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sábado, 12 de junio de 2010

Zamora clausura el Año Sacerdotal (y 4): apóstoles de un Dios cercano


Roma, 11/06/10. Es el día final del Encuentro Internacional de Sacerdotes. La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús cierra el Año Santo Sacerdotal, y nos recuerda una vez más aquella frase de san Juan María Vianney de que “el sacerdocio es el amor del Corazón de Cristo”. Aunque la misa comenzaba a las 10 de la mañana, antes de las 8 ya estábamos allí, junto a la columnata de la Plaza de San Pedro, para acceder tras los registros de seguridad al Aula Pablo VI, que se utilizó como una gran sacristía. Debajo de un fuerte sol, concelebramos la eucaristía con Benedicto XVI.

Fue una liturgia solemne, quizás más que otras misas pontificias, y se prolongó durante algo más de dos horas. En la homilía, el Papa fue repasando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), y tal como hice ayer con el discurso de la Vigilia, no la resumiré, porque vale la pena leerla entera. En ella afirmó que “Dios quiere que nosotros, como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres”. Cuando Dios parece lejano a los hombres de nuestro mundo, el presbítero ha de hacérselo cercano, mostrárselo preocupado por cada uno de ellos. Porque en las religiones antiguas Dios parecía ajeno al ser humano, y la Ilustración lo hacía olvidadizo de su Creación. Pero el sacerdote, pastor de su pueblo, en un tiempo de oscuridad, tiene que llevar la vara y el cayado: una vara del servicio a la unidad y a la doctrina, en el amor, y que “continuamente debe transformarse en el cayado del pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo”. Al final de su homilía, afirmó: “como sacerdotes queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios”.

Tras la homilía, tuvo lugar la renovación de las promesas sacerdotales, igual que se hace en la Misa Crismal. En la Plaza de San Pedro pudo oírse por tres veces “Volo” (quiero), palabras de amor de 15.000 curas unidos a toda la Iglesia y consagrados a ella. Al final de la eucaristía hubo otro momento de especial significación: la consagración de los sacerdotes al Corazón Inmaculado de María, una larga y profunda oración pronunciada por el Papa ante… ¡el icono tan venerado de María “Salus populi romani”! Desvelado, pues, el enigma de su ausencia en la basílica y que comenté ayer. Benedicto XVI se dirigió a los presentes en varios idiomas y, como siempre, al saludar a los sacerdotes de lengua española, tuvo que esperar a que terminaran los aplausos y aclamaciones. De sus palabras, dejo aquí las tres cosas que nos pidió a los pastores: gozo, humildad y esperanza. Un buen programa para seguir profundizando en nuestra vida tras este Año Sacerdotal.

Después de la bendición final, hizo un recorrido –repetido en algunos lugares de la plaza– en el “papamóvil”. Parecía como si Benedicto XVI quisiera saludarnos a todos personalmente. Por lo que tuvimos la oportunidad de verlo pasar dos veces a nuestro lado, saludándonos. Se le veía contento y emocionado, rodeado por el cariño y la adhesión de los presbíteros de la Iglesia en unos momentos nada fáciles.

Y llegó el momento complicado de la vuelta a casa. Porque un rato antes nos habían avisado algunos curas españoles: ¡hay huelga del transporte urbano! Se hacía más difícil todavía el viaje que ayer por la noche. Cuando pudimos montarnos, tras una larga espera, en el ya conocido autobús 881… ¡se estropeó a medio camino! Y continuamos la ruta a pie. Nos despedimos de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, agradecidos por su atención en estos días, y de vuelta al aeropuerto de Fiumicino, lleno otra vez de curas que volvíamos del Encuentro Internacional. De hecho, en el avión de vuelta a Barajas, de bajo coste y no muy grande, llegamos a contar a 52 curas y 2 obispos, incluyéndonos a nosotros. Con un considerable retraso por el mal tiempo en Madrid, aterrizamos bastante tarde, y después, en coches, volvimos a Zamora.

Una buena clausura, en la que hemos estado presentes unos pocos, pero precisamente representando a los curas zamoranos y, en definitiva, a toda nuestra Diócesis. Ayer, antes de ir a dormir, pude leer los mensajes del vicario general y de las Clarisas de Villalpando, deseándonos lo mejor para este viaje y diciéndonos que seguían con atención estas crónicas diarias. También algunos de más lejos, como una religiosa del Amor de Dios que está en Arévalo… ¡y otra en California! Otros nos lo han dicho por teléfono. Incluso esta misma mañana, al salir de la eucaristía con el Papa, ya nos comunicaba un sacerdote diocesano que nos había visto desde Zamora, en la retransmisión de la celebración por la RAI, al obispo y a algunos de nosotros.

Hemos viajado (o, mejor, hemos peregrinado) hasta la ciudad del martirio de Pedro y Pablo, para unirnos al obispo de Roma y a miles de hermanos en el ministerio del mundo entero. Hemos orado juntos, recordándonos mutuamente que Cristo es el centro de nuestras vidas y el único sentido de nuestro sacerdocio.

Atrás queda un año que comenzábamos en nuestra Catedral del Salvador el 27 de junio de 2009 y que ha tenido como momentos importantes los encuentros festivos de sacerdotes, las Vísperas mensuales en el Convento del Tránsito, las Vísperas que también se han rezado en los diferentes arciprestazgos, otros momentos de oración en parroquias, una atención permanente en la hoja diocesana o la ordenación diaconal de Santi.

Señor Jesús, único sacerdote, danos a los presbíteros de Zamora el regalo de tu fidelidad y nuestra fidelidad.

Santa María, reina de los apóstoles y madre de los sacerdotes, muéstranos a tu Hijo Jesús.

San Juan María Vianney y San Juan de Ávila, rogad por nosotros.

