serlo cuando él no confiaba que lo fuera, y celebrar una fiesta verdadera. Que nadie se extrañe, pues, de que le cueste confesarse y se diga que esto es porque los curas son intransigentes (que desgraciadamente también lo somos de cuando en cuando). Ser perdonado requiere aprender a no exigir el perdón y a aceptar que este es gratuito, que es un regalo indominable, que es un don de vida que nos permite retomar la confianza en nosotros mismos porque alguien confía en nosotros, y esto cuando hemos pecado «de verdad».

Por eso, el camino de la misericordia de Dios va siempre de la mano de la penitencia, no para convencer y arrancar a Dios su perdón, sino de aquella penitencia que supone un volver dolorido y expuesto al juicio de la verdad para que pueda nacer verdaderamente el acto del amor total de Dios sobre nosotros.

La Opinión-El Correo de Zamora, 14/03/10.

Ondas expansivas


JOSÉ ALBERTO SUTIL LORENZO

Cuando uno tira una piedra al agua, ésta provoca ondas expansivas, círculos concéntricos que van ampliando su radio de acción hasta desvanecerse. Entremezcladas con los ritmos del año litúrgico, nuestra Iglesia nos propone diversas Jornadas en las que tomar conciencia sobre realidades eclesiales o aspectos de la misión. El próximo domingo, como cada año por estas fechas cercanas a San José, celebraremos el día del Seminario, bajo el lema «Una vida apasionante. El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios». Pero nos gusta más bien decir «Campaña del Día del Seminario», y eso significa que se organizan una serie de actos con los cuales se pretende tirar esa piedra al agua y provocar ondas expansivas, que desaparecerán normalmente una vez que hayan cumplido su cometido. Utilizando la metáfora del cuerpo -porque el sacerdocio existe como regalo del señor a su Iglesia, que es su cuerpo, y como testimonio para el mundo-, esta Campaña del día del Seminario tiene cabeza, tiene corazón y tiene manos. Empezando por el principio, necesitamos amueblar la cabeza. Por eso, el próximo martes disfrutaremos en Zamora de la presencia de un sacerdote polifacético, José Pedro Manglano, que con su frescura y vitalidad provocará la primera onda expansiva de esta Campaña 2010. Pero también tenemos corazón, y es necesario que lo caldeemos, que lo preparemos, que también le hablemos o le escuchemos. Por eso, el próximo jueves, en la iglesia de San Andrés, estamos todos convocados a la tradicional Vigilia de Oración por las Vocaciones. Somos el pueblo de Dios que se reúne en el nombre del señor para esperarlo todo de él, poniendo de nuestra parte todo lo que podamos. Por último, la cabeza y el corazón -que siempre han de estar conectados- necesitan de quien ejecute pensamientos y obre sentimientos, necesitan manos, las mismas manos que sostienen el ejemplar de la hoja diocesana, o que hacen su aportación económica en la colecta destinada a la formación de los seminaristas, o que cogen la estampa para poder rezar la oración que se nos propone para este día... Pero cabeza, cuerpo y corazón forman un todo, y por eso, esta Campaña del Día del Seminario 2010 y sus ondas expansivas tienen como colofón la celebración del Día del Seminario, con la eucaristía presidida por nuestro padre y pastor don Gregorio, y en la comunión de todas las celebraciones dominicales a lo largo y ancho de nuestra diócesis. «Una vida apasionante», reza el lema de este año. Quiera Dios que la Campaña y sus ondas expansivas logren llegar lejos. Y esto dependerá de todos nosotros. Una vida apasionante. Por tanto, también tú: ¡apasiónate!

La Opinión-El Correo de Zamora, 14/03/10.

Ricardo Blázquez, nuevo arzobispo de Valladolid


A las 12 horas de hoy se ha hecho público el nombramiento de Ricardo Blázquez, actual obispo de Bilbao, como nuevo arzobispo de Valladolid. La Diócesis de Zamora es sufragánea de la Archidiócesis vallisoletana, que ahora ve provista la sede que había dejado vacante el arzobispo anterior, Braulio Rodríguez.

Zamora, 13/03/10. Benedicto XVI ha nombrado a Ricardo Blázquez Pérez, el actual obispo de Bilbao, y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, como nuevo ocupante de la sede vallisoletana, que estaba vacante desde la marcha de Braulio Rodríguez, el pasado mes de junio de 2009, a Toledo.

En el mediodía de hoy se hacía público este nombramiento episcopal, que provee a la Archidiócesis de Valladolid de su nuevo pastor. Como arzobispo metropolitano de Valladolid, Ricardo Blázquez desempeña la dirección de la provincia eclesiástica de la que forma parte la Diócesis de Zamora.

Ricardo Blázquez nació en Villanueva del Campillo (Ávila) en 1942. Ordenado sacerdote de esta Diócesis en 1967, estudió en Ávila y en Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología, lo que le sirvió para ejercer la docencia en la Universidad Pontificia de Salamanca. En 1988 fue nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, obispo de Palencia en 1992, y de Bilbao en 1995. Fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española en 2005, y ocupó este cargo hasta 2008, cuando fue elegido vicepresidente.