Luis Santamaría del Río

Zamora clausura el Año Sacerdotal (3): el escándalo de la fe de los curas


Roma, 10/06/10. El autobús 881 pasó de nuevo por la mañana, muy pronto, por delante de la Villa de la Paz, nuestro alojamiento en Roma, para dirigirnos por segundo día consecutivo a la basílica de San Juan de Letrán. Allí, segunda mañana de retiro para los sacerdotes, con conexión por videoconferencia con la basílica de San Pablo Extramuros. Y en esta ocasión, el cardenal Marc Ouellet, arzobispo de Quebec, fue el encargado de dirigir una meditación sobre el Espíritu Santo, la Virgen María y la Iglesia como elementos centrales en la vida y el ministerio presbiteral.

Después de reconocer que “encaramos una ola de contestación contra la Iglesia y contra el sacerdocio”, afirmó la doctrina católica sobre el ministerio sacerdotal: somos 408.024 curas en todo el mundo, pero hay un solo sacerdote, Cristo, el único mediador de la nueva Alianza. “En la Iglesia, nosotros sólo somos el sacramento de ese gran sacerdote”, puesto que representamos no a un ausente, sino al Señor resucitado. El arzobispo se refirió también a la actuación del sacerdote en nombre de Cristo cabeza y pastor, a la figura relevante de María en la obra de la salvación y a la “epíclesis sobre el mundo” que hace el ministro sagrado. Terminó recordando la consideración que hacía Juan Pablo II del orden sacerdotal como “don y misterio”, y llamó a acoger en la Iglesia el don del Espíritu. “Sólo amando a la Iglesia –dijo– se puede recibir el don del Espíritu Santo”.

A la charla de Ouellet siguió, igual que ayer, un tiempo de adoración eucarística y de confesiones, para concluir el acto de la mañana con la celebración de la eucaristía, que hoy presidió Robert Sarah, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En su homilía insistió en el concepto del cenáculo, afirmando que el día de nuestra ordenación vivimos la misma experiencia de Pentecostés, tras la cual “nuestra identidad ha sido redefinida”. El sacerdocio es una vocación sobrenatural, recordó, y señaló la virtud del celibato, “emblema y estímulo de la caridad pastoral, y fuente de la fecundidad de la actividad apostólica”. También aludió este arzobispo a la maternidad de María y a la paternidad de Pedro en la Iglesia, sobre todo con los ministros, “custodios de la comunión”. Y llamó a la “responsabilidad de convertirnos en parientes del Señor, en amigos íntimos suyos. Esto nace de la obediencia a la voluntad de Dios, que implica una escucha atenta”.

Después de este encuentro –multitudinario, con los participantes multiplicándose a medida que pasan los días– y de la comida, los sacerdotes de Zamora dirigimos nuestros pasos por la Via Merulana (precisamente el mismo recorrido que hace la procesión romana del Corpus Christi) para llegar a la basílica de Santa María la Mayor, tan vinculada a España. Como curiosidad, diré que nos extrañó la ausencia del antiguo icono que se venera allí, el de la Virgen María como “Salus populi romani”.

Un breve espacio de tiempo que dedicamos a otras visitas por la urbe precedió a nuestra llegada a la Plaza de San Pedro, para guardar cola (algo ya natural estos días, con tanta gente concentrada en un encuentro de este tipo). Porque a las 20,30 horas estaba prevista la Vigilia de oración con la presencia del Papa. Situados los zamoranos en un buen lugar frente al altar (y el obispo junto a él, con sus hermanos en el ministerio), tras un largo rato de espera, comenzó el encuentro, y al comienzo Mauro Piacenza nos dijo que ya éramos 15.000 los sacerdotes asistentes a la clausura del Año Sacerdotal. Tras un llamamiento a renovar nuestra amistad con Jesús, el Coro Interuniversitario de Roma (formado por 600 personas) y la orquesta contestaron cantando “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Durante la primera hora de la Vigilia se siguieron los testimonios de varias personas, unos grabados en vídeo y proyectados en la Plaza, como los del próximo párroco de Ars, el obispo auxiliar de Jerusalén, un cura joven de las favelas de Buenos Aires y un párroco de Hollywood; y otros pronunciados in situ: una familia alemana con 6 hijos (uno de ellos sacerdote, dos casados, un seminarista, una virgen consagrada y una soltera), un diácono romano que pronto será ordenado presbítero, una religiosa adoratriz perpetua del Santísimo Sacramento y un sacerdote veneciano con 50 años de ministerio.

Tras los testimonios llegó el Papa, en un momento de mucha emoción, mientras el coro y la orquesta interpretaban el “Tu es Petrus”. Los guardias suizos distribuidos por toda la Plaza nos hicieron sospechar lo que confirmaría el mismo Benedicto XVI al hacer un largo recorrido en el “papamóvil” para poder saludar de cerca a los presentes. Al llegar el altar, miles de voces se unían para aplaudir al obispo de Roma con el grito ya común de “Benedetto”. El cardenal Hummes le dio las gracias por el Año Sacerdotal, y cuando aludió a los recientes sufrimientos del sucesor de Pedro y al apoyo constante de los sacerdotes, volvieron los aplausos. Terminó diciéndole a Cristo en forma de oración: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que los sacerdotes del mundo te aman”.

Después del evangelio, tomado del capítulo 17 de Juan, con la oración de Jesús por los suyos en la última cena, 5 sacerdotes representando a los continentes dirigieron sus preguntas al Papa. No voy a resumir aquí las respuestas de Benedicto XVI, que valdrá la pena leer enteras, y sólo señalaré algunas cosas destacables o que me llamaron la atención. A un cura brasileño que le planteó la cuestión del exceso de trabajo pastoral que tienen muchos curas, le contestó diciendo que “hoy es difícil la tarea de párroco”, y reconoció y agradeció el trabajo abnegado de tantos sacerdotes, sobre todo debido a la dispersión de tareas y a la suma de parroquias o la atención de Unidades Pastorales (cosa a la que estuvimos muy atentos los curas de Zamora). Subrayó que “no puede hacerse todo”, y recomendó que los fieles no sólo vean las funciones, sino que el sacerdote está lleno de la alegría del Señor. Como prioridad señaló, además de los tres oficios propios del presbítero, la relación con Cristo. Y pidió reconocer los límites, ser humildes, y también “encontrar tiempo y tener la humildad y el coraje de descansar”.

Un sacerdote de Costa de Marfil le preguntó sobre el estudio de la Teología, y Benedicto XVI distinguió entre dos formas de hacerla: “puede nacer de la arrogancia del hombre”, y así termina ocultando a Dios; la verdadera, en cambio, “es la que deriva del amor de Dios y quiere entrar en comunión con Cristo”. Después fue el turno de un sacerdote eslovaco que está de misionero en Rusia, y que planteó una cuestión sobre el sentido del celibato. El Papa se refirió al sentido que tiene esta forma de vida como anticipación del futuro, como adelanto del mundo de la resurrección. Con el celibato “demostramos que Dios existe y que podemos dar la vida por Cristo”. Lo relacionó con el compromiso matrimonial, diciendo cómo es un sí definitivo, un acto de confianza en Dios. Los escándalos que se dan en la Iglesia, los producidos por el pecado de sus ministros, dijo, “ocultan a veces el verdadero escándalo, el gran escándalo de nuestra fe, que se expresa en la confianza de nuestra vida”.

Un sacerdote japonés le preguntó por la eucaristía y el riesgo que tiene de encerrar al presbítero en lo espiritual. Benedicto XVI contestó repitiendo varias veces que en la eucaristía “celebramos que Dios se abandona a sí mismo para estar con nosotros”, y que se trata de “la gran aventura del amor de Dios”, poniendo como ejemplo la vida de la beata Teresa de Calcuta, que de la misa obtenía el amor para el resto de sus tareas. Por último, un sacerdote australiano le planteó al Papa el problema de la escasez de las vocaciones, pidiéndole alguna pista para la acción. En su respuesta dijo que hay un peligro: “transformar el sacerdocio en una profesión, para que sea más accesible y fácil”. Pero es Dios el que llama, y nosotros lo que podemos hacer es rezar por las vocaciones, vivir el ministerio de una forma convincente, hablar con los jóvenes sobre este tema y ayudarles a vivir su vocación en un contexto apropiado, y vivir agradecidos por los seminaristas y sacerdotes.

Acto seguido fue la exposición del Santísimo, un momento de especial intensidad. Impresionaba ver a miles de sacerdotes de rodillas sobre el suelo de la plaza dedicada a San Pedro, unidos con su sucesor en la adoración a Cristo, presente en la eucaristía, que llegó tras una solemne procesión mientras se cantaba el himno “Adoro te devote”. Después de un tiempo de adoración, Benedicto XVI dio la bendición con el Santísimo Sacramento, y finalizó la Vigilia con el canto de la Salve en latín. Si se me permite un comentario personal, este final fue para mí un momento de acción de gracias tras la adoración. Recordé el curso en el que entré en el Seminario Menor –entonces en Toro– y cuando aprendí a cantar “Salve Regina”, dando gracias a Dios por los curas que en el Seminario han entregado su vida para que yo hoy haya podido estar aquí. Uno de ellos, César Salvador, ahora párroco en Benavente, nos acompaña en esta peregrinación, y los representa a todos ellos.

Los lectores pueden imaginar lo que significa la salida de miles de sacerdotes de la Plaza de San Pedro. El camino de vuelta a casa, hasta que logramos encontrar un autobús, fue largo y de mucha paciencia. Al llegar tan tarde a la residencia de las Hermanas, lo que necesitábamos era descansar. Es el motivo de que esta crónica haya llegado con retraso, porque si bien estaba ya redactada, no he podido publicarla con las fotos correspondientes hasta ahora. Mis disculpas, y hasta la próxima crónica –la última–, que relatará la jornada final de esta clausura del Año Sacerdotal en Roma, con el obispo y los curas de Zamora.

Luis Santamaría del Río

miércoles, 9 de junio de 2010

Zamora clausura el Año Sacerdotal (2): Conversión para la misión


Roma, 9/06/10. Hoy ha tocado madrugar más, porque comenzaron los actos del Encuentro Internacional de Sacerdotes. Si el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el cura de Ars, le sirvió a Benedicto XVI para proclamar este Año Santo Sacerdotal, su clausura ha sido la excusa perfecta para reunir en la urbe a unos 10.000 presbíteros de todo el mundo. Cuando hemos llegado los curas de Zamora a la basílica de San Juan de Letrán, hemos tenido que guardar una larga fila para poder entrar en el templo, pasando antes a recoger el aparato para la traducción simultánea. En una concentración tan grande, es fundamental la reunión por grupos idiomáticos. En esta basílica nos reuníamos en torno al castellano, portugués y francés. Y pudimos seguir, en una primera parte, la meditación ofrecida por el cardenal alemán Joachim Meisner, arzobispo de Colonia. Eso sí, por videoconferencia, ya que la impartió –en alemán– en la basílica de San Pablo Extramuros. Mitad y mitad de participantes en ambos templos mayores. Como digo, nunca había visto tantos sacerdotes juntos.