¿Qué es una provincia eclesiástica?

Según se lee en el Código de Derecho Canónico (canon 431), “para promover una acción pastoral común en varias diócesis vecinas, según las circunstancias de las personas y de los lugares, y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos, las Iglesias particulares se agruparán en provincias eclesiásticas delimitadas territorialmente”. La preside el arzobispo metropolitano.

Zamora pertenece a la provincia eclesiástica de Valladolid, junto con las Diócesis de Salamanca, Ciudad Rodrigo, Ávila, Segovia y la misma Valladolid.

viernes, 12 de marzo de 2010

La Diócesis de Zamora realiza su campaña anual por la vida


La Diócesis de Zamora participa en estos días de la campaña realizada a nivel nacional por la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Jornada por la Vida, que se celebra todos los años el 25 de marzo. Con el lema “¡Es mi vida!... Está en tus manos”, se han repartido por todas las parroquias de la Diócesis más de 100 carteles y 35.000 dípticos informativos.

Zamora, 12/03/10. El pasado 9 de marzo se presentaron en Madrid los materiales de la Jornada por la Vida del año 2010. Con este motivo, la Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha una campaña de comunicación en favor del derecho a la vida de los que van a nacer.

Con el lema: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”, tiene como objetivos principales seguir dando voz a los que van a nacer para defender su derecho a la vida y ofrecer apoyo real a las mujeres gestantes que se encuentran en dificultades. Desde el 15 al 30 de marzo, se podrán ver los anuncios en 1.300 vallas publicitarias de 37 ciudades españolas. Además, ya se han comenzado a distribuir en las diócesis un total de 6 millones de dípticos informativos y se han enviado 30.000 carteles a las parroquias y centros católicos de todo el país.

En Zamora, la Delegación Diocesana para la Familia y Defensa de la Vida ha comenzado esta misma semana a distribuir los más de 100 carteles y 35.000 dípticos informativos que corresponden a nuestra Diócesis. Según el responsable de la Delegación, Florencio Gago, “desde la Iglesia pedimos que se proteja la maternidad, que las mujeres no pierdan su trabajo a causa del embarazo”.

Cuando se observan prácticas que marginan a la mujer por el hecho de quedarse embarazada, y con la ausencia de ayudas concretas para la maternidad, Gago explica que “los empresarios deben valorar el sentido de la responsabilidad que conlleva el formar una familia. Tener hijos no debe ser un obstáculo para la mujer trabajadora, sino al contrario, un punto más a su favor. Ser madre supone una gran responsabilidad, algo que tiene que ser valorado y reconocido”.

La Iglesia no sólo defiende esto teóricamente, sino que tiene sus consecuencias prácticas. “En España hay más de cien centros o asociaciones de la Iglesia católica que ofrecen ayuda concreta a las mujeres embarazadas con problemas o a las que ya han tenido a su hijo, como los Centros de Orientación Familiar diocesanos. El Centro de Orientación Familiar de Zamora lleva diez años sirviendo a las familias zamoranas, también en este sentido”, señala Florencio Gago, que es también director del COF de Zamora.

En continuidad con la campaña realizada el año pasado “¿Y yo?... ¡Protege mi vida!” (los famosos carteles del bebé y el lince), los carteles de 2010 muestran la vida humana en sus primeros estadios. De este modo, se subraya la presencia en el vientre materno de un nuevo ser humano cuyo derecho a la vida debe ser reconocido y tutelado. Un bebé, en esta ocasión sostenido sobre las manos entrelazadas del padre y de la madre, vuelve a tomar la palabra y exclama: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”.

La nueva ley del aborto, como han señalado los obispos, además de un serio retroceso en la protección legal de la vida de los que van a nacer, supone “un mayor abandono de las madres gestantes”. Por eso, la Campaña ofrece un sitio web donde se puede encontrar abundante información sobre instituciones de ayuda para acoger las nuevas vidas humanas en toda España.

En su mensaje para la Jornada por la Vida del próximo 25 de marzo, los obispos que forman parte de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida señalan que “la responsabilidad que está en las manos de todos, y no solo de los padres, de asegurar el derecho primero y más fundamental que es el del ser humano concebido. En esta responsabilidad compartida, la Iglesia siente la necesidad de ayudar y acompañar a los padres que experimentan angustia ante la noticia de un embarazo”.