En su alocución, Meisner aludió a las “semanas de sufrimiento” por los recientes escándalos en torno al clero católico. Y se centró en unos temas tan fundamentales para el ministerio sacerdotal como son los de conversión y misión. “¿Por qué no nos convertimos más a menudo?”, se preguntó, para insistir en la importancia del sacramento de la reconciliación penitencial en la vida ordinaria del pastor de la Iglesia: “el amor más fuerte es el que sabe superar el pecado”. Es más, señaló que “un cura confesando en una iglesia vacía es un signo de la paciencia de Dios”. Un perdón ofrecido a los hombres, que primero es recibido del mismo Dios… ésa es la grandeza del sacramento. Un sacramento que, por cierto, se pudo celebrar en el momento posterior a la charla, con el Santísimo expuesto en un tiempo de adoración, silencio y música.

El momento posterior, sin movernos de la misma basílica –llena a rebosar por la mitad de asistentes al Encuentro– fue el central de la jornada: la eucaristía, presidida por el arzobispo Mauro Piacenza, secretario de la Congregación para el Clero (dicasterio organizador de todo el Año Sacerdotal), y concelebrada por todos. Pronunció su homilía en castellano, cosa que agradecimos mucho, y en ella nos dio la bienvenida en un clima de alegría, fraternidad y cordialidad. “Representáis a los presbíteros de toda la Iglesia”, afirmó, y se refirió a las Iglesias locales de procedencia, a las comunidades cristianas a veces pequeñas y desconocidas, en las que los sacerdotes hacemos cercano el rostro de la Iglesia, sobre todo con los pobres y marginados.

Como la misa fue en la memoria de San Pablo, el alemán insistió en que “es urgente levantarse y salir a la misión”. El encuentro del apóstol de las gentes con el Señor resucitado “sirve como itinerario espiritual para cada sacerdote”. Por eso se refirió también al “altísimo significado y gran responsabilidad” de la misión apostólica, “una empresa que supera las fuerzas y la capacidad del hombre”. Y fue cuando recordó la frase tan recordada este año del santo cura de Ars: “el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. Él es la fuerza que necesita el cura, y que puede encontrar, sobre todo, en la Palabra de Dios, la eucaristía y la oración.

Entre sus afirmaciones, algunas que nos tocan muy de cerca a los curas de Zamora. Como cuando dijo en repetidas ocasiones que los pobres son los primeros destinatarios de la evangelización, en un mundo donde hay cientos de millones de pobres, excluidos de muchas mesas, y “a veces también excluidos de la mesa de los bienes espirituales”. Y se refirió, en concreto, a las periferias de las grandes ciudades y al campo. Las personas que viven en estos lugares “tienen que sentir la proximidad de la Iglesia”. ¿No es algo fundamental para nuestra realidad diocesana de Zamora? Así lo escuchamos, y así lo comentamos con don Gregorio al terminar la sesión de la mañana.

Finalizada la mañana y después de comer, llegó el momento de las visitas. Y esta vez fue el turno de las basílicas de San Pedro y de San Pablo Extramuros, para acercarnos a contemplarlas y aprovechar para rezar juntos en ellas, sobre todo con la profesión de la fe apostólica. Lugares que evocan tantas cosas, y que nos remiten a los orígenes históricos del cristianismo, con los amigos tan cercanos del Señor.

Por lo demás, sólo destacaré el gran número de sacerdotes españoles que estamos encontrando. Algunos de ellos conocidos para nosotros, o bien por los estudios realizados en Salamanca, o bien por tareas compartidas en distintos lugares de nuestra geografía nacional. A don Gregorio se le acercan viejos compañeros de Madrid o personas que lo reconocen. Y, por supuesto, otros obispos de España que vamos encontrando por las calles y en los actos.

Con la noche llega otra vez el momento de ir a dormir, después de un día más largo que el anterior y… ¿quién sabe?, quizás más corto que mañana. Sí, porque el jueves contará ya con la presencia del Papa en el Encuentro, al finalizar la jornada con una vigilia en torno a Benedicto XVI. Eso ya es cosa de mañana, un día que será relatado puntualmente.

Luis Santamaría del Río

martes, 8 de junio de 2010

Zamora clausura el Año Sacerdotal (1): Fieles a los orígenes


Roma, 8/06/10. Amanece en Roma, y el obispo y los nueve sacerdotes zamoranos que hemos acudido a la clausura del Año Sacerdotal salimos de nuestro hospedaje. Nos encontramos como en casa, en la residencia que tienen las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada –de fundación española– en la Via della Pisana. Atrás quedó el día del viaje, que nos llevó el lunes de Zamora a Madrid, y de Madrid hasta la ciudad eterna. Con el habitual retraso del avión, empezamos a coincidir ya en Barajas con otros curas que emprendían el mismo camino. Entre ellos, algunos ya conocidos.

Y vuelvo al día que ahora terminamos, nuestra primera jornada completa en Roma. El autobús urbano 881 nos llevó, pasando por delante del Colegio Español, hasta las inmediaciones de San Pedro. De allí otro autobús nos condujo al Laterano, para tomar la antigua Vía Apia, encaminándonos a las Catacumbas de San Calixto. Éste ha sido el centro de nuestro día: visitar un lugar tan significativo para los creyentes, y celebrar allí la eucaristía.

Aunque solamente enseñan a los turistas una pequeña porción de los más de 20 kilómetros de galerías funerarias excavadas en el subsuelo de las afueras de la urbe imperial, eso basta para hacerse una idea de lo que fueron. Y para emocionarse al caminar por ellas y ver, por ejemplo, el lugar donde se encontró el cuerpo martirizado de santa Cecilia, o el primer “panteón pontificio” de la historia, con los restos de las lápidas que aún conservan los nombres de Ponciano, Antero, Lucio y Eutiquiano… obispos de Roma, algunos de los cuales sellaron su sucesión petrina con la sangre. Un gran hallazgo que a partir de 1854 nos ha llevado a conocer un elemento tan importante de los orígenes de la Iglesia de Roma, y que a nadie deja indiferente.

Al terminar nuestra visita, que se hizo breve para el interés que mostramos, la Capilla del Orante fue el lugar donde celebramos la eucaristía, uniendo al memorial del sacrificio de Jesús la memoria de los santos mártires que unieron su muerte a la del Señor, con la esperanza puesta en su misma resurrección. Presididos por nuestro obispo, tuvimos muy presente en la liturgia a toda la Diócesis de Zamora, representada de forma sencilla allí; y especialmente a los sacerdotes, por lo especial de este momento de clausura del Año Sacerdotal. Hubo un recuerdo especial para los que este año celebran su aniversario de ordenación, representados en la distancia por Pablo Castaño, párroco de Sobradillo de Palomares, que celebra sus Bodas de Oro.

Una breve y sencilla homilía le sirvió a don Gregorio para insistir en la alegría de este momento –por algo habíamos cantado con el salmista “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”– y para resaltar el hondo sentido de fidelidad a los orígenes de nuestra fe, rubricada con la sangre de tantos mártires bajo el poder de Roma. “Gracias a ellos, nuestros antepasados en la fe, nosotros somos lo que somos”. Acompañados por un matrimonio de Huelva y una familia argentina, pudimos experimentar la fortaleza del seguimiento de Cristo y la grandeza de una fraternidad eclesial que traspasa toda frontera.

De vuelta, visitamos la basílica de San Juan de Letrán, la sede del obispo romano, la “madre y cabeza de todas las Iglesias”, donde se celebraba un retiro de la Renovación Carismática, precisamente para orar por el don del sacerdocio. La música de adoración ambientaba una exposición del Santísimo, con los ojos de todos puestos en Él.

La tarde nos sirvió para diversas visitas por el centro de la ciudad, que terminaron con la visita a la iglesia de Santa María in Trastevere. Allí aprovechamos para rezar juntos las Vísperas, y dirigirnos andando tras la cena a la Plaza de San Pedro. Un momento que no puede perderse uno al visitar Roma: caminar pausadamente a través de la Via della Conciliazione contemplando la basílica iluminada en la noche. Tras ella nos esperaba el bus 881 para volver, cansados por un largo día, a la residencia de las hermanas. Que, por cierto, se llama “Casa de la Paz”. En unos momentos habrá que dormir para madrugar más mañana, miércoles. Porque entonces empezarán las actividades del Encuentro Internacional de Sacerdotes. ¡A eso hemos venido! Mañana, si Dios quiere, otra crónica contará lo sucedido. Feliz día.

Luis Santamaría del Río

domingo, 6 de junio de 2010

El obispo de Zamora participa en Roma en la clausura del Año Sacerdotal


El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, junto con otros nueve sacerdotes diocesanos, viaja hoy a Roma para participar en el Encuentro Internacional de Sacerdotes que se celebrará esta semana para clausurar el Año Sacerdotal, y que presidirá el papa Benedicto XVI.

Zamora, 7/06/10. El próximo viernes 11 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, terminará el Año Sacerdotal, proclamado por el papa Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars.

Con este motivo, 9.000 sacerdotes de 91 países acudirán a Roma para participar en un Encuentro Internacional de Sacerdotes. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, y otros 9 sacerdotes diocesanos partirán el 7 de junio y permanecerán en la Ciudad Eterna hasta la clausura de este Encuentro, que tendrá lugar el viernes 11 con la solemne eucaristía en la Basílica de San Pedro.

Según explica el prefecto de la Congregación para el Clero y organizador de este evento, el cardenal Claudio Hummes, el objetivo de estos eventos es subrayar la “renovación espiritual”, un nuevo comienzo y no “un final”. El purpurado comenta además que espera que estas celebraciones generen “un redescubrimiento de la grandeza del sacramento que configura a Cristo, Sumo Sacerdote”.

El obispo y sacerdotes zamoranos aprovecharán su visita a Roma para celebrar la eucaristía en las catacumbas, y se incorporarán a las conferencias y actos litúrgicos y de oración del Encuentro Internacional. El jueves por la noche celebrarán con el Papa una vigilia de oración en la Plaza de San Pedro, y al día siguiente concelebrarán la eucaristía solemne de clausura.

La vigilia del jueves 10 será transmitida desde el Vaticano a Ars en Francia, el Cenáculo en Jerusalén, Buenos Aires y Hollywood. Más de 600 jóvenes músicos y cantantes de instituciones italianas participarán en este evento. Según se ha informado desde Roma, en la misa final del 11 de junio, Benedicto XVI proclamará a San Juan María Vianney patrono de todos los sacerdotes.

martes, 11 de mayo de 2010

El sacerdote diocesano Teodoro García cumple 100 años


El próximo sábado 15 de mayo, el obispo de Zamora presidirá la Misa de acción de gracias por el centenario del sacerdote diocesano Teodoro García González, canónigo emérito de la Catedral, nacido en Cazurra en 1910 y ordenado presbítero en 1935. La celebración será en el Convento de Santa Clara de Zamora a las 13 horas.

Zamora, 11/05/10. El pasado 10 de mayo el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, señalaba en su homilía de la festividad de San Juan de Ávila que “un motivo más para nuestra alegría en este mes de mayo es el centenario de uno de nuestros sacerdotes”. Se refería a Teodoro García González, que el próximo viernes 14 cumplirá 100 años de vida.

Con este motivo, la Diócesis, junto con su familia, ha organizado una Misa de acción de gracias, que tendrá lugar en el Convento de Santa Clara (c/Miguel de Unamuno), justamente la comunidad de religiosas clarisas de la que fue capellán, el próximo sábado 15 de mayo a las 13 horas.