Por eso llaman a los católicos “a transmitir una clara esperanza a los padres con dificultades para que sepan que no están solos y que en la Iglesia siempre encontrarán un hogar que les acoge”. E implican a toda la comunidad eclesial en este empeño: “las madres requieren un hogar que les acompañe en el amor y les ayude para recibir el don más precioso y sagrado: la vida de sus hijos. Y este hogar lo pueden encontrar en la Iglesia”.

martes, 9 de marzo de 2010

La Familia Vicenciana celebra en Zamora los 350 años de sus fundadores



En 2010 se cumplen 350 años de la muerte de san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, fundadores de la Familia Vicenciana, que está presente en la Diócesis de Zamora a través de las Hijas de la Caridad y otros movimientos formados por laicos cristianos. El próximo domingo 14 de marzo tendrán su día grande en Zamora con una conferencia en el Colegio Medalla Milagrosa a las 12 horas, y la eucaristía presidida por el obispo en la Catedral a las 17 horas.

Zamora, 9/03/10. En 1660 murieron en Francia san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, fundadores de lo que se ha denominado la Familia Vicenciana, que incluye la congregación religiosa masculina de los Padres Paúles y el instituto femenino de vida apostólica de las Hijas de la Caridad, además de otros movimientos laicales que comparten sus objetivos misionero y caritativo.

Esta efeméride se celebrará de forma solemne en Zamora, donde llegaron las primeras Hijas de la Caridad en 1860, y donde están presentes, además de estas consagradas, los siguientes movimientos de la Familia Vicenciana: la Asociación Internacional de Caridad, la Asociación de la Medalla Milagrosa, las Juventudes Marianas Vicencianas y los Misioneros Seglares Vicencianos.

Los actos conmemorativos tendrán lugar el próximo domingo 14 de marzo, y comenzarán con una conferencia titulada “Actualidad del carisma vicenciano”, que pronunciará sor Ángeles Infante en el Salón de Actos del Colegio Medalla Milagrosa a las 12 horas. A continuación los participantes compartirán en el comedor del centro educativo una comida austera, de bocadillo. El momento central de la jornada será la celebración de la eucaristía, que presidirá el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, a las 17 horas en la Catedral.

Las Hijas de la Caridad en Zamora

Fundadas en 1633 en París por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad llegaron a España hacia 1790. Realizaron su primera fundación en Zamora, donde llegaron en 1860, a petición de la Junta Provincial de Zamora, para hacerse cargo de la dirección, asistencia y cuidado de los acogidos en el Hospicio. Seis Hermanas iniciaban esta tarea el 30 de noviembre de 1860, acogidas por la Diputación Provincial, y después de casi 150 años, han sido muchas las Hijas de la Caridad que han dejado su vida en esta misión.

Tras esta fundación en la capital, la presencia de las Hijas de la Caridad en Zamora se hizo cada vez más numerosa y variada. En la actualidad, además de la Residencia “Virgen del Tránsito”, cuentan con los Colegios “Medalla Milagrosa” y “María Inmaculada” en la capital. En Benavente, el colegio “San Vicente de Paúl”; en Fuentesaúco, la Residencia de la Fundación Marcelina del Valle, Y en Villalpando, la Residencia de Ancianos "La Inmaculada". Debido a la escasez de vocaciones han retirado las Hermanas de la Residencia de Toro, del Hospital Provincial y Colegio “San Vicente de Paúl” de Zamora.

Componentes de la Familia Vicenciana en Zamora

Además de las Hijas de la Caridad, la Familia Vicenciana cuenta en la Diócesis de Zamora con las siguientes asociaciones laicales:

- Asociación Internacional de Caridad (AIC). Las antiguas Damas de la Caridad, actualmente llamadas “Voluntarias de la caridad de San Vicente de Paúl”. Trabajan muy activamente en las parroquias de San Lázaro y San Lorenzo, en Fuentesaúco y Villalpando, en todas las necesidades que se presenten y con visitas a cárceles.

- Asociación de la Medalla Milagrosa (AMM). Da a conocer esta advocación de la Virgen María llevando la capilla a las familias que la solicitan. Con los fondos recaudados, ayudan a los proyectos de la Asociación, en países de misión, y ayudan a familias necesitadas visitándolas en sus domicilios. Colaboran en las actividades pastorales de sus respectivas parroquias. Están en Toro, Benavente, Coreses, Villalpando, Fuentesaúco, y en Zamora están los Centros de San Lázaro, Medalla Milagrosa y otros pueblos asociados a estos Centros.

- Juventudes Marianas Vicencianas (JMV), antiguamente Hijas de María de la Medalla Milagrosa, con centros en Zamora y Benavente. Además de una formación continua participan en actividades puntuales de asistencia a los pobres y en misiones. Colaboran en la Pastoral Diocesana y participan muy activamente en las Campañas de Navidad, con recogida y reparto de alimentos, y en la de Manos Unidas, Infancia Misionera y Domund.

- Misioneros Seglares Vicencianos (MISEVI). Son los adultos de JMV. Colaboran en las misiones yendo a prestar servicio a países de misión por un tiempo determinado, acompañados por las Hijas de la Caridad y los Padres Paúles.

También se encuentran los Caballeros de San Vicente, en Benavente, que visitan a los pobres y enfermos en su domicilio. Y las Asociaciones de Antiguos Alumnos, que colaboran con los respectivos colegios en los proyectos de atención a los necesitados.