Teodoro García González nació en la localidad zamorana de Cazurra el 14 de mayo de 1910, y fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1935. Además de sus estudios en el Seminario San Atilano, se licenció en Sagrada Teología y en Derecho Canónico en la Universidad de Salamanca en 1944, donde también hizo cursos de doctorado.

Sus labores pastorales han estado vinculadas a diversas parroquias de la Diócesis. Comenzó como coadjutor y después regente y ecónomo de Peleas de Arriba y Casaseca de Campeán. Tras cinco años en estas localidades, en 1940 pasó a ser ecónomo de El Cubo del Vino y encargado de Mayalde, de donde cesó para los estudios en la universidad salmantina.

Al regreso de su etapa académica, fue ecónomo de Pajares de la Lampreana, y más tarde, en 1952, fue nombrado profesor de Religión y de Francés del Seminario Menor “San Luis y San Victoriano” de Toro, y padre espiritual del centro, tarea que simultaneó con la capellanía de las Clarisas de Toro.

En 1956 pasó a ser coadjutor de la Parroquia de San Frontis de la capital, y capellán del Ayuntamiento. Cuatro años después fue nombrado capellán de las Clarisas de Zamora, y en 1967 entró en el Cabildo Catedral como beneficiado. Ese mismo año comenzó a ser Promotor de Justicia y Defensor del Vínculo del Tribunal Eclesiástico Diocesano. En 1979, además, fue elegido miembro del Consejo Diocesano de Administración.

En 1981 fue nombrado canónigo de la Catedral de Zamora, cargo del que es emérito desde su jubilación en el año 1985. Actualmente vive en una residencia de ancianos de Toro.

Recientemente ha sido entrevistado en la hoja diocesana Iglesia en Zamora, y entre otras cosas señalaba: “me considero un sacerdote sencillo, que debe dar gracias a Dios por haber llegado a los 100 años en un estado de salud del que no puedo quejarme para mi edad”. Alegre por toda una vida de servicio, afirmaba que ha valido la pena: “hoy si tuviera que volver a empezar lo volvería a hacer”.

sábado, 8 de mayo de 2010

17 sacerdotes de Zamora celebran su aniversario de ordenación


El próximo lunes 10 de mayo, con motivo de la festividad de San Juan de Ávila, tendrá lugar en Zamora la Jornada Sacerdotal, en la que 8 sacerdotes celebrarán sus Bodas de Platino, otros 8 las Bodas de Oro y 1 las Bodas de Plata de su ordenación sacerdotal. La Jornada, presidida por el obispo, comenzará con la eucaristía y, tras una conferencia, concluirá con una comida fraterna en el Seminario San Atilano.

Zamora, 9/05/10. El próximo lunes la Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español. Con este motivo, la Diócesis de Zamora, al igual que otras muchas de España, ha organizado un año más la Jornada Sacerdotal, en la que se conmemorarán los aniversarios de la ordenación sacerdotal. Este año tiene un carácter especial, al enmarcarse en el Año Sacerdotal proclamado para toda la Iglesia por el papa Benedicto XVI, y que finalizará el próximo mes de junio.

Según el listado de homenajeados, celebrarán sus Bodas de Platino (60 años de ministerio) 8 sacerdotes que fueron ordenados en el año 1950. También son 8 los curas diocesanos que recibieron la ordenación sacerdotal en 1960, y celebrarán sus Bodas de Oro. En 1985 sólo inició su ministerio un sacerdote, que hará las Bodas de Plata.

Los actos programados para el lunes 10 de mayo comenzarán con la eucaristía que presidirá el obispo Gregorio Martínez Sacristán, y que será concelebrada por la mayor parte del clero diocesano, incluidos los sacerdotes que cumplen sus aniversarios respectivos de ordenación (y cuyo listado reproducimos al final de esta nota). Se celebrará en la iglesia de San Andrés a las 11 horas.

A continuación, el Salón de Actos del Seminario San Atilano – Casa de la Iglesia acogerá, a partir de las 12,30 horas, la conferencia “La Jornada Mundial de la Juventud, un reto para toda la Diócesis”, en la que el director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil, Juan Carlos López Hernández, expondrá a los sacerdotes la hoja de ruta de preparación de este evento eclesial que se celebrará el próximo año en Madrid y que tendrá una fuerte repercusión en Zamora.

La Jornada Sacerdotal finalizará a las 14,30 horas con una comida de hermandad en la que los sacerdotes celebrarán festivamente los aniversarios de ordenación, en el comedor del mismo Seminario.


LISTADO DE ANIVERSARIOS DE ORDENACIÓN

De platino (60 años):

1. (1) Primitivo Gutiérrez Chimeno (04-03-1950)

2. (2) Francisco Fernández Matellán (18-06-1950)

3. (3) Juan Mateos Molinero (18-06-1950)

4. (4) Manuel Rosón Borrego (18-06-1950)

5. (5) José-Luis Gutiérrez Mazeres (20-06-1950)

6. (6) Vitaliano Alfageme Sánchez (20-08-1950)

7. (7) Horacio Pesquero Domínguez (20-08-1950)

8. (8) Pedro Fernández Vara (11-06-1950 — Diócesis de Astorga)

De oro (50 años):

9. (1) Gabriel Benavides Ferrero (02-04-1960)

10. (2) Nemesio Casado García (02-04-1960)

11. (3) Rufino de Castro Barrios (02-04-1960)

12. (4) Nazario Diego Iglesias (02-04-1960)

13. (5) Sotero Manso García (02-04-1960)

14. (6) A.-Tomás Osorio Burón (17-04-1960)

15. (7) Pablo Castaño Castaño (26-06-1960)

16. (8) Rogelio Prieto Girón (17-07-1960)

De plata (25 años):

17. (1) Manuel Iglesias Martín (28-12-1985)

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El clero de Zamora inicia el curso


El obispo y los sacerdotes de la Diócesis de Zamora iniciarán el nuevo curso pastoral el próximo viernes 2 de octubre, con una reunión que es punto de partida de la Formación Permanente. Asistirá el destacado teólogo Santiago del Cura.

Zamora, 30/09/09. La Casa de la Iglesia (Seminario San Atilano) acogerá el próximo viernes 2 de octubre la jornada de inicio de la Formación Permanente del Clero zamorano para este curso pastoral 2009-2010.

Dicha jornada vendrá marcada por dos acentos eclesiales, uno universal y el otro local. El primero, la celebración del Año Sacerdotal, convocado por el papa Benedicto XVI, que comenzó el pasado mes de junio y entre cuyos objetivos se encuentra “contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo”.

El segundo acento será la programación que la Diócesis de Zamora tiene para este curso, y que tiene en su centro “La eucaristía, fuente y culmen de toda la vida cristiana”. Éste será el eje en torno al cual girará la Formación Permanente de los sacerdotes y las personas que colaboran con ellos en la tarea pastoral, y que se desarrolla en forma de reuniones mensuales en cada arciprestazgo.

El acto comenzará a las 11 de la mañana con una oración y el saludo del obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán. A continuación habrá una conferencia del teólogo Santiago del Cura Elena, titulada “Sacerdocio y eucaristía”. Nacido en Ciruelos de Cervera (Burgos) en 1948, es sacerdote de esa diócesis y catedrático de Teología Dogmática de la Facultad de Teología de Burgos, además de ser profesor invitado en Salamanca y Madrid. Hasta hace poco ha sido miembro de la Comisión Teológica Internacional, un grupo de teólogos que asesoran al Papa.

Tras la conferencia, habrá un diálogo con el ponente. Por último, el vicario de pastoral, Fernando Toribio, presentará el objetivo de la programación diocesana para este curso, y los materiales que se usarán en las reuniones de la Formación Permanente.


martes, 29 de septiembre de 2009

El obispo preside las Vísperas con motivo del Año Sacerdotal


Para celebrar el Año Sacerdotal, la Diócesis de Zamora convoca a los fieles a reunirse los primeros jueves de mes en el Convento del Corpus Christi para el rezo de Vísperas solemnes. El obispo las presidirá el próximo jueves 1 de octubre a las 20 horas.

Zamora, 29/09/09. Entre las actividades organizadas por la Delegación Diocesana para el Clero con motivo del Año Sacerdotal convocado por Benedicto XVI en el 150 Aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, se encuentra este encuentro de oración mensual, al que está invitada toda la comunidad diocesana, para rezar por los sacerdotes y por las vocaciones al ministerio sacerdotal.

La forma será el rezo de las Vísperas, la oración que la Iglesia hace al atardecer. Y el lugar escogido es el Convento del Corpus Christi (más conocido como del Tránsito, por acoger esta imagen de tanta devoción popular), uno de los conventos de las religiosas contemplativas Clarisas en la ciudad de Zamora. Será los primeros jueves de cada mes, y estará preparado por la Delegación Diocesana de Liturgia.

El próximo jueves, 1 de octubre, comenzará esta convocatoria, a las 20 horas, y será presidida por el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán.

La página web del Obispado (www.obispadodezamora.es) ha habilitado una sección especial para recoger la documentación sobre el Año Sacerdotal, tanto de la Iglesia universal, como de carácter local. Recientemente, el obispo ha publicado una carta pastoral sobre este tema, titulada “Servidores alegres y fieles”.


sábado, 26 de septiembre de 2009

Carta pastoral del obispo sobre el Año Sacerdotal


El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, ha publicado una carta pastoral con motivo del Año Sacerdotal, titulada “Servidores alegres y fieles”.

Zamora, 26/09/09. Con motivo del Año Sacerdotal, que el papa Benedicto XVI inauguró para toda la Iglesia católica el pasado 19 de junio, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, acaba de publicar una carta pastoral en la que reflexiona sobre la identidad de los sacerdotes en el momento actual y en esta Diócesis. Por su interés, la reproducimos en su integridad, y añadimos al final unas referencias de documentación relacionadas con este Año Sacerdotal.

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Servidores alegres y fieles

Carta pastoral del obispo de Zamora en el Año Sacerdotal – Septiembre de 2009

Queridos hermanos en el Señor Jesucristo:

Es para mí un gozo saludaros de nuevo al comienzo de este curso pastoral. Y lo hago para motivar especialmente el feliz acontecimiento eclesial que todos juntos estamos celebrando. Alguien ha dicho que Benedicto XVI es el Papa de lo esencial. En este sentido, me parece muy acertado que, tras haber vibrado durante todo un año con la impresionante figura del Apóstol de las gentes, el Papa nos proponga fijar nuestra mirada en un algo esencial e imprescindible de la Iglesia de Dios: el Sacerdocio. En todo corazón auténticamente sacerdotal han de aunarse identidad y misión. Por eso, este Año Sacerdotal ha de servir, ha dicho el Santo Padre, “para favorecer esta tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio” (Discurso a la Congregación del Clero del 16 de marzo de 2009)

Conocéis también la efeméride que ha propiciado este hecho. En efecto, celebramos el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney. La liturgia de la eucaristía recuerda que los santos pastores nos fortalecen con el ejemplo de su vida, instruyéndonos con su palabra y protegiéndonos con su intercesión. Los biógrafos del Santo Cura de Ars nos han transmitido una frase que repetía con frecuencia: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. Este amor —como nos recordó el Concilio y más recientemente Juan Pablo II— es la caridad pastoral, el amor del buen Pastor “que da su vida por las ovejas” (Jn 10,11). Es “aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en su entrega de sí mismo y en su servicio. No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos [...] La caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente. Y resulta particularmente exigente para nosotros...” (Pastores dabo vobis 23).

Ante este horizonte, queridos hermanos sacerdotes, la figura de San Juan María Vianney nos invita a soñar. Sí, Ars era un pueblo pequeño y perdido en medio de la Francia del siglo XIX, arrasado espiritualmente por la revolución y la increencia. Por aquel entonces la vida cristiana no era más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pero el Santo Cura de Ars supo oponerse al círculo “vicioso” imperante e “iniciar un círculo virtuoso; se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado” (Benedicto XVI, Carta de convocatoria del Año Sacerdotal del 16 de junio de 2009). Sólo la gracia puede explicar lo que allí sucedió. Y la gracia de Dios sigue actuando...

Queridos hermanos sacerdotes, quiero dirigirme ahora sobre todo a vosotros que sois mis colaboradores más directos. En vosotros recae la responsabilidad directa de las parroquias y demás instituciones y servicios de nuestra diócesis. Vosotros sois en fin quienes tenéis el contacto directo y diario con los fieles. ¡Doy tantas gracias a Dios por todos y cada uno! Juntos somos servidores del Evangelio.

Servir, mis queridos hermanos, servir es lo nuestro. En esta sociedad de prisas somos el tiempo de Dios para los demás. Somos servidores de Dios, porque es a Él a quien hemos de despertar en el corazón de nuestras gentes. Somos servidores de Cristo porque Él nos ha llamado para ser imagen y transparencia suya en medio de su pueblo. Somos servidores de su Iglesia, que se concreta en esta querida diócesis de Zamora. Somos servidores de la comunión, por lo que me permito recordaros la riqueza que suponen para nuestra Iglesia los movimientos, las cofradías y asociaciones que también os están encomendadas. Somos servidores también de los sacramentos, especialmente de la eucaristía y de la reconciliación. Somos servidores humildes de todos, y somos unos privilegiados, porque, por el mero hecho de ser sacerdotes, acompañamos a los hombres y mujeres de nuestro mundo en los momentos más importantes de su vida.

A pesar de las dificultades y de los cambios rápidos que nos tocan vivir, el secreto de nuestra felicidad sacerdotal sigue siendo el mismo: la fidelidad renovada a quien nos llamó y consagró. Anclados bien fuerte en el Señor Jesús, cuidando nuestra espiritualidad, gozando de la fraternidad del presbiterio, entregándonos y gastándonos, al tiempo que guardamos siempre el debido equilibrio que garantice nuestra salud, acompañando y dejándonos acompañar por nuestras comunidades, descubriremos la verdad de estas palabras del Señor: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

Queridos diocesanos, religiosos y religiosas, laicos y laicas, me dirijo ahora a vosotros. Demos juntos gracias a Dios por el don inmenso que supone el sacerdocio en su Iglesia. Somos el Pueblo santo de Dios que peregrina en estas tierras de Zamora. Hemos sido llamados a cantar las maravillas del Señor entre nuestros familiares y amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Todos ellos necesitan escuchar de parte del Señor esa palabra de aliento, estima y esperanza. Quiera Dios que este Año Sacerdotal sirva también para tomar conciencia de la importancia y la necesidad del sacerdocio como bien no sólo eclesial, sino también social. Hermanos y hermanas, quered a vuestros sacerdotes, cuidadlos con afecto, compartid francamente con ellos vuestras inquietudes, sean las que sean y ofreced juntos con ellos vuestro sacerdocio bautismal como servicio. En esta hora de la Iglesia, el Espíritu nos invita a la corresponsabilidad y a la oración. Debéis ayudarnos a ser los pastores que nuestra Iglesia necesita.

Todos entendemos bien el sentido de esta frase que ya se ha hecho famosa: “La eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la eucaristía”. Una y la otra no son sin el sacerdocio. Si tan sólo el Señor quisiera regalarnos las vocaciones que necesitamos... Sigamos orando con insistencia por ello. Os lo encomiendo de manera especial a vosotras, queridas religiosas contemplativas, que con vuestra vida escondida en el claustro nos recordáis a todos aquellas palabras del próximamente canonizado Hermano Rafael: “¡Sólo Dios!”. Cuidad también, queridos diocesanos, nuestro Seminario, rezad por quienes están en él, amadlo de todo corazón. Ahora que los virus están tan de moda, podemos también nosotros recordar que la vocación se da sobre todo “por contagio”. Hemos de vivir contentos y felices por ser cristianos, sobre todo nosotros, hermanos sacerdotes, y así poder “contagiar” a muchos la gozada y la belleza del sacerdocio. ¿Sería mucho pediros que todos vosotros —sacerdotes, religiosos y laicos— se lo propongáis al menos a uno?

Encomiendo este Año Sacerdotal —especialmente las actividades que la comisión designada al respecto irá proponiendo —a María, Nuestra Señora, la Virgen del Tránsito. A ella la invocamos como Reina de los apóstoles y Madre de todos nosotros, sacerdotes de su Hijo. Ella nos recuerda que hemos de hacer lo que Él nos diga para conseguir “arrancar” esos milagros de manos de su Hijo y convertir el agua insípida de nuestras vidas en vino desbordante de fiesta (cf. Jn 2,1-11).

Con el deseo de que este Año Sacerdotal dé muchos frutos de santidad sacerdotal y el Señor nos dé pastores según su corazón (cf. Jer 3,15) en nuestra Iglesia diocesana y en toda la Iglesia Universal, os doy mi bendición.

+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora


Documentación

- Carta pastoral original del obispo (formato pdf).

- Cartel diocesano del Año Sacerdotal (formato pdf).

- Homilía del obispo en la inauguración del Año Sacerdotal (formato mp3